¡Yo! Éste capítulo demoró más de lo que esperaba porque me quedé sin PC, así que tocó escribir desde el celular. :'D

Ahora, como en el capítulo anterior, éste también tiene un garabato que podrán encontrar en cualquiera de mis redes sociales, espero les guste. :3

Capítulo 2

Lo que había comenzado como una noche tranquila en la posada, había escalado tan rápido en el lapso de unas pocas horas, que Souta no sabía que pensar al respecto.

Había pasado de sentirse completamente abrumado por sus dudas e inseguridades a la dicha absoluta cuando las cosas se solucionaron por fin con Suzume. Solo para, minutos después, ser arrastrado por ella hacia una puerta, donde un niño inconsciente los esperaba.

Un niño que parecía ser hijo de ambos, nada menos.

Confundidos como estaban, tanto Suzume como él no habían sabido cómo reaccionar por lo que, más allá de llevar al niño con ellos hasta el auto de Serizawa para protegerse de la brisa fresca, no habían hecho nada más.

Durante interminables minutos y mientras procesaban la noticia, se habían dedicado a observar al niño, que apenas parecía llegar a los dos años, mientras éste permanecía acurrucado contra Suzume. Habían intentado hacerle algunas preguntas, pero dada la edad del pequeño, no había sido capaz de responderles por lo que, salvo su nombre —Shigeru— no habían podido obtener datos útiles.

Puesto que Daijin tampoco había contactado a Suzume después de aquella repentina llamada telepática, no tenían más opción que volver al alojamiento y pensar en el siguiente paso a seguir.

Con la decisión tomada y el pequeño descansando en brazos de Suzume, dado que él debía manejar, los tres emprendieron el camino de regreso, esperando, contra todo pronóstico, que la tía de Suzume no notase su repentina ausencia.

Evidentemente, aquello no sucedió.

No habían terminado de estacionar el vehículo, cuando una enojada Tamaki ya los estaba abordando, comenzando una diatriba sobre la irresponsabilidad de desaparecer sin dejar ningún tipo de aviso.

Y luego notó a Shigeru.

Ante el tenso silencio que se instaló de repente, Souta sugirió de la manera más cautelosa posible, que llevaran la conversación al interior del alojamiento y Suzume secundó la idea, entrando a paso rápido al lugar con el niño en brazos.

Lo que los llevaba a estar ahí, frente a una claramente confundida Tamaki, quien parecía dividida entre exigir una explicación o golpear a Souta y preguntar después.

Afortunadamente para él, la tía de Suzume optó por lo primero.

— Ustedes solo… desaparecen en medio de la noche sin avisar a nadie y luego regresan con un niño sospechosamente parecido a los dos. —Dijo la mujer, mirando entre ambos, mientras sujetaba su cabeza en un gesto que evidenciaba la migraña gestándose en ella—. ¿Quiere alguno decirme que está pasando? ¿Suzume? ¿Souta-kun?

El detalle estaba en que ninguno de los dos sabía que estaba pasando realmente y el breve intercambio de miradas que se dieron era clara muestra de ello. Sin embargo, tampoco querían poner a prueba la paciencia de Tamaki, por lo que, luego de un acuerdo silencioso entre los dos y dado que Suzume mantenía a Shigeru acurrucado contra su pecho, Souta dio un paso adelante dispuesto a intentar darle algo de sentido a todo, pero antes de que pudiera explicar las cosas sin que su vida corriera peligro, el pequeño habló.

—¿Abuelita enojada?

Todo ocurrió al mismo tiempo.

Souta enterró el rostro en su diestra haciendo una pobre imitación del típico gesto de "facepalm", mientras que Suzume cerró los ojos y, estaba seguro, de no haber tenido ella a Shigeru en brazos, también se habría tapado los oídos ante el estridente "¡¿Abuela?!" que escapó de Tamaki en una sonora exclamación.

Y si eso no fuera lo suficientemente malo, las cosas solo fueron a peor cuando Shigeru vio a Serizawa entrando en la habitación.

