Capítulo 6: Un lugar cómodo por una triste historia
- Iremos a Espagne - aseguró Kagome
- Déjame en Royaume Plage, queda más cerca, quizás aún… - Inuyasha no quería admitir que estaba en una situación difícil
- Tranquilo, te dejaremos en Royaume Plage al volver de Espagne - le aseguro Kagome.
Inuyasha no podía estar más molesto con ella, a duras penas logró subir en el barco como polizón y termino descubriendo que ella siempre supo que estaba allí, ahora no podía ir a casa y continuaba siendo un prisionero de aquella nave, aunque no estaba en la celda aún podía sentir las rejas frente a él.
Ya han pasado 2 días desde que descubrieron a Inuyasha de polizón en el barco, durante ese tiempo Inuyasha se negaba a cumplir cualquier orden impuesta por Kagome, dentro del barco.
Debido a ellos Inuyasha comenzó a dormir en una celda como castigo, durante el día salía y caminaba por la cubierta, y durante la noche estaba encerrado, la comida recibida era la mínima requerida.
- No te cansas de dormir en una celda? - le pregunto Kagome a Inuyasha
- No les ayudare a robar en un puerto - confesó Inuyasha
- Realmente crees que solo somos un montón de ladrones? - le preguntó Kagome.
Inuyasha la miró a los ojos, y aunque su mente gritaba si, su boca no podía pronunciar esa palabra, en el fondo sabía que Kagome no era mala persona y ninguno de los que la seguían se veían de malas intenciones. Pero era muy pronto para decir eso, no los conocía a ninguno. Y no debía involucrarse con ninguno de ellos.
Kagome cocinaba todos los días las 3 comidas, y algún postre. Miroku se encargaba de manejar el timón. Sango se encargaba de la limpieza de la habitación del capitán y de mantener calmado a Colmillo durante viaje mientras Kagome no estaba con él. Kagura se encargaba de mandar a los hombres a limpiar la cubierta y de los turnos de vigilancia para las personas. Todos aportaban en sus tareas menos Inuyasha quien veía con enfado a Kagome, día a día. Ante su petición de apoyo en la nave.
- Sabes que si ayudas, podrías dormir en una mejor cama, y tener más comida. - le dijo Kagome preparando la cena.
- ¿Por qué debería? solo me haría sentir culpable, cuando roben en el puerto donde llegue
- No vamos a robar, nunca hemos robado - le confesó Kagome
- Feh, eso es una mentira
- Alguna vez te preguntaste de donde vienen tantas personas? Porque Myoga y Totosai están de mi lado?
No lo había pensado Myoga y Totosai eran los mejores maestros que el reino había tenido, pero ambos habían fingido sus muertes y ahora se encontraban en Sirène Secrète, ¿Por qué? ¿Por qué traicionar su país? ¿Para irse con una traidora? ¿Por qué fingir su muerte?
- ¿Qué les ofreciste? - le pregunto Inuyasha, el dinero fue lo único que pudo encontrar
- Si hablas de dinero, no les ofrecí nada. Todos los que viven en Sirène Secrète son personas que han sufrido, son personas heridas en el alma, que buscaban sanar sus heridas.
- No comprendo
- Alguna vez, amaste tanto a algo y después veías como alguien te lo quitaba y cuando pedías ayuda para recuperarlo tu propio país te daba la espalda?
- No…
- Totosai, se había quedado viudo unos años antes, mientras estaba de viaje por orden de la corona para buscar materiales en sus proyectos, al volver a su hogar se dio cuenta que ya no tenía nada, aquella casa donde había vivido tantos años con su esposa se había quemado borrando todos los recuerdos que allí habían. - le contaba Kagome, mientras cortaba trozos de carne cada vez más pequeños.
Inuyasha escuchaba atento la historia, sabía que Totosai había muerto en un incendio junto a su esposa, o ese fue el rumor que se extendió por el reino.
- Cuando lo encontré él mismo había colocado una soga sobre el cuello, le pedí que trabajará para mi. Al inicio se mostraba enojado con todo. Pero se enfocó en construir barcos con la esperanza de poder ver a su esposa en alguno de ellos. - término de confesarle Kagome
Cuando la historia terminó, le dio a Inuyasha un trozo de carne con una rebanada de pan, un cuenco de sopa y un vaso de vino.
