Capítulo 3: ¿Un amor extraño o una vida extraña?

En el reino Royaume Plage, los guardias corrían de un lugar a otro, todos estaban despiertos desesperados por encontrar algo o alguien.

- Como que no saben dónde está el príncipe? - gritaba el rey a sus guardias de puerto.

- Señor no sabemos qué pasó…

- De repente nos quedamos dormidos sin tener sueño…

- Solo perdonenos…

Le suplicaron esos guardias de puertos junto a los otros 5 que hacían inspección. El rey no podía estar más enojado, el príncipe había desaparecido junto a varios pobladores, sin mencionar que les robaron y nadie vio nada hasta que ya era tarde para moverse en barco.

- Ejecutenlos - ordenó el Rey.

- No, por favor…

- Piedad…

- Se lo suplico…

Sin tener la oportunidad de súplica o de un juicio. Se los llevaron para ser colgados al día siguiente como un ejemplo a los demás guardias, por su negligencia.

- Padre, que haremos con Makoto? - preguntó Kikyō entrando en la sala de trono, después que se llevarán a los guardias.

- Debo mandar un barco en su búsqueda, pero no hay forma de saber a dónde se fue. - le confesó el rey a su hija.

- Padre, debemos buscarlo

- No deseo enterarme que él escapó de aquí

- Jamás lo haría, no es esa clase de persona y lo sabes.

- Quiero creer eso.

Tanto el rey como su hija tenían pensamientos distintos. Eran dos polos opuestos en un pequeño pensamiento.

Inuyasha despertó sin saber si lo que vio fue un sueño o la realidad de ese momento, Kikyō defendiendolo haciéndole frente a su padre, y el rey creyendo que su secuestro en realidad era un escape.

- Maldición - susurro entre dientes.

No podía ver nada, las rejas de su celda daban a una pared, no había una ventana para observar afuera, y debido a la falta de luz no sabe si ya amaneció o aún es de noche.

Una puerta se escuchó abrir, y dejó entrar algo de luz, en toda esa oscuridad, se alegró un poco de saber que tenía una salida del lugar. Pero su sonrisa se apagó cuando observó a la persona que había entrado.

- Buenos días, dormilón. ¿Tienes hambre? - le pregunto Kagome con una sonrisa picarona.

- No quiero nada de ti - le respondió Inuyasha cortante.

- Bien, te dejaré aquí la comida, cuando tengas hambre por favor come - le pidió Kagome para pasarle la bandeja por debajo de la celda en un agujero para ese propósito.

Inuyasha solo podía ver la bandeja, con un trozo de pan, un poco de agua, y un tazón de arroz con carne. Que clase de desayuno era ese? Quizás estuviera envenenado, no lo comería hasta cerciorarse que podía sobrevivir a ese lugar. Pero había algo más, aquella mujer Kagome dejó una puerta abierta para que entrara la luz, Lastimosamente no podía ver hacia afuera, aún así estaba solo sus soldados lo traicionaron pero porque? ¿Acaso les ofreció oro? Mujeres? ¿Acaso esa mujer tan vulgar les había ofrecido su cuerpo? Posiblemente… pero eso ya no importaba debía buscar salir de ese lugar.

Tomó el agua en sus manos y la olió para saber si tenía algún veneno, aunque quizás morir no sonaba tan mal, si su sueño en realidad era una premonición eso significaba que el rey creía que se había escapado, de ser así. No sería bienvenido en Royaume Plage y posiblemente se fueran en guerra con Terre Dragon. No quería ocasionar tantos problemas, pero estar ahí era un problema, bebió el agua con la esperanza de que estuviera envenenada, pero sus sospechas fueron falsas. Y posiblemente la comida no estuviera envenenada, así que la comió sin darse más problemas a sí mismo y a su mente.

Anocheció, lo sabía por el frío que entraba por la puerta abierta, y la falta del sol mezclado con el agua del lugar.

