¡Yo! Paso a dejar éste primer capítulo que ya tenía escrito, solo me faltaba revisarlo un poco.

Pd: Estoy tomando algunas referencias del manga, en el que Souta muestra un lado más pensativo y se relejan un poco más las preocupaciones que lo aquejan.

Capítulo 01

Algunos días atrás.

Mientras observaba el mar circundante desde el ferry que lo llevaba con destino a Kyushu, Souta no pudo evitar exhalar un suspiro.

Con Suzume graduada ya de preparatoria y con la firme idea de convertirse en enfermera como su madre instalada en su mente, había llegado el momento de tomar decisiones respecto a su relación.

Y él estaba aterrado por eso.

No era que no la quisiera, todo lo contrario, en realidad; Souta la amaba, realmente lo hacía, y por eso estaba lleno de dudas sobre cómo manejar todo el asunto.

Lo que había empezado como una extraña amistad durante su viaje juntos, había derivado en sentimientos florecientes que solo fueron creciendo con el paso de los meses y el tiempo compartido, hasta transformarse en algo mucho más profundo que hace tiempo había escapado de su control.

Si Suzume se había ganado un lugar en su corazón durante la aventura que vivieron juntos y ya la consideraba invaluable en ese entonces, ahora era demasiado importante para él, como para poner en riesgo el futuro de ella y su merecida felicidad.

Ciertamente, las palabras que dijese su abuelo en una conversación previa a su visita anterior a la ciudad costera, tampoco ayudaron a aclarar su mente en ese momento.

"Éste mundo nuestro no es para gente ordinaria."

Sabía que él no lo había dicho con mala intención, todo lo contrario; al saber que vendría a visitar a Suzume, el anciano había comenzado a rememorar el momento en que la conoció, y la frase había sido dicha como un hecho anecdótico en medio de todo lo ocurrido aquel día.

Sin embargo, la inquietud se había instalado en su pecho después de aquello.

Aunque inocente, aquella frase era cierta; la misión de los cerradores era peligrosa, e involucrarse románticamente con Suzume implicaría traerla de regreso a ese mundo.

Un mundo que casi les había costado la vida ambos.

Después de todo lo que Suzume había pasado en ese lugar, ¿Era justo traerla de vuelta solo por el deseo egoísta de su corazón?

La respuesta, aunque dolorosa para él, era simple: no; no era justo que ella se viera involucrada en tantos peligros solo porque él la anhelaba.

La única acción lógica, entonces, era poner distancia, tragarse sus propios sentimientos y alejar su camino del suyo para mantenerla a salvo.

Suzume aún era joven, lo superaría en algún momento y encontraría a alguien que la hiciera feliz; un buen hombre que la cuidaría y que nunca pondría su vida en peligro, como había hecho él.

Sí, lo mejor era despedirse de ella, ¿Verdad?

Ciertamente sí, lo era.

Pero incluso si sabía que aquel era el mejor curso de acción, no podía encontrar en sí mismo la fuerza necesaria para alejarse de Suzume.

Él la amaba con todo su corazón, después de todo.

Para algunas personas aquella afirmación podría parecer apresurada, e incluso él sería el primero en admitir que se había visto sorprendido por la velocidad en que las cosas habían escalado entre ellos, pero la aventura que habían vivido juntos, las experiencias compartidas y el viaje en sí mismo, había forjado un fuerte lazo entre los dos, un vínculo que, lejos de debilitarse con la distancia y el paso de los meses, solo se había fortalecido.

Por eso había vuelto aquella vez.

Y luego otra. Y otra vez después de esa, hasta que llegó a un punto en que dejó de contar el número de veces en que sus pasos lo habían traído de regreso a ella.

De alguna manera y a pesar de sí mismo, parecía imposible para él mantenerse alejado de ella y la brillante sonrisa con la que lo recibía siempre.

Ah… estaba tan jodido.

De alguna manera, sin embargo, se las había arreglado para mantener sus sentimientos a raya durante los últimos meses, a pesar de que el abrazo ocasional que ella le daba al verlo llegar o el paseo por el pueblo en el que las circunstancias los orillaban a ir de la mano, ciertamente habían puesto a prueba su fuerza de voluntad.

Sin embargo, esos momentos, aunque escasos, eran realmente preciados para él, aunque sabía también que aquello no podría durar demasiado. Suzume no lo decía, pero él podía ver la incertidumbre en sus ojos cada vez que se despedían y él no daba indicios de querer algo más allá de una relación amical con ella.

Serizawa había preguntado al respecto; Tamaki-san lo había insinuado también la última vez que él visito el pueblo. Incluso su abuelo había hecho un comentario al respecto, pero él siempre se las ingeniaba para evadir el tema.

Verbalizar sus inquietudes frente a alguien solo las haría más reales, después de todo.