- Totosai solo mantiene su mente ocupada en la construcción de los barcos, porque era de lo que su esposa siempre se enorgulleció de él - le dijo Kagome para llamar a los demás a comer.
- ¿Qué hay de Myoga? ¿Miroku? ¿Sango? ¿O la tal Kagura?
- Pregúntale a ellos, no creo que deba ser yo quien confiese sus dolores pasados
- Y porque confesarme el de Totosai?
- Porque él es feliz de construir barcos, aunque lo niegue. Siempre deja una pista de su esposa en ellos. Siempre deja el corazón en sus creaciones. - le dijo Kagome con una sonrisa para salir del lugar.
Inuyasha volvió a ver su plato de comida, pero cuando mordió el pan y levantó la mirada. Observó que en la madera de la pared había una silueta de una mujer. Inuyasha ahora entendía que ese barco tenía puesta el alma de Totosai.
Kagura como siempre lo regañaba por que estaba sin ayudar en el barco, básicamente comiendo gratis en aquel lugar.
- Kagome, entiendo que le estás dando su espacio, pero no lo quiero dando vueltas por allí. Además no ayuda nada y come como todos los demás, si es una sola porción pero… - se quejó Kagura de Inuyasha.
- Entiendo que te molesta, pero todos nos movemos a nuestro ritmo - le pidió Kagome
- Kagome, debe trabajar por su alimento, sino todos van a armar un motín porque creerán que le tienes preferencia.
- Ah, bueno hablaré con Inuyasha. - suspiro Kagome resignada.
Kagome fue a las celdas en la noche donde observó que Inuyasha tenía frío y estaba incómodo por dormir en el suelo frío.
- Si ayudarás podrías dormir en una cama - le dijo Kagome entregándole una manta.
Inuyasha aceptó la manta pero no su petición no ayudaría a un montón de ladrones por muy tristes que fueran sus pasados, eran simplemente desertores, Totosai podía seguir trabajando en Royaume Plage en honor a su difunta esposa, eran los pensamientos de Inuyasha.
- Te lo pido por favor - le suplicó Kagome.
Inuyasha voltea mirarla con la intención de negar nuevamente su propuesta, pero esos ojos! Esos ojos le suplicaba algo y no podía negarle nada. ¿Qué le ocurría? ¿Por qué se dejaba manipular por esa mujer? Realmente tenía que ser una bruja que solo usaba su poder para hechizarlo de esa forma tan simple.
- Bien, dime qué tengo que hacer? - le preguntó Inuyasha de mala gana.
- Le preguntaré a Kagura que necesita.
- Feh, posiblemente me mande hacer algo en lo que tengo mucho riesgo de muerte
- Kagura no es tan mala, es estricta pero una buena persona
- Lo dudo…
- Sabes podrías, conocer la motivación de cada uno si solo dejas que ellos hablen
- Feh, y ¿por qué lo haría?
- Porque es bueno conocer a tus compañeros y sus motivaciones.
Kagome salió de la habitación, posiblemente para preguntarle a Kagura, entró en unos minutos, Kagome con una sonrisa.
- ¿Sabes navegar, verdad? - le pregunto Kagome
- Si… - le dijo Inuyasha aunque no muy convencido.
- Bueno ve a dormir hoy vas a cubrir a Miroku en el timón durante la noche.
Inuyasha levantó una ceja expectante ante lo dictado por Kagome, no estaba seguro si lo que dijo ella era verdad o una mentira.
- ¿Estás segura de dejarme el timón? - le pregunto Inuyasha
- Eres buen navegante, ¿no? - le pregunto Kagome
- Si, pero como sabes que durante la noche no, escaparé o buscaré la manera de llegar a Royaume Plage?
- ¿Aún deseas escapar? ¿Acaso te trato muy mal? - le pregunto Kagome un poco deprimida por lo confesado por Inuyasha
- Solo dije si confías en mí para hacer ese trabajo - le gritó Inuyasha algo avergonzado por su mirada
- Lo hago, confío en ti Inuyasha.
Era la primera vez que alguien le decía que confiaba en él, era la primera vez que podría navegar. Siempre fue su sueño, Miroku le dio la oportunidad anteriormente que durante un corto periodo tomar un timón y cumplir su deseo de niño.