- ¿Tienes frío? - le hablo una voz, cuando volteo miro a Kagome con varias telas en mano

- No necesito tu ayuda.

- Hagamos algo, validemos el contrato que hicimos

Inuyasha solo le dio la espalda acostado en el suelo frío, lleno de heno.

- Dime, cual es el plato preferido de Kikyō? - le pregunto Kagome, sentándose en el suelo con las cobijas

- ¿Para qué quieres saber sobre ella? - le pregunto Inuyasha molestó, sentándose para verla a la cara.

- Ya te dije, la amo - le confesó Kagome nuevamente.

- Que mujer tan vulgar al confesar sus sentimientos por otra mujer, acaso ese amor tan enfermo que tiene hizo que le robaras el rostro?

- No le robe nada, esté siempre ha sido mi rostro.

- Mientes, a que bruja le pediste parecerte a ella, pero te falló no eres igual a ella

- ¿En que me diferenció de ella?

- En tus ojos.

Kagome se llevó su mano al rostro para tocar el contorno de los ojos, Inuyasha veía como ella buscaba sentir con sus dedos esa diferencia, hasta que sus ojos volvieron para verlo a él. Ambos se veían a la cara.

- ¿Qué tienen mis ojos?

Son más expresivos, Inuyasha deseaba decirle eso pero no podía hacerlo, qué significaría eso con Kikyō que ella no expresaba nada? Claro que sí, la conocía y sabía que era lo que ella sentía.

- Solo son diferentes - le respondió Inuyasha a secas, no podía decirle la verdad pero no pudo encontrar un insulto para ella en ese momento, no entendía porque.

- Cuéntame más de ella - le pidió Kagome.

- ¿Por qué? - Inuyasha volvió a preguntar por que deseaba conocer sobre Kikyō.

- Ya te dije yo la… - Kagome iba a confesar lo mismo nuevamente.

- No es solo eso… - la interrumpió sabiendo que había algo más allí.

Ambos permanecieron callados, lo único que podía escucharse era la fuerte respiración de Inuyasha mostrando su enfado, hacia la mujer que tenía frente a él.

- Quiero saber sobre mi lado bueno - le confesó Kagome en el silencio del momento.

- Tu lado bueno?

Kagome dejó las cobijas allí cerca de la celda, se levantó y se fue del lugar cerrando la puerta para que el frío no siguiera entrando. Inuyasha tomó las cobijas y se dispuso a dormir.

Alguien abrió la puerta, Inuyasha abrió los ojos para ver la luz del día entrar, por un momento pensó que era Kagome trayendo el desayuno nuevamente tal y como en el día anterior ella le trajo las 3 comidas. Pero ahora no era ella, ahora fue otra mujer, de cabellos castaños, le dejó la comida en el suelo sin decir nada y se fue del lugar sin cambiar palabras con él.

El almuerzo y la cena también fueron traídos por esa mujer, y por un momento Inuyasha se preguntó, ¿por qué Kagome no volvía? Acaso le había dicho algo que no le gusto? En la noche sin mucho que hacer más que dormir y entumecido por el poco espacio para moverse, escuchó como la puerta se abría nuevamente, y pensando por un momento que Kagome había vuelto, volvió a aquella fría noche, cuando quien llegó era un hombre el mismo hombre que lo había llevado con Kagome la primera vez.

- ¿Deseas estirar las piernas? - le preguntó aquel hombre sin mostrar una pisca de emoción.

- ¿Vas a dejarme salir?

- Puedo dejarte aquí

Lo amenazó sabía que si seguía haciendo más preguntas no tendría oportunidad de nada, Inuyasha se levantó y entre sus miradas Miroku se dio cuenta que Inuyasha había entendido. Miroku abrió la puerta de la celda, e Inuyasha logró salir, estaba algo temeroso de lo que pudiera pasar pero cualquier cosa es mejor que seguir encerrado.

- 1 hora, camina por la cubierta lo que quieras. - le dijo aquel hombre

- ¿Y tú eres?

