Capitulo 1
Presente
Como era usual en ella, se encontraba nadando en sus pensamientos sobre nada en específico, dejaba que una idea siguiera un hilo sin camino específico, de esta manera su cabeza iba a cualquier sitio con tal de ignorar la vibración constante del su celular en su bolso. Su exnovio no había tomado bien la ruptura ni mucho menos las razones de ella.
El aire acondicionado del auto de su tío – el clima de otoño estaba tardando en llegar –. El choque de dedos sin ningún ritmo sobre el manubrio mientras este la miraba de reojo – ya había acabo su interrogatorio sobre cómo le fue en el día, pero era evidente como su acompañante esperaba que comenzará la conversación –. Sentía como los semáforos demoraban cada vez más, al menos en una ciudad tan ajetreada como Tokio, era algo de todos los días.
Amaba a su tío. Era probablemente su persona favorita en el mundo, pero no podía evitar sentirse enojada por su silenciosa insistencia, y mucho menos podía quejarse en voz alta porque él no llegaba a expresar en palabras lo que quería de ella. Pero la insistencia seguía ahí. En sus constantes miradas de reojo, en como silbaba para amortiguar el silencio y en la sonrisa tranquilizadora que soltaba para evitar decir de más. Desde que era pequeña su tío siempre fue así. Él la apoyaba de forma incondicional, respetaba su espacio y silencios, pero la culpa la invadía tanto cuando, a pesar de no querer hablar, este esperaba de forma emocionada que le contara sus cosas. Siempre cedía al fin al cabo.
- Kagura me sigue marcando – dijo al fin.
- ¿Por qué no le contestas? – la Uchiha quiso rodar sus ojos por la sonrisa que le dio.
- Corté con él hace dos semanas.
- Oh – toda su familia sabía que estuvo saliendo con el chico Karatachi de la facultad de derecho. Todos menos su padre. - ¿Cómo lo llevas?
- Bien, tío – suspiró rendida por las preguntas y las horas de clases anteriores – solo me aburrió estar con él.
- No toda la relación tiene que ser constante, siempre hay bajas y altas.
- Solo me cansé de intentar sentir algo por él.
El auto siguió su marcha. Su tío la entiende, siempre lo hace aunque no compartan ideales, asíq que no trata de hacerla replantearse su decisión, solo termina con un: si se vuelve demasiado insistente, me dices y lo arreglo.
Siempre fue una chica disciplinada, ordenada y calmada. Nunca les dio problemas a sus padres porque nunca se enteraron de ellos. Aun así, tenía una personalidad tan competitiva que se tenía que recordar una y otra vez, los exquisitos modales que recibió en casa, pero así como estos modales fueron aprendidos de su familia, las características que hacían de su personalidad única también, un ejemplo de eso sería lo tan ambiciosa que puede llegar a ser. De esta misma manera, para desgracia del resto de la sociedad, no solo heredó una conducta domínate por parte de su madre, sino que también ciertos pensamientos egocéntricos que la familia Uchiha tenía por excelencia. El producto de una joven que no mide las consecuencia con tal de conseguir lo que quiere.
Y si algo sabía la persona a su lado más que nadie, es que era muy caprichosa, lo sabe de primera mano porque fue el principal pionero de tratarla como una princesa. Y es que, en una familia donde abundan hombres, era imposible no complacerla con cualquier cosa.
Cualquier cosa o persona que pueda incriminarla por algo, él se haría cargo de que así no sea. Como borrar cualquier prueba que la incrimine a ella y a sus amigos del colegio, sobre cualquier ataque a las instalaciones de la institución rival.
La regañó en su momento, por supuesto, pero para librarlos de eso requirió la ayuda de otros miembros de la familia que no hicieron más que burlarse de la situación y elogiarla.
- Me estaré volviendo loco, pero me pareció ver al hijo de Naruto – dijo su tío – dio la vuelta por esa avenida.
- Estás loco, tío – rio por lo bajo – Boruto alargó sus vacaciones en miami, llega en unas semanas.
- No no no, el otro mocoso – siguió recto – Kawaki.