Al caer la noche del siguiente día, Miroku le indico que estrella seguir para guiarse, y se fue a dormir. Tal parecía que Miroku no había dormido en 3 días que tenían de viaje. Según lo que le había indicado Miroku se estaban dirigiendo hacia Espagne ahora tenía un curso en mente. Aunque Kagome lo había afirmado cuando iniciaron el viaje ahora estaba seguro que si se dirigían hacia aquel país.
Ya muy entrada en la noche, Inuyasha pensaba en cuántas veces de niño deseó navegar en un barco, cuántas veces deseó tener su propia flota, cuántas veces deseó salir en aventuras y conocer el mundo. Algo en su interior le decía que había muchos lugares por explorar. Habían tierras nuevas por descubrir, pero eso era solo como le decían todos, un sueño infantil.
Si volvía a Royaume Plage debía cumplir con su orden de gobernar, y jamás podría abandonar el palacio nuevamente. En ese momento con esa unión que tenía con Kikyō su vida terminaría. En el momento que asuma la corona su vida solo se limitaría a buscar un heredero y gobernar.
- Cuidado con lo que haces? - le dijo una voz a su espalda, despertandolo de sus pensamientos.
Inuyasha se dio cuenta que se estaba quedando dormido, y el timón se estaba desviando. Volvió a tomar el timón y redireccionar el curso.
- Lo siento, no me di cuenta - confesó Inuyasha no estaba de ánimos para pelear con nadie en ese momento.
- Lo sé, pero aún así te mantendré vigilado
Inuyasha volteo para saber quién era la persona que lo había increpado, y se dio cuenta que Kagura estaba detrás de él. Se apoyó en un pilar, decidida a mirarlo.
- ¿No vas a dormir? - le pregunto Inuyasha
- Prefiero vigilarte, no confío en ti - le confesó Kagura.
- Y se supone que estarás despierta toda la noche? Y durante el día mandaras como siempre? - se burló de ella Inuyasha.
- Todos saben que deben colaborar, eres tú el único que no comprende sobre el trabajo en equipo
- ¿De qué hablas? Hablas como si me conocieras
- No te conozco personalmente, pero sé que el tipo de personas como tú, siempre buscan salirse con la suya - le confesaba Kagura, mientras lo veía con odio
- ¿Acaso te hice algo? - le pregunto Inuyasha sospechando que su dolor era algo personal
- Por las leyes absurdas que abordan en Royaume Plage, acabe por perder a la persona que más amaba en el mundo - le confesó Kagura
- ¿Hablas de la estatua que se encontraba en el castillo de Sirène Secrète?
- Si - le respondió sin ánimos.
La estatua era de una niña pequeña, su hija? Posiblemente era su hija. No, había dicho que era su hermana, pero ¿Por qué era culpa de Royaume Plage? ¿Qué tenía que ver la corona en eso?
- ¿Puedes contarme de ella? - le pidió Inuyasha, siguiendo el consejo de Kagome.
Kagura lo veía por unos minutos, debatiéndose si contarle o no sobre ella, pero Kagome le había pedido que confiará un poco en él y que su estancia con ellos podía provocar un cambio positivo en Inuyasha. Quizás Inuyasha sea ese rey soñado que escucha a sus súbditos.
- Yo, vivía en Royaume Plage… - comenzó a contar Kagura e Inuyasha la escuchaba mientras manejaba el timón.
Inició de flash back
Trabajaba sirviendo tragos en una taberna durante la noche, era buena recordando pedidos y atendiendo mesas y durante el día trabajaba ayudando en la cocina a un panadero. Tenía una hermana menor Kanna, aquella voz que tenía su hermana menor era el más grande orgullo que tenía la hermana mayor. Una voz que sólo podía considerarse como una bendición del cielo.
Pero los celos y la envidia, forman parte del mundo terrenal, Kagura trabajaba para poder mantener a su hermana menor y dejarla tomar una buena educación donde sabía que la niña era feliz cantando, una voz que se consideraba única, hermosa, una delicia para los oídos. Pero una niña, hija de una familia rica, sintió celos de que aquella niña pequeña y de familia pobre tuviera algo que ella nunca tendría con todo el dinero del mundo.
Así que mientras Kagura trabajaba, sin saber lo que su pequeña hermana estaba a punto de sufrir. Como era costumbre la niña se encerró en la casa mientras estaba sola durante la noche. Pero guardias reales llegaron al lugar, tumbaron la puerta tomando presa a la niña. Vecinos observaban todo sin saber o creer que aquello estaba ocurriendo. Uno fue corriendo a avisarle a Kagura sobre lo que su hermana estaba sufriendo.
