Capítulo 9: La hermosa voz de una sirena.
Al amanecer, Inuyasha observaba como Miroku, ordenaba y compraba las provisiones necesarias para el viaje, sin gastar más de lo necesario.
- ¿Dónde está Sango? - a Inuyasha se le hacía extraño no verla con Miroku, ellos siempre estaban juntos
- Las mujeres fueron de compras - le confirmó Miroku
- Oye Miroku, crees que es buena idea?
- ¿A qué te refieres?
- ¿A entrar en el castillo? Infiltrarse en la fiesta del palacio?
- Si, es necesario - le dijo Miroku sin pensarlo
- Porque? ¿Por qué arriesgarse tanto? - Inuyasha le pidió una explicación.
- Hay cosas más importantes que nosotros mismo
- Como que? ¿Qué puede ser más importante que nuestras propias vidas?
- La vida de la persona que amamos
- Quien? Quien es tan importante para tí, como para sacrificarte? Acaso estás enamorado de Kagome
- No, mi amor es por otra persona.
- La mujer con la que siempre estas?
- Sango, ella está muriendo por mi culpa.
Inuyasha lo veía sin saber a qué se refería, si veía a esa mujer Sango siempre débil y muy pálida, acaso tenía alguna enfermedad grave?
- No era más que un niño, tenía apenas unos 10 años, hijo de un capitán de marina, de aquí en el reino de Espagne, cuando cumplí los diez años. Me escabullí en el barco de mi padre, deseaba conocer el trabajo de un capitán de la marina. Anhela ser como él, yo solo deseaba ser como mi padre. - comenzó a narrar Miroku.
Inicio de flash back
Miroku fue descubierto apenas entraron en mar abierto, donde fue llevado al capitán para que se le castigará.
- Miroku? - dijo el capitán
- Padre - le confesó Miroku
El capitán del navío solo observaba a sus empleados y compañeros, comenzó a reírse, ver a su propio hijo de polizón en su barco era algo difícil de decir y mucho menos contar.
Al inicio por supuesto que lo regaño por su accionar, pero terminó por darle trabajo a su propio hijo como limpiador de cubierta como castigo por ser un polizonte, era mejor limpiar a que lo apresaran por ello.
Aquella misión era fácil, llevar a Royaume Plage un regalo por el anuncio del matrimonio del príncipe de TerreDragon con la princesa de Royaume Plage, aunque los pretendientes aún eran muy niños teniendo el varón 14 años y la princesa 7 años. Para conocer la importancia de su acto. Espagne sabía que ambos podrían hacer alianzas con su tierra. Y así evitar una guerra.
En la llegada de Royaume Plage, Miroku decidió explorar aquel nuevo país al cual había llegado. Sin embargo una figura llamó su atención, una niña con su madre ambas caminando por el mercado comprando frutas dulces, las cuales degustaron armoniosamente.
Miroku las seguía de cerca, observaba como cada hombre caía enamorado al verlas, simplemente eran hermosas y perfectas, las mujeres se enfadaba de ver cómo sus esposos e hijos quedaban en el aire sumergidos en sus pensamientos. Algunos incluso hablaban sobre poseerlas. Aunque era un niño, a sus 11 años ya conocía los deseos carnales que podían desear los adultos.
- Miroku! - lo llamó su padre.
- Padre
- ¿Acaso algo llama tu atención? - le pregunto su padre
- Esa mujer y su hija, son muy hermosas - le confesó Miroku, no tenía secretos contra su padre.
- ¿Qué mujer?
- Esa…
Miroku le señalo donde caminaban la madre y su hija a la distancia, por supuesto su padre se acercó a la mujer, aunque Miroku intentó detenerlo por vergüenza a que la niña lo viera. Simplemente no sabría cómo hablarle, pero su padre al igual que los demás hombres estaba simplemente hipnotizado por la mujer.
- Soy el capitán de "Mi bella Coral" y vengo de Espagne, a su servicio. - se presentó el padre de Miroku
- Mi capitán, el placer es mío. - se presentó la mujer - mi nombre es Coral, y ella es mi hermosa hija Sango.
