¡Yo! ¿Adivinen quien alcanzó a ver Suzume en el cine por tercera vez antes de que la sacaran de cartelera? :3
Evidentemente me encantó la película y ésta idea se quedó rondando en mi cabeza desde la primera vez que la vi, así que tuve que escribirla. Aunque se supone que era un relato corto y terminó siendo más largo de lo que esperaba. X'D
Espero les guste. UwU
Prólogo
Cuando Suzume le propuso hacer un viaje hacia su ciudad natal para rendirle respetos a Daijin ahora que ella por fin se había graduado de la preparatoria, lo último que Munataka Souta esperaba, era encontrarse en una situación como esa.
Lo que había comenzado como un viaje simple donde serían solo ellos dos, había terminado convirtiéndose en una especie de viaje "familiar" que incluyó a Serizawa y Tamaki, quienes se invitaron a sí mismos a la travesía una vez se enteraron de ello.
Con dos personas más incluidas en el viaje y dado el tiempo que les tomaría llegar, habían decidido hospedarse en el alojamiento más cercano a la zona, optando así por pasar la noche en el lugar y partir a la mañana siguiente hacia las ruinas que albergaban la puerta.
Como era de esperarse, sin embargo, con Serizawa incluido en el viaje, la noche de karaoke en el hotel estaba asegurada.
Lo que Souta no esperaba, era lo que ocurriría después.
Nadie podía haberlo esperado, en realidad; no había forma de que alguien lo hiciera.
Aun así, el hecho era que el giro inesperado que habían tomado los acontecimientos esa noche, los habían guiado tanto a él como a Suzume hasta ese momento y lugar, aunque, por su vida, no podía entender el significado detrás de todo aquello.
Y es que incluso si estaba acostumbrado a lidiar con un lado más sobrenatural del mundo, su cerebro estaba tardando en procesar la información que le llegaba de golpe.
A unos cuantos metros de distancia de la puerta que conectaba al más allá y habiendo llegado al lugar apenas unos segundos después que Suzume, Souta no había podido hacer más que congelarse ante la escena que lo recibió cuando por fin dio alcance a la joven.
De pie ahí, frente a la puerta, estaba Suzume… con un niño en brazos.
Un niño idéntico a él cuando tenía esa edad.
Durante varios segundos que parecieron eternos, ninguno de los dos supo que decir ni hacer, hasta que el pequeño abrió los ojos y habló por fin.
Suzume jadeó audiblemente al oírlo; Sota olvidó como respirar.