Y, sin embargo, a pesar de su renuencia a compartir aquello con otra persona, no podía evitar que oscuros pensamientos lo asaltaran por las noches, cuando no podía dormir.

Él amaba a Suzume, y era precisamente ese amor por ella, lo que lo hacía dolorosamente consciente de las limitantes que su participación activa en su vida podía significar.

A diferencia de él, que tenía ya un rumbo decidido en la vida, ella apenas había terminado la preparatoria; Suzume tenía demasiado por vivir como para que él y su misión le impidiesen experimentar todas las cosas que el mundo tenía para ofrecer.

Y aunque Souta era solo era cinco años mayor que ella, involucrar a Suzume en el mundo en el que él vivía, se sentía como si le estuviera arrebatando la oportunidad de tener una vida tranquila y feliz como la que ella se merecía después de todo lo que había pasado.

A su lado, Suzume nunca estaría en paz.

Ella siempre viviría con la incertidumbre de si él volvería o no de cada viaje cuando una puerta se abriera, o se arriesgaría ella misma para protegerlo si lo acompañaba. Y si en algún momento ellos decidían tener una familia ¿Qué pasaría con ella y el bebé si él perecía durante alguna misión?

Suzume tendría que criar a su hijo sola. O, en el peor de los casos, si el niño o niña heredaba sus habilidades, tendría que ser entrenado para ser un cerrador a una edad muy temprana, dado que no quedaba nadie más que heredara el puesto dentro del linaje familiar, por lo que era probable que lo alejaran de su madre. ¿Era eso un buen futuro para alguien?

Definitivamente no.

Y Sota se negaba a dejar que Suzume pasara por algo como eso.

Aquellos pensamientos, incluso si él trataba de suprimirlos, siempre lo llevaban a la misma conclusión: tenía que poner distancia entre ellos. Sin embargo, luego de varios intentos fallidos que morían ante la calidez de la sonrisa con la que ella le daba la bienvenida cada vez que la visitaba, se había resignado al hecho de que simplemente era imposible para él alejarse.

Lo que lo llevaba a la encrucijada en la que se encontraba actualmente.

La amaba más que a nada; daría la vida por ella, incluso, ¿Pero era ese sentimiento razón suficiente como para involucrar a Suzume en su mundo una vez más? ¿No se había arriesgado ella lo suficiente cuando lo salvó del más allá? ¿Era él lo suficientemente egoísta como para retenerla a su lado a pesar del peligro que eso representaba?

—Le estás dando demasiadas vueltas al asunto. —Le había dicho Serizawa en alguna ocasión, mientras compartían una bebida después del trabajo—. Si lo que te preocupa es no poder protegerla en el futuro, ¿No basta con que te hagas más fuerte?

Esas palabras, dichas de manera tan casual, parecían dar una solución tan simple a algo que lo venía atormentando los últimos meses, que él no había podido evitar bufar por lo bajo; solo Serizawa podía simplificar tanto un problema tan complejo.

—Además, cerrar éstas "puertas" no siempre es un asunto tan complicado como lo fue en Tokio, ¿Verdad? —Había continuado él, dándole pequeñas palmadas en la espalda—. No seas fatalista, hombre, que incluso si algo así ocurre de nuevo, estoy seguro de que las cosas saldrán bien al final; nos tienes a todos nosotros para cubrirte la espalda, después de todo.

—Tamaki-san estaría feliz de verme desaparecer. —Fue su réplica en ese momento, mientras reía por lo bajo—. Todavía no confía en mi después de todo lo que pasó.

—Dudo que ella te odie; solo está siendo sobreprotectora con Suzume-chan. —Había dicho Serizawa, restándole importancia al asunto—. Esa mujer es casi imposible de entender, pero estoy seguro de que le agradas.

—Me sorprende lo bien que te llevas con ella.

—Sí, bueno… es una persona interesante. —Había balbuceado su mejor amigo, extrañamente ruborizado.

Ante lo inusual de aquella tímida reacción, Souta no había podido evitar reír, para consternación y vergüenza de su compañero; ese tipo de comportamiento era demasiado extraño como para déjalo pasar.

Serizawa, sin embargo, no había tardado mucho en recuperarse de la puya, por lo que había replicado rápidamente.

—Ahora que lo pienso, es Suzume-chan de quien estábamos hablando. —Había dicho Serizawa, pasando de la vergüenza a una expresión burlona en un instante—. Probablemente ella se salvaría a sí misma y a ti, antes de que pudieras reaccionar.

—Eso suena como ella, sí. —Fue su respuesta entonces, seguida de una leve sonrisa.

Definitivamente aquello era una gran posibilidad; Suzume ya lo había salvado antes, después de todo. Nada le impediría ir tras él si algo así volviese a ocurrir, ya sea que estuvieran en una relación o no.