- Ya te dije soy el contramaestre, mi nombre es Miroku.

Le dijo antes de darle la espalda, y dejarlo solo en la cubierta. Inuyasha observaba el barco estaba hecho de un fuerte material, los mástiles estaban hechos de roble, el suelo estaba hecho de olmo, y los costados estaban hechos de Pino. La construcción se veía de buena calidad, en perfecto estado, no lograba dividirse una unión entre las maderas, pero eran notables la diferencias entre ellas, aunque el trabajo de pintura las uniera visualmente, alguna auténtica maravilla.

Quien lo haya construido era un perfeccionista, solo había uno que podía construir algo como eso, y era el gran maestro Totosai, pero el murió hace unos años, cuando un grupo de bandidos entró en su casa y la quemó toda.

Inuyasha posó sus ojos en el horizonte, como deseaba poder navegar, como deseaba ser capitán de barco. Siempre fue su sueño que Sesshomaru reinará y el pudiera defender el reino en un navío del reino, el más grande y rápido que existiera. Pero sus sueños se vieron apagados cuando sus padres lo dieron a un reino vecino para que se casara con la princesa de ese lugar. En el viaje creía que podía ser un buen marinero, pero el rey le confesó que si ponía un pie fuera del reino me considerarían un traidor, y se iría en guerra contra Terre Dragon, a pesar que tenía todas las de perder.

Subió la mirada, hacia el timón y observó que Miroku es quien lo maniobraba, se acercó a él, posiblemente no podría enfrentarlo, apesar de estar con su vista al frente, posiblemente estuviera alerta a lo que él pudiera hacer.

- Puedo saber a dónde vamos? - le pregunto Inuyasha

- La capitana no te ha dicho?

- Me dijo que íbamos a un lugar llamado Sirène Secrète.

- Exactamente allí nos dirigimos

- Ese lugar no existe no está en ningún mapa

- Si existe y es hermoso, te gustará - Miroku por primera vez le regaló una sonrisa.

Inuyasha y Miroku permanecieron en silencio, solo el viento era quien hablaba, Inuyasha observaba las velas del barco, desplegadas y su movimiento que ayudaba al barco a moverse.

- ¿Te gusta navegar? - le pregunto Miroku

- Me gustaría poder navegar

- Y porque no lo haces?

Por que era un prisionero en un reino vecino, Inuyasha no podía responder eso, así que decidió callar.

- Ten, tómalo con cuidado - le dijo Miroku ofreciéndole el timón.

Inuyasha observó a Miroku, y luego el timón. Inuyasha se acercó al timón y lo tomó en sus manos, debía tener fuerza ya que se movía debido a los fuertes vientos que golpeaban las velas.

- Ten, sabes usar una aguja náutica?

- No hace falta, puedo guiarme perfectamente solo con mirar el cielo.

- Vaya tienes talento igual que la capitana

La capitana, acaso esa mujer era buena como capitana? Esa mujer obsesionada con la princesa.

- La capitana es buena persona, aunque siempre busque demostrar lo contrario, todos la queremos, es una reina que no desea la corona - le dijo Miroku.

- Una reina que no desea la corona…

¿Qué significaba eso? Reina de que? Acaso ese tal Miroku estaba tan loco, como esa mujer? Se había relajado al creer que había alguien normal en ese barco. Cuando Miroku le confesó que ya había terminado su hora, Miroku lo llevó nuevamente a su celda, y cuando cerró la reja.

- Llegaremos en la mañana - le confesó Miroku antes de salir de allí.

Miroku volvió al timón, cuando una figura apareció detrás de él, una mujer cuyo compañero colosal no la dejaba sola.

- ¿Estás segura? De llevarlo a Sirène Secrète - pregunto Miroku.

- El consejo decidirá qué hacer con él. - le confesó Kagome, para posicionarse a su lado.

- Tu eres nuestra reina y… - le iba a decir Miroku.

