«El secreto es hacer lo que puedas con lo que te rodea. Recuerda, sin embargo; nada esta garantizado. Prepárate para lo peor y espera lo mejor».

—Autor desconocido

-¿Sigues vivo?- Un niño le pregunto a otro con su voz reseca casi quebrada.

Ambos estaban tirados en el suelo viendo al techo derruido de un gallinero viejo y húmedo que era asaltado sin piedad por los rayos del sol de verano. La situación claramente había sido diseñada para romper sus voluntades y agotarlos.

-Si...- El otro le contesto a su compañero con la voz ronca pues la sed le estaba destrozando la garganta.

Eso era todo lo que podía decir el niño. Ambos no sabían cuanto tiempo llevaban encerrados, bien podían haber sido un par de días o todo un mes pues el tiempo corría de maneras extrañas y el hecho de dormir y despertar en intervalos para evitar la sed se juntara con el hambre solo empeoraba el asunto.

-¡Hora de comer pequeños bastardos!- Un hombre corpulento abrió la puerta del granero de golpe y dejo en el suelo una jarra de agua caliente junto a una bandeja de los restos de la comida del día anterior y para rematar le esculpió a la bandeja mientras cerraba la puerta.

Ambos niños los primeros días se habían matado uno al otro para ser el primero en probar bocado y saciar su sed pero ahora mismo sus ganas de pelear habían desaparecido. Ambos les tomo un momento levantarse para acercarse y sentarse frente a la bandeja. El de pelo corto fue el primero en tomar la jarra entre sus manos temblorosas y dejar que el liquido caliente bajara por su garganta apenas calmando su sed.

-Idiota, si tomas agua caliente no se te quitara la sed...- el de cabello largo le dijo mientras miraba renuente la bandeja de comida que por lo que pudo deducir había sido lo que quedo al fondo de la Olla de algún estofado o caldo.

El otro chico bajo la jarra y soltó un suspiro de alivio

-Solo necesitaba un trago...- le arrimo la jarra a su compañero -No sabemos cuanto tiempo ese cabron quiera mantenernos aquí por romperle el brazo a ese idiota presumido de Leonel así que bebe, lo vas a necesitar-

El no dudo mucho y rápidamente se llevo la jarra a los labios dándole un buen trago pero asegurándose de no acabársela.

-Desde que un dios mostro interés en sacar a ese idiota de Leon del Orfanato para meterlo en su familia se volvió insoportable... Mas de lo que ya era-

El otro asintió simplemente, decidió ahorrarse saliva y prefirió tomar otro trago de agua.

Estaba había sido su realidad los últimos años. Ambos eran presuntos huérfanos que habían ido parar a un Orfanato lo suficientemente lejos de cualquier lugar habitable que aunque lograras eludir a el cuidador y saltar los muros no había nada en kilómetros a donde correr así que definitivamente serias atrapado o morirías en el proceso.

Entonces oyeron algo, la puerta estaba chirriando, el hombre se habia olvidado de cerrarla y esta se movia gracias al viento.

La libertad estaba a unos pasos.

Ambos se levantaron tambaleandose torpemente y ambos corrieron con la idea de la libertad en sus mentes, ambos cruzaron al mismo tiempo y ambos abrieron los ojos cuando vieron que habia un par de hombres parados a unos metros del granero; Estaban jodidos.

Un par de manos los atraparon por la nuca y nos derribaron contra el suelo dejandolos baca abajo y sin la capacidad de levantarse.

-Estos bastardos llevan 2 semanas ahi dentro y no los he alimentado con nada mas que sobras y agua caliente- El hombre que los sujetaba contra el suelo hablo para los otros 2.

Ambos intentaron liberarse pateando y sacudiendose levantando todo el polvo que podian y bramando buscando sacar cualquier atisbo de fuerza que quedara en sus musculos impulsados por el deseo de correr, saltar el muro y si era necesario morir fuera de aqui.

-Se lo dije este par de idiotas puede que midan la mitad de la estatura de Leon y puede que sean varios años menores pero se las arreglaron para romperle un brazo aun asi...-

Uno de los hombres se acerco al niño de cabello largo; se puso de cunclillas frente a el y le alzo la cara para verlo mejor. El niño tambien pudo verlo, hombre alto y cabello de color rojo escarlata ondulado y una sonrisa confiada en sus labios, una corona de laurel verde en la cabeza acabo de adornalo.

-¿Oh cuantos años dices que tienen?-

El hombre señalo al de pelo largo.

-Ese idiota con pelo de niña se llama Corvo, tiene 12...-

Sacudio al otro y lo obligo a alzar la cara.

-Este llego aqui llamandose a si mismo Daud, tiene 13...-

El hombre de pelo rojizo sonrio y vio a ambos con interes mientras se levantaba del suelo y se limpiaba el polvo de la ropa fina.

-Si siendo tan jovenes lograron superar a un joven tan interesante como Leonel no me quiero imaginar lo que podran hacer en unos años...-

El acompañante del hombre como el cuidador del orfanato lo miraron con sorpresa.

-P-Pero dios Apolo, estos no son mas que un par de idiotas problematicos, apenas hacen lo suficiente para ganarse su comida-

Apolo lo detuvo en seco y ignoro la mirada inquisitiva de su acompañante.

-Me llevare a Leon... Te dare el apoyo que te prometi para tu orfanato y un extra, pero...-

El silencio se perpetuo durante un segundo mientras el hombre miraba a ambos niños y estos le regresaban la mirada.

-Volvere en 3 primaveras, asegurate de que este par de buenos chicos este preparado para ese entonces...-

El dios sonrio y se dio la vuelta regresando al orfanato con su acompañante siguiendolo de cercas y aparentemente recrimiandole su decision.

-Si que son un par de suertudos pequeños bastardos...-

El hombre levanto a Corvo y a Daud por el cuello de la camisa y los arrojo dentro del gallinero de nuevo.

-¡Aun asi pasaran otra noche ahi dentro asi que dulces sueños!-

La puerta se cerro y ambos volvieron a estar recostados sobre el suelo mirando al techo.

-¿Que demonios acaba de pasar?- Corvo le pregunto a Daud.

-Parece que nuestra suerte a cambiado...-

-Suerte de mierda...-

-Pero suerte al fin y al cabo.-

El cielo estaba manchado, se mezclaba con otra cosa como agua y aceite que se repele, el color naranja acompañaba el paramo seco y bajo aquel cielo sacado de un sueño psicodelico una mujer estaba sentada fumando en la cubierta de un viejo barco encayado hace milenios que pese al castigo del tiempo se negaba a desaparecer.

Se quito la pipa con tabaco blanco de los labios y dejo escapar la bocanada de humo mientras miraba el espectaculo de luces antinaturales y deformacion del espacio tiempo que estaba a unos kilomentros frente a ella; desvio la mirada al relog de su muñeca y luego de nuevo el espectaculo.

-Falta poco...-

Volvio a poner la pipa en sus labios y paso sus dedos por el cristal negro que ocupaba el lugar de su ojo derecho, brillando con su macabra gloria, este le indico que pronto los engranajes se pondrian en marcha.

Hasta entonces deberia disfrutar un poco de la cautivadora paz que brinda el fin del mundo.