—Hombre, realmente te gustan las cosas difíciles. —Había añadido Serizawa, claramente divertido—. Las mujeres de esa familia son las más tercas y complicadas que conozco.

—Recordaré contarle a Tamaki-san que dijiste eso la próxima vez que la vea.

Ante la expresión aterrada en el rostro de Serizawa, había sido imposible no reír.

Con aquella conversación todavía revoloteando en su memoria mientras descendía del ferry, Souta no había podido evitar detener brevemente sus pasos mientras la figura de Suzume se dibujaba frente a él, a solo unos metros de distancia, esperándolo una vez más para recibirlo con aquella brillante sonrisa que él tanto amaba.

Abrumado por la sensación de paz y tranquilidad que invadió su pecho al verla, él solo había atinado a sonreírle de vuelta mientras se acercaba a ella; de alguna manera, la presencia de Suzume había hecho que ese pequeño pueblo costero se sintiera más como un hogar que su propio departamento en Tokio.

A pesar de sí mismo, le fue imposible resistir el impulso de abrazarla cuando por fin la tuvo a su alcance; cuando ella se aferró a él en respuesta, Souta solo pudo suspirar con alivio mientras se dejaba envolver con la calidez que su sola presencia emanaba.

Manteniéndola aún entre sus brazos, se había separado ligeramente de ella, solo lo suficiente como para que sus ojos se encontrasen con los suyos mientras ella le daba la bienvenida al lugar.

Antes de que él pudiera responder, sin embargo, el sonido de alguien aclarándose la garganta lo trajo de vuelta a la realidad, por lo que se apresuró a liberar a Suzume de su agarre antes de posar la mirada en la figura de Tamaki, que los veía con una ceja enarcada y con los brazos cruzados, en lo que parecía ser un silencioso reproche.

Algo que ciertamente contrastaba con el brillo divertido en los ojos de ella cuando una Suzume sonrojada comenzó a balbucear algunas disculpas inentendibles.

Incluso Souta había dejado escapar una pequeña risa ante tal espectáculo, para mortificación de la joven.

Superada la incomodidad inicial que su muestra pública de afecto había provocado y luego de intercambiar saludos entre todos, ambas mujeres lo habían invitado a quedarse en su casa una vez más, como de costumbre.

Para ese momento, había empezado a considerar el sofá de la casa Iwato como su cama, de las tantas veces que había dormido ahí.

Fue durante la cena, sin embargo, y luego de que la tía de Suzume se cansara de incomodarla con preguntas vergonzosas, que el tema del viaje surgió.

La temporada de exámenes había terminado ya, por lo que Suzume quería aprovechar los días libres antes de tener que lidiar con el tema de su inminente mudanza a la gran ciudad, para visitar a Daijin y rendirle honor al sacrificio que él había hecho por los dos.

Evidentemente, Tamaki no iba a dejar que su sobrina viajase a solas con él.

Curiosamente, lejos de sentirse ofendido por aquella "desconfianza", de alguna manera, Souta tenía la sensación de que, más que intentar proteger a Suzume de él, la mujer solo quería pasar más tiempo con su sobrina antes de que ésta abandonará el pueblo para emprender su propio camino.

Aquello, Souta lo entendía perfectamente.

Por eso había aceptado.

Por eso, y porque incluso si la mujer hubiese confiado en él, era él quien no confiaba en sí mismo para mantener una distancia prudente de Suzume durante el viaje si eran solo ellos dos.

No cuando sus sentimientos estaban tan desbordados, como en ese momento.

Souta sabía, sin embargo, que él tenía que tomar una decisión respecto a su relación con Suzume antes de que sus sentimientos por ella le jugasen una mala pasada, así que la presencia de Tamaki ciertamente era bienvenida ésta vez.

Con la decisión tomada, los tres habían optado por partir a la mañana siguiente con dirección a Tokio, donde, para sorpresa de Suzume, Serizawa los había estado esperando para unirse al viaje también.

Curiosamente, Souta había tenido el presentimiento de que algo así ocurriría cuando vio a la tía de Suzume escabullirse para intercambiar mensajes con alguien esa noche, después de la cena.

Así y una vez todos estuvieron reunidos, partieron con dirección a las ruinas en el recientemente reparado auto de Serizawa.

Dada la hora a la que llegarían al lugar, sin embargo, habían decidido detenerse en una posada tradicional cercana para pasar la noche, lo que dio pie a una pequeña fiesta improvisada.

Sintiéndose un poco más relajado y riendo levemente por las ocurrencias de Serizawa y los posteriores regaños que la tía de Suzume le daba al hombre, Souta se permitió un respiro de todo.

Hasta que su mirada se posó en ella.