- No soy una reina

- Lo eres, para todos nosotros…

Inuyasha despertó con dolor de espalda, era obvio que le dolería el cuerpo, tenía dos noches durmiendo en el suelo, nada que ver con su cama. El ruido también estaba presente en el lugar. Cuando abrieron la puerta que da al pasillo de las celdas Inuyasha volvió a ver la luz del sol, junto a él venía una mujer, cuyo rostro se mostraba enfadado y Miroku.

- Te llevaremos con nuestro consejo, ellos decidirán qué hacer contigo - le confesó Miroku.

- Vamos a abrir, y te esposaremos por protocolo, tú entiendes. - le dijo esa mujer.

Miroku abrió la puerta, mientras que la mujer tenía en sus manos los grilletes. Posiblemente ella se lo pondría, Inuyasha pensó en colocarle las esposas a ella y usarla para salir de allí posiblemente fallaría en su plan pero no tenía garantía de sobrevivir a ese consejo, no conocía a esas personas y fácilmente podían torturarlo y después matarlo.

Cuando Miroku abrió la reja y la mujer entró Inuyasha trato de hacerle una llave pero la mujer fue más rápida y sin que se diera cuenta su rostro ya estaba contra el suelo.

- Sabes cuál es la diferencia entre un hombre y una mujer - le dijo esa mujer para luego acercarse a su oído - el hombre subestima a la mujer mientras que la mujer siempre está alerta.

Aquella mujer te puso los grilletes, y lo levantó del suelo sin problema, lo que dejó impresionado a Inuyasha.

- Kagura no lo puedes romper - se burló Miroku.

- El fue quien me subestimo por ser mujer - habló Kagura molesta por su accionar.

Se llevaron a Inuyasha de mala forma, cuando salió del pasillo se sentía como si nunca hubiera conocido la luz del sol, ya que su luz lo dejó ciego por un momento. Cuando logró abrir los ojos, observó como habían hombres fornidos bajando cajas abiertas donde se veían joyas, plata fina, otras contenían telas, cuadros, juguetes, y otras cajas cerradas cuyo contenido permanecería como un misterio.

Bajo del barco, por orden de Kagura y Miroku. Aquel perro colosal salió brincando del barco con dirección a la tierra y se perdió en el bosque, cuando Inuyasha volteo su mirada observó a Kagome del mismo lugar donde había salido el perro, simplemente solo pudo darle una mirada llena de odio.

Cuando terminó de bajar del barco observó como era costumbre, a las personas reunidas para recibir al barco como si fueran unos héroes. Inuyasha no podía estar más enojado con esas personas que creían que robar era tener una vida, solo eran ladrones y asesinos seguramente.

- Elena! - gritó uno de los soldados que venía con Inuyasha.

Inuyasha observó como su soldado se reunía entre lágrimas con una mujer, donde los besos se hacían presentes. Por tanto aquella mujer era la esposa desaparecida que tenía. ¿Cómo había llegado a ese lugar? Ahora entendía porque lo había traicionado, solo fue para reunirse con ella. El otro soldado tuvo un caso similar cuando un niño pequeño de unos 6 años, lo abrazó de las piernas, gritándole papá.

Se llevaron a Inuyasha por las calles de ese pueblo, ahora que se fijaba bien algunas de esas personas eran las que se habían reportado como desaparecidas. ¿Acaso ese barco "La Gloria Del Rey" había atacado varias veces sin que se dieran cuenta? ¿Cómo era posible?

Lo llevaron a una fortaleza, cuando entró observó un castillo no era grande pero tampoco era pequeño, lo verdaderamente impresionante era que había un doble muro y entre ellos una fosa profunda. Dentro del castillo había soldados entrenando pero por alguna razón también había mujeres entrenando.

- Soldados mujeres? - dijo Inuyasha

- ¿Algún problema que una mujer te gane en una pelea? - hablo con sarcasmo Kagura, aunque la sonrisa en su rostro la hacía sentir orgullosa

- Tengo días durmiendo en el suelo, mis músculos están entumecidos, cualquiera podía ganarme - trato de justificarse Inuyasha.

