Capítulo 4: Conoce a tus héroes

Cuando observo la luna en todo lo alto, siendo las 3 o 4 de la madrugada, fue que salió de su habitación, debía averiguar dónde dormía Kagome o Miroku y obligarlo a que lo lleven a Royaume Plage, no podía quedarse una semana, posiblemente el rey lo tome como traidor, y no podía volver a su tierra.

Recorrió los pasillos teniendo cuidado de no encontrarse con ningún guardia, pero no pudo encontrarla, decidió volver cuando observó que los guardias comenzaron a aparecer en su camino.

Al amanecer estaba cansado, y la cama estaba muy cómoda, tocaron a su puerta. Posiblemente una sirvienta diciéndole para desayunar pero tenía más sueño que hambre. Aun así abrió la puerta y le dejo el desayuno en una mesa de la habitación.

- La Reina Kagome me pidió que le trajera el desayuno. - le dijo la sirvienta antes de cerrar la puerta e irse.

La Reina Kagome, que reina tenía que vestirse de pirata? Que reina secuestraba gente? Que reina tenía que robar para vivir de un reino vecino? Ella estaba mal, ella estaba errada en sus pensares. Su enfado volvió y se levantó a comer la comida que tenía en la mesa, dudoso salió de su habitación pensando que habrían guardias pero no había nadie, en la noche tampoco había nadie.

Camino por los pasillos que no había recorrido en la noche, por alguna razón tenía el presentimiento que el recorrido de anoche ya lo habían previsto y simplemente lo dejaron. El pasillo que pasó lo llevo al jardín delantero, donde hombres y mujeres entrenaban, caminando por la zona observo como Kagura entrenaba a varias mujeres sobre cómo defenderse, y salir de varias posiciones. Inuyasha la veía determinadamente, aquellas técnicas que le enseñaba a las otra mujeres.

- Deseas unirte? - le hablo Kagome a su lado derepente asustandolo.

- ¡Que! ¿Cómo? ¿Cuándo? - se preguntaba Inuyasha a sí mismo el no poder sentirla cerca, y Kagome río con delicadeza.

- Lo siento - se disculpó Kagome entre risas.

- No seas tonta, no me asustaste solo me impresionó que aparecieras de repente - le gritó Inuyasha avergonzado

- Esta bien, ven - le dijo Kagome para estirar su mano en ayuda pero Inuyasha simplemente la rechazo y se levantó solo

- No necesito tu ayuda.

- Bueno, dime ¿deseas venir conmigo a conocer el pueblo? - le pregunto Kagome.

Inuyasha observo a Kagome, y se dio cuenta que estaba vestida como una mujer refinada, con ese vestido rosado claro y su cabello sujeto con una coleta de lado, llevando un canasto en la mano.

- Yo… - aunque quería insultarla, no había palabra que pudiera decir en ese momento.

- Ven, vamos!

Kagome lo tomo de la mano, y se lo llevó caminando de allí. Por supuesto Kagome después se agarró del codo, tal y como lo haría una mujer con su esposo y amante. Acaso quería iniciar un rumor falso?

- Verás, me gustan mucho las frutas dulces. Que hay de ti? - le pregunto Kagome

- No quiero nada - la rechazo Inuyasha.

- Sabes algo hay una fruta extraña que solo crece en esta tierra por alguna razón.

- Una fruta extraña?

- Si, verás es esta

Le dijo Kagome para arrastrarlo a un puesto donde vendían aquella fruta extraña, una fruta de color rojo, con semillas negras, era la primera vez que la veía. Y Kagome compro dos pedazos, aunque aquel vendedor se negaba a cobrarle ella le exigió que acepte el pago.

- Toma - le ofreció Kagome a Inuyasha aquella fruta.

Aunque quería negarse, realmente deseaba probarla, cuando vio que Kagome comenzó a comerla el también quizo atreverse a comerla.