—¡Abuelito! —Había exclamado el pequeño, rebosante de alegría y completamente ignorante al caos que esa sola palabra había provocado.

Completamente shockeado y dejando caer su helado en el proceso, Serizawa solo había atinado mirar en todas las direcciones, buscando al "abuelo", antes de señalarse a sí mismo.

Cuando el pequeño chilló con alegría y extendió los brazos hacia él, una sola exclamación reverberó en la habitación.

—¡¿Eh?!

Ah… una noche tranquila, de hecho.

Lamentablemente para todos, el escaso vocabulario que poseía Shigeru dada su edad, había hecho imposible que el niño respondiera cualquier pregunta que quisieran hacerle, por lo que Souta había intentado calmar los ánimos diciendo que aquello pudo haber sido un error de parte del niño, algo que nadie creyó, ni siquiera él mismo.

Y es que, si bien aquello podía ser solo una broma de su "yo" del futuro, que fácilmente podría haberle enseñado al niño a llamar "abuelo" a Serizawa en un intento por molestarlo, la duda había quedado instalada en todos los presentes.

El sonrojo del "abuelo" y la "abuela" tampoco había ayudado a despejar esa duda, ciertamente.

Tampoco lo hizo el hecho de que él sabía que esos dos habían estado en contacto de manera frecuente desde que se conocieron.

Curiosamente, la más shockeada por el giro de los acontecimientos, parecía ser Suzume, que solo había podido mirar entre Serizawa y su tía en reiteradas ocasiones, mientras balbuceaba cosas sobre llamadas sospechosas a altas horas de la noche.

Serizawa se había aclarado la garganta con nerviosismo ante aquel comentario; Tamaki solo atinó a desviar la mirada.

Souta solo pudo reír entre dientes ante la locura de la situación.

Y aunque él agradeció la distracción momentánea que aquello había provocado, supo que el respiro se había terminado cuando Tamaki, recuperada de la vergüenza inicial y luego de aclararse la garganta, exigió una explicación de lo que estaba ocurriendo.

Al no poder retrasar más aquello, se habían sentado en torno a una pequeña mesa de té mientras Suzume, con Shigeru en su regazo y él a su lado, dado que el niño se negaba a que se alejara demasiado, comenzaba el relato.

—Escuché la voz de Daijin. —Explicó ella—. Por un momento, pensé que alguien había liberado el puntal nuevamente y que él estaba cerca, pero fue solo su voz; de alguna manera, logró contactarme desde el otro lado de la puerta.

—¿Daijin? —Cuestionó Tamaki, sorprendida—. ¿El gato blanco de la otra vez? ¿El que era un dios?

Ambos asintieron simultáneamente.

—Daijin le advirtió a Suzume que algo ocurriría en la puerta, por eso salimos de esa forma. —Continuó él, sentado junto a Suzume—. Cuando llegamos, encontramos al niño inconsciente en el lugar.

—¿Y por qué se parece tanto a ustedes dos?

Aquella pregunta, aunque de respuesta evidente para cualquiera ahora, era complicada de responder, sobre todo, teniendo la mirada de Tamaki perforando su cuerpo como dagas.

Ambos sabían, sin embargo, que era mejor no darle largas al asunto, por lo que Suzume decidió entregar la noticia directamente.

—Porque es nuestro hijo… ¡Pero del futuro! —Ella añadió rápidamente, anticipando la exclamación que se formaba en boca de su tía—. O al menos eso creo. ¡No estamos seguros!

—Iremos con mi abuelo mañana, Tamaki-san. —Se apresuró a decir Souta, tratando de calmar a la mujer—. Si alguien puede ayudarnos a encontrar una respuesta a todo esto, es él.

A pesar de la seguridad con la que dijo aquello, sin embargo, no estaba del todo seguro de eso, pero esperaba, de corazón, que su abuelo realmente tuviera las respuestas que necesitaban.

De alguna manera y quizás percibiendo la incertidumbre en él, Tamaki se había limitado a dedicarles una mirada sospechosa a ambos mientras se cruzaba de brazos.

