Capítulo 1: El amor del rey

Bienvenidos al reino de TerreDragon, una tierra llena de magia, aunque desconocida aún se pueden encontrar en los rincones para aquellos que lo busquen. Aquel bosque prohibido para los humanos ocultaban tantos misterios como habían secretos en el mundo.

Una Clopant narraba historias sobre valientes guerreros, princesas y actos heroicos que siempre se narran en los cuentos, esto con la esperanza de mostrarles a los niños un mundo lleno de maravillas, que podían ser alcanzados sólo por la imaginación.

- Se dice que hace muchos años en el reino de Royaume Plage, el rey gobernaba con amor y dulzura, pero un día el rey cambió y comenzó a dar órdenes de ejecución dentro del castillo. El pueblo enfadado de actos tan bárbaros rompieron la puerta principal. Al llegar a la sala de trono observaron que su rey adorado estaba junto a un hombre exactamente igual a él. Habían dos reyes con el mismo rostro, habían dos reyes con el mismo poder, dos caras de una moneda.

Los niños escuchaban atentos a la historia de la Clopant, especialmente uno cuyas ropas no encajaban con el resto de los niños, se veía más refinada, aunque podía pasar desapercibido para los otros niños, los adultos sabían que ese niño venía de una familia arreglada, y por tanto la propina sería generosa en comparación.

- El reino los tomó a ambos como prisioneros, el hijo del rey dio la orden de ejecutar a ambos reyes, aún cuando el bueno estuviera allí, era imposible diferenciar cual era el bondadoso y cuál era el malo. El hijo tomó el trono bajo la sangre de una víctima inocente y una culpable con el mismo rostro, pero ambos reyes hablaron en unísono y aseguraron que la historia de ambos reyes volvería a repetirse y que el pueblo debía elegir si ser gobernados de forma justa, o ser sentenciados a morir por aquel error cometido. - terminó de contar la Clopant.

Los niños estaban asombrados por la historia escuchada, y entre sus ropas sacaron monedas para lanzar en el sombrero que estaba de cabeza en el suelo, de entre todas las monedas hierro que cayeron una de oro fue la que llamó la atención de Clopant.

- Deberías tener cuidado, aunque el oro y la plata tengan más valor, tu corazón está en el barro y la tierra. - le dijo Clopant al niño con aspecto limpio y ojos color miel.

- Que? - le preguntó el niño sin entender.

- Vete ahora, y conocerás el oro - le confesó la gitana.

Aquel niño asustado de las palabras de la gitana comenzó a correr en dirección a su hogar, pasando por el pueblo y entrando en un agujero que había en un muro, aquel mundo cambio inmediatamente por uno totalmente distinto, hermosos pavos reales invadieron su vista, incluso uno majestuoso de color blanco, albino simplemente único y hermoso.

- Señorito Taisho! - le gritó una sirvienta cansada.

Se veía que tenía un buen tiempo buscándolo, pero nadie sabía que él se escapaba por un agujero en el muro. El pequeño príncipe fue guiado por la sirvienta que al ver sus ropajes llenos de tierra lo llevó a cambiarlo y colocarlo de manera más presentable.

El pequeño príncipe, fue arrastrado hasta el salón principal donde tras ser anunciado se encontró a su madre y padre, y frente a ellos otra pareja de reyes que lo veían sin decir palabras.

- Mi príncipe - lo llamó su madre en tono afectivo

- Este es mi hijo, Makoto - lo presentó el Rey, su padre.

- Si, es perfecto… - hablo la otra reina

- Su hijo será el pretendiente de nuestra hija - aseguró el otro rey

- Makoto, ellos son los reyes del reino Royaume Plage - le confesó su padre a Makoto.

- Que lindo que tengan una hermosa hija - le aseguró su madre Izayoi.

- Mamá! Que es pretendiente? - preguntó Makoto, a sus cortos 7 años desconocía muchas palabras.

- Bueno eso significa que vas a casarte con ella, y ella se convertirá en tu reina - le confesó Izayoi a su hijo.