Kawaki Uzumaki - el hermano de su mejor amigo - Lo último que supo sobre él fue que, cuando terminó sus estudios, un año antes de su generación, se había tomado un año sabático y que luego se había inscrito en el ejército. No tenía conocimiento alguno si este había vuelto alguna vez para navidades, ya que conforme crecía habían dejado de hacer sus típicas reuniones familiares con los Uzumaki.
Con Boruto nunca hablaban de él, al menos no más de lo ya mencionado. Aunque si escarba en su mente, le parece haber oído su nombre en boca de su madre hacía unas semanas, probablemente en la misma en que terminó con Kagura. No está segura.
- Yo no vi a nadie.
- ¿Doy la vuelta? Aún creo que podemos alcanzarlo.
- No vas a perseguir a nadie. Está al lado opuesto de la casa – regañó – aparte, nos tomó media hora salir del trancón para volver a él.
Con una curiosidad cizañera se preguntó cómo luciría el día de hoy. Después de todo, fue el estudiante más atractivo que hubo en su preparatoria, incluso ella quería votar por él para esa encuesta del anuario, pero sus intentos de hacerlo fueron en vano porque Boruto la obligó a votar por él.
Al final y sin esperárselo, la pelinegra también recibió ese título para la votación femenina, incluso si fue vilmente traicionada por el rubio, después de que este votara por la chica que le gustaba; la delegada de clase.
Llegaron a la casa para la hora del almuerzo; su tío se quedó a comer, jugó una partida de poker con su madre y su padre, mientras ella los veía pelear como si fueran adolescentes y después se despidió de ella.
Adelantó unos deberes, se saltó la cena mientras la noche se asomaba por su ventana. Decidió salir a una tienda de conveniencias en su barrio, sin olvidar amarrarse su larga cabellera azabache en una coleta alta.
Aún vivía con sus padres después de todos estos años. Entre sus amigos del colegio, la mayoría ya tenía un lugar propio, solo ella y Boruto seguían viviendo en el mismo lugar, y aunque se lo planteó varias veces, la verdad es que no tenía prisa de vivir lejos de ellos. Era hija única, sus padres salían cada cuanto de viaje y la dejaban sola, por lo que era un desperdicio rentar un apartamento y dejar la enorme casa que tienen.
Pasaban los minutos en frente de la nevera del establecimiento mientras no podía decidirse por algún refresco, aunque no le importaba pasar toda la noche pensando en cuál, había dejado su celular en casa y lo último que quería era tener que ver como se acumulaban las llamadas perdidas.
- ¿Vas a escoger o qué? – preguntó alguien al lado de ella.
A su derecha estaba el hombre que su tío creyó ver. Más alto, fornido y esbelto, con el cabello un poco más largo de la última vez, pero con sus lados rapados, esta vez sin pircings en su cara pero con nuevos tatuajes en su brazo izquierdo.
- ¿Sarada? – preguntó sorprendido.
- No sabía que habías vuelto.
- Sí, hace casi un mes – su expresión vuelve a ser la misma normal e indiferente que siempre conoció.
- Nunca nos cruzamos en el barrio – dijo calmada - ¿Estás en la casa de Naruto y Hinata?
- Sí, pero me la paso acomodando la mudanza de mi departamento.
- Eso es genial.
No diría que alguna vez fueron amigos, sin embargo, el hecho de que sus familias fueran tan cercanas los obligó a estar en el mismo lugar muchas veces. Sobre todo, cuando desde pequeña ha sido mejor amiga de su hermano.
Cuando Kawaki fue adoptado a los doce años por Naruto y Hinata, su madre la animó a relacionarse con el contrario, Hinata y su madre, Sakura, tenían ese deseo de que criar a todos sus hijos como si fueran hermanos. No funcionó con el pelinegro. La personalidad estoica del mayor la hacía evitar lugares, salidas con Boruto y cenas familiares, debido a los comentarios que para una niña de diez eran difíciles de manejar.
El sentimiento de no poder controlar todo, la abrumó.
- ¿Me dejas agarrar algo? – preguntó simple. Sarada se movió a un lado, el mayor solo agarró una bebida energizante, dejando la puerta abierta y esperando algún comentario de la azabache – ¿Debería pasarte tu agua de Jazmín?
Sonrió con una risa disimulada – Sí, por favor.
- No fue tan difícil – resumió a la vez que caminaban por los pasillos hacia la caja registradora.
- Dejé de tomar esto hace años.