Si ella no confiaba demasiado en él antes, definitivamente esa pizca de confianza que todavía le quedaba, acababa de morir es noche.

—Bien, pero no irán solos. —Sentenció la mujer, hablando luego de un tenso silencio y corroborando con eso lo que Souta ya suponía—. Alguien debe mantener un ojo sobre ustedes dos.

—Yo puedo vigilarlos. —Ofreció Serizawa, levantando la mano—. Tengo que llevarlos hasta allá, después de todo.

—Como si pudiera confiar en ti para eso. —Replicó Tamaki, bufando en dirección al castaño—. Te dejarías sobornar con alguna golosina y les permitirías ir a sus anchas a la primera oportunidad.

—Me hieres con tu desconfianza, Tamaki-san. —Fue la respuesta del aludido, quien se tocó dramáticamente el pecho—. Te he abierto mi corazón tantas veces durante nuestras largas conversaciones nocturnas, ¿Y sigues sin confiar en mí?

—¡¿Qu-que?! —Exclamó una sorprendida Tamaki, quien no pudo evitar el rubor en sus mejillas ante la implicación de aquellas palabras—. ¡¿Por qué sacas ese tema ahora?! ¡No estamos hablando de eso!

—Ah… estoy tan herido… —Continuó Serizawa, con expresión abatida, mientras se dirigía a la menor de las mujeres Iwato—. Suzume-chan, ¿Por qué tu tía es tan cruel conmigo?

—¡Para la broma, Serizawa-kun! —Exigió Tamaki, avergonzada mientras Suzume intentaba reprimir una carcajada— ¡No te atrevas a reírte, jovencita!

A pesar de la advertencia, Suzume no había podido evitar la risa que escapó de ella; incluso él no fue capaz de reprimir una sonrisa ante la situación.

Una breve mirada hacia Serizawa y un pequeño giño cómplice de parte de su mejor amigo, había bastado para saber que esa había sido su intención con aquellos comentarios: romper la tensión del ambiente.

Agradecido por ello, Souta solo pudo reír entre dientes mientras Serizawa continuaba con sus bromas a costa de una avergonzada Tamaki quien, resignada y a pesar de su molestia inicial, había terminado uniéndose a la risa general en la habitación.

De alguna manera, las cosas parecían haber salido bien, dentro de todo.

Tamaki, sin embargo, no había cambiado de parecer respecto al tema de acompañarlos a ver a su abuelo, por lo que, una vez más, el viaje se convertiría en una aventura familiar.

Con la decisión tomada y viendo que Shigeru estaba dormitando en brazos de Suzume, todos optaron por retirarse a dormir un poco antes del largo viaje de regreso a Tokio.

Ninguno esperaba el llanto del niño, apenas él notó que Souta se alejaba con dirección a la puerta; al parecer, Shigeru estaba acostumbrado a dormir con sus padres, para mortificación y vergüenza tanto de Suzume, como de él mismo.

Dada la situación, sin embargo, no había forma de que Tamaki los dejase solos en una habitación, por lo que había terminado quedándose con ellos; Serizawa, al ver que sería el único que dormiría solo y, al parecer, empecinado en molestar a Tamaki, optó por quedarse también, por lo que todos terminaron compartiendo un mismo cuarto.

Luego de un incómodo arreglo para dormir, con las chicas hacia el lado derecho, los chicos hacia el izquierdo y Shigeru en el medio, entre Suzume y él, el silencio se instaló en la habitación.

Curiosamente, con todo lo que había ocurrido ese día y a pesar del cansancio acumulado, le había sido imposible dormir.

Y, dado el movimiento que sintió del otro lado de la habitación, seguido de pasos saliendo del cuarto, no era el único con problemas de insomnio.

Deduciendo fácilmente quien era la persona y aprovechando que tanto Serizawa, como Suzume y Shigeru estaban dormidos, Souta se había escabullido fuera de la habitación.

