Es extraño pensar que un día eres una persona común y corriente, un no maestro de ningún tipo. Sola. Sin familia a quien acudir debido al fallecimiento del padre que siempre cuido que no le faltase el cariño, el amor y la protección que ahora sentía ausente. Sucumbió por una enfermedad, se rindió, ya no daba para luchar más. Ninguna batalla lo derroto pero una enfermedad si, irónico.
Pocos días después de la convergencia armónica las cosas cambiaron no solo en su ciudad, sino en el mundo entero. No le molestaba las nuevas plantas o los espíritus ambulantes algunos eran tiernos, otros amables y uno que otro gruñón. No es como que no pudiera manejarlo.
Ella, Alys, siempre ha sabido manejar muchas de las situaciones que se le presentase.
Pero, un día, simplemente hubo un cambio que no podría manejar por si misma sin ayuda, desde luego. Nunca supo en que momento recibió tal "regalo". Solo sabe que un día un muchacho quiso pasarse de listo al intentar robar su bolso, estaba desarmado y Alys había aprendido uno que otro movimiento defensivo, cortesía de su difunto padre y hermano; la cuestión es, que cuando hizo un movimiento con su brazo una ráfaga de viento mando a volar al ladronzuelo a unos cuantos metros. Su primera reacción fue la sorpresa, seguida de la negación y luego del miedo. Se alejó corriendo lo más rápido que podía alejándose de todas aquellas miradas curiosas sobre ella. Serpenteando entre el gentío, las lianas y los espíritus, disculpándose con quien chocaba o pisaba, necesitaba volver a su apartamento y pensar.
Duró dos días encerrada, pensando, antes de mirarse el espejo y ver la maraña de cabello negro y mirada castaña y verde cansada pero decidida.
Tomó un pequeño fajo de billetes y se fue al muelle, alquiló un pequeño viaje a la isla del templo del aire, hogar de los últimos maestros aire. Una vez llego los guardias del loto blanco alzaron una ceja hacia ella, seguramente preguntándose que asunto la habrá traído a la isla.
Dio un paso al frente.
–Necesito ver al maestro Tenzin, es urgente y apremiante que hable con él de inmediato –los guardias se miraron entre ellos, compartiendo preguntas entre ellos con gestos y miradas.
–¿Qué asunto? –Uno de ellos tomo la voz de mando.
–No es algo que te concierne sino al maestro Tenzin –tres de ellos tomaron poses defensivas, el único tranquilo fue el que hablo con ella. Frunció el ceño –. Si no me van a ayudar a hablar con el maestro Tenzin, iré yo misma.
–Señorita –dice el guardia siguiendo la postura de sus compañeros –, será mejor que nos diga cual es su asunto con el maestro Tenzin.
Alys estaba apurada. Le estaban carcomiendo la poca paciencia que logró recuperar luego de durar dos caóticos días sola en su apartamento, sin nadie que la ayudase. Quiso replicar e incluso gritar, hasta pensó en la posibilidad de meterse en un altercado solo si ellos lanzaban el primer ataque con tal de llamar la atención de alguien del templo. Peleó con un maestro agua una vez, su hermano, aunque el alegaba de forma burlona que le había dado ventaja cosa que su padre no estuvo de acuerdo pese a que él le había ganado justamente.
–¿Qué esta pasando aquí? –la voz hace que todos volteen hacia un hombre de cabello castaño y ojos grises vestido con los colores de la nación del fuego, acompañado por un espíritu conejo ¿libélula?
Las comisuras de sus labios casi forman una sonrisa al ver tan simpático y lindo espíritu.
Bumi estaba por encontrarse con su hermano, sus sobrinos y Korra para su entrenamiento cuando Bum-Ju se altero por los guardias en poses ofensivas.
Un miembro del loto blanco la señaló con un dedo acusador.
–Esta mujer dice tener un asunto con el maestro Tenzin, y no nos quiere decir el motivo. Podría ser una igualitaria o una amenaza –no podía culpar su tono desconfiado pero decir que podría ser una igualitaria extremista ya es algo que cruza la raya.
Bumi escanea a la mujer y los miembros del loto blanco deteniéndose por unos instantes más en la mujer, cuyos ojos son más que curiosos uno marrón y otro verde; ella lo mira atentamente con la mirada fruncida.
"No es mucho mayor que Pema", pensó.
–¿Comandante... Bumi? –No parecía segura de sus palabras, seguía analizándolo.
Asiente con una sonrisa.
–Ah, parece que mi reputación me precede. ¿Nos conocemos de alguna parte?