Lo había notado la noche anterior durante la cena e incluso durante el viaje en carretera; a pesar de la sonrisa en su rostro, Suzume parecía distante, perdida en sus propios pensamientos.

Él odiaba verla así.

Pero se odiaba más a sí mismo, porque incluso si no quería admitirlo, en el fondo sabía que la razón detrás de la melancolía que la aquejaba, era él.

Cuando oyó como se excusaba con los demás para salir un momento a respirar a uno de los jardines del lugar, Souta supo que no podía seguir posponiendo más aquella conversación.

Así que la siguió.

Decidido a tener una conversación sincera con ella, no tardó demasiado en darle alcance, encontrándola poco después sentada en uno de los bancos que daban hacia el pequeño estanque que adornaba el lugar.

Haciendo suficiente ruido al caminar como para que ella notase su presencia allí, pero manteniéndose en silencio aún, se había sentado junto a Suzume, dedicándose a observarla de soslayo mientras ella no apartaba la vista del pequeño estanque.

Ella parecía sumida en sus pensamientos una vez más y él no tenía la menor idea de cómo abordar el tema que lo había guiado hasta ahí, en primer lugar.

Curiosamente, siendo tan directa como solo ella podía ser cuando estaba determinada a lograr algo, Suzume había sido quien disparó primero.

—Souta… tú y yo, ¿Qué somos?

Ah… ahí estaba la pregunta de la que tanto había estado escapando últimamente.

Souta sabía que debería sentirse avergonzado por permitir que fuese Suzume quien le plantase cara a la situación, y ciertamente lo estaba, pero una parte de él no podía evitar sentirse admirada por la valentía que mostraba ella ante cualquier circunstancia.

Suzume había elegido enfrentarlo directamente; él tenía que hacer lo mismo.

Ella, sin embargo, había continuado su diatriba antes de que él pudiese formular alguna respuesta a su interrogante inicial.

—Yo… no lo había pensado hasta ahora; o, mejor dicho, sí, pero no. —La oyó decir, en lo que sonaba más como un balbuceo para sí misma—. Lo que quiero decir es… bueno… verás, después de tu última visita, mis amigas empezaron a preguntar sobre el tipo de relación que había entre nosotros y yo… yo no supe que responder, porque en realidad nunca habíamos hablado sobre eso. Y no es que eso sea malo, es solo que… bueno… ¿Sabes qué? Olvídalo. Es una tontería; ni siquiera sé por qué pregunté.

Souta no supo que fue lo que lo golpeó más, si el oír como la voz de Suzume se iba apagando a medida que hablaba, o el hecho de ver como ella le daba la espalda e intentaba alejarse sin esperar alguna respuesta de su parte.

Por alguna extraña razón, él tenía el presentimiento de que, si la dejaba ir en ese momento, la perdería para siempre.

Detenerla había sido una reacción instintiva; tomar su mano, una necesidad.

Ver incertidumbre y preocupación por igual en la mirada de ella cuando posó sus ojos en él, selló el trato.

Incluso si aquello era la correcto, Souta no podía ni quería dejarla ir. La pregunta ahora era… ¿Cómo iba a explicarle todo eso a ella?

Él ni siquiera sabía por dónde empezar.

—¿Souta? —Preguntó ella, preocupada—. ¿Está todo bien?

No. Nada estaba bien, de hecho, pero él solo había podido apretar el agarre de su mano en respuesta mientras intentaba encontrar las palabras correctas para decir.

—¿Necesitas que llame a alguien? —Insistió ella, buscando su mirada—. ¿Serizawa-san, tal vez? Espera aquí un momento y-

—No te vayas. —Alcanzó a decir, mientras tiraba levemente del agarre que mantenía en ella—. Solo quédate conmigo un momento más, por favor.

El silencio que siguió a su petición fue tan tenso, que la espera se sintió como una eternidad; cuando ella habló por fin, Souta exhalo con alivio el aliento que ni siquiera era consciente de haber estado conteniendo.

Volviendo sobre sus pasos, ella se había acercado una vez más hasta detenerse frente a él, optando por permanecer de pie mientras lo observaba; a pesar de ser incapaz de mirarla en ese momento, él nunca soltó su mano.

—¿Me dirás que está mal? —Había preguntado ella, preocupada.

—Todo, nada... No lo sé. —Fue la respuesta más sincera que pudo darle—. Tengo mucho dando vueltas en mi cabeza en este momento.

—¿Quieres hablar de eso? —Cuestionó ella, apretando el agarre de su mano.

—Lo hago, sí. —Respondió en un susurro, manteniendo la mirada fija en el suelo—. Pero no tengo la menor idea de por dónde empezar.

—¿Esto tiene algo que ver con el hecho de que has intentado poner distancia entre nosotros últimamente?

Aquello lo tomó con la guardia baja; ella lo había notado.