- Unos nombres simplemente magníficos, como mi barco, son fuertes mujeres que pueden sobrevivir ante cualquier clima.
- Muchas gracias - le dijo Coral, para luego observar a Miroku detrás de su padre - y tú? Joven caballero
- Él es Miroku, mi hijo.
- Un placer Miroku - le dijo Coral, regalándole una sonrisa amigable - ella es Sango
- Soy San… Sango - habló la niña con algo de vergüenza.
- Mi… Miroku - se presentó él.
El padre de Miroku solo pudo suspirar resignado al ver que su hijo actuar de aquella manera ante una niña, mientras Coral, solo podía reír al observar la hermosa escena de ver a su hija avergonzarse y al niño sonrojado por ella.
Debían permanecer una semana en aquel país, aunque a Miroku no le disgustaba para nada estar en el mismo lugar que aquella niña de hermosos ojos, y hermoso canto.
- Mamá, esa niña - le dijo Sango a su madre, señalando una niña que vendía flores en una esquina del mercado
- Tiene un hermoso aura - confesó su madre
Ambas observaron como aquella niña, era llevada por una mujer mayor, posiblemente su madre? No, era muy joven para ser madre, qué otra cosa podía ser?
- Que hacen unas hermosas señoras, aquí tan solas y sin compañía - habló el padre de Miroku llegando junto a su Hijo, hablandole a Coral y Sango.
- Solo caminábamos mi capitán - habló Coral.
- Me gustaría hacerles compañía, y estoy seguro que Miroku también desea lo mismo - el padre de Miroku tuvo que darle una palmada en la espalda, para animarlo a hablar
- Si, quiero! - hablo para luego avergonzarse por su tono al hablar, y ver cómo Coral y Sango se reían por su honestidad poco disimulada.
- Estoy segura que mi Sango, estará feliz por eso - admitió la madre al conocer la mirada de su hija.
Hablando en la plaza, mientras los adultos compraban fruta para degustar, los niños se quedaron solos. Ambos no podían evitar estar con sus corazones latiendo a mil.
- Tu nombre es Sango
- El tuyo es Miroku
Nuevamente se quedaron callados, no había nada que pudieran hablar con el otro.
- Tienes una bonita voz - le confesó Miroku
- En serio?
- Es decir… no te he escuchado cantar pero estoy seguro de ello
- Te gustaría escucharme?
- S… ah… si…
Sango se levantó de su lado, y frente a él comenzó a cantar, narró la historia sobre una sirena que se enamora de un humano, un príncipe, el cual ella salva de un naufragio, aquel príncipe prometió casarse con la mujer que lo salvó, aquella sirena sin nombre nado a las profundidades del océano donde le pidió a una bruja que la convirtiera en humana, para así poder estar con el príncipe humano, pero al beber la poción. Solo podía sentir dolor, aún sufriendo. La sirena soportó su dolor para estar con el príncipe. Pero a petición del rey, el príncipe se casó con una mujer que dijo ser quien lo había rescatado del naufragio. En la noche de bodas las hermanas de la sirena se le aparecieron entregándole una daga, prometiendo que al bañarse en la sangre de aquel príncipe podría volver al mar.
Sin embargo Sango se vio interrumpida por su madre, quien la llevó lejos del lugar y de aquel público que se acercaba a observarla, y escucharla cantar.
- Sango ya te dije que no debes cantar cuando estemos aquí - le pidió su madre escondida
- Lo siento, madre
Sango salió de la mano de su madre y ambas se fueron del lugar, dejando a todos los hombres reunidos en la plaza esperando que continuará la historia. Miroku, solo podía seguirlas con la mirada, pensando en cómo acababa la historia, si realmente el príncipe y la sirena pudieron estar juntos al final.
Aquella noche en el hostal donde se estaban hospedado, Miroku pensó si alguna vez el príncipe y la sirena podrían estar juntos. Cuando su padre llegó a altas horas de la noche animado por el alcohol y la fiesta, se tumbó en la cama.
- Padre, ¿Una sirena puede casarse con un príncipe? - le pregunto Miroku a su padre
- No seas tonta hijo, las sirenas son mujeres extremadamente hermosas. Y a su vez extremadamente peligrosas - le contó su padre
- ¿Por qué?
