Ladrones de bisontes, personas perversas que roban bisontes voladores para vender su piel y carne, estos cazadores son la razón por la que la población de los bisontes voladores aun peligra. Y ahora los cazadores de bisontes tienen secuestrados a Jinora y a Kai. Bumi corre hacia los demás maestros quienes estaban siendo instruidos por Meelo, quien les enseñaba la postura de los maestros aire.
–Jinora está en problemas. ¡Hay que ir a buscarla! –Anuncia con seriedad.
–¡Y a Kai también! –Agrega Alys a su lado.
–¿Cómo lo sabes?
–El amigo de Bum-Ju me lo dijo.
–¿En serio puedes comunicarte con los espíritus? –de nuevo pregunta el mismo compañero, con la incredulidad y fascinación en su voz.
–Más o menos. Creo que algo entiendo –hace un gesto para que los sigan –. ¡Vamos!
–¿No debería encargarse el maestro Tenzin? No quiero tener problemas –manifiesta Daw rascando su cabeza calva.
–Perderíamos tiempo, Daw –dice Alys.
–¡El maestro Tenzin no está aquí! –La voz autoritaria de Bumi hace que Alys lo mire con asombro, el hombre bromista se fue, ahora estaba el comandante –. Depende de nosotros. Ikki y Meelo, traigan a los bisontes –ordena –. ¡Maestros aire muévanse!
El pequeño espíritu guió a los maestros a la ubicación en donde están Jinora y Kai, Alys recogía su cabellera larga en una cola, si iba a pelear no queria que su cabello le dificultase la vista durante el enfrentamiento; solo esperaba que llegaran a tiempo para salvarlos. Le hubiera encantado disfrutar del vuelo sino fuera en estas circunstancias; salvar a alguien de cazadores furtivos no es una actividad de todos los días. Al aterrizar tras unas montañas Bumi utiliza un telescopio para analizar la situación.
–Ladrones de Bisontes –masculla con desagrado –. Tienen a Jinora y a Kai en unas jaulas. Se están preparando para partir. ¡Hay que actuar rápido!
–No sé si estoy listo para pelear contra unos ladrones de bisontes –dice Daw escondiendo su cara entre sus brazos –. No necesito el telescopio para ver que son unos tipos malos.
–¿Y qué pretendes, qué se lleven a los bisontes y a los niños? –Alys cuestionó manteniendo el tono más compresivo pero firme que podía evocar –. Prefiero mil veces enfrentarme a esos tipos malos que a Tenzin sino volvemos con su hija. Piensa en ello.
Daw cierra los ojos, seguramente imaginándose tal escenario.
Bumi se incorpora y dice:
–Escuchen, para esto hemos estado entrenando...
–No llevamos tanto tiempo entrenando –le recordó Daw, ansioso.
–Eso no importa ahora. ¿Recuerdan cuando superamos juntos la carrera de obstáculos?
–De hecho, tú te rendiste –replica el sabiondo, el que siempre responde las preguntas aburridas de Tenzin.
–Si lo hiciste –murmura Alys, ganándose una mirada ceñuda por parte Bumi.
–Bueno –su voz algo molesta –, pero ahora no pienso rendirme. Yo mejor que cualquier otro sé lo duro que ha sido. Pero somos maestros aire, y no somos demasiados, así que debemos unirnos –con cada palabra todos se fueron levantando, creyendo en sus palabras, confiando en ellas –. ¡Dos de nosotros están enjaulados allí! –levanta un puño al aire, su voz decidida –. ¡Y no nos iremos hasta que los hallamos liberado!
–¡Ningún maestro aire quedara atrás! –Exclamó Meelo alzando el puño.
–Muy buen discurso, comandante –felicita Alys con una sonrisa torcida –. ¿Cuál es el plan?
La sonrisa de Bumi es un buen augurio.
Kai es un niño talentoso, eso Alys lo tiene claro. Y, una vez que el niño empezó a pelear con los ladrones cuando salió de su jaula, fue una señal más que clara para que todos entraran en acción. Los ladrones alzaron un muro de tierra cuando lanzaron un ataque en conjunto; esto Kai lo aprovecho para atacarlos por la espalda con una ráfaga de aire pero fue golpeado por uno de los maestros tierra, derribándolo. Alys le pide a una de sus compañeras que la cubran mientras intenta acercarse un poco más hacía las jaulas donde estaba Jinora con los bebes bisontes; para su desgracia no pudo esquivar una formación de rocas que la golpeó, alejándola de su objetivo.
Cuando una roca estuvo a punto de aplastarla logra esquivarla y lanzar un tornado hacia el ladrón, derribándolo.
"¡Eso estuvo cerca!", se dijo con la respiración algo agitada.