- Pero no te comas las semillas - lo interumpio Kagome, cuando veía que lo iba a morder.

Un poco molesto por su interupcion volvió a intentar comer la fruta solo que con menos voracidad, sin embargo no pudo evitar degustar de aquella deliciosa fruta cuando la probó por primera vez.

- Pareces un niño - Le dijo Kagome para limpiarle la cara de varias semillas - se llama sandía

- Que? - Inuyasha quedó tan encantado.

- La fruta se llama sandía, se le puso ese nombre debido a que crece cerca del río Síndria.

- Ya veo…

- ¡Vamos! aún hay más para ver…

Le dijo Kagome llevándose a Inuyasha de la mano, ella estaba feliz llevando a Inuyasha para conocer a su gente y disfrutar de las cosas que esa tierra podía ofrecer. Inuyasha observaba como había personas que se negaban a separarse de niños, ancianos y otras personas, pero ¿por qué?

- Supongo que deberías de saber que hay varios "desaparecidos" en Royaume Plage

- Si… - Inuyasha volteo a mirarla, se sentía extraño que alguien supiera que piensas sin decirlo y sin conocerla.

- Todos eran infelices en Royaume Plage, pasaban hambre o simplemente el gobierno les quitó todo

- Te equivocas Royaume Plage es un buen reino

- Alguna vez fuiste a la zona pobre?

- Ah… no… - le confesó Inuyasha

- La zona pesquera estaban pasando por un mal momento debido a los escasas pesca, agregando que el rey subió los impuestos, y que hay una epidemia en esa zona.

- Sabía que la zona pesquera estaba mal, y los incrementos de impuestos debido a que se está reuniendo el dinero para la transición de los actuales reyes a la de Kikyō y mía.

Le hablo Inuyasha mientras caminaban, por la calle comprando frutas, verduras y carnes.

- Y no han podido controlar la epidemia? - le preguntó Kagome.

- No me había enterado de eso… - confesó Inuyasha sintiéndose mal por no saber nada de su propia tierra - de haberlo sabido habría tratado de buscar una solución.

- Solo promete que cuando seas rey, estarás al tanto de tu pueblo - le pidió Kagome

- Si…

Inuyasha observaba que los tesoros que robaban eran distribuidos con una lista, y unos pocos soldados que caminaban por la calle.

- Entonces reparten los tesoros entre los pobres y ya?

- No exactamente - le confesó Kagome - verás las personas nos indican su casa, y donde está su dinero. Nosotros comprobamos que esa es su casa, y la ubicación del dinero si está se lo traemos sino está no podemos hacer nada.

- Entonces ustedes no son más que un barco de envíos?

- Si… - le confesó Kagome un poco avergonzada.

- Y como saben que personas traer?

- Mmm… no creo que pueda confesar ese modus operandi - le dijo Kagome guiñandole el ojo.

No le molestó que se negara a hablar de hecho él también se ha negado a hablar sobre muchas cosas, entre ellas sobre Kikyō, sin importar cuando Kagome le preguntará sobre Kikyō, Inuyasha no podía contestar, en parte porque no conocías esas respuestas.

- Entonces corren el riesgo de traer a alguien enfermo a esta isla? - pregunto Inuyasha

- Hemos traído a varios enfermos y nuestros médicos se encargan de buscar una cura, pero hasta el momento no hemos podido hacer nada - le confesó Kagome.

Una enfermedad nueva cuya cura era desconocida, era difícil creer pero sabía que cuando algo así surgía la cura no se encontraba fácilmente, ni la enfermedad se estimaba del todo.

- Entonces, cuando era niña cómo era? - seguía preguntando Kagome.

- Pues siempre fue muy estudiosa, a Kikyō siempre le obligaban leer y ser educada en cada cosa que hacía nunca levantar la voz nunca ser menos que nadie. - le contestaba Inuyasha ahora con sinceridad.

- Que triste - le confesó Kagome.