Esto, él sabía, era lo correcto por hacer si quería que las cosas marchasen bien en su relación con Suzume: tenía que hablar con Tamaki.

Con la decisión tomada y tratando de no hacer demasiado ruido dada la hora, había abandonado la habitación, encontrando a la mujer poco después, apoyada en el alféizar de una de las ventanas que daba hacia el jardín principal.

Curiosamente y a pesar de que fue él quien la buscó, fue la tía de Suzume quien habló primero.

—¿Problemas para dormir? —Le preguntó ella, viéndolo de soslayo.

—El sueño me elude, sí. —Respondió él, tratando de no parecer tan nervioso como se sentía—. Supongo que han pasado demasiadas cosas hoy.

—Y que lo digas. —Fue la réplica de la mujer, quien lo vio directamente ésta vez con una ceja levemente enarcada—. Debes tener mucho en que pensar, ¿Verdad, papá?

Ah, ahí estaba, ese toque de ironía en su voz.

Definitivamente él no le agradaba y no podía culparla por eso. Después de todo y a pesar de no haber sido esa su intención, la aparición de él en la vida de Suzume había traído muchos problemas e incluso terminó poniendo a prueba la relación tranquila de tía y sobrina que ellas habían mantenido hasta ese entonces.

Ante aquella innegable certeza, Souta solo atinó a desviar levemente la mirada, mientras intentaba pensar en que decir para cambiar la imagen que la tía de Suzume tenía de él.

Curiosamente, su intento de respuesta fue interrumpido por la propia Tamaki y el cansado suspiro que provino de ella.

Fue la mezcla de emociones en la mirada de la mujer y lo que ésta le dijo poco después, lo que terminó por tomarlo con la guardia baja.

—No me malentiendas, Souta-kun; no me desagradas, ni estoy molesta por la relación que tienes con Suzume. —Le había dicho ella, mientras se pasaba una mano por los cortos mechones de cabello que poseía—. Sé que eres un buen muchacho y que ella realmente te importa, puedo notarlo por la forma en que la miras cuando crees que nadie está prestando atención, es solo que… todo parece estar yendo tan rápido desde que ustedes dos se conocieron… temo que ella se lastime ¿Entiendes? Esa niña ha sufrido mucho y lo último quiero es verla herida de nuevo.

—Comprendo lo que dices, Tamaki-san. —Fue la sincera respuesta de él—. Mucho más de lo que crees.

Y ciertamente sí, lo hacía, porque esas mismas preocupaciones las había tenido él, por eso había dudado en dar el siguiente paso en su relación con Suzume.

Afortunadamente, ella y su perspicacia al momento de ver las cosas, lo habían sacado de ese oscuro agujero de dudas en el que se había sumido las últimas semanas.

La perspicacia, sin embargo, parecía venir de familia, si las siguientes palabras de Tamaki eran una indicación.

—¿Por eso la estuviste alejando últimamente? —Preguntó la mujer.

—¿Lo notaste también? —Cuestionó él en respuesta, con expresión resignada.

—¿Qué puedo decir? —Replicó Tamaki, encogiéndose de hombros—. No eres bueno fingiendo.

—Suzume piensa lo mismo. —Dijo él, con una débil sonrisa en los labios.

—Chica inteligente, esa sobrina mía. —Fue la respuesta de la mujer, seguida de una pequeña pero orgullosa sonrisa, antes de continuar—. ¿He de suponer que lograron arreglaron lo que sea que estaba mal, entonces?

—Ella puso algo de sentido en mi cabeza, sí.

—Definitivamente suena como algo que Suzume haría.

El resoplido divertido que escapó de él ante aquella afirmación, fue inevitable; oír reír a la mujer junto a él, incluso si era a su costa, Souta sintió, era una buena señal.

A pesar del cómodo ambiente que se había instalado entre ellos, o quizás debido a éste mismo, Souta encontró dentro de sí el impulso que necesitaba para verbalizar aquello que había venido a decir.

De alguna manera, la tía de Suzume pareció intuir lo que él intentaba hacer, porque le dedicó un breve asentimiento que lo instó a seguir.