- Las sirenas viven del consumo de carne humana, escúchame hijo las sirenas tienen hermosas voces, voces que hechizan a quienes las escuchen. En el mar debes tener cuidado cuando escuches un canto en el mar.
- Pero, ¿las sirenas no pueden venir a tierra?
- No, su aleta no la dejaría caminar, solo tienen poder en el agua.
- Pero la historia que estaba contando Sango, la sirena salió del mar
- Esa solo es una historia, las sirenas sólo existen en el mar.
Miroku comenzó a pensar en lo dicho por su padre, aunque sus ronquidos lo trajeron de regreso al mundo real. Salió de la habitación y caminó por la ciudad hasta llegar a la plaza, allí observó a su amada Sango, hablando con un niño, posiblemente ambos tenían la misma edad. Por un momento sintió algo extraño, una presión en el pecho, un sentimiento difícil de explicar, simplemente no podía evitar preguntarse de que estarían hablando aquellos dos.
- Entonces estás sola? - le preguntó Sango.
- No importa, puedo valerme por mi cuenta. - hablo el niño
- ¿Por qué no vas con tus verdaderos padres?
- Si realmente sabes todo de mí, ¿cómo es que sigues preguntando?
- No lo sé todo, aún estoy aprendiendo
- Estoy segura que serás la mejor cuando seas grande.
Aquel niño se acercó a Sango, y con una mano le acarició la cabeza en señal de apoyo. Miroku ya no podía estar más tiempo escondido. Y salió de su lugar, y separó a su amada de quien deseaba quitársela.
- ¡No le pongas una mano encima! - hablo Miroku.
Aquel niño lo veía y después posó su vista en Sango, quien se encontraba detrás de Miroku, aquel niño sonrió sarcásticamente al darse cuenta de lo ocurrido.
- ¿Acaso te gusta? - le pregunto el niño
- Y…yo… - Miroku no pudo hablar, su vergüenza era mayor a su deseo.
- Entonces peleemos por la damisela - habló el niño
Aquel niño logró conseguir dos espadas de madera para practicar. Pero aquello Miroku lo consideraba una batalla real. La pelea comenzó, y el primero en atacar fue Miroku, pero su ataque fue repelido fácilmente por su contrincante, Miroku se levantó del suelo con la intención de encestar un golpe por otro lado pero nuevamente fue repelido por el otro niño.
- Si eso es lo mejor que tienes deberías rendirte - le pidió el niño
- No me rendiré nunca.
Por mucho que Miroku intentaba golpearlo sus ataques eran repelidos, una y otra vez fallaba. Pero su ira aumentaba, no sólo el hecho de perder contra él, sino frente a quien no quería que lo viera perder.
- ¡Nunca me rendiré! - le gritó Miroku
- Entonces dame tu mejor golpe - le pidió el niño
Miroku intento golpearlo nuevamente de frente pero al último segundo, apoyo su pierna más hacia la derecha para ir a la izquierda, y poder golpear a su contrincante y aunque el plan podría funcionar debido a su ingenio, la rapidez de su contrincante fue mejor y acabó por bloquear a Miroku, y golpearlo en el estomago haciéndolo caer. Aun así intentó levantarse, para seguir peleando, aún con su dolor en el cuerpo por la batalla, y aún más porque no deseaba rendirse.
- Aprende a perder una batalla - le aconsejo el niño
- ¡Jamás! - le gritó Miroku.
- Creo que por ser de una buena familia tendría un mejor manejo de la espada, pero veo que me equivoqué, eres impulsivo y arrogante
- Quien te crees para insultarme, por tus ropas no me es difícil ver que no vales nada
- El valor de una persona solo se mide por la ropa? En ese caso creo que tú y yo deberíamos cambiar nuestros te ropajes
- Que insulto tan grande, mandare a que te ejecuten
- Debes hacer que los demás hagan las cosas por ti, entonces no vales la pena como persona.
- Quién eres tú para juzgarme?
- Alguien cuyo poder quedó olvidado, cuyo nombre fue borrado, cuya vida ya no existe.