Sorprendido, había levantado la mirada hacia ella en un instante, solo para encontrarse con una expresión que definitivamente no querría volver a ver en ella.

La mueca en su rostro, que pretendía ser una sonrisa, no lo golpeo tan duro como la resignación que pudo percibir en su mirada.

Oír lo siguiente que ella dijo, solo empeoró la situación.

—Puedo ser un poco despistada, pero incluso yo puedo notar cuando alguien no me quiere cerca. —Había dicho ella, con una sonrisa resignada en el rostro—. Al principio, creí que me estabas dando espacio mientras terminaba la época de exámenes, pero luego...

—¿Suzume?

—Todo éste tiempo creí que había algo especial entre nosotros, ¿Sabes? —Continuó ella, ignorándolo por completo y clavando la mirada en el suelo en su lugar—. Pensé que me querías, que yo te gustaba tanto como tú a mí, que solo estabas esperando el momento adecuado para hablar de esto, pero entendí todo mal, ¿Verdad?

—Eso no es… —Trató de decir; ella ni siquiera lo escuchó.

—No tienes que mentirme, Souta; lo entiendo. —Había continuado ella, sin detenerse—. Eres un adulto con una vida hecha y una misión importante que llevar a cabo, mientras que yo soy una aspirante a enfermera que solo te ha traído problemas desde que se cruzó en tu camino. Comprendo por qué no me quieres a tu lado; solo sería una carga para ti.

—¡Eso no es cierto! —Exclamó, poniéndose de pie en un instante—. ¡Suzume, entendiste todo mal!

—¡Entonces explícame! —Replicó ella, al borde de las lágrimas, mientras se zafaba de su agarre y enfrentaba su mirada al fin—. Las cosas parecían ir bien entre nosotros, pero luego, un día, de repente, tú solo… tú solo… ¡Empezaste a alejarte sin decirme nada! ¿Acaso hice algo mal? ¿Te ofendí de alguna manera? ¿Te lastimé? ¿Es… es porque no soy lo suficientemente buena?

Un golpe directo al rostro probablemente habría dolido menos que oír esas palabras de boca de ella; ¿Cómo había dejado que la situación escalase hasta ese punto?

Una cosa era que Suzume lo culpara por todo, aquello lo habría soportado, es más, había esperado que ella le recriminase por su actitud reciente, pero, en lugar de eso ella había asumido la culpa por algo que era enteramente responsabilidad de él.

Souta no pudo evitar que el sabor amargo de la culpa le revolviera el estómago; él era un idiota.

Un idiota, que había terminado lastimando a aquello que más ansiaba proteger.

Un idiota, que lo único en lo que pudo pensar al ver la expresión herida en el rostro de la mujer que amaba, fue en abrazarla con fuerza mientras intentaba calmar los sollozos que escapaban de ella.

Un idiota, que solo atinó a disculparse entre susurros mientras trataba de mitigar todo el daño que, sin quererlo, había causado.

—Perdón. —Dijo en un susurro bajo, apretándola contra su pecho—. Perdóname por favor, Suzume; tú no hiciste nada malo, fui yo quien se equivocó.

—Solo háblame, Souta… —Fue la respuesta de ella, amortiguada por tener el rostro oculto contra su pecho —. Ayúdame a entender lo que está pasando.

—Soy un idiota, eso es lo que ocurre. —Le dijo, mientras sus brazos la sostenían—. Nunca quise que te sintieras de ésta manera.

—¿No querías que me enamorara de ti? —Preguntó ella, en lo que sonó más como un sollozo ahogado—. ¿Es eso?

—Lo que no quería, era que resultases herida por mi culpa. —Replicó él, frustrado, completamente superado por la situación—. Y terminó ocurriendo de todas formas. Irónico, ¿Verdad?

—Souta…

—Estoy aterrado, Suzume. —Confesó él, en un susurró casi inaudible—. Te amo, realmente lo hago, pero no sé cómo seguir adelante sin ponerte en riesgo. Y eso me asusta.

—Espera, acabas de decir que tu-

—Temo no ser lo suficientemente bueno, lo suficientemente fuerte. —Continuó, sin poder detener el flujo de palabras ahora que el dique se había roto—. Lo que ocurrió en Tokio, lo que tuvimos que enfrentar para cerrar las puertas, los sacrificios que tuviste que hacer durante nuestro viaje... Si me quedo a tu lado, la posibilidad de que algo así vuelva a ocurrir siempre estará presente.

—Souta, escucha-

—Suzume, yo no podría vivir conmigo mismo si algo malo te ocurriera por mi culpa. —Susurró—. Me aterra la idea de no poder protegerte y-

—¡Souta!

Aquello había detenido su diatriba.