–Nunca nos conocimos, pero mi padre probablemente si lo haya hecho –responde lacónica pero amable. Seguido, hace un saludo tradicional de la tribu agua del sur –. Es un honor conocer al comandante de las fuerzas unidas e hijo primogénito del avatar Aang y la gran maestra Katara. Por favor –lo mira directamente –, podría llevarme con su hermano.
–Oye, oye, no hay necesidad de tanta ceremonia. Te llevare con mi hermano. ¡No se preocupen, chicos, yo me encargo de ella!
Alys les da una mirada condescendiente antes de seguir al comandante. Nunca ha tenido la oportunidad de visitar la isla mucho menos el templo, al ser el hogar de los últimos maestros aire el lugar esta bien cuidado, más bien custodiado; también es el hogar del actual avatar, Korra, mientras aún dure su entrenamiento espiritual y de aire control.
–Entonces ¿qué asunto tienes con mi hermanito? –de nuevo, la voz de Bumi la saca de su ensimismamiento.
–Digamos que la convergencia armónica cambio mi vida en más de un sentido.
–¡Ahí estas, tío Bumi! –exclama una pequeña niña como de ocho años, ojos grises y cabello castaño. La pequeña miraba al adulto con los labios fruncidos –. ¡Jinora, Meelo, lo encontré! –Alys cierra un poco los ojos ante la potente voz de la niña –. Debes entrenar, tío Bumi. Papá nos quiere a todos en el patio... ¡Oh! –repara en la mujer junto a él –. ¡¿Quién es ella?! ¿Es una amiga, una novia o una mensajera? ¿cuantos años tienes? ¿Qué relación tienes con mi tío Bumi?
"¿Acaso no respira?", Alys apenas si pudo entender la mayoría de las preguntas que dijo la niña.
Bumi y Alys se miraron con los ojos bien abiertos gracias a las preguntas sin filtro de la pequeña Ikki, Bumi se rascaba la nuca con una risa nerviosa tirando de sus labios.
–No, lindura, más bien vine a hablar con tu padre –Alys se agacha un poco para estar a su altura, susurrándole –. Tengo algo súper importante que mostrarle. ¿Podrías llevarnos a él, por favor?
Ikki no tarda en tomar su mano y guiarlos hasta su padre. Mientras, en el camino, parloteaba sobre los arboles y los lémures-voladores ¡hasta le contó una historia de amor con un castillo en el aire! Alys asentía con cada palabra y, cada tanto, buscaba ayuda en Bumi quien solo sonreía disfrutando de la efusividad de su sobrina. Tenzin sigue igual que como en los periódicos, el avatar tampoco era diferente, Korra es una joven con mucho camino que recorrer; mientras tanto es una joven con demasiado poder y responsabilidad sobre sus hombros.
–Me informaron que quieres hablar conmigo de forma urgente –empieza luego de escuchar a Bumi –. Dime, ¿en que puedo ayudarte? –Una ráfaga de viento fue una respuesta más que apropiada. Todos los presentes miraron a Alys con la boca abierta.
–¡Si! –celebró Meelo –. Parece que el tío Bumi no es el único nuevo maestro aire.
–Te dije que la convergencia cambio mi vida en más de un sentido –le dice Alys a Bumi con una ligera sonrisa.
Los siguientes días fueron casi igual de caóticos. Ahora mismo Alys se encuentra en la bahía Yue, en la isla del templo del aire, la luna llena la iluminaba por completo. Y, por un momento, se permitió abrazar por la belleza y calidez que desprendía la luna. Su entrenamiento empezó poco después de establecerse en el templo, todos fueron amables, hasta ese chico Bolín hace que se ría de sus ocurrencias. Al parecer hay más maestros, Korra y Tenzin pronto partirán a buscar a los maestros para trasladarlos al templo aire del norte.
"¿Debería ofrecerme como voluntaria para acompañarlos?". Quizá pueda ser útil o simplemente quedarse y seguir con su entrenamiento con los hijos menores de Tenzin, cuidar de Pema junto a Kya, incluso guiar a los nuevos maestros que se encontraron en la ciudad.
El crujido de una rama hace que se ponga alerta. Lanza una ráfaga de aire derribando al intruso. Al reconocer los quejidos y el animal espiritual, corre a comprobar el estado de Bumi.
–Lo siento, lo siento –repite una y otra vez –. Me asustaste. Fue instintivo. Perdona.
–Ugh... Creo que has aprendido bien la parte ofensiva de un maestro –farfulla Bumi aceptando la mano de Alys.