Cuando Kagura se enteró de lo ocurrido no lo pensó dos veces y corrió hasta la cárcel donde su hermana menor estaba sentada sola en una celda fría, donde la luz de la luna era su única compañía. Kagura habló con los guardias sobre el encierro de Kanna.
- Está bajo sospecha de robar, un objeto de valor - le confesó el guardia
- Todo esto por un robo? ¡Derribaron mi puerta y arrestaron a una niña pequeña! - se defendió Kagura.
- Solo cumplimos órdenes, el objeto robado es una pieza de oro de inigualable valor.
- Si es una pieza tan exquisita y que no se puede vender para que la tendríamos nosotras? - defendía Kagura a su hermana
- Los pobres ignorantes no saben nada - aseguró el guardia.
- ¡Es solo una niña! Por dios…
El guardia la miró sin importarle lo más mínimo, lo dictado por ella. Pero Kagura no podía irse quería sacar a su hermana de allí tenía que llevarla a dormir a su cama, donde estuviera protegida por ella.
- Quizás podamos llegar a un acuerdo - le dijo Kagura sabiendo lo que eso significaba.
El guardia la miró a ella de arriba hacia abajo y de regreso, fue entonces que él y su compañero de turno y tras una sonrisa de complicidad, se dieron un festín con Kagura, Sin embargo cumplieron su promesa, y dejaron salir a la niña. Cuando llegaron a casa, lo que hizo Kagura fue acostar a Kanna en su cama y una vez se durmió la niña llorando por el susto de estar en una celda y previo a eso como invadieron su hogar para llevársela. Sería difícil lidiar con una emoción tan grande pero se tenían entre ellas, solo se tenían mutuamente.
Kanna se durmió llorando y Kagura solo pudo ir a otra habitación, desnudarse y limpiarse el cuerpo de la sustancia viscosa proporcionada por esos hombres, dejando su cuerpo sin un solo lugar donde la esponja no la limpiará. Sintiendo miedo, asco de sí misma, tristeza por su hermana, y un sin fin de emociones que no podía describir ni para sí misma.
Pero su desgracia no terminó allí, ya que durante la mañana, nuevamente los soldados fueron en busca de Kanna. Kagura solo pudo despertar con los gritos de los soldados rompiendo las cosas de su hogar abriéndose paso por la casa, como si no tener puerta no facilitará la entrada en la casa, destruir lo poco que había se hacía necesario. Apresaron a Kanna, siendo apartada nuevamente de sus manos.
- ¡Por favor, no robamos nada! - se defendía Kagura
- El crimen no es por robo - aseguro un guardia
- Y entonces?
- Brujería
- Brujería?
- Tu hermana hizo un trato con un demonio, por eso tiene esa voz - aseguró el guardia
- Eso es absurdo, ella nació con esa voz, ella nunca hizo un trato con un demonio! - les decía Kagura llorando por Kanna.
- Anoche la apresaron y hoy amaneció la celda vacía, y la niña "inocente" estaba en su casa dormida ¿cómo explicas eso? - le hablo el guardia haciendo énfasis en la palabra inocente.
- Eso fue porque yo me acosté con los guardias anoche para sacarla
- ¿Estás ensuciando la reputación de los guardias? ¿Para proteger a una bruja? ¿Acaso eres su sirvienta?
- ¡Es mi hermana! Y solo es una niña.
Un golpe en la cabeza, fue suficiente para callarla. Al despertar, Kagura se dio cuenta que se encontraba en la cárcel, en la celda no podía hacer más que gritar y llorar por su hermana perdida.
- ¡Cállate! - le exigió el guardia de ese turno
- Mi hermana! dónde está mi hermana?
- La bruja murió en la hoguera, y a ti te toca mañana - le confesó el guardia molestó por sus gritos, pero ahora era su llanto lo que llenaba el vacío.
Kagura perdió su más grande alegría, su más grande orgullo, la única razón que tenía para vivir. Su madre las abandonó de niñas y su padre fue ejecutado como ladrón. Solo eran ellas dos, solo se tenían una a la otra.