—Tamaki-san, sé que te he dado motivos suficientes para no confiar en mí. —Comenzó, mirándola directamente y con toda seriedad—. Puse la vida de Suzume en riesgo en más de una ocasión y estoy muy consciente de que ella sufrió mucho por mi culpa, pero… si puedes darme una oportunidad, una sola, de demostrarte que soy digno de ella, no te decepcionaré; por favor, concédenos tu permiso.

Habiendo dicho esto, Souta se había inclinado frente a la mujer en una profunda y respetuosa reverencia. Y aunque no tenía forma de ver la expresión de su rostro en ese momento dada la posición en la que se encontraba, podía sentir la mirada fija de ella sobre él.

A pesar del prolongado silencio, Souta aguardo pacientemente hasta que la mujer habló por fin.

—¿Cuidarás bien de ella? —Le preguntó.

—Con mi vida. —Fue su firme respuesta.

Dada la seriedad de sus palabras, el repentino golpe que recibió en la cabeza fue inesperado. Tanto o más que el ceño fruncido de la mujer frente a él que alcanzó a ver cuándo, sorprendido, se irguió frente a ella mientras sujetaba la zona golpeada.

No había dolido, evidentemente, pero eso no quitaba lo sorpresivo del gesto.

Ni explicaba la molestia de la mujer.

Souta no entendía nada, así que tuvo que preguntar.

—¿Tamaki-san?

—¿Por qué tienes que ir a los extremos? —Preguntó la mujer, cruzándose de brazos, frustrada—. Quiero que cuides de ella, pero también quiero que cuides de ti mismo; esa niña huyó de casa y viajó por todo Japón para salvarte, ¿Tienes idea de lo que ella haría si te perdiera?

Ante esa pregunta, Souta solo pudo parpadear un par de veces, sorprendido, mientras miraba a la enojada mujer frente a él.

—Yo… no lo había pensado; no desde esa perspectiva, al menos. —Confesó, bajando levemente la mirada—. Quiero decir, pensé en las consecuencias que podría haber para ella si yo muriese, pero… no en lo que ella haría cuando yo no estuviera más.

—Bueno, pues deberías empezar a pensar en eso. —Replicó la mujer, fulminándolo con la mirada; él no pudo evitar encogerse.

Algo en esa reacción, sin embargo, pareció enfriar el temperamento de Tamaki, pues luego de exhalar un largo suspiro, ella continuó, ahora con un tono más calmado.

—Souta-kun, si voy a confiar en ti para cuidar de ella a partir de ahora, tienes que tener eso en cuenta. —Le dijo, con seriedad—. Nada de misiones kamikaze ¿Está claro?

—Como el cristal.

—Bien. Oh, y antes de lo olvide. —Añadió, frunciendo levemente el ceño—. Por amor a todos los dioses, tómense un tiempo antes de concebir a Shigeru; no me hagan abuela tan pronto.

Aquel comentario fue tan inesperado, dada la seriedad del momento, que él no pudo evitar que un encendido rubor subiera por todo su rostro.

—¡Nosotros todavía no…! ¡Quiero decir…! —Balbuceó él, avergonzado y sin saber que decir exactamente, para diversión de Tamaki; una ceja enarcada de ella, sin embargo, le indicó cual era la respuesta correcta—. S-sí, señora…

—Bien, tienes mi bendición, entonces.

Souta no supo cuánto significarían esas palabras para él, hasta que las oyó de boca de Tamaki; fue inevitable que la sensación de alivio lo embargara.

—No voy a decepcionarte, Tamaki-san; tienes mi palabra. —Le prometió a ella, sonriendo sin poder evitarlo—. Daré todo de mi para hacer feliz a Suzume.

—Eso espero. —Fue la respuesta de ella, sonriendo levemente en su dirección—. Te estoy confiando lo más preciado que tengo, después de todo.

Lo que sea que Souta intentó decir a aquellas palabras, se vio interrumpido por un sonoro llanto que provenía de la habitación que todos compartían; no hizo falta mucho para deducir que Shigeru había despertado y no estaba feliz de no tener a su padre al lado.