Sorprendido tanto por la fuerza implícita en la voz de Suzume, como por la mezcla de emociones que pudo distinguir en la mirada de ella luego de que él, en su sorpresa, aflojara el agarre que la sujetaba, Souta no había podido hacer más que parpadear durante interminables segundos, antes de clavar la mirada en el suelo.

Ah… debía de verse patético en ese momento.

Reprimiendo un cansado y exasperado suspiro, intentó pensar en algo más que decir, pero las manos de Suzume sosteniendo sus mejillas y obligándolo a mirarla, detuvieron cualquier plan que él pudiera tener.

El sonoro suspiro que ella sí se permitió exhalar, seguido del sonido producido por las manos de la joven frente a él impactando contra sus mejillas, lo dejó sin saber cómo reaccionar.

El golpe, aunque carente de fuerza real, lo había dejado sorprendido y confundido por igual; fue inevitable que preguntara.

—¿Suzume?

—No puedes solo decir que me amas y luego seguir hablando como si eso no significara nada. —Le había dicho ella, entre indignada y divertida, mientras tiraba levemente de una de sus mejillas antes de soltarlo; él solo pudo ensanchar los ojos con sorpresa—. Ni siquiera habías notado que lo dijiste, ¿Verdad?

—Eso no… —Intentó negar instintivamente, pero luego guardó silencio.

Ella tenía razón después de todo; no había podido elegir un peor momento para confesarse.

Aquello, aunque terriblemente frustrante para él, había detenido el llanto de Suzume y, dado que él los había colocado en esa situación en primer lugar, un poco de burla hacia su persona era un pequeño precio que estaba dispuesto a pagar por cesar su llanto.

Fue imposible, sin embargo, que un resignado suspiro escapase de su boca; la noche estaba en pleno apogeo, pero él estaba muy cansado.

A pesar de ello, la voz de Suzume rompiendo el silencio en el que se había sumido, lo hizo levantar la vista una vez más.

—Cuando reaccionas así, es fácil obviar que eres varios años mayor que yo. —Dijo ella de repente, con una pequeña sonrisa en los labios—. En otras ocasiones, sin embargo, te ves tan alto y fuerte, que olvido que puedes tener tantas dudas e inseguridades como yo; eso no debería ocurrir.

—Eso no es tu culpa. —Replicó al instante—. Si yo fuera-

—Déjame terminar, por favor. —Fue la respuesta que obtuvo de ella; ante la repentina seriedad de sud facciones él guardó silencio—. Souta, aprecio que desees cuidarme, de verdad, pero necesito que entiendas algo; nosotros somos un equipo, lo hemos sido desde que nos conocimos. Durante nuestro viaje, aprendimos a confiar el uno en el otro; yo cuidé tu espalda y tú cuidaste la mía. Eso no tiene por qué cambiar ahora.

—Mereces algo mejor que vivir rodeada de peligro. —Susurró débilmente.

—Bueno, eso es algo que me corresponde a mi decidir; no puedes elegir por mí. —Fue la firme réplica de ella, seguida de una pequeña sonrisa—. Además… ¿En verdad crees que podría quedarme quieta, sabiendo que estarás por ahí arriesgando la vida cerrando puertas? Lo más probable es que termine siguiendo el rastro que dejan los temblores en todo Japón, solo para asegurarme de que tus heridas sean debidamente tratadas.

A pesar de la seriedad de la situación, Souta no había podido evitar reír entre dientes; amor y admiración por la joven mujer frente a él, inundando su pecho por igual.

—Sí, puedo verte haciendo eso. —Le dijo, con una suave sonrisa en los labios.

—Qué bueno que lo tengas claro.

Ante la expresión orgullosa y divertida de ella, él solo había podido negar levemente con la cabeza mientras su sonrisa se ensanchaba; solo Suzume era capaz de convertir sus momentos más angustiosos en memorias tan brillantes.

Él sabía, sin embargo, que Suzume lo conocía demasiado bien ahora, como para pasar por alto el hecho de que todavía había algo que lo preocupaba; las siguientes palabras que ella le dijo, solo confirmaron eso.

—Ya que estamos exponiendo el corazón aquí, ¿Me dirás que más te ha estado molestando? Y no intentes negarlo; puedo verlo en tus ojos, —Fueron las palabras de ella, quien se limitó a cruzarse de brazos mientras lo miraba fijamente—. No, espera, déjame adivinar: ¿Crees que me estás robando la oportunidad de experimentar cosas nuevas? ¿Que no es justo para mí ser arrastrada a tu mundo después de haber arriesgado todo para salvarte? ¿Qué estaría mejor sin ti en mi vida?

Incluso si él no respondió verbalmente a aquello, supo que Suzume había entendido que sus suposiciones eran correctas, cuando su ceja se enarco levemente ante la mueca de dolor que él hizo a cada pregunta.