Aquel niño se acercó ofreciéndole una mano para ayudarlo a levantarse. La cual acepta y toma, no comprendía lo que su contrincante en el amor le estaba tratando de decir.
Miroku observó a Sango y un sonrojo se formó en ambos niños. Aquel niño misterioso se despidió y se fue del lugar, Miroku y Sango caminaron hacia donde se estaban hospedando las mujeres. Una vez Sango entro Miroku se fue a su lugar para dormir.
Al día siguiente le pidió a su padre entrenar con la espada, aunque su padre estaba feliz de saber que ahora Miroku estaba buscando aprender cómo ser un defensor del reino.
Los días fueron pasando, a petición de Miroku, su padre decidió quedarse unos días más, para entrenar durante el día y por la noche pelear contra aquel niño por la mano de su amada, pero sin importar cuanto entrenará no podía ganarle, y eso solo lo frustraba más.
Hasta que un día, su padre le dijo que ya no podían seguir permaneciendo más tiempo en Royaume Plage, y debían partir al amanecer dándole tiempo a Miroku de despedirse.
- Entonces hoy es tu última oportunidad de vencerme - habló aquel niño
- Hoy no te dejaré ganar
Nuevamente Miroku inició el primer ataque siendo esquivado y golpeado en la rodilla haciéndolo caer, pero rodea su cuerpo con la espada de madera tratando de golpearla de lado. Pero aquel niño logra bloquear su ataque con la espada y retrocede dos pasos para evitar cualquier otro alcance por parte de Miroku.
- Demonios - exclamó en voz baja Miroku.
Se levantó aún tratando de evitar el dolor, en la rodilla, y se posicionó en ataque, corrió nuevamente para tratar de encestar un golpe por arriba, y cuando observo que el niño se posiciona en una defensa superior, Miroku sonrió y bajo para atacarlo por debajo, pero la postura que tenía aquel niño tambien cambio para atacarlo después de esquivar el ataque de Miroku, encestando un golpe en la parte baja de la espalda.
- No puede ser - dijo Miroku, Para luego sentir como colocaba su espada en su cuello.
- Perdiste - le confesó
Miroku estaba decepcionado consigo mismo de no poder ganar ninguna batalla. Y aún más de saber que posiblemente no volvería a ver a Sango en mucho tiempo.
- Solo para que sepas, ella y yo. Nunca estaríamos juntos en ese sentido. - le confesó aquel niño
- Que? ¿Qué quieres decir?
El niño le regaló una dulce sonrisa que provocó un pequeño sonrojo en Miroku, pero Sango se acercó y le susurro al oído el secreto que aquel niño ocultaba en sus ropajes.
- Eh! - gritó impresionado Miroku
- Sango es linda, pero no me interesa en ese aspecto - habló aquel niño
- Lamento mi forma de actuar - se disculpó Miroku.
- No te preocupes, la verdad es que Sango está feliz que pelearas por ella, cualquier chica estaría feliz de ver a su amado pelear por ella
Ahora Miroku podía darse una oportunidad con Sango, aunque era su última noche antes de partir. ¿Qué podía hacer? ¿Qué podía decir para hacer que aquella noche fuera inolvidable? Para él su sola presencia le bastaba pero no sabía si para Sango sería igual.
- Así que aquí venías durante las noches, a tener un duelo con este niño, imagino que por la mano de la doncella? - habló el padre de Miroku.
- Padre! - hablo Miroku al verlo en aquel lugar
- Joven, te gustaría formar fuerzas con Espagne? - le preguntó el padre de Miroku al niño vencedor
- No estoy muy interesado - le confesó el niño, tras unos segundos de evaluación.
- Tu rostro se me hace conocido, donde lo he visto? - se preguntó el padre de Miroku, pero aquel niño se apartó para que no continuará viéndolo.
- Padre, yo he perdido - le confesó Miroku con cariz baja.
- Si, perdiste la batalla… Pero ganaste la guerra - le confesó su padre
- Que?