- ¿Ella es como tú? ¿Me va a querer como tú? - le pregunto Makoto

- Bueno ella va a estar a tu lado, como tu reina. - le confesó su madre

- ¿Es bonita? - le pregunto Makoto

- Será realmente hermosa - le confesó el rey vecino.

- Solo mírala - le dio permiso la reina vecina.

Ambos reyes vecinos se hicieron a un lado, Makoto logró ver una cuna con los mejores adornos de plata, zafiros y rubíes. Cuando llegó a verla observó una pequeña bebé que dormía, estaba arropada con telas doradas, era como si un río de oro la protegiera de todo mal.

- Oro - exclamó el niño.

- Si, tu futura esposa - habló Izayoi.

- Su nombre es Kikyō - le confirmó la reina vecina.

Aquel nombre resonaba en su cabeza una y otra vez, camino hacia su habitación pero al llegar a la puerta, no tuvo muchos ánimos de entrar. Y en su lugar eligió entrar en la habitación de al lado. La habitación del hijo mayor, Sesshomaru el heredero de la corona.

- Sesshomaru? - hablo el pequeño niño

- Dime - le respondió su hermano sin muchos ánimos, y sin apartar la vista del libro que leía.

- ¿Qué es una prometida? Acaso es como mi mamá? - le pregunto aquel niño

- Una prometida es como una compañera, es una persona a quien le debes depositar tu confianza y apoyo

- No me gusta, yo salí del castillo - le confesó a su hermano

- Tranquilo, se que te escapas del castillo, aunque desconozco por donde

- El punto es que… una Clopant, me dijo que mi destino está ligado a la tierra y no al oro. La bebé que está abajo está cubierta de oro

- Escúchame, los adivinos son estafadores y ladrones, ellos dirán cualquier cosa solo por dinero

- Le di una moneda de oro

- Allí está tu respuesta, solo quería que le dieras dinero.

Aquel pequeño niño, ahora simplemente podía olvidar lo dicho por la extraña mujer, cuya pierna le fallaba. Pero había algo que en su interior le impedía olvidarlo, aún cuando la conversación con su hermano era lo que siempre necesitaba para entender del mundo.

Los años comenzaron a pasar, 16 años desde aquel primer encuentro, ahora Makoto contaba con 23 años, aunque era mayormente conocido como Inuyasha, pasó a vivir en el reino de Royaume Plage, donde se convirtió en general de ejército del reino, como su futuro gobernante debía ganarse el amor de sus súbditos.

Los reyes eran queridos por su pueblo, o al menos eso era lo que los sirvientes expresaban, la ciudad cercana al palacio vivían felices, y la pesca era buena, Royaume Plage era conocido como el único puerto del continente que distribuía cualquier tipo de mercancía a todos los reinos. Era considerado el más importante, debido a la ubicación era el puerto más visitado, por sus distribuciones, sin embargo también era el más atacado por piratas que se veían en las costas. Aunque eran fácilmente retenidos había un barco que siempre los evitaba, había un solo barco cuya tripulación difícilmente era atrapada, un barco que se reconocía cuando aparecía en las costas con velas rojas. Y solo era un tripulante y siempre un nuevo que no seguía el protocolo.

Sin embargo lo peor no era la facilidad con la cual actuaban sus tripulantes, sin su capitán jamás visto. Las pocas personas que han logrado identificarlo desaparecen cuando van a hacer el retrato del capitán del barco.

Inuyasha se encontraba corriendo a la caseta de vigilancia naval, donde una persona había jurado tener el rostro del capitán del barco pirata de velas rojas. Tras su confesión, fue retenido en el lugar para evitar nuevamente otra persona desaparecida. Cuando Inuyasha llegó a la caseta vestido de General.

- Les juro que la vi… tienen que creerme - hablaba el anciano

- Claro, según tú la persona que estamos buscando el capitán del barco de velas rojas es una mujer? - se burló un soldado

- Les juro que es una mujer - trataba de hablar el viejo

- Claro… Dios, hicimos venir al General del ejército, nos matará cuando sepa que no tenemos nada - se estaba arrepintiendo el segundo soldado.