—Adelante, ve. —Le dijo Tamaki señalando con un pequeño gesto de cabeza hacia el pasillo que llevaba a las habitaciones—. Que, si el llanto que se escucha hasta aquí es una indicación, te necesitan allá adentro.

Intercambiando un breve asentimiento con la mayor de las mujeres Iwato, Souta emprendió el camino con dirección a la habitación que compartían.

Él no pudo evitar, sin embargo, detenerse brevemente para mirar a la tía de Suzume antes de adentrarse en el lugar. Al sentir su mirada, ella lo despidió con un pequeño gesto de la mano, seguido de una leve sonrisa; ante esto, él solo pudo hacer una respetuosa reverencia hacia la mujer que había cuidado de Suzume como una madre, dándole todo el amor que ella necesitó cuando no tuvo a nadie más.

Ahora, esa misma mujer había confiado en él para cuidar a aquella persona que tanto significaba para ella; era su turno de cuidar a Suzume.

Y él estaba dispuesto a darlo todo por cumplir esa promesa.

Extrañamente, después de aquella conversación y luego de haber calmado el llanto de Shigeru, el esquivo sueño lo alcanzó por fin.

Con Suzume frente a él y Shigeru durmiendo plácidamente entre ellos, Souta tuvo su primera noche de sueño reparador después de varias tortuosas semanas de insomnio.

De alguna manera, Souta sentía que las cosas empezarían a mejorar después de esa noche.

Curiosamente, la mañana siguiente trajo consigo noticias inesperadas.

Con los cuatro reunidos frente al auto de Serizawa —Cinco si incluían a Shigeru, que iba en brazos de su madre—, se dispusieron a hacer los arreglos para emprender el viaje de regreso hacia la casa de su abuelo, optando por ir él, Suzume y Shigeru acomodados de alguna forma en los asientos traseros con la silla para bebés que habían conseguido a última hora. Fue, sin embargo, cuando llego el turno de la Tamaki para tomar su lugar en el asiento de copiloto, que ella los sorprendió a todos con su negativa a entrar al vehículo.

Antes éste extraño comportamiento, fue inevitable que Suzume preguntara.

—¿Tamaki-san? —Cuestionó ella, mirando con confusión a la mujer—. ¿No vienes con nosotros?

Tamaki negó levemente con la cabeza antes de dedicar una breve mirada hacia él; lo que la mujer dijo cuándo fijó su atención en Suzume, sin embargo, los sorprendió a ambos.

—No hace falta. —Fueron las palabras de ella, seguidas de una pequeña sonrisa—. Sé que estarás bien.

Suzume lucía confundida aún con esa respuesta, pero él entendió perfectamente; Tamaki le había dado un voto de confianza la noche anterior y ahora estaba actuando en consecuencia a esa importante decisión.

Sorprendido por aquel extraño giro, pero profundamente agradecido por ello, Souta intentó decir algo, pero apenas tuvo tiempo de reaccionar, cuando las llaves del auto de Serizawa volaron en dirección a él.

Tomado con la guardia baja una vez más, él se había limitado a ver las llaves que ahora tenía en la mano y luego a su mejor amigo un par de veces antes de preguntar.

—¿Tampoco vienes, Serizawa?

—Alguien tiene que asegurarse de que Tamaki-san llegue a casa a salvo. —Fue la respuesta que le dio, seguido de una media sonrisa—. Me aseguraré de que no le pase nada.

—¿Olvidas que soy mayor que tú? —Cuestionó la mujer, enarcando una ceja hacia el castaño mientras se cruzaba de brazos—. Puedo estar perfectamente bien por mi cuenta.

—Soy consciente de eso, Tamaki-san; solo estoy siendo amable. —Respondió Serizawa, encogiéndose de hombros levemente, antes de que sus labios se curvasen en una sonrisa traviesa—. Sin embargo… ¿En verdad esperas que te deje ir sola, "abuela"? ¡Eso me haría un esposo terrible!