- No solías dejar las costumbres fácilmente, Uchiha.
Lo dejó estar. No había cosa que le importara menos que la estúpida bebida en esos momentos, tenía curiosidad por todo lo que él había vivido esos años alejado de la ciudad, todas las aventuras que vivió solo, la gente que conoció, pero por más que quería preguntar no lo hizo. Si algo se quedó en su mente sobre el adolescente que una vez conoció es que, no soltaba las cosas, aunque se las preguntes mil veces.
Kawaki pagó ambas bebidas, ambos esquivaban su mirada y cuando salieron al aire de la noche, ambos parecían dos desconocidos esperando que el otro diga algo para cortar la tensión.
- ¿Viniste para quedarte o será algo temporal? – preguntó al fin la azabache.
- Era algo temporal, pero parece que me quedaré.
Quiso preguntar qué hizo que decidiera quedarse.
- Himawari está pronto a graduarse del colegio – mencionó con una sonrisa dulce en la cara.
- Sí, adelanté las cosas por eso.
Suspiró pensativa.
- Caminaré a mi casa, no quiero que mi papá comience su discurso.
- ¿Sigues siendo la princesa de Sasuke? – preguntó burlón, por primera vez en tono diferente.
- Por supuesto que sí – afirmó para comenzar a caminar – Adiós y bienvenido de vuelta.
Kawaki la observó partir y retomó su camino. Sarada terminó su bebida después de bañarse para luego acostarse en la cama.
Su cuarto era casi tan ordenado como ella, siempre trataba de mantenerlo tan pulido como pudiera, no entendió las repentinas ganas de ordenar cajas antiguas. Estaba de piernas cruzadas en el suelo viendo antiguas fotos con sus amigos, tanto en el colegio como fuera de él.
Sonrió con nostalgia por los buenos tiempos, donde todo podría ir más lento, pero aun así disfrutar cada segundo. Su curiosidad hizo que se centrara en las fotos donde Kawaki aparecía, que para su sorpresa eran varias a pesar de que nunca se consideraron amigos, este hizo parte de momentos importantes para ella, sin ella darse cuenta.
Una foto sobresaltó por entre todas. Él pelinegro posaba al lado de ella en el baile escolar con pantalones de Jean, su típica camisa de estar en casa y con el saco que le quitó a Boruto a último momento.
Se rio por el recuerdo. La noche empezó con Boruto siendo su cita para el baile, pero terminó con Kawaki y ella ayudando a arruinar la cita de la chica que Boruto le gustaba.
Como era de esperar, los planes de Boruto nunca terminaban bien pero al menos, fue una noche jamás olvidaría.
Cuando llegaron las fotos tres semanas después del baile, sus padres le hicieron preguntas, sin embargo se aseguró de darle una copia al hermano mayor.
Kawaki caminaban de noche por la cera bajo el paraguas camino a su apartamento. Aquel que comenzó a ocupar hacia quince días, y que, por suerte, habían acabado ya las visitas con intención de conocer su lugar. Era de su agrado, sencillo y minimalista; con el suficiente espacio para sus cosas, pero sin desperdiciar ningún rincón de él.
Su ubicación era central, cercano a los edificios más importantes, vías principales, pero también a las universidades. Algo que tomó como punto decisivo por su hermana pequeña que estaba pronta a graduarse.
Desde que llegó no ha recibido más que pláticas incomodas. De personas allegadas a la familia, a la empresa de sus padres, a sus viejos amigos... la verdad es que estaba enfermo de tener que responder siempre lo mismo. Era normal que tuvieran preguntas, es decir, fueron muy pocos a los que les contó que iba a prestar servicio y si no fuera por la alta capacidad que aprendió sobre controlar sus impulsos todo este tiempo, los mandaría a la mierda a todos.
El día de hoy por fin había terminado la mudanza. No creyó que fuera tan agotador, sobre todo porque no debió subestimar el poder del estúpido gato de su nueva vecina. Un felino completamente negro y de ojos amarillos, que no estuvo más que fastidiando su mudanza; plantándose a mitad de las escaleras, del pasillo, del ascensor, de alguna manera diciéndole que no lo permitía en su territorio.