–Ya me disculpe.
–Lo se –dice –. Y te felicite por tu ofensiva.
–Deberías mejorar tu equilibrio, tu postura –replica ella mirándolo de arriba a abajo –. Ese ataque bien pudiste evitarlo, tienes más semanas entrenando que yo.
–Suenas igual a Jinora –rezonga –. A todo esto, ¿qué haces aquí a esta hora? Deberías estar descansando.
Su voz había adquirido algo de compresión combinada con la curiosidad. Bumi fue igual de amable que el resto, con él mantenía conversaciones y entrenamiento constante; podría decirse que Bumi se ha convertido en este corto periodo de tiempo en un buen amigo. Pero, ¿como decirle que ha estado acudiendo a la bahía hasta pasada la medianoche, pensando demasiado las cosas y añorando un pasado en el que se sentía segura y no en un viaje sin rumbo? Sus ojeras apenas logra cubrirlas durante el día. ¿Ahora? Ahora eran más que visibles para su acompañante independientemente de la oscuridad de la noche.
No sabía como, pero Alys percibió un dejo de reproche en su tono, cruzo sus brazos en un escudo contra ello.
–Descanso bien –miente descaradamente mientras voltea de nuevo hacía la bahía, no queria que se diera cuenta de que mentía.
–Claro, claro –empieza acercándose hasta posicionarse al lado de ella, mirando la bahía como ella –. Pero, ¿entonces porque casi te lesionas de gravedad hoy en el entrenamiento? –Alys frunce los labios al percibir una sonrisita burlona junto con ese tono sarcástico. Bumi es un salvaje y un gran comandante, cualquiera que lo conociera a primera vista no creería que fuera tan observador –. ¿Como fue que dijo Kya? Ugh... ¡Oh, si! Qué te hubieras fracturado un hueso en dos partes si Korra no te hubiese atrapado –se inclina ligeramente hacia ella como si le susurrara un secreto –. Y fue por falta de concentración. Según Bum-Jun, cerraste los ojos por más de un parpadeo.
El pequeño espíritu revoloteaba sobre la cabeza de Bumi como si le recriminase por haberlo entregado.
–Ok –masculla entre dientes –. Ya entendí. ¿Y porque te interesa tanto? Apenas si me conoces.
–¿En serio crees que porque no te conozca bien signifique que no deba importarme tu bienestar? Hasta donde sé somos parte de una misma nación.
–Casi sonaste como Tezin –ríe un poco ante la expresión horrorizada de Bumi –. Como que su discurso se incrusto en el cráneo, comandante.
–Sus discursos pueden ser muy...
–¿Intensos?
–Iba a decir molestos y exagerados, pero eso esta bien –Alys sonríe ligeramente, Bumi se felicito por no hacerla rabiar como hace unos momentos cuando tomo la defensiva –. Pero, en serio, Alys, debes descansar. Puede que Korra no pueda atraparte todo el tiempo.
–¿Y tú? –gira a verlo, sus ojos heterocormáticos brillaron bajo la luna –. ¿Tú me atraparías, Bumi?
La pregunta salió de sus labios sin pensarlo, solo lo dijo. No es que esperaba una respuesta afirmativa, podía levantarse una y otra vez sin ayuda, pero no puede negar que a veces quisiera tener una mano amiga con la que ayudarse a levantarse del frío suelo. Una ayuda de vez en cuando no es mala, mucho menos tener a una persona que te sume cosas buenas, ¡como esperaba que este camino incierto la lleve a un lugar seguro donde se sienta bien!
Bumi tardó en responder más de lo que creyó que lo haría. Probablemente la ignore y finja que no escuchó nada, cambiando de tema con una de sus anécdotas casi rayando lo imposible. Como esa historia en la que destruyo un campamento entero con su flauta, desde luego que tiene sus dudas al respecto, aunque bien puede ser posible considerando las agilidades del retirado comandante.
–Si –ella lo mira con sorpresa, él sonríe –. ¿En serio crees que te dejaría caer?
Casi le devuelve la sonrisa, casi.
Se abraza a si misma ya sintiendo el frío calar sus huesos. Bumi le presta su chaqueta roja, el calor es agradable.
–Gracias –dijo –. Creo que iré a descansar.
–Puedo recomendarte un té que hará que tengas un sueño sin sueños, si quieres. Sirve mucho para superar las malas noches.
"Que observador".
–Si –aceptó –. Creo que me haría bien.
Ambos caminaron bajo la luna llena, Yue parecía bendecirlos con su luz.