- Claro, tampoco pudiste ganarle a la capitana, y con ella era una pelea mental - se volvió a burlar Kagura.

- Cualquiera iría por la pistola - se defendió Inuyasha.

- ¿Fuiste por la pistola? Yo fui por el cuchillo, la pistola puede fallar, ya sea por falta de munición o porque se tape la salida o la pólvora no esté bien distribuida, en cambio el cuchillo dependerá de tu fortaleza de tu propio coraje - le confesó Kagura.

Entonces fue una prueba? Kagome lo había puesto a prueba sin que se diera cuenta, es verdad ahora que lo recordaba había un cuchillo en la otra esquina del escritorio. ¿Por qué no lo tomo? ¿Qué diferencia habría sido?

Lo llevaron al castillo, donde lo hicieron arrodillarse ante un jurado, 4 personas cuyas ropas no eran de la tela más fina, de hecho las 4 personas que conforman el consejo eran ancianos. Pero había algo más, un trono vacío. No había quien ocupará su lugar.

- Así que este es el príncipe? - habló el primero

- El futuro rey de Royaume Plage - se burló el segundo

- No es tan malo - hablo la mujer anciana.

- ¿Qué clase de príncipe no conoce a su pueblo? - hablo el tercero

Inuyasha observaba de frente al grupo de ancianos hablando de él, y sabía que detrás a su espalda estaban Miroku y esa mujer Kagura, posiblemente había más personas pero no podía moverse.

- Dime una cosa, príncipe deseas el trono? - le pregunto la mujer

- ¿El trono?

Pregunto Inuyasha, no sabía a qué trono se referían, ya que la anciana observó su trono vacío al momento de hacer la pregunta.

- ¿Cuál deseas tener? - le preguntó el primer anciano.

Inuyasha permaneció callado, la verdad es que aunque no le importaba la corona, su deseo más grande era navegar. Pero una corona le fue prometida junto a una esposa. Y no podía escapar de ese destino.

- ¡Responde! - exigió el segundo anciano.

Pero Inuyasha solo se mantenía en silencio no quería ser un mentiroso, pero tampoco deseaba confesarles la verdad, en ese viaje se estaba rompiendo mentalmente al mentirle a la capitana sobre Kikyō, y agradecerle a Miroku por dejarle navegar por primera vez.

- ¿Te niegas a responder? - hablo el primer anciano

- ¿Acaso tú deseos es poseer todos los reinos? - continuó el segundo

- O quizás no deseas ninguna corona - habló la anciana.

Pero Inuyasha solo se mantenía en silencio, los 4 ancianos se veían a las caras, como si pudieran comunicarse entre ellos sin tener que hablarse.

- Entonces serás ejecutado, aún si no deseas ninguna corona. No podemos fiarnos de que no digas nada sobre nosotros - le confesó la anciana.

- Entonces serás ejecutado, al atardecer - confirmó el segundo anciano.

- Esperen! - habló una voz femenina a su espalda.

Inuyasha no tenía que voltear para saber quién era la mujer que estaba apareciendo detrás de él. Era simplemente la mujer pirata, la capitana.

- Me hago responsable de él - les aseguro Kagome

- Pero… - habló el primero

- ¿Por qué? - lo interrumpió la anciana.

- Él es el heredero de la corona de Royaume Plage, nuestro vecino más cercano. Si lo ejecutamos puede que quien sirva como su reemplazo sea peor que él…

Kagome hablaba para defenderlo pero por qué? Inuyasha no podía evitar preguntarse qué era lo que esa mujer quería, que deseaba.

- Dejémoslo una semana, eso bastará para que se enamore de nuestra tierra y que conozca a su gente. - les pidió Kagome.

- Y si no cambia? - preguntó el cuarto anciano.