- ¿Por qué? Kikyō siempre a vivido en un buen lugar, con una familia amorosa, y siempre a tenido la mejor educación siempre a tenido la mejor de todo

- Pero alguna vez le preguntaste si eso era lo que ella quería?

Inuyasha se dio cuenta que nunca le preguntó si era feliz, por supuesto que sabía que no lo era al igual que él. Mientras él deseaba poder navegar, nunca tuvo el interés de preguntarle a Kikyō si ella era feliz. Aún recuerda cómo cuando ella era niña, lloraba porque no podía jugar con otros niños, siempre la tenían encerrada, sus únicos contactos con el mundo exterior eran sus sirvientas, los eunucos, su padres, y él.

Ahora que lo pensaba, siempre veía a Kikyō a través de una ventana, no fue hasta que cumplió los 14 años hasta que pudo salir a los jardines. Pero Kikyō nunca ha estado sola, siempre detrás de ella la acompaña un séquito de sirvientas y dos eunucos, junto a la nodriza.

Al menos él, podía salir al pueblo a conocer a las personas pero siempre estaba en el muelle, quizás era una mala persona por dejarla sola siempre, debía haber buscado la manera de sacarla del castillo para que conociera el mundo, o por lo menos a su gente, su pueblo.

- No, nunca le pregunté cómo se sentía - le confesó Inuyasha sintiendo culpa.

- Tranquilo, aún no es tarde para preguntarle sobre lo que desea - le confesó Kagome animandolo.

- ¿Crees que pueda ser un buen rey? - le preguntó Inuyasha.

Aquella pregunta se escapó de sus labios, y por primera vez Inuyasha se dio cuenta que se estaba relajando, estaba bajando sus defensas con esa mujer. Estaba degustando cosas nuevas, estaba disfrutando ese paseo, ese viaje.

- Pienso, que puedes ser el mejor que existió alguna vez.

Inuyasha tomó esas palabras como una burla, pero al ver la cara que Kagome le expresaba, aquel rostro que le ofrecía… que le ofrecía? Sinceridad? Ánimos? Paz? No lo sabía con certeza, pero se sentía extraño que Kagome pudiera expresar emociones con su rostros, aún cuando es el mismo rostro que tiene Kikyō nunca pudo ver ese tipo de emociones en ella. Ambas eran muy diferentes, eran dos caras de una moneda, la misma y tan diferente.

- Ven! Aún queda mucho por ver - le dijo Kagome para tomar su mano y llevarlo a más lugares y tiendas.

Inuyasha observaba cómo las personas se acercaban a Kagome, agradeciéndoles y hablando con ella. Cuando él caminaba por las calles nadie se acercaba a darle las gracias, todos lo evitaban. Para él era como que las personas conocieran su autoridad, pero ahora se daba cuenta que las personas solo temían lo que pudiera hacer.

El sonido de los golpes al metal para limpiarlo llamaron su atención, caminó hacia donde vio al herrero golpeando un pedazo de metal al rojo vivo.

- ¿Qué haces aquí? No te di permiso para entrar - le habló el anciano.

Inuyasha observó al anciano que habló, era el mismo anciano que pertenecía al consejo, acaso los ancianos también debían trabajar? Acaso por ser del consejo no tenía beneficios? No debería estar trabajando.

- Acaso eres sordo? ¿Qué haces aquí? - le gritó el anciano.

- Totosai! Buenos días - lo saludó Kagome

- Totosai?

Inuyasha no podía creerlo el famoso herrero Totosai, conocido tanto en Royaume Plage y Terre Dragon, estaba en ese lugar? Acaso no había muerto?

- Kagome tengo una nueva herramienta para ti - le dijo Totosai a Kagome.

Inuyasha observó cómo le hacía entrega de un arma, lo primero que hizo Kagome fue tomar su peso, y apuntarla a un punto indeterminado.