El suspiro que provino de ella ante esto, lo hizo encogerse levemente.

—Dado que eso es lo que piensas, dejaré esto claro ahora. ¡Y no me interrumpas o perderé el valor para hacerlo! —Exclamó ella al verlo intentar pronuncia palabra; el calló sabiamente—. Mira, yo... yo sé que puedo no ser la persona más brillante y que mi impulsividad puede llevarme a cometer errores estúpidos, pero si hay algo de lo que nunca me arrepentiré, será de haberte seguido a las ruinas el día en que nos conocimos, porque fue gracias a ese primer encuentro nuestro, que pude dejar de aferrarme al pasado y logré avanzar.

—Suzume...

—Sé que piensas que me estás robando momentos importantes. —Continuó ella, sin apartar la mirada de él a pesar del rubor cada vez más encendido en sus mejillas—. Pero la verdad es, Souta, que sí, quiero vivir nuevas experiencias, pero quiero hacerlo contigo. Quiero tomar tu mano mientras caminamos por las calles de Tokio. Quiero visitar todos los lugares que no pudimos ver antes y crear nuevos recuerdos contigo ahí. Quiero… quiero quedarme a tu lado, incluso si las cosas se ponen difíciles, porque estoy segura de que podremos superar cualquier problema si estamos juntos. Y... Y... Será mejor que me detengas ahora o seguiré hablando hasta avergonzarme tanto, que no podré mirarte a la cara en los próximos diez años, así que-

Él no había podido evitar reír.

Tanto por la expresión avergonzada en el rostro sonrojado de Suzume, como por el irónico hecho de que ella tuviese más valor que él para admitir algo que ambos sentían.

Ella era increíble.

Y él no podía hacer más que rendirse ante su calidez y brillo.

—¡N-No es gracioso! —Exclamó ella, de repente, con el rostro completamente encendido—. ¡Souta!

Pero él no respondió.

En lugar de eso y optando por seguir los deseos de su corazón, había aprovechado la distracción de Suzume para tirar de la mano de ella hasta hacerla chocar contra su pecho, envolviéndola en un firme abrazo.

A pesar del jadeo sorprendido de ella, Souta no pudo evitar disfrutar de la calidez de su toque y de la forma en que parecían encajar perfectamente, a pesar de todas sus diferencias.

Abrazarla, ahora él sabía, era como volver a casa.

Al oír los balbuceos incoherentes de la joven, sin embargo, supo que debía decir algo pronto o ella se enojaría realmente con él, así que habló por fin.

—Perdón; tienes razón, no es gracioso. —Le dijo, apretándola contra su pecho; una vez más las palabras comenzaron a fluir—. Es bastante patético de mi parte, en realidad; que hayas tenido que ser tú quien enfrentarse directamente el problema, cuando se supone que el adulto de la relación, soy yo.

—¿Estamos en una relación, entonces? —Preguntó ella, con el rostro oculto aún en su pecho.

—Solo si todavía quieres a ésta patética versión de mí. —Le respondió, sinceramente.

—Lo quiero. —Dijo ella, sin titubear, mientras levantaba la mirada hacia él—. Lo quiero con todo mi corazón.

—Bien, déjame hacer las cosas de manera apropiada, entonces.

Ante la mirada interrogante la joven, él se había limitado a darle una pequeña sonrisa mientras la liberaba una vez más de su abrazo.

En silencio y bajo la atenta mirada de ella, se había arrodillado frente Suzume, silenciándola con un pequeño gesto cuando ella intentó protestar.

Una vez que él tomo sus manos y se las llevó a los labios, ella solo pudo balbucear incoherencias mientras se sonrojaba nuevamente, por lo que él aprovechó ese momento para poner en palabras lo que tenía por decir.

—Después de todo por lo que hemos pasado, probablemente esto ya no sea una sorpresa para ti, pero… yo no soy la persona más accesible del mundo. —Comenzó él; Suzume río entre dientes, divertida ante aquel eufemismo—. Como habrás notado hoy, tiendo a sobre-pensar las cosas y puedo llegar a ser tan terco como tú cuando creo tener la razón en algo, por lo que no puedo prometer que todo será un camino flores entre nosotros, pero... Te amo, Suzume, como no tienes idea.

A pesar del sonoro jadeo que oyó de ella ante sus palabras, él no se detuvo.

—En aquel entonces, cuando me convertí en una piedra angular, —Continuó—. Yo… había perdido toda esperanza, me había resignado a desvanecerme en la nada, pero gracias a ti encontré una razón para aferrarme a ésta vida. Tú me recordaste lo importante, Suzume, lo haces incluso ahora. Y aunque estoy consciente de que el futuro puede ser difícil para nosotros, quiero hacer esto. Quiero tomar tu mano todos los días, quiero ver ese brillo en tus ojos cada vez que sonríes; quiero ser la razón detrás de esa sonrisa. Quiero que me dejes compartir los buenos momentos contigo y ayudarte a sobrellevar las cargas que te aquejen cuando los tiempos sean malos. Quiero dar todo de mí para hacerte feliz. Así que, Suzume… ¿Me dejarías emprender ésta nueva aventura contigo?