Kagura observó la luna, en el cielo aquella creciente. Y fue como si algo en ella se rompiera, algo se había esfumado. Kagura llamó al guardia y como la noche anterior, dio su cuerpo a modo de pago para salir del lugar. Pero como si estuviera poseída o simplemente con la pérdida del miedo y el dolor.
Llegó a la casa del guardia principal quien le había confesado que se llevaron a su hermana por el acto de brujería. Con un cuchillo en el cuello, lo interrogó para saber quién había metido la denuncia.
- Fue la hija de la familia Rover, el padre metió la denuncia por robo y la madre por brujería cuando se enteró que dejaron salir a la niña, nos pagaron una buena suma de dinero para eliminar a la niña - le confesó el guardia.
Kagura solo le dejo una marca de sangre en el cuello al hombre y salió de allí como si el viento se la llevará. Sigilosa llegó a la zona rica de ese país, observó cómo la policía vigilaba las calles iluminadas, cuando en la zona pesquera no había luz ni seguridad.
Llegó a la pequeña mansión de los Rover, ya conocía a esa familia la hija siempre molestaba a Kanna, siempre la hacía menos, se esforzaba trabajando para pagarle los mejores estudios a la niña y con su voz era siempre elegida para dar la buena presencia y la usaban para decir que ayudaban a la gente pobre cuando la realidad era que si no pagaba la echaban.
Fue complicado meterse en la mansión y lastimosamente no pudo cumplir con su venganza, había algo que no la dejó cumplir con su cometido. La cantidad de vigilancia y su inexperiencia no la dejaron cumplir su cometido.
Logró escapar y sin quererlo fue corriendo a la zona pesquera, donde los soldados y la policía la buscaban de forma desesperada.
Kagura solo llegó a la playa, y se sentó en la arena, dejando el cuchillo lleno de sangre a su lado, su propia sangre. Mirando solo al horizonte donde el mar se une con el cielo, preguntándose si hay algo en aquella línea que los divide.
- Es un bonito lugar, cuánto silencio, cuánta brisa
Kagura simplemente se sentó en la orilla de la playa, donde las olas le hacían compañia, no quería morir no aún deseaba completar su venganza, deseaba castigar a quienes usaron su poder para hacer el mal. Pero pronto se vería descubierta, y estaba muy cansada para seguir corriendo.
- ¿Por qué? - gritó de impotencia, Comenzando a llorar en consecuencia.
- ¿Estás bien? - le hablo alguien a su lado.
Cuando Kagura volteo no pudo evitar ver por un momento a su pequeña hermana, Kanna al parecer había vuelto del más allá solo para acompañarla.
- Estas bien? - le pregunto nuevamente esa persona pero ahora que la volvía a ver no era ella.
Este niño si bien tenía la misma edad era diferente a su hermana pequeña. Como si los dos eran totalmente lo opuesto pero de la misma inocencia y mirada nostálgica.
- Vete antes que te atrapen los guardias - le hablo Kagura para que huyera
- ¿Qué hiciste para que te estén buscando?
- Mataron a mi hermana pequeña… y solo quería castigar a quienes lo hicieron - le confesó Kagura entre lágrimas.
- Entonces cumple con tu misión, no te rindas hasta obtener lo que es justo, una vida por la vida que se te fue arrebatada - le confesó aquel niño.
- Como?
- Ven conmigo - aquel niño le ofreció su mano
Como un niño tan pequeño, podía hablar con tanto liderazgo? Como un niño pequeño podía demostrar tanta confianza? Ese niño podía ser un demonio disfrazado, pero solo un demonio podía ayudarla. Solo un demonio la salvaría en ese momento.
Aquel niño la llevó a una cabaña fuera del reino, donde la escondió en el sótano. Durante un periodo de tres días, Kagura no sabía porque estaba allí, y comenzó a dudar si aquel niño era de confianza. Pero no le hacía daño, era gentil, le preparaba comidas, cuidaba de ella.
- Y tus padres? - le preguntó Kagura.
Ella solo observaba, como aquel niño detuvo la limpieza ante aquella pregunta. Como si se debatiera sobre confesar su verdad o no.
- Por el momento digamos que no tengo padres actualizados - le dijo regalándole una sonrisa amable.
- ¿Estas solo?
- Estoy contigo.
No tenía forma de sacarle alguna verdad al niño, no fue hasta que los ladridos de un perro comenzaron a sonar cuando el niño le pidió a Kagura que se escondiera.