—¡Tú-! —Exclamó Tamaki, claramente avergonzada, si sus mejillas encendidas eran una indicación.

—Nos vemos luego, muchachos. —Interrumpió Serizawa, golpeando levemente el capot del auto en lo que fue su señal para marcharse—. Cuídense en el camino, ¡Y pórtense mal!

—¡No, no lo hagan! —Exclamó Tamaki, dirigiéndose a ellos mientras Souta se acomodaba en el asiento del conductor y encendía el vehículo—. ¡Pórtense bien, oyeron! ¡Suzume!

Pero ellos no escucharon más.

Riendo entre dientes mientras oían como las advertencias de Tamaki se silenciaban ante el repentino abrazo de Serizawa, los tres habían partido con dirección a Tokio en busca de su abuelo.

Curiosamente y a pesar de la seriedad del tema que tenían entre manos, Souta se sentía realmente ligero; la risa tanto de Suzume como de Shigeru reverberando en el vehículo mientras se alejaban por la carretera, solo incrementó esa sensación. E incluso cuando la risa comenzó a mermar y Suzume pudo formular una oración coherente, Souta nunca dejó de sentir aquella calidez recorriéndolo.

Y él no podía sentirse más feliz por ello.

—Creo que Serizawa-san es el único que puede provocar ese tipo de reacción en Tamaki-san. —Comentó Suzume, riendo entre dientes aún desde los asientos posteriores junto a Shigeru—. Nunca la había visto sonrojarse tantas veces en un mismo día.

—Eso va en ambas direcciones. —Respondió él, divertido, viéndola brevemente a través del espejo retrovisor—. Solo tu tía puede lidiar con él y su sentido del humor.

—Bueno, es Tamaki-san de quien estamos hablando. —Contesto ella, tan divertida como él—. Si ella no puede manejarlo, nadie lo hará.

—Touché.

Riendo una vez más al encontrar su mirada en el espejo retrovisor, el viaje se tornó bastante tranquilo por un tiempo, pero Souta sabía que algo estaba molestando a Suzume, podía decirlo con solo verla.

Unos minutos después y luego de darle a Shigeru algo de comer, Suzume expresó al fin aquello que la inquietaba.

—Souta… ¿Crees que ellos estarán bien? —Le preguntó, buscando su mirada a través del espejo retrovisor—. Quiero decir… Shigeru no dijo mucho anoche, pero llamó "abuelo" a Serizawa-san, y, bueno… me preocupa la manera en que ellos puedan tomar esa información.

Si era sincero, aquello, si bien no le preocupaba de la misma manera que a Suzume, sí le causa curiosidad.

Él no tenía forma de saber cuál era el tipo de vínculo que Tamaki y Serizawa tendrían en el futuro o si eso podría afectar a su relación con Suzume en algún momento, pero de alguna manera y quizás por la expresión alegre de Shigeru cuando vio al "abuelo", tenía la sensación de que, lo que fuera que esos dos tuvieran, iría bien.

—Dudo que algo malo ocurra. —Respondió al fin, tratando de calmar las inquietudes de Suzume—. Serizawa es un buen sujeto, e independientemente de lo que las palabras de Shigeru puedan significar para el futuro, estoy seguro de que él cuidará bien de ella.

—Lo sé, eso solo… bueno, ya sabes… —Balbuceó Suzume en respuesta, mientras acariciaba distraídamente los oscuros cabellos del niño a su lado—. Tamaki-san me ha cuidado desde que era niña y nunca tuvo oportunidad de salir con alguien por hacerse cargo de mí. Ahora que he crecido, no puedo evitar preocuparme por ella; no me gustaría ver que la lastimen.

—Suenas como una madre preocupada justo ahora. —Dijo él, sonriendo levemente mientras mantenía la vista fija en la carretera; Suzume no pudo evitar sonrojarse ante el comentario—. Sin embargo… creo que entiendo lo que quieres decir; Tamaki-san es una buena persona y tampoco me gustaría verla herida.

