Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Rumiko Takahashi.
HACIA EL MAÑANA
Nunca creí pasar por una angustia así. Fueron los tres días más largos de toda mi vida, me sentía desesperada, quería llorar, gritar, deseaba que lo que acababan de ver mis ojos fuera producto una falsa ilusión, ese pozo era la única puerta que Kagome tenía para ir y venir de la época feudal, y había desaparecido, así, de repente, se esfumó, no quedó ni un solo rastro de él. No podía entender lo que estaba sucediendo, quería creer que todo era una pesadilla, pero la desesperación del abuelo y de mi hijo Sota me confirmaban que era la cruel realidad; llegué a pensar que había perdido a mi hija para siempre y que nunca más la volvería a ver.
El abuelo hacía sus oraciones para que el pozo volviera a aparecer, pero nada funcionaba, de pronto apareció un pilar de luz que iluminó todo el lugar, no sabíamos que estaba ocurriendo, nos asustamos demasiado, pero pronto, la esperanza iluminó nuestros corazones al ver como poco a poco el pozo reaparecía, y junto con él, Inuyasha y Kagome, al fin habían regresado.
-Hermana -gritó Sota
-Kagome -el abuelo y yo estábamos felices de verla nuevamente, entonces mi hija se soltó de los brazos de Inuyasha y corrió hacia mí.
-¡MAMÁ! -me abrazó fuertemente mientras lloraba- Estaba preocupada, Inuyasha me salvó -entonces volteó hacia el pozo para agradecerle a aquel joven tan peculiar
-Inuyasha, gracias
De pronto, la preocupación se volvió a apoderar de Kagome al ver como el destello de luz absorbía a Inuyasha hasta que desapareció, dejando así un pozo inactivo.
-INUYASHA- gritó con desesperación y fue la última vez que la escuché decir su nombre.
Kagome trató de cruzar el pozo, pero era imposible, ya no funcionaba, ya no había ninguna conexión entre la época feudal y ésta época moderna; mi hija lloraba desesperadamente y suplicaba a todos los dioses que abrieran el pozo para poder ver a sus amigos, sobretodo, quería regresar con Inuyasha, pero por desgracia el portal se había cerrado para siempre.
Los primeros días después de ese extraño acontecimiento estuvieron llenos de dolor para Kagome; me partía el alma verla con el corazón triste, había dejado de sonreír y únicamente se la pasaba encerrada en su cuarto, ni siquiera quería comer, tuve miedo de que se enfermara. Muchas veces intentamos convencerla de que saliera con sus amigas para distraerse, o que fuera al colegio para mantener ocupada su mente, pero se negaba; yo ya no sabía qué hacer para ayudarla, como madre me levantaba cada mañana con las mejores de las sonrisas, debía ser fuerte para mi hija, pero por dentro también estaba sufriendo con ella; quizás no todos lo entiendan, pero desde que una mujer se entera que una nueva vida se está formando en su interior, el amor comienza a crecer, y es desde ese momento que cómo madres, juramos que nada ni nadie le hará daño a nuestros hijos, aunque muchas veces las circunstancias de la vida, nos demuestran que no siempre podremos protegerlos, y que tienen que aprender a superar obstáculos difíciles e incluso tormentosos para ser más fuertes cada día.
Una mañana, mientras preparaba el desayuno, noté que Kagome al fin salía de su habitación y se dirigía hacia el pozo; la seguí, y la sentada a la orilla de éste, sus lágrimas caían sobre su rostro, estaba soltando todo ese sufrimiento que tenía guardado en el corazón, gritaba hacia el cielo suplicando que se abriera el pozo; no soporté más, fui a abrazarla y lloré con ella.
-Llora hija, desahógate, suelta todo ese dolor que tienes acumulado.
Me abrazó con fuerza y lloró por un largo rato hasta que sus ojos se secaron, podía sentir como su cuerpo temblaba hasta que soltó un último sollozo; poco a poco sentí como se iba tranquilizando, en su rostro pude ver la resignación, ya no volvería a ver a Inuyasha, pero había comprendido que su trabajo en la época feudal había terminado. Se dio cuenta que nosotros también sufríamos con ella; aún recuerdo sus palabras:
-Mamá, perdóname
-No tienes que pedirme perdón Kagome -le sonreí
-Claro que si, por mi culpa tú también estabas sufriendo
-Mi niña, mi pequeña Kagome -la abracé nuevamente- si tu estás feliz, yo también, y si está sufriendo, sufriré contigo. Hija, eres lo más hermoso de mi vida junto a tu hermano Sota, y no podía estar tranquila si tu estabas inmersa en esa oscuridad.