- Ahora tienen una cámara con más balas, y tuve cuidado de no colocar más peso. - le explicaba Totosai. - también hice una nueva de pintura.

- Pintura? - preguntó Inuyasha.

- Mejor hablamos más tarde - le pidió Kagome a Totosai.

- Y este idiota? ¿Necesita algo? - lo insulto Totosai

- Soy el príncipe, heredero de la corona de Royaume Plage, no tiene derecho hablarme así - le gritó Inuyasha

- Tiene buenos dientes podría hacer algo con eso - hablo Totosai ignorando por completo su habla.

- Trátame con respeto - le exigió Inuyasha.

- Quizás si me trates como tú superior y te arrodillas te haga algo… - hablo Totosai pero Inuyasha solo le pudo dar un coscorrón.

- Yo no haré eso - lo amenazó Inuyasha.

- Calma, calma - les pidió Kagome a ambos para que dejarán de pelear.

- Esté estupido cree ser merecedor de un arma creada por mi - hablo Totosai.

- Por favor, hay mejores herreros que tú, que ya pasaste de moda con tus técnicas viejas y gastadas - lo insultó Inuyasha

- Técnicas viejas y gastadas! ¡Se acabó! Sácalo de aquí antes que lo mate, solo falta que insulte a mi querida "La Gloria del rey"

- Ja, ese barco no es ni tan bueno ni rápido como " El secreto de Mary"

- Idiota sin talento ni cerebro, "La Gloria del rey" es diez veces mejor que "El secreto de Mary"

- Estas loco, sabes quién construyó "El secreto de Mary"

- Fui yo idiota junto con mi amigo Mioga, quien por cierto también creamos juntos "La Gloria del rey", los dos sabemos cómo son ambos barcos y el esfuerzo que pusimos en cada uno.

- Si, pero Myoga murió hace años…

- Jajaja!

Comenzó a reírse Totosai, y cuando Inuyasha observo a Kagome vio que ella también se estaba riendo de él, solo que trataba de ocultarlo.

- Que? Díganme que es tan gracioso? - les pidió Inuyasha enojado con ambos.

- Que yo estoy vivo - dijo un anciano detrás de Inuyasha.

Cuando observo al anciano que no le llegaba ni a la cintura, pero curiosamente era el mismo anciano que formaba parte del consejo.

- ¿Quién eres tú? - le preguntó Inuyasha.

- Mi nombre es Myoga - le confesó el anciano.

- Que? Tienes que estar mintiendo

- Yo no miento, mi nombre es Myoga

- Vamos, quizás te llames Myoga pero esa solo es una coincidencia

- No, yo soy el carpintero

- Que no…

- Que sí…

- Que no…

- Que sí…

Así continuaron discutiendo, durante unos minutos hasta que Inuyasha terminó por repartir un golpe en la cabeza a Myoga por no tomar en cuenta sus palabras, y a Totosai por insultarlo.

- Vamos al castillo…

Le pidió Kagome, y ambos fueron caminando hacia el castillo con el atardecer dictandole a los pobladores que las ventas se acabaron para ese día y que volvieran a sus casas a comer, dormir, y disfrutar de sus familias.

- No puedo creer, que esos viejos sean tan famosos, no merecen su fama - hablaba Inuyasha molestó.

- Te agrado conocer a tus héroes?

- Héroes? Eso fue decepcionante, solo son unos viejos cuya grandeza les quedó grande

- Solo di gracias, anda

- Gracias?

- Si, para bien o para mal, pudiste conocerlos. ¿No estás feliz?

Inuyasha detuvo su andar, y observó a Kagome, ella solo camino unos pasos y volteo a mirarlo. ¿Cómo era posible que esa mujer le mostrará ese rostro lleno de calma? La odiaba por ello, odiaba que ella viera a través de él, odiaba que ella fuera tan perceptiva con él, la odiaba, la odiaba… por su culpa ya no podía volver a su casa, a su hogar?