- Claro que se molestará, escuché que le colocaron su nombre debido a que cuando pelea gruñe como un perro - contó un soldado

- Yo escuché que se le dio el apodo, cuando fue al bosque de las hadas y se le apareció una bestia gigante con forma de lobo blanco y el lo destrozó con sus garras - afirmó el segundo.

- Yo escuché que se transforma con la luna llena - afirmó el anciano.

- Por favor, ¿quién te va a creer eso? - alegó el primer soldado

- Es más fácil pensar que gruñe en una pelea - se burló el segundo soldado.

- Además eres el borracho del pueblo, nadie cree tus mentiras - le dijo el primer soldado.

- ¡No estoy mintiendo! - ya el viejo comenzó a molestarse

- Ya cállate, nos van a regañar por tu culpa, mejor tenerle algo al General - hablo el primer soldado.

- Y que ganó? - preguntó el anciano

- Que? ¿De qué hablas viejo? - pregunto el segundo soldado

- Quiero una botella del mejor whisky, a cambio de mi ayuda - ordenó el anciano

- ¿Me estás diciendo que solo lo haces por el alcohol? - preguntó el primer soldado sin poder creerle

- Eso fue lo que me prometieron - aseguró el anciano

- Quien le prometió tal cosa?

Aquel anciano iba a hablar cuando Inuyasha llegó a la cabina y ambos soldados se pusieron erguidos para saludarlo con respeto.

- Dime quién te prometió el alcohol? - le preguntó Inuyasha al anciano.

- La capitana del barco, ella me pidió que les diera su rostro a ustedes - le dijo el anciano molestó de tantas preguntas.

- Y dónde está su rostro? - le preguntó Inuyasha con sarcasmo.

- Aquí está - le dijo el anciano para sacar un papel pero sin entregárselo a Inuyasha

- y el alcohol? - preguntó el anciano enojado

- Tú, trae una botella del mejor alcohol - le ordenó Inuyasha al segundo soldado.

- Sí señor - y se fue corriendo a cumplir órdenes.

Cuando el soldado llegó con la botella de etiqueta de una sirena azul y roja, hicieron un cambio de productos, Inuyasha ahora tenía el papel y el anciano tenía su licor, retirándose del lugar contento de obtener su "paga".

- Señor? - le preguntó un soldado a Inuyasha

- Vamos a ver - les dijo Inuyasha.

Inuyasha comenzó a abrir la hoja de los dobleces que tenía cuando terminó de desdoblar la hoja, se sintió como un idiota, aquel anciano lo había timado de la manera más vil y obtuvo lo que quería sin hacer nada.

- Pero esa es la princesa - aseguró un soldado, cuando se asomó a ver el retrato de la persona que tenía Inuyasha en sus manos.

- Si es ella, el anciano me dio un retrato de la princesa - aseguró Inuyasha.

- ¿Qué hacemos señor?

- ¿Buscamos al anciano para castigarlo?

- No dejenlo ir feliz, pero si vuelve no le crean la próxima vez

Les ordenó Inuyasha, para volver a doblar el retrato y guardarlo en su bolsillo. Salió de la cabina y fue en dirección al castillo, debía informar al rey que el retrato era falso, como ya se estaba haciendo costumbre muchos pobladores estaban en la reja principal, todos de la zona pobre del reino, lo intuía Inuyasha por sus ropas, decidió entrar al castillo por la parte de la servidumbre era fácil salir y entrar por allí.

Cuando llegó al castillo lo primero que vio en sus jardines fue a la servidumbre corriendo de un lado a otro. El cumpleaños número 16 de la princesa sería esa noche en una celebración donde estaba invitado todo el reino, o al menos los que pudieran mostrar buena apariencia. Kikyō sería presentada ante la sociedad como su futura reina, y también habría un acto donde sería el nuevo rey.