El grito de guerra de Bumi le recordó a la familia paterna de su padre, descendientes de guerreros de la tribu agua del norte. Los demás maestros corrieron en dirección hacia los ladrones, con los rostros decididos y con ganas de pelear y ganar. Alys salta sobre la pequeña muralla de los ladrones, logrando aterrizar detrás de uno y golpeándolo con aire, el tipo quedó inconsciente cuando se golpea con el mismo muro que creo.
Una red estuvo a punto de atraparla, hasta que Bumi interviene desviando la red con su aire control.
–¡Te dije que no dejaría que algo te pasara! –le dice.
–De hecho, era que no me dejarías caer. ¡Pero gracias! –Guiña un ojo antes de ir con una de sus compañeras que necesitaba apoyo.
Para cuando habían encerrado a todos los ladrones en las mimas jaulas donde pusieron a los bebes, Jinora y a Kai, ya estaba anocheciendo.
–Tal vez no lo había oído, muchachos, pero hay nuevos maestros aire por estos lados –les dice Bumi luego de encerrar al líder –. Nunca se metan con los bisontes de un maestro aire.
–Estoy muy orgulloso. Tu conexión con los espíritus y tu liderazgo natural –Tenzin sonríe cálidamente –, me recuerdas a papá.
–Yo... lamento haberte causado tantos problemas –dice Bumi, su mirada gacha y voz decaída, se encoge un poco –. Creo que solo estaba asustado de no poder ser un buen maestro aire –su mirada en el suelo, sincerándose –. Sabes, a pesar de ser el hijo de Aang nunca antes me he sentido parte de la nación del aire.
La mano de Tenzin sobre su hombro hace que levante la mirada con una leve sonrisa.
–Lo eres ahora. Siempre lo fuiste –le asegura Tenzin.
El pelaje de los bisontes es tan suave que es como estar en una cama de plumas de las más finas, o en las nubes, sí, en las nubes; Alys sentía que estaba en las nubes. Tan suaves, tan esponjosas, y sobre todo tiernas. Su mano acariciaba distraídamente la cabeza del pequeño bisonte, con los ojos cerrados, completamente relajada.
–Parece que estás cómoda –la voz de Bumi hace que abra los ojos. Se ve mejor que como estaba hace unas horas.
–Hablaste con tú hermano –más que una pregunta era una afirmación, se incorpora sin dejar de acariciar al bebé –. ¿Ves que no fue tan difícil?
–Hablar con mi hermano a veces es difícil.
–Sí –recuerda a su hermano –, lo es. Entonces, ¿los bisontes son los maestros originales? ¡No puedo creer que aún existan! Una vez pensé que Appa era el último antes de saber que habían más.
–¿No te lastimaste con ese golpe? Fue un golpe muy fuerte.
–Si no me acabo el entrenamiento militar del maestro Tenzin, una pelea con ladrones maestros tierra fue un campo de flores a comparación... ¿Ugh? –el pequeño bebé bisonte empezó a volar, para fascinación de todos –. Impresionante.
Bumi se detuvo a verla su mirada llena de asombro, su rostro iluminando por el último rayo de sol, los espíritus a su alrededor y su cabellera meciéndose con la suave brisa, sí, sin duda algo impresionante.
–Sí, lo es –murmura sin despejar su mirada de ella, sonriendo.
Y, entonces, ella voltea a verlo. Su mirada heterocromatica y la grisácea de Bumi se quedaron ahí, sin apartarse por lo que pudo ser un segundo, un minuto o incluso la eternidad misma.
...
Fuego. Gritos. Peligro. Esa secuencia se repetía una y otra vez, Alys se levanta de golpe con la frente perlada en sudor y la respiración agitada. Su corazón bajo la sombra del miedo bombeaba con fuerza.
"Fue solo una pesadilla", trata de convencerse sin éxito. Apenas puede controlar el temblor de sus manos, las lagrimas picando sus ojos. ¿Fue eso realmente una pesadilla? Si, si tiene que ser eso, porque no esta pasando nada malo. Al comprender que no podría conciliar el suelo Alys decide salir a pasear, no falta mucho para que salga el sol, puede que hasta medite hasta que los demás despierte y, hasta entonces, ya sus nervios habrán sido calmados.
Pasa por la habitación de los muchachos (hace poco fueron separados por su género para dormir en sus alas, ahora solo compartían las comidas, entrenamientos y tiempo libre) con cautela, no quería despertar a nadie, ya no es una niña a la que deben consolar cuando tiene una pesadilla.
Un escalofrío le recorre el cuerpo de tan solo recordarlo. No parecía una pesadilla común.
"No. El templo es seguro", se dice de nuevo. "Este lugar es seguro. Nada le pasara a los acólitos ni a Pema ni a los maestros ni a los niños o a Bumi y sus hermanos. Todos estamos a salvo".
Una mano sobre su hombro hace que agarre el brazo del desconocido y, al colocar el peso de su cuerpo en contra, lo arroja al suelo en un sonido sordo. Es Bumi.