Kagome continuó su paso, e Inuyasha detrás de ella. Aquel primer día en ese lugar, le dio a conocer que debía hablar con su gente, y degustar los sabores que le ofrecían.

- Puedo preguntarte, ¿por qué pediste que me quedara una semana? - le pregunto Inuyasha

- Quiero que seas un buen rey, y quiero que Kikyō tenga una buen esposo - le confesó Kagome

- ¿Por qué lo haces? ¿Por qué convertirme en un rey? ¿Por qué pedirme que sea un buen esposo para Kikyō?

Inuyasha observó como Kagome se debatía entre decirle o no, esa mujer era un misterio. Tenía muchos secretos que revelar.

- Porque no estaré aquí para siempre y quiero una buena vida para todos. - le confesó Kagome.

- ¿Por qué dices eso? - Inuyasha se dio cuenta que había algo más en esas palabras.

Kagome abrió la boca pero calló sus palabras, Colmillo apareció detrás de Kagome, y ella se subió en su lomo, para luego pasar cerca de Inuyasha.

- Buenas noches, Inuyasha

Le confesó Kagome, para perderse en el bosque al otro lado de la zona del castillo, Inuyasha volvió a su habitación estaba cansado. Se acostó temprano, aunque no había degustado la cena de ese día realmente estaba cansado. Kagome le mostró la zona comercial de aquel reino, acaso le mostraría algo diferente cada día?

Inuyasha se levantó de la cama sentándose en ella, y pensando que Kagome pidió una semana.

- No puedo quedarme tanto tiempo.

Se confesó Inuyasha a sí mismo, para levantarse de la cama, y nuevamente salir de su habitación dándose cuenta que nadie vigilaba su entrada, se preguntó con qué propósito lo dejaban caminar por allí.

Camino hasta la cocina, y tomo una fruta de la mesa. Para comerla, aunque deseaba aquella fruta que le había dado Kagome en la tarde, sandía que nombre tan raro. Para una fruta tan deliciosa. Continuó explorando el castillo, habitaciones grandes, pasillos amplios, llegó hasta una puerta grande de madera que no pudo abrir, observó a su alrededor que no pasará nadie por ese pasillo, y comenzó a intentar abrir la cerradura forzandola, pero no tenía los instrumentos para hacerlo, ni la habilidad para abrirla.

Continuo caminando por el pasillo, y el castillo hasta que se canso y decidió volver a su habitación, por suerte ese castillo no era tan grande como para perderse, pero antes de ir a su habitación decidió cruzar por el otro lado del pasillo, hasta observar que de una puerta salía una luz, por debajo de la puerta.

Inuyasha quería saber de quién era esa habitación, pero no podía abrir la puerta o correría el riesgo de ser descubierto.

- Por favor, Sango resiste - Inuyasha logró escuchar la voz de Miroku.

- Me duele mucho - le hablaba una voz femenina.

- Por favor, no me dejes. Solo resiste un poco más.

- No tenemos ninguna pista sobre dónde está.

- Pero la buscaré, te juro que la encontraré. Le diré a Kagome para salir mañana. Lo más pronto posible.

- Miroku - aquella voz femenina sonaba entrecortada como si sufriera.

- Sango - le acompañó él.

Inuyasha no comprendía lo que estaban hablando, pero si algo era seguro es que la mujer estaba sufriendo, ¿pero por qué?

- No deberías escuchar conversaciones ajenas! - le habló una mujer a su espalda.

- Que!

Inuyasha se separó de la puerta, y observó que se trataba de esa mujer Kagura quien le habló a su espalda.

- ¡Vuelve a tu habitación! - le ordenó Kagura.

- Feh, quien te crees para ordenarme hacer algo.

- Ya te deje bastante tiempo recorriendo el castillo, estoy cansada, y segura que no deseas que alguien más te vigile - le confesó Kagura

- Me has estado vigilando?