- Entonces lo mataremos, y yo me iré de este país por haberlos traicionado - le confirmó Kagome.

Los ancianos se veían a las caras sin creer lo que Kagome había dicho, Inuyasha también la veía impresionado, acaso esa mujer se golpeó la cabeza cuando era niña? ¿Qué le pasaba? Jamás conoció una mujer como ella.

- El consejo acepta que te hagas cargo de él durante una semana, pero niega tu propuesta de irte. - le confirmó la anciana.

- Muchas gracias, por su sabiduría. - Kagome se inclinó como si fuera una dama de la corte, y los ancianos se levantaron de sus sillas para inclinarse ante ella. - Kagura, por favor llévalo a una habitación.

Le pidió Kagome amablemente a Kagura y ella obedeció la orden.

- Kagome estás segura? - le pregunto Miroku

- Quizás pueda ayudarnos a encontrar lo que estamos buscando - le dijo Kagome - no te preocupes, estaré bien. Confía en mí.

Kagura desató sus manos y lo dejó en una habitación muy fina, si bien era una habitación pequeña en comparación a la que tenía en Royaume Plage, era cómoda. Observó por la ventana como había soldados entrenando entre hombres y mujeres.

- Que reino tan extraño.

Inuyasha inspeccionó la habitación en busca de algo extraño, pero no encontró nada. Alguien tocó a su puerta, y entraron varias sirvientas que prepararon su baño y le dejaron un traje de tela muy fina.

El agua caliente lo llamaba a gritos para relajar sus músculos adoloridos, cuando terminó de bañarse se vistió con aquel traje, se sentía extraño de no usar su ropaje de militar. Cuando tenía unos minutos asomándose nuevamente por la ventana, alguien nuevamente tocó su puerta.

- Señor la cena está lista, lo guiaré al comedor - dijo una sirvienta al otro lado de la puerta.

Su estómago gruñó en señal de que necesitaba alimentos, así que abrió la puerta de la habitación, y se fue con la sirvienta. Observó la construcción de aquel castillo, todo se veía en buen estado y muy robusto. La sirvienta lo llevó al comedor donde observó una gran mesa, para unas 20 personas. Por supuesto, rio sabiendo que la mesa del reino Royaume Plage podía albergar a 80 personas, y en el reino de Terre Dragon, se dividía en 4 mesas para 50 personas cada una.

- Por favor siéntese aquí - le indico la sirvienta para que se sentara al lado de la silla principal.

Era el mismo puesto que tomaba en una comida real así que estaba acostumbrado. Observó como la puerta se abrió y entró Miroku junto a una mujer de cabello castaño, se le hacía conocida pero no la reconocía de donde. Ambos se sentaron frente a él al lado de la silla principal, no fue hasta que la puerta se abrió de par en par, para dejar entrar a una bestia blanca gigante y frente a ese animal está ella. La mujer que lo tenía prisionero, pero ahora no estaba vestida de pirata ahora llevaba un vestido de dama real muy elaborado. De color morado con decoraciones de oro, maquillaje, su cabello recogido en un cola alta, por un momento le molestó que su cabello estuviera atado, le gustaba ver que el cabello estuviera libre.

El perro se sentó detrás de la silla principal, y Kagome en la silla frente al animal. Nadie hablaba, nadie dijo nada, pero Kagome lo vio a la cara y le regaló una sonrisa amigable.

- Quiero presentarte a las personas de mi más entera confianza - le dijo Kagome, e Inuyasha observó a las personas frente a él - mi contramaestre Miroku, mi primera oficial Sango.

Con la presentación de su nombre Inuyasha creía que podía tratar de reconocer a esa mujer pero no pudo, su nombre no le daba la pista que necesitaba.

- Por supuesto ya conoces a Kagura, pero ella no quiso venir a comer - le confesó Kagome con una risa decepcionada - por supuesto también está Kōga pero él se fue de viaje.

- Puedo saber por qué estoy aquí? - preguntó Inuyasha de forma cortante.