Kikyō era una mujer pura y casta, perfecta en todos los sentidos, sabía de música y también sabía leer, recitaba poesía. Siempre se mostraba perfecta en todo momento, y cumplía con sus exigencias cuando se le pedían. Inuyasha no podía pedir más de una futura esposa, admirarla se convirtió en su día a día, Velar por su sueño se convirtió en su trabajo más preciado, tratar de convertir su reino en el más seguro y sólido del mundo era el deseo más anhelado.

Aunque sus conversaciones nunca eran privadas, ya que siempre estaba con Kaede su nana, antiguamente su nodriza. Kikyō no conocía el mundo exterior, sólo ha mantenido contacto con 2 hombres en su vida que son el rey he Inuyasha.

Mientras caminaba por el jardín, observo a los acróbatas y los artistas que darían espectáculos en la fiesta de cumpleaños de la princesa. Inuyasha observó a una gitana, la misma gitana que le contó una historia cuando era niño, aunque olvidó el cuento no podía olvidar a esa mujer.

- Por eso se dice que cuando ves un barco de velas rojas, debes irte corriendo a tu casa y acostarte en tu cama, porque la venganza del rey se aproxima, y un inocente puede ser víctima.

Inuyasha escuchaba la historia del barco fantasma, se hacía llamar "La gloria del Rey" según los cuentos es un barco que aparece como fantasma, y cuando llega a puerto saquea sin que nadie se de cuenta, solo al día siguiente desaparecía gente. Para Inuyasha solo eran cuentos para que los niños se portarán bien. Así que decidió seguir su camino, aquella gitana no estaba haciendo nada malo, ella solo buscaba ganarse la vida.

Inuyasha se reunió con el rey en la sala principal, esperó unos minutos para poder hablar con él cuando observó que tenía una conversación muy amena con una criada, no era quien para juzgar a nadie, pero él no sería de esos que toman concubinas. Aunque la idea no suena mal, pensar en ordenar que las concubinas "perdieran" accidentalmente a sus hijos o simplemente matarlos no era una cosa agradable.

Cuando el rey terminó de "hablar" con ella, fue cuando se percató de su presencia, y le pidió que se retirará.

- Puedo saber porque te fuiste de palacio? Deberías ayudar con los arreglos de la fiesta de tu prometida - lo regaño el rey.

- Salí por que un anciano dijo que había visto el rostro del capitán del barco de velas rojas - le confesó Inuyasha

- Ah, sí? - el rey se puso nervioso por alguna razón que Inuyasha desconocía.

- Si, pero resultó ser solo un retrato de la princesa, tal parece que es el ebrio del pueblo - le confesó Inuyasha

- El retrato, lo hicieron ustedes o lo trajo el anciano? - preguntó el rey nervioso.

- Lo trajo el anciano, pero porqué es relevante?

- Nada…- él rey simplemente se retiró sin mirar a Inuyasha a la cara

Inuyasha no estaba convencido con esa respuesta, la verdad no le interesaba formar parte de esa organización ni de la ceremonia era casi igual todos los años, por supuesto la única diferencia es que ahora colocarían una fecha a su matrimonio, Kikyō ya debería haberse casado con él hace tiempo pero es mejor que el pueblo sienta que forma parte de algo.

- Por otro lado, las desapariciones aún están ocurriendo y los pobladores están asustados - Inuyasha cambió de tema.

- Bien averigua lo que ocurre, pero cuando salgas del castillo debes informarme directamente - le ordenó el Rey.

- Si, su majestad - le confesó Inuyasha para salir de esa habitación.

Entró en su habitación, y se lanzó en la cama, ya lo llamarían si querían algo de él. Había hecho eso tantas veces que se sabía las cosas de memoria.

- Me pregunto si Sesshomaru, también está pasando por algo similar?

Se preguntó Inuyasha, Sesshomaru su hermano mayor, el heredero de TerreDragon. debido a que él era un segundo hijo lo comprometieron con una princesa para heredar la corona de un reino vecino, de esa forma ambos hijos gobernaría y no envidiaría la corona del otro.