- Por petición de Kagome

Esa mujer? Inuyasha se preguntaba qué tenía de importante esa mujer. Lo que sí estaba seguro es que debía matarla y llevar su cabeza como una petición de perdón. Luego tenía pensado poner más guardias en las costas para vigilar las entradas y salidas del puerto. También colocaría vigilancia en la casa de los ricos para no tener problemas de robo en esa zona.

Inuyasha se fue a su habitación no quería que otra persona lo vigilará, ya bastante incómodo se sentía que esa mujer lo siguiera a todas partes. Se acostó en la cama, podía averiguar un poco más sobre esa habitación cerrada, sabía que había algo allí que podría ayudarlo.

Al amanecer, sabía que la tal Kagome, lo mantendría vigilado, en su posible paseo aunque ese "país", le daba risa pensar así, aquel lugar para Inuyasha era un chiste, todos eran trabajadores de bajo rango, su castillo era pequeños en comparación, y entrenaban a mujeres como soldados debido a la falta de pobladores. Ese "reino" solo era un chiste. Un chiste que esperaba terminará pronto.

Inuyasha se lavó la cara, no tenía deseos de bañarse en esa tina que tenía aspecto sucio, y salió al comedor a tomar su desayuno. Ya estaban Miroku, la mujer silenciosa que siempre está con él, y Kagura. Kagome no estaba se sentó en la silla principal, dando a entender su lugar y rango, Aunque fue totalmente ignorado.

- Bueno espero les guste mi pan - salió Kagome de la cocina, y les sirvió pan a los presentes, incluyendo a Inuyasha a quien le regaló una sonrisa. - espero me quedara bueno.

Inuyasha no sabía que hacía Kagome en la cocina, y mucho menos que hacía ella como capitán de un barco con tan magnífica construcción.

- Inuyasha, acaso prefieres otra cosa? - le pregunto Kagome

Inuyasha observó el rostro de Kagome, el pan recién hecho olía magnífico, así que lo comió sin decirle nada. Deseaba compartir su incomodidad y enfado en lo que pudiera, esa mujer simplemente lo hacía enojar. Lo malo era que el pan sabía bien, y qué demonios le hecho a los huevos para que tuvieran un sabor distinto al que siempre tienen? Porque le resultaba difícil odiarla, bueno la odiaba y eso nunca cambiaría.

Al terminar de desayunar, Inuyasha tuvo que esperar a que Kagome terminara de limpiar el desayuno, que clase de "Reina" prepara el desayuno y limpia los platos? Ninguna persona de la realeza debe rebajarse a los trabajos de la servidumbre.

- Bueno, lamento la demora - le dijo Kagome

Inuyasha la observó y por un momento se preguntó si era Kagome al verla con ropajes de doncella casta y pura, despertó de su ensoñación era el segundo día que la veía con ropajes de doncella, porque se impresionaba? Kagome colocó su mano en el codo de Inuyasha y le indico que debían caminar, era su segundo día el anterior solo fue Kagome mostrando la parte del mercado.

- Ahora quiero mostrarte los cultivos y la zona pesquera - le confesó Kagome

- Que planeas al mostrarme todo esto

- Quiero que me aconsejes, y aconsejarte - le confesó Kagome

- ¿Aconsejarme? - se rió Inuyasha por la forma de hablar de Kagome.

- Si, dime cómo van los cultivos en Royaume Plage?

- Pues bien - le dijo Inuyasha no muy seguro - pero Royaume Plage, es un país donde su principal comercio es la pesca, además se exportan grandes cantidades de oro.

- Oro que consigue excavando un túnel por debajo del bosque prohibido - le confesó Kagome

- ¿Cómo sabes tanto de Royaume Plage?

- Porque yo nací en ese país.