Si la forma en que Suzume se lanzó sobre él a penas las palabras terminaron de salir de su boca no fueron suficiente respuesta, la risa entremezclada con sollozos que oyó de ella mientras lo abrazaba en el suelo, fue suficiente para saber que había tomado la correcta.

Porque no importaba que tan aterrador fuera el futuro, mientras pudiera tenerla a ella tomando su mano a lo largo del camino, sabía que las cosas saldrían bien. Estaba seguro de eso.

—Te tomo suficiente tiempo, tonto. —Logró decir Suzume, con la voz amortiguada en su pecho.

—¿Puedo asumir esto como un sí, entonces? —Le preguntó, mientras la abrazaba.

Sin querer liberarse de su abrazo, Suzume solo había asentido, mientras se aferraba con fuerza a él.

A pesar del frío, la tierra en su ropa y de que probablemente le dolería la espalda al día siguiente por la incómoda posición en la que había caído, Souta no se quejó en ningún momento. Contrariamente a ello y riendo entre dientes en lugar de eso, había apoyado la barbilla sobre la cabeza de la joven entre sus brazos, mientras dejaba que su calidez lo envolviera por completo hasta sumirse en un cómodo silencio.

Aquello, sin embargo, no duró demasiado, pues Suzume, a pesar de sus mejillas ruborizadas, había apoyado las manos sobre su pecho para poder erguirse un poco, solo lo suficiente como para poder verlo a los ojos.

Ante su mirada interrogante, ella se sonrojó todavía más.

Confundido, Souta se incorporó levemente del suelo y la llevó consigo, acercando luego su rostro al de ella para ver que iba mal, sin embargo, cuando las mejillas de Suzume parecían estar al límite del rubor, algo pareció cambiar.

De repente, aquel encendido rubor se desvaneció de golpe, dando pase a una tez completamente pálida. Fue, sin embargo, ver la sorpresa y el terror chocando en la mirada de ella, lo que inquietó a Souta.

—¿Suzume?

—Daijin… —Susurró ella, aferrándose a la tela de su camiseta, antes de mirarlo con sorpresa e incredulidad por igual—. ¡Tenemos que ir a la puerta ahora, Souta!

Y luego Suzume había echado a correr.

Sin saber que estaba pasando, pero negándose a la idea de dejarla sola, Souta la había seguido rápidamente, deteniéndose solo al chocar con un sorprendido Serizawa, que había venido a buscarlos.

Confundido, el recién llegado solo había atinado a entregarle las llaves de su auto cuando Souta lo exigió, diciendo que le explicaría todo después.

Luego de darle alcance a Suzume, quien afortunadamente lo había esperado fuera de la posada, se habían dirigido hacia la puerta de Miyako.

Casi media hora después y luego de haber sido informado por Suzume de la razón detrás de su abrupta partida, Souta estaba ahí, de pie frente a la puerta e intercambiando miradas confundidas con ella, que solo había atinado a tomar en brazos al pequeño niño inconsciente que había encontrado frente a la puerta al llegar al lugar.

Cuando el pequeño despertó luego de un par de minutos de incertidumbre, Sota pudo oír el jadeó sorprendido que escapó de Suzume ante los ojos chocolate que le devolvieron la mirada.

Fue, sin embargo, cuando el niño habló, que a Sota se le cortó el aliento.

—¿Mamá? —Susurró el pequeño, adormilado, mientras veía a Suzume; lo que dijo cuándo lo vio a él, los congeló a ambos—. ¡Papá!

Actuando casi por instinto, Souta había sostenido al niño cuando éste, en su afán por alcanzarlo, había comenzado a removerse entre los brazos de Suzume.

Una vez seguro en su agarre, el pequeño no había tardado en acurrucarse contra él, como si aquello fuera algo tan habitual, que ni siquiera requería un pensamiento para que ocurriese.

Sin saber cómo reaccionar ante la insólita situación, Souta posó la mirada en Suzume, dado que ella los había traído al lugar, pero la encontró tan confundida como él.

Curiosamente y a pesar de que ambos deberían estar preocupados por el problema que acababa de surgir, una sola pregunta fue la que reverberó en la cabeza de ambos.

"¿Cómo le explicaremos esto a Tamaki-san?"

Notas de autor

Éste capítulo cuenta con un pequeño garabato, que pueden encontrar en cualquiera de mis redes sociales; espero les guste. :3