Inuyasha sacó el retrato que tenía en su bolsillo, los desdobló y observó el rostro allí dibujado, le parecía impresionante el dibujo. Era como si la persona que lo hizo hubiera estado frente a frente de la princesa, por supuesto que así son los retratos, si pero ese por alguna razón era especial, sobre salía de los otros producidos en masa. Observando el retrato observó algo que no se había dado cuenta, en el cuello cerca de la clavícula, un tatuaje? ¿Una mancha en el papel? Si, tenía que ser una mancha en el papel, Kikyō no tenía un lunar allí con forma de estrella.

- ¿Acaso el capitán del barco quiere decir algo?

¿Qué otra razón tendría para enviar el retrato de la princesa el mismo día de su cumpleaños? ¿Acaso planeaba un ataque esa noche? En ese caso debía estar alerta ante cualquier cosa.

La noche cayó en el castillo y los invitados estaban entrando, por su puesto que a la fiesta de cumpleaños de la princesa solo podían venir personas importantes, ricas y poderosas.

Casi medianoche y no pasaba nada fuera de lo normal, solo que Kikyo no hacía acto de presencia, pero veía a su sirvientas correr de aquí para allá, no quería involucrarse en cosas de mujeres. La verdad eso lo fastidiaba y mucho, lo aburría?

Se acercó mejor a dos guardias, que discutían sabía que uno de ellos debía rondar el castillo y el otro debía vigilar la entrada.

- ¿Qué ocurre? - les pregunto Inuyasha

- El no sabe de lo que habla! - habló uno

- ¡Tú no sabes nada! - le gritó el otro

- Bien díganme qué pasa - le pidió Inuyasha

- Las sirvientas de la princesa nos pidieron buscarla - le dijo uno.

- Si, y yo le dije que la vi dirigirse a los aposentos del rey - habló el otro

- No seas estupido, yo la vi dirigirse al jardín - hablo uno

- No seas idiota, yo la vi dirigirse a los aposentos de rey, la vi perfectamente llevaba un vestido verde muy escotado - hablo el otro.

- Idiota la princesa no usaría nada escotado ella es muy reservada, la vi usando uno color rojo - exclamó uno

- Tenía un vestido verde!

- Rojo

- verde

- Rojo

Inuyasha se cansó de escucharlos a los dos, eran idiotas, que hombre se fijaría en un vestido y no en la mujer? Aunque por la descripción era obvio que Kikyo estaba en el jardín, ella nunca usaba nada osado, su madre la reina le exigió siempre ser recatada y nunca mostrar nada de piel, ya sea para que el sol no dañara su delicada piel, o para no ser una mujer vulgar.

- Kikyo está en el jardín - les indico Inuyasha.

Ambos guardias fueron a buscar a Kikyo al jardín, Inuyasha por un momento pensó con quien se estaba reuniendo el rey? Lo único que sabía es que era una mujer con un vestido escotado, seguramente era otra mujer con la que el rey se consumará. Debería tener cuidado con las mujeres que invita al palacio a estar.

Después de dar una pequeña inspección, el sonido de varios disparos sonaron en su cercanía, Inuyasha fue corriendo en dirección del origen de los disparos. Cuando llegó al lugar observó como unos guardias trataban de derribar una puerta.

- ¿Qué ocurre? - les ordenó Inuyasha una explicación de lo ocurrido

- La princesa y el rey están allí adentro pero se escucharon unos disparos - le explicó uno

El rey y Kikyō corrían peligro, que podían hacer para ayudarlos? Aunque esa habitación no tenía pasadizos secretos, él sabía todos los pasadizos secretos del castillo y sabía que no había uno que conectará con esa habitación.

Cuando la puerta de roble sólido logró caer de milagro, tras ser empujado durante un tiempo por los guardias, observaron al rey solo en la habitación, estaba desecho emocionalmente en el suelo.

- Está bien? su majestad - le preguntó Inuyasha

- Si… - le respondió sin muchos ánimos

- ¿Quién te atacó? - le pregunto Inuyasha

- Los errores de mi pasado - le confesó el rey sin mirarlo a los ojos.