Inuyasha ahora pensaba que si Kagome había nacido en Royaume Plage, posiblemente se tratara de una hija bastarda del rey, eso explicaría su parecido con Kikyō. Aunque admitía que aún eso lo desconcertada debía haber algo más allí. Generalmente las concubinas del rey eran obligadas a abortar, y las que no deseaban hacerlo eran asesinadas.

- Kagome, cómo eran tus padres? - le pregunto Inuyasha

Kagome solo escondió sus ojos con su flequillo, y se separó de Inuyasha. Inuyasha solo dio 3 pasos antes de detenerse y voltear a verla.

- El hombre que me crió ya está muerto - le confesó Kagome de forma fría.

¿Acaso Kagome había confesado que su padre murió? Entonces no podía ser hija del rey. Las ideas se formulaban en la mente de Inuyasha, quería darle una respuesta a una pregunta que tenía. Pero acaso ella estaba dispuesta a confesarselo?

- Kagome, yo…

Inuyasha no sabía cómo preguntarle, quería saber quién era ella, quería conocerla. No, no debía dejarse influenciar por ella. Era una mujer despreciable.

- Ven vamos a ver los cultivos - le dijo Kagome a Inuyasha con una sonrisa en el rostro, intentando cambiar el tema.

Caminaron sin decir nada, durante el trayecto. Al llegar Inuyasha observó que los campos de cultivo triplican la zona poblada incluso la zona comercial. Había muchos cultivos variados les tomó casi todo el día. Pero Inuyasha descubrió que ese "país" podía vender fácilmente la mitad de sus cultivos y aún tenían los suficientes para sobrevivir el año sin problema.

- ¿Qué hacen con el cultivo sobrante? - le pregunto Inuyasha

- Sobrante?

- Si, el cultivo triplican la población

- Me temo que no, aunque estemos en una buena estación ahora, en este país los cultivos no se dan durante todo el año.

- ¿Quieres decir que el cambio de estación daña los cultivos?

- Si, aún debo arreglar eso. Pero hasta el momento no hay nadie que se quede sin comer durante el año. - le confirmo Kagome amablemente.

- Feh, que haces si alguien no tiene como pagar?

- Todos trabajan aquí, quien no trabaja no obtiene su pago, y con eso no hay comida.

- Y si simplemente buscan el camino fácil, y roban? - hablo Inuyasha con sarcasmo.

- Entonces se les aplicará un castigo severo. - le respondió Kagome sin titubeos ni miramientos.

Un aullido se escuchó a la distancia, cuando ambos voltearon a ver el origen se dieron cuenta que aquel perro colosal, los veía de manera molesta, simplemente estaba enojado. Pero todo su enfado está en contra de Inuyasha.

- Basta Colmillo, no estés celoso - le reclamo Kagome

El perro la miro y volteo la cara, como negando lo dictado por ella.

- No nos dejará, está muy celoso de ti - suspiro Kagome

- Celoso? Estas loca? Es una bestia, un demonio! Como va a estar "Celoso" eso no tiene sentido

- Pues yo amo a Colmillo y él está enamorado de mí, hemos estado juntos desde hace muchos años - le confesó Kagome

- Estas loca mujer! Como puedes decir que estar enamorada de una bestia. Definitivamente estas loca!

- No me digas loca, idiota! - le gritó Kagome

- Loca!

- Idiota!

Colmillo solo le mostraba los dientes a Inuyasha enojado que le gritara a Kagome, pero Inuyasha simplemente no se callaba ambos peleaban gritándose el uno al otro.

- Cállate! Tonto! Tonto! Tonto… - le gritó Kagome.

Inuyasha se callo simplemente Kagome le daba miedo cuando se enfadaba, aunque era una pelea absurda. El enfado realmente había subido hasta la cabeza.

Después de conocer los cultivos volvieron al "castillo" allí tuvieron que separarse cuando Miroku pidió hablar con Kagome con suma urgencia, ahora Inuyasha podía caminar por el castillo o salir de él. Como quisiera aunque intuía que siempre la seguía la mujer de negro, Kagura.