En medio de sus pensamientos, detuvo su trayecto al ver a la Uchiha empapada de agua, sentada en la parada de bus. Era muy tarde y pocos eran los que salían a estas horas.
No la había visto desde que se encontraron en la tienda de conveniencias, cerca de la casa Uchiha y Uzumaki. De eso yacía casi tres semanas. Le había sorprendido volver a verla, y es que, de todos los amigos idiotas de su hermano, ella no lo era tanto.
La chica siempre había causado una extraña impresión en él por lo impredecible que podía ser, y quisiera decir que no estuvo en sus pensamientos desde que llegó, pero sería una vil mentira.
De pequeños, en sus ojos solo veía a una niña enamorada de su estúpido nuevo hermano, quien no hacía nada más que confundirla. No sabía en ese entonces quien era más tonto de los dos, pero fue una época donde sentía enojo todo el tiempo por ser adoptado por un desconocido y solo lo descargaba con quien sea. La Uchiha no fue una excepción. Supo de inmediato que llamarla cuatro ojos arrastrada y necesitada de atención no era igual decir que perdía su tiempo detrás de Boruto. Lo supo muy bien cuando comenzó a fingir enfermedad con tal de no estar en la misma habitación que él y evitar entrar a su casa.
Kawaki no sabía cómo disculparse y no lo hizo nunca con ella. Aun si cierto remordimiento lo invadía, trataba de ignorarlo, casi tanto como ella a él.
Pasaron años sin decirse palabra alguna hasta que entró la adolescencia y las travesuras que su grupo hacía eran difícil de pasar por alto, travesuras en las que terminaba envuelto.
- Hey – tuvo el impulso de saludar. Sarada abrió sus ojos expuestos de sorpresa junto con su labio inferior, podía ver como su sutil flequillo se pegaba a su frente y sus largos cabellos en sus hombros por lo mojados.
- Hola – saludó. Inclinó su cabeza pensativa – ¿debo preguntar qué haces aquí?
- Vivo cerca – se sentó a su lado y cerró la sombrilla – ¿Qué haces tú?
- ¿No es obvio? Espero el próximo bus.
- Son las diez y diez – dijo mirando el reloj en reloj – el último pasó hace diez minutos.
- ¿Qué?
- La última vez que nos vimos pensé que no habías cambiado nada. Creo que te volviste más despistada.
No sabía si su comentario fue con el afán de ofenderla, pero le molestaba que no era la única persona que se lo decía.
Suspiró.
- No suelo salir a esta hora – negó con la cabeza. Se veía agotada – estuve haciendo gráficas hasta tarde que no me di cuenta cuándo me quedé dormida.
No quería darle explicaciones, sobre todo porque hasta donde recuerda, Kawaki no le agradaba escuchar la vida de los demás.
- ¿Y tú carro?
- No manejo.
- ¿Tienes veintitrés años y no manejas? – preguntó incrédulo.
- No me gusta, ya déjalo – rodó sus ojos.
- O sea que te traen siempre o tomas bus.
- Me voy con Chou en bus cuando tenemos días juntas pero mi tío o mi papá vienen por mí.
- ¿Por qué no han venido por ti?
- Todos están en la reunión trimestral de la empresa en Seúl – lo miró cansada de su interrogatorio – No cargo efectivo y mi celular murió mientras dormía. Terminó la ronda de preguntas.
El silencio los rodea. Al pelinegro no podía darle más burla como parecía un gato mojado en la calle.
- Te ves patética – comentó mientras se paraba y abría su sombrilla.
- No te pedí el comentario – rodó sus ojos nuevamente – siento que esto ya me lo has dicho antes.
- Lo he hecho – sonrió con sorna – levántate.
La azabache lo miró desde abajo confundida.
- Mi departamento queda cerca. Te secas y luego tomas una decisión de qué hacer.
En el camino la Uchiha no pudo evitar encogerse por cómo le dio más espacio bajo la sombrilla de lo que él tenía. Tampoco dijo nada, ya era lo suficientemente incomodo.
- Hijo de puta – siseó el mayor cuando un auto pasó rápido mojándolos. Kawaki detestaba cuando alguien, con o sin intensión, magullaba sus zapatos.
Sarada se rio con ambas manos sobre su boca, tratando de silenciar lo más posible sus carcajadas por la cómica reacción, rompiendo de esta manera el hielo entre ambos.