Inuyasha no comprendía que ocurría? ¿Qué le ocurría al rey? Inuyasha le pregunto a los soldados quien había entrado en la habitación con el rey

- La princesa estaba con él

Contestó un soldado y los demás acertaron en la afirmación, acaso todos se estaban volviendo locos? ¿Cómo es posible que la princesa estuviera allí? Si el rey ahora se encontraba solo.

- ¡Callense y busquen por el castillo a quien estaba con el rey! - les ordenó Inuyasha

- Si señor! - le respondieron todos los soldados.

Los soldados salieron de la habitación, Inuyasha observó como el rey continuaba en un estado de shock. Salió de la habitación cuando escuchó que en el jardín se escuchaban varios disparos, tenía que buscar a quien había iniciado el fuego. Observó a sus soldados disparando con los rifles hacia el muro.

- ¿Cuántos son? - les pregunto Inuyasha ante el fuego

- No lo sabemos señor es difícil saber de dónde vienen los disparos

Inuyasha quería saber cuántos eran de esa manera sabría cómo repelerlos.

- Ah - se escuchó el grito de una mujer.

Cuando Inuyasha llevó su vista al lugar donde provenía el grito observó que se trataba de Kikyō, estaba agachada cubriéndose la cabeza por miedo a los disparos.

- Kikyō! - le gritó Inuyasha.

Se levantó de su escondite, y fue directo hacia ella, por alguna razón cuando gritó el nombre de la princesa los disparos se detuvieron. Pudo sacarla de la línea de fuego. Pero los perpetradores se habían escapado.

- ¿Estás bien? - le preguntó Inuyasha preocupado por ella.

- Makoto, tenía tanto miedo - le dijo ella abrazándolo para reconfortarse.

- Está bien, estás bien…

Inuyasha observó por encima del vestido y no miró ningún rastro de sangre por lo que estaba seguro que ella no estaba herida. La llevó hasta su habitación donde se encerraron Kikyō y la reina.

Junto a los soldados fueron a revisar la zona para saber por donde entraron y escaparon pero no lograron encontrar un punto débil en el muro, de hecho lo zona donde se inició el fuego estaba cerca de la entrada principal tuvieron que salir por allí para escapar y del mismo lugar para entrar.

¿Cómo era posible salir y entrar del castillo sin que los guardias revisen la cantidad de armamento que traían? Debía volver a revisar el castillo, e interrogar a los guardias.

Después de una semana, donde los guardias no le proporcionaron la información que deseaba, y donde no encontró ningún punto sobre cómo hicieron para entrar sin que los guardias se dieran cuenta, además de eso faltaban varias copas de plata y diamantes, todo cosas pequeñas y fáciles de esconder.

Kikyō estaba deprimida ya que arruinaron y pasó miedo en su cumpleaños, Inuyasha la consoló con una cena en familia. Hasta que no se casarán no podían tener tiempo a solas, y aunque eso lo fastidiaba debía aceptarlo hasta que estuvieran casados y pudieran tener algo de privacidad. Sabía que Kikyō tampoco podía hablar con libertad con él, teniendo a tantas personas alrededor que estorban.

El cielo estaba nublado, ese día lloverá. Y posiblemente había mucha neblina en la noche. Inuyasha despreciaba los días donde hay neblina, esos días le impedían observar el océano, le gustaba navegar. Una vez cuando entrenaba como soldado también le enseñaron a navegar, le gustaba el mar y le gustaba el océano.

- Makoto! - lo llamo Kikyō

Inuyasha volteo a verla, llevaba un vestido simple de color celeste, y detrás de ella venía su nana.

- Deberías dormir ya es muy tarde - le indicó Inuyasha.

- Otra vez soñando con el océano? - le pregunto Kikyō

- Me gustaría navegar, y a tí?

- Sabes que la sal me hace mal en la piel, pero no te impediría ser feliz con algo que te gusta - le confesó amablemente.

- Gracias…

Realmente ambos tenían más una relación de amistad que un interés amoroso, sabían lidiar con sus emociones, pero aún así su matrimonio era algo arreglado y como a veces pasa, el deber puede más que el amor.