- Quiero que explores este reino, y conozcas la necesidades de su pueblo - le confesó Kagome.

- ¿Con qué propósito? - le pregunto Inuyasha

- Quiero que seas un buen rey, uno que escuche y ayude a su pueblo - le confesó Kagome

- Hablas como si el actual rey de Royaume Plage fuera una mala persona - hablo con sarcasmo Inuyasha.

- No vamos a destronarlo ni a iniciar una guerra con él - le habló Miroku, al observar que Kagome quedó callada.

- ¿Y ustedes que ganan exactamente? - le preguntó Inuyasha.

- Un amigo, un aliado, un vecino amistoso - hablo Sango, aunque su voz sonaba débil muy débil.

Parte de la voz de Sango, le hacía pensar a Inuyasha que ya la había escuchado en algún lugar pero no recordaba donde.

Varios sirvientes entraron dejando la comida en la mesa, comenzando por la apertura, degustando el plato principal y terminando con el postre, al terminar sus alimentos y sentirse lleno, Inuyasha no pudo evitar observar el cuchillo de postre que tenía en la mano, y observo como Kagome hablaba distraídamente con Miroku y la tal Sango. Miro al perro detrás de Kagome y este estaba degustando un enorme trozo de carne.

- Tu que opinas? - le pregunto Kagome a Inuyasha

- Que?

- La comida te gustó? Le pedí al chef que preparara su mejor plato para ti - le confesó Kagome

- Esta pasable la comida, no tiene el mismo toque que una verdadera comida, pero es mejor que morir de hambre - la insulto Inuyasha.

- Entonces te gustó mucho - Kagome no entendió su sarcasmo, y lo tomo como un cumplido, cosa que Miroku si entendió sus palabras, y se molestó por ello.

- A todo esto porque te sientas en la silla principal? El rey de esta tierra se va a enfadar contigo - le confesó Inuyasha

- Aunque no lo desee, me piden sentarme aquí. - le confesó Kagome

- Kagome es nuestra reina - le dijo Miroku.

- Reina? Y que hay de tu esposo? - le pregunto Inuyasha

- No soy casada, nunca me he casado - le confesó Kagome con vergüenza.

- Entonces no eres reina, solo juegas a ser una - le hablo Inuyasha burlándose de ella

- Y según tú, como se crea una reina? - le pregunto Miroku.

- Las reinas son mujeres delicadas, hermosas, perfectas, que saben sobre los esquemas sociales, tú solo eres una mujer sin una pisca de cualquiera de esas cualidades - le dijo Inuyasha, sin mirarla a los ojos.

- No dejaré que hables así de nuestra reina - hablo fuertemente Miroku, sacando su espada como amenaza.

- Miroku, déjalo… - le ordenó Kagome.

- Pero… - Miroku quería defenderla pero sabía que ella no lo necesitaba.

- Yo nunca pedí ser reina, no me gusta presentarme con ese título, pero si algo se, es que un reino sin un pueblo no existe…

Le dijo Kagome para levantarse de la mesa, e irse con su perro, detrás de ella se fueron Miroku y Sango. Pero antes que ella pudiera irse, Inuyasha deseaba tener la última palabra.

- Esta mesa, no cumple con los estándares sociales, en Royaume Plage puede albergar al doble de personas y en Terre Dragon puede ocupar 5 veces más. - hablo Inuyasha alabando esa capacidad.

- ¿Llenas tu mesa? ¿cuántos en tu pueblo pasan hambre? - le dijo Kagome antes de irse.

Dejando a Inuyasha solo en el comedor, ahogado en su enfado, así que escondió el cuchillo en sus ropas, para utilizarlo más adelante, necesitaba que Kagome estuviera sola, sin nadie que pudiera detener su ataque. Al término de la cena, Inuyasha fue acompañado nuevamente a su habitación, donde espero hasta muy entrada la noche para asegurarse que todos estuvieran dormidos.