El silencioso asentimiento de Suzume y la preocupación que aún podía percibir en ella, lo instó a continuar.

—Quizás no debería decir esto. —Comenzó, viéndola brevemente a través del espejo—. No creo que sea lo más apropiado, en realidad, pero si saberlo puede hacerte sentir más tranquila… pienso que Serizawa realmente está interesado en tu tía.

La ceja enarcada de Suzume le dijo que debía explicarse mejor, así que prosiguió.

—Él no me lo ha dicho directamente, pero lo conozco. —Le dijo a ella, mientras se detenía en un semáforo en rojo—. Puede no parecerlo a primera vista, pero Serizawa es bastante serio en sus relaciones; él no se enamora fácilmente, Suzume. Sin embargo… hay algo en la manera en que mira a Tamaki-san y en la forma en que la trata, que... bueno, simplemente lo sabes.

—¿En verdad lo crees? —Cuestionó ella, dubitativa—. ¿Es posible que Serizawa-san realmente tenga sentimientos por ella?

—Bueno, cuando se encuentra con Tamaki-san, él tiene la misma mirada que yo cada vez que te veo. —Respondió con ligereza, sonriendo mientras le dedicaba un breve vistazo—. ¿Eso no lo dice todo?

Tomada por sorpresa con aquella directa declaración, Souta había tenido que reprimir la risa en él al ver como el rostro de Suzume se sonrojaba por completo con esas simples palabras.

El hecho de que Shigeru preguntara si "mamá" estaba enferma al verla en ese estado, definitivamente no ayudó a que el sonrojo de Suzume disminuyera, para mortificación de ella y diversión de él.

Souta no había podido evitar reír entre dientes a pesar de la mirada fulminante que ella le dedicó.

—Qué bueno que encuentres esto divertido "Souta-san". —Dijo ella, frunciendo levemente el entrecejo en su dirección.

Él supo que debía dejar de reír desde el momento en que el "san" volvió a ser a añadido a su nombre; cuando Suzume se cruzó de brazos, la disculpa de su parte salió casi de manera automática.

Ésta vez fue Suzume quien no pudo evitar reír.

—Olvídalo, ya no importa. —Le dijo ella, divertida; él solo suspiro con alivió—. En todo caso, Serizawa-san tendrá un camino difícil con Tamaki-san; ella no cederá fácilmente.

—Teniendo en cuenta que ella lo trata como un niño en éste momento, sí. Él tiene mucho trabajo por delante. —Le respondió, sonriendo levemente mientras ponía en marcha el auto una vez más.

De mejor humor ahora, Suzume parecía divertida ante la idea de ver a Serizawa cortejar a su tía. Y aunque aquello era una buena señal, Souta no pudo evitar verbalizar la interrogante que desde hacía un tiempo venía rondando en su cabeza.

—¿No te molesta? —Le preguntó a ella—. El tema de la diferencia de edad, quiero decir.

—Para nada. —Respondió ella, sin el menor atisbo de duda—. Yo solo quiero que Tamaki-san sea feliz y si ella puede encontrar eso con Serizawa-san, ambos tendrán mi apoyo incondicional.

Souta sonrió; definitivamente aquello era algo que Suzume diría.

—Ellos estarán bien, entonces. —Afirmó él, con seguridad—. Shigeru lo llamo "abuelo" después de todo. ¿No significa eso que las cosas salieron bien para ellos en el futuro?

—Eso espero… No, sé que será así. —Se corrigió a sí misma, antes de sonreírle ampliamente—. Construiremos un brillante futuro, todos nosotros; estoy segura.

Ante aquellas palabras y quizás contagiado por el brote de entusiasmo de Suzume, Souta solo pudo asentir mientras sonreía con la mirada fija en la carretera.

De alguna manera, él sentía, que éste viaje estaba sentando las bases para el brillante futuro que Suzume deseaba y que él estaba dispuesto a darle.

Todos serían felices y él daría lo mejor de sí mismo para que aquello ocurriese.