- Oye niño, estás solo? - preguntó el guardia a caballo
- Si - mintió
- Y tus padres?
- Mi padre está de viaje, y mi madre murió - les mintió nuevamente.
Aquel guardia no sonaba muy convencido, cuando el niño se dio cuenta de la mirada del guardia, les abrió el paso para que entrarán a la casa a observar, uno de los dos guardias se bajó del caballo e inspeccionó la casa sin encontrar a Kagura escondida.
- Niño, hay una bruja suelta, cuídate hasta que regrese tu padre
- Si señor
Ambos guardias de fueron en sus respectivos caballos, aquel niño le dijo que podía salir de su escondite.
- Ya se fueron - le aseguro
- Debería irme, si me descubren aquí sería malo para ti, además tus padres podrían volver
- La mujer que me crió murió, y el hombre me vendió, cuando llegué a esta casa el hombre se molestó conmigo por no ser lo que él quería que fuera.
Fin del flash back
- Aquel niño, comenzó a trabajar en un barco cuando cumplió los 12 años, mientras yo lo esperaba en esa casa. Entrenaba y planeaba mi venganza durante varios años - le confesó Kagura a Inuyasha
- Entonces cumpliste tu venganza? Espera… un hombre rico y tu venganza fue con su hija? Acaso eres la famosa muerte negra?
- Nunca me gustó ese nombre - se rió Kagura
- Guau, en algún punto pensé en cazarte y llevarte ante la justicia, sin preguntar el porqué. Es decir mataste a una niña
- No lo hice, no pude.
- Que?
- Cuando pude entrar en la habitación de la niña, me di cuenta que nunca podría matar a una niña. Pero no quería que quedara impune por lo que le hicieron a mi hermana
- ¿Qué hiciste?
- Le corté la cara, una herida superficial - le dijo Kagura mientras su mano recorría la zona en que le hizo la cicatriz, desde la frente por encima de la nariz y termino en la mejilla - su belleza aquello de lo que estaba feliz y orgullosa se había perdido, tal y como me había quitado a mi hermana.
- No comprendo.
- Cuando los médicos le dijeron que tendría esa marca de fealdad para toda la vida, ella misma decidió suicidarse, pero su padre prefirió culparme a admitir que su hija lo hizo sola
- Oh… pero sabes me alegra que no lo hicieras.
- Eh?
- Pienso que de matar a alguien, tus manos se llenarían de esa sangre y en ese caso al morir no podrías ir con tu hermana.
Kagura lo vio impresionada por un momento, y luego comenzó a reírse, Inuyasha la miro extraño sin entender lo que ocurría.
- Kagome me dijo exactamente lo mismo, cuando le conté - le confesó Kagura
- ¿Por cierto cómo conociste a Kagome?
- Ya te lo dije.
Kagura se fue dejando a Inuyasha en el lugar, preguntándose en qué momento le dijo. Inuyasha continuó navegando, hasta que el sol salió y Miroku vino a hacer un cambio de relevó. Nunca le pregunto a Kagome donde dormiría así que fue a la celda a dormir. Estaba acostado en el suelo frío pero por alguna razón comenzó a sentir comodidad, un olor a pan comenzó a inundar su nariz, tenía hambre y sueño.
Cuando Inuyasha abrió los ojos, observó que su cabeza estaba acostado en las piernas de Kagome, ella le acariciaba la cabeza y le regaló una sonrisa. Inuyasha solo la veía, se sentía muy cómodo allí, estaba tranquilo de verla. Era la primera vez que deseaba que el mundo se detuviera en ese momento.
- ¿Tienes hambre? - le pregunto Kagome rompiendo la ilusión
- Si…
Se levantó de sus piernas, y comió el pan con un poco de mermelada, frutas y té. Kagome solo lo veía, e Inuyasha por alguna razón estaba feliz de tenerla allí con él.
- No tiene que dormir aquí, puedes dormir abajo con los demás tripulantes - le indico Kagome
- No gracias, prefiero quedarme aquí - Le confesó Inuyasha recordando que no le agradaba a los demás tripulantes.
- Bueno iré a buscar unas almohadas y algunas cobijas para que duermas bien - le confesó Kagome levantándose del suelo.
- Gracias… - le dijo Inuyasha antes que ella se fuera - por la comida
- Me alegra que te guste