- Ríete lo que quieras, Uchiha. Al menos no parezco un gato recién bañando – fue turno de este para reír por su expresión.
- Tan gracioso como siempre – rodó los ojos – a mí no es a quien le cruzan la cera por parecer un malandro.
La azabache parecía encantada por su propio comentario, sonriendo de oreja a oreja como si hace un momento no hubiera lucido tan patética como la encontró.
- Me estoy replanteando el dejarte entrar a mi casa.
- Apartamento – corrigió.
- Lo que sea, nerd.
Sarada salió de la sombrilla haciendo que sus anteriores intentos de mantenerla seca fueran en vano.
- Está bien – abrió sus brazos balanceándose – déjame aquí sola.
El Uzumaki la miró aún debajo de la sombrilla, viendo como la chica de ojos ónix se volvía sola con la lluvia. Cada partícula de ella gritaba lo mucho que disfrutaba ese momento, casi burlándose de él por protegerse del agua, casi invitándolo a hacer lo mismo, casi regañándolo por no unirse. Y una vez más, tuvo el privilegio de conocer la Sarada que pocos llegaban a presenciar.
Con su poca fuerza de voluntad, Kawaki la empujó dentro del edificio que tenían a solo unos pasos y que ella apenas veía por la humedad entre sus pestañas.
- Es elegante – dijo la azabache después de mirar por todos lados – ¿te lo consiguió mi tío?
- No, me lo pago yo – respondió lanzándole dos toallas – Creo que Himawari dejó alguno de sus pantalones.
Kawaki buscaba entre sus pertenencias qué cosas podría darle para que se cambie de ropa, entrando en un conflicto interno por el color, tipo, tela... la Uchiha se quedó mirando la ventana mientras se secaba inútilmente su cabello.
De entre todas las cualidades que lo caracterizaban, el ser ordenado era una de ella. Poseía una disciplina envidiable, razón por la cual solo el ejercito fue considerado un reto para él.
- El baño está al finalizar el pasillo – le entregó ropa. Cuando estuvo a punto de agradecerle, le cortó la frase – solo entra.
El pelinegro no sabía qué hacer mientras esperaba fuera. ¿Le preparaba algo de comer? No, eso haría su madre, no él. Pero hasta donde recuerda, los hábitos alimenticios de la azabache no eran los mejores, además que se veía delgada. No, no, no sabía hace cuanto había comido. Sin embargo, se podía enfermar.
Mientras Sarada se tomaba su tiempo en el baño, el Uzumaki solo atinó a preparar té. Sí, después de todo no era nada elaborado, pero no quedaría como un patán.
La Uchiha salió con su camisa de lana negra, quedando enorme sobre ella y con unos pantalones de pijama rosados con flores amarillos, estos en contraste, le quedaban por las pantorrillas. Sarada era más alta que su hermana menor y, por último, con una toalla sobre sus hombros sosteniendo su cabello mojado.
- ¿Tienes algo con lo que me pueda peinar? – preguntó sentándose a su lado en el sofá color crema. Frente se encontraba una mesa café con sus las dos tazas humeantes de humo.
Kawaki se levantó para alcanzarle de entre las pertenencias de Himawari el cepillo para luego sentarse. La Uchiha se abstuvo de decir gracias esta vez.
- ¿Me podrías prestar tu cargador de celular? – preguntó. Una vez más, el pelinegro se levanta, pero esta vez ya irritado. Por eso detestaba las visitas, tenías que pasar sirviendo a los demás.
La menor conecta su celular y lo deja reposar en la misma mesa. Se queda paciente esperando que el contrario le de alguna señal para agarrar la taza.
- ¿Qué esperas? – preguntó alzando una ceja – lo serví por una razón.
Estuvieron sentados cada uno en su esquina de sofá en un silencio en el que solo se escuchaba a la pelinegra soplar su taza. Kawaki ya había acabado con la suya y solo se encontraba recostado viéndola de perfil.
No tenía que preguntar para saber que Sarada era de las personas que le importaba mucho las apariencias, lo que pensara las otras personas de ella. Incluso si se viera como si nada la perturbara, podría jurar que quería hacer tantas preguntas sobre su vida todos estos años, solo que se abstenía.