-Te prometo… -comenzó a sollozar- te prometo que ya no lloraré, a mis amigos y a… a él, no les gustaría verme así. -La abracé con fuerza.
Desde entonces, Kagome visitaba el pozo cada tercer día con la esperanza de verlo, de poder cruzar nuevamente, pero solo se encontraba con un lugar frío y silencioso; en ocasiones se sentaba a un lado del árbol sagrado recordando todo lo que había vivido. Decidió continuar su vida normalmente, regresó al Colegio, salía con sus amigas, por fin volvía a sonreír, a ser la niña fuerte y decidida de antes, aunque en el fondo de su corazón, guardaba su más grande anhelo.
Cuando llegó el día de su graduación, el abuelo, Sota y yo la acompañamos a su ceremonia, y juntos pudimos celebrar que había culminado una etapa más; a pesar de mostrarse tan feliz, pude notar la nostalgia en sus ojos, estoy segura de que le hubiera gustado salir corriendo hacia la época feudal para contarles la nueva noticia a sus amigos. Después de culminar el evento y de felicitar a sus amigas, regresamos a casa; Kagome se cambió el uniforme para después bajar a comer; nuevamente la felicitamos por haberse graduado, y estuvimos platicando por un rato.
Ese mismo día, durante la tarde, fue hacia el pozo, se me hizo muy extraño porque el día anterior también había ido, así que fui tras ella, y pude verla mirando hacia el fondo con mucha nostalgia, a pesar de haber transcurrido tres años, ella aun anhelaba a sus amigos y a su amado Inuyasha. De pronto, la nostalgia había desaparecido y en su lugar, la sorpresa se apoderaba de ella.
-Kagome -la llamé mientras bajaba las escaleras- ¿Qué sucede?
-Mamá
Me acerqué a ella, y pude ver algo maravilloso, un cielo resplandeciente se veía al fondo, ¿acaso el anhelo del corazón de Kagome había logrado que el pozo volviera a abrirse? Miré nuevamente a mi hija, y las palabras no fueron tan necesarias, sabía perfectamente lo que ella deseaba.
-Mamá, yo -dijo mientras miraba hacia el pozo
-Kagome, -le sonreí- está bien -sus ojos se llenaron de lágrimas, pero eran lágrimas de felicidad -no llores hija, si es lo que deseas, adelante, ve con él
-Es que, si me voy… no sé si pueda regresar -dijo entre lágrimas- dejaría de ver al abuelo, a Sota, y a ti
-No te preocupes por nosotros, estaremos bien
-Mamá -la abracé con fuerza, algo dentro de mí me decía que sería la última vez que la vería- ¿en verdad me puedo ir?
-Mi hermosa hija, has pasado por mucho sufrimiento, y tu corazón anhela regresar a la época feudal, más que eso, sé que quieres volver a verlo, y si eso te hace feliz, ve con él. Y, claro que te echaremos mucho de menos -mi voz comenzó a quebrarse por las ganas de llorar- pero sólo tu puedes decidir que es lo que te hace feliz
-Inuyasha -después de tres largos años, volvió a pronunciar su nombre- quiero estar con Inuyasha mamá, también con mi amiga Sango, el pequeño Shippo, la linda Kirara, el monje Miroku y la anciana Kaede, los extraño mucho
-Entonces ve hija, ve y se feliz
Nos volvimos a abrazar, era la despedida; Kagome se subió a la orilla del pozo, saltó, y entonces ocurrió lo que creímos que nunca volvería a suceder, pudo atravesarlo; la observé hasta que se desvaneció, limpié mis lágrimas y sonreí, ahora el pozo se había sellado para siempre; algo en mi interior me aseguraba que si se había abierto el portal se debió al anhelo del corazón de mi hija y de Inuyasha.
Me preparé para contarles al abuelo y a Sota sobre la decisión que mi hija había tomado, en un principio se sorprendieron, después lloraron; y al final entendieron que la felicidad de ella era lo primordial, y nosotros, como su familia, teníamos que apoyarla. El abuelo aún me pregunta por qué no hice algo para detenerla; yo solo sonrío sin decirle más.
Cuando Kagome me dijo que quería irse, mi corazón de madre me pedía detenerla, pero también quería que fuera feliz por siempre; y es que una madre siempre apoyará a sus hijos, reirá y llorará con ellos, sólo el amor de una madre te confortará cuando los demás no crean ti, sólo el amor de una madre confiará en ti cuando nadie más lo haga, el amor de una madre es infinito que traspasa todas las barreras del universo.
Aun sigo extrañando a mi hermosa hija, pero sé que está en buenas manos, Inuyasha siempre la protegerá y seguirá juntos el camino hacia el mañana.
FIN