–¡¿Cómo se te ocurre hacer eso de nuevo?! –Tuvo que medir su tono de voz sino quería despertar a todo el templo, mientras ayudaba a Bumi a levantarse. Lo señala con un dedo sobre su nariz –. Bumi, ¿acaso quieres matarme del susto o que yo te mate un día de estos arrojándote por el acantilado? Porque antes era arrojarte a los arbustos o a la bahía Yue.
Bumi quiso bromear sobre como esto le recordaba a la primera noche en la que la encontró vagando muy entrada la noche, trasnochada, pero al ver las lágrimas brotar de sus ojos como dos cascadas cristalinas y sentir el temblor de sus manos temió haberla asustado en serio.
–Lo siento, lo siento. No quería asustarte, Alys –repite una y otra vez –. Yo...
–No es por ti –interrumpió ella controlando su voz –. Fue por una tontería, algo sin sentido. Solo eso. No fue tu culpa.
Fue entonces cuando los brazos de Bumi la rodearon. Fue un acto impulsivo, sí, pero sus lágrimas no paraban al igual que sus temblores; Bumi supuso que algo había pasado, quizá una pesadilla o alguna crisis, sea como sea necesitaba ayudarla a calmarse y lo que estaba haciendo bien podría ayudar o no. Alys entierra su rostro en el pecho de Bumi apenas la rodea con sus brazos, la calidez que emanaba hizo que dejase de temblar más no llorar; rodea sus brazos alrededor de él aferrándose con fuerza. Aferrándose a algo seguro, en el lugar donde ahora se sentía bien.
Pasados unos minutos su llanto ceso, abriéndose paso la vergüenza. Su madre, una aterradora maestra fuego no aprobaría su comportamiento, no hubiera visto con buenos ojos que su única hija se hubiera demostrado tan débil. Siempre fallo en tratar de imitarla, de hacerla sentir orgullosa. Su presencia no daba miedo como la de ella. No es ella.
–Lo siento –dice rompiendo el abrazo –. Fue patético...
–No lo fue. Yo he mostrado miedo alguna vez –murmura suavemente, sin soltarla del todo, ella tampoco hace ademán de alejarse –. ¿Recuerdas aquella vez que te conté que una niebla espiritual me hizo ver mi mayor miedo?
–¿Esa de los caníbales o era otra? Es que son muchas historias –dijo en un hilo de voz.
–Bueno –dice –. Igual cualquiera es buena. El punto es, que o estaba asustado, ¡hasta corrí como un niñito!
Alys ríe ligeramente. Las manos de Bumi se atreven a limpiar sus mejillas, ella cierra los ojos por el toque.
–¿Este lugar es seguro, verdad?
–¡Por supuesto que si! –responde –. El templo es uno de los lugares más seguros del mundo. ¿Era eso lo que te preocupaba? No tienes porque, estamos a salvo.
Sonaba tan seguro, tanto que Alys creyó en sus palabras.
Ella mira como están tan cerca, no estaban abrazados pero tampoco tenían sus brazos lejos del otro ¡quien los viera! ¡Y todo por una tonta pesadilla!
–¿Y si mejor entramos? –sugiere él –. Hace mucho frío.
–No creo que pueda conciliar el sueño –dijo caminando a su lado aún con sus brazos sobre sus hombros.
–¿Puedo preguntar el motivo?
Alys aprieta los labios, pensaba que si le decía probablemente le diga que hizo un espectáculo de emociones por nada, no, Bumi no le diria eso. Es más. Él nunca le diría eso.
–Soñe que el templo caía –suspira al ver su rostro serio e incluso preocupado –. El suelo se abria y la lava sucumbia todo. Fue horrible. Se sintió tan real.
–Por suerte solo fue una pesadilla.
La madre de Alys sufrió algunos episodios de pesadillas fuertes donde gritaba y se retorcía del llanto, reclamando a una madre que la creía un mostruo y maldeciendo a un hermano cuyo nombre se negaba a pronunciar. Alys nunca supo la razón por la que su madre tenia tales pesadillas o arranques; su padre no pudo ayudar, solo la consolaba cuando podía porque no todo el tienpo podía hacerlo. Ella teme que las pesadillas hagan mella en ella tal y como le paso a su madre.
"Mamá seguramente tuvo un pasado difícil, por eso las pesadillas", concluye luego de meditarlo.
Bumi afianza un poco su agarre dabo un pequeño apretón.
–Mejor te llevaré al jardín. Es un lugar hermoso, con maravillosa vista, allí podrás olvidar ese sueño –cambian de dirección. Su voz comprensiva le gustaba, aunque preferia su humor habitual –. Hasta podríamos meditar si la vista no ayuda, cosa que dudo, es una vista maravillosa.
–¿Tú? ¿Meditando?
–Por si no lo has notado, querida, mi conexión espiritual y este carisma no es lo único que se me da bien.
–Y volvemos con la humildad. Bien –sonríe, acercándose más hasta entrelazar sus brazos –. El jardín suena bien. Gracias, Bumi.
–No hay de que.