Así que ahí estaba él; esperando que su curiosidad fuera mayor que su orgullo.
Terminó su taza y continuó peinándose. Comenzando desde las puntas hasta llegar a la cima de su cuero cabelludo. Sin mirar más que la misma taza frente ella. Se tomó su tiempo, al pelinegro no le importó, él también estaba hipnotizado por como se peinaba su largo cabello.
Terminó de peinarse, se levantó y colocó el cepillo en el mismo lugar. Se recostó al igual que él en el sofá, pero siguió en silencio.
Lucía como si quisiera decir algo.
- ¿Puedo preguntarte algo sin que te molestes? – preguntó la azabache.
- ¿Qué?
- ¿Tienes calcetines que me prestes?
Kawaki una vez más se levantó y esta vez no ocultó su irritación. Sacó del cajón más bajo un par de color negro y se las lanzó.
- ¿Por qué te molesta? – se quejó poniéndose las medias de igual manera – si yo te recibiera en mi casa, lo haría sin ser grosera.
- La próxima vez que quieras algo, levántate tú y consíguelo – respondió.
- Lo haré.
- Bien.
Una vez con los pies calientes, subió estos al sofá para voltearse.
- Igual sigues sin responder mi pregunta.
- Día difícil.
- Oh – sonrió – el mío igual, terminé en tu casa.
- Y yo terminé recibiéndote en mí casa.
El celular de Sarada prendió, fue notorio por la poca luz cálida que la cocina brindaba. Preguntó por su dirección, la vio enviar un mensaje y luego volver a su puesto. Entre el hilo de sus pensamientos no estaba el preguntarle por qué lo veía tanto, ya que ella le podría hacer la misma pregunta y no sabía qué contestar a eso.
- ¿Qué decidiste?
- Le pediré a alguien que venga por mí – respondió. Estiró sus pies por todo el sofá, quedando a centímetros de su pierna.
- Puedes quedarte aquí. No me importa, ya sabes.
Se demora en contestar. Lo sigue viendo, pero esta vez con una sonrisa casi burlesca, como si no creyera sus palabras.
- Ambos sabemos que sí te importa – dijo – tuviste un día difícil.
Maldijo internamente. No sabía de dónde provino el arrepentimiento que lo invadió de repente, responsabilizaba al horario nocturno, ella seguía siendo una mujer después de todo, no podía arriesgarse a que algo le pase.
Él sabía que, si dijera eso en voz alta, las probabilidades de que se ría en su cara eran altas.
- Como prefieras – tampoco iba a rogar para que se quedara. – ¿Viene tu amiga?
- No, ella está ocupada hoy con su novio.
- ¿Y? ¿No se supone que es tu amiga?
- Ella vendría, por supuesto – jugó con su cabello para distraerse – por eso no le avisé.
- ¿Quién viene?
Se demoró en responder.
- Un amigo – respondió y comenzó a divagar mientras cerraba los ojos – podría venir en una hora, o dos, o tres. O en quince minutos... no lo sé.
Para el Uzumaki era extraño verla tan relajada. Incluso cuando la veía de lejos con sus amigos siendo unos adolescentes, siempre pareció que algo la preocupaba y le robaba el sueño. No pensó que, de entre todas las personas con las cuales mostrarse tan pacífica, fuera con él.
- Es tu última oportunidad para rogarme que me quede – susurró aún con los ojos cerrados – Mi amigo vendría desde otro continente solo para que no me vaya sola a casa.
- ¿Por qué lo haría? – la azabache suspiró abriendo sus orbes.
- Porque estoy agotada para hacer un viaje a mi casa.
- ¿Por qué te rogaría? – la miró tanto que creyó ver más allá en esa mirada.
- No hay forma en la que te diga mis deseos por quedarme.
Kawaki mordió sus labios para no sonreír. Incluso si ya ella lo había admitido primero, no perdía la oportunidad de hacer que el pelinegro también lo hiciera.
- Entonces quédate – silencio – por favor.
Y como si hubiera caído en la más adorable fantasía, sonrió de oreja a oreja, riéndose en el proceso y embelesada porque le siguió la corriente.
- Lo haré.
Primer y segundo capitulo montados juntos.
Actualización: 03-05-2023
Próxima actualización: 03-06-2023
Gracias por leer
- Blue H.