- La niña, su corazón te pertenece
Miroku volteo a ver a Sango y observo como ella, le regalaba una sonrisa a él, en su mano un pañuelo, significando que le entregaba su corazón, solo a él. El otro niño ni se inmuta ni le interesa la muestra de afecto que Sango le estaba demostrando.
- Desde un principio fue tuyo, yo solo te usaba para jugar - le dijo el niño guiñandole el ojo.
- Que? - gritó sorprendido
- Aquí te doy mi última enseñanza, aprende a evaluar a tu enemigo antes de iniciar una disputa - le dijo aquel niño antes de irse.
- Esta es tu última noche partimos en la mañana - le confesó su padre para dejarlos solos.
Miroku observó como su padre se fue, aquel niño con quien peleaba también, ahora solo quedaban él y… Sango! No podía evitar avergonzarse de estar solo con ella, era algo que durante las noches no tenía. Ambos se avergonzaban de verse cara a cara.
- Yo… me gustaría terminar de escuchar tu historia - hablo Miroku
- Mi historia? - hablo Sango sin entender.
- Si, el cuento que me contaste hace días, sobre la sirena que se enamora de un príncipe, quiero saber si al final del cuento ambos quedan juntos
- Me temo que no - le confesó ella
- Que?
- En la noche de bodas las hermanas de la sirena se le aparecieron entregándole una daga, prometiendo que al bañarse en la sangre de aquel príncipe podría volver al mar. Pero al ver a su amado en brazos de otra mujer, se dio cuenta que su felicidad era más importante que su miedo a la muerte. Así que la sirena, muy a su pesar se dirigió al mar a morir en paz, el cielo la recibió como a un familiar, y tras 300 años de buen accionar, el alma de la sirena al cielo logró entrar. - termino de cantar Sango.
- Pero nunca pudo estar con quien deseaba - le contó Miroku
- Pero su sueño era entrar al cielo, y vivir la eternidad en ese lugar
- Pero ella debía quedarse con el príncipe, no morir sola
- Cuando se ama a alguien, se desea su felicidad
Miroku pensó en sus palabras, realmente alguien sería capaz de abandonar a esa persona amada al verlo feliz con alguien más? No lo creía, si realmente amaba a alguien el deseo más grande es estar con esa persona.
Mientras pensaba en el cuento Miroku se percató que Sango nunca quitaba su mano del collar que rodeaba su cuello.
- ¿Te gusta ese collar?
- Oh, sí se podría decir que es parte de mi vida. - le dijo un poco nerviosa pero confesando todo lo que podía.
- ¿Es un coral? ¿Cómo tu nombre?
- Esto es una ostra, y dentro tiene una perla
Le dijo Sango para abrir su collar de ostra y mostrarle a Miroku una hermosa perla rosada, con un brillo casi mágico.
- Es muy bonita - le confesó Miroku, sin perderla de su mirada, como si lo tuviera hipnotizado
- Mamá, dice que es un regalo de los dioses a nuestra familia, por tanto debo cuidarlo con mi vida - le confesó Sango.
- Vaya! - se impresionó Miroku por la confesión de ella
- Debo irme mamá me está llamando - le dijo Sango de la nada.
- En serio? No escuché nada - le confesó Miroku.
- Es que quizás no le prestaste atención - le confesó Sango nerviosa.
Miroku decidió acompar a Sango, al fin y al cabo esa sería su última noche juntos y queria estar lo más cerca de ella posible. La dejo en el lugar donde ambas mujeres se estaban hospedando.
- Me iré en la mañana, pero prometo que me esforzaré para volver a verte - le confesó Miroku
- Estoy segura que cumplirás tu promesa
- A mí, me gustaría que me despidieran mañana - Miroku hablaba entrecortado debido a la vergüenza.
- Estoy segura que nos volveremos a ver
- Espero nos volvamos a ver - le pidió Miroku a Sango, aunque era más un deseo que le pedía a los dioses.
- Mm… - afirmo, Sango para darle un rápido beso en la mejilla a Miroku y entrar en la casa.
Miroku solo pudo sentirse avergonzado y ponerse rojo al darse cuenta de la muestra de afecto que acababa de recibir. Se fue bailando a la posada donde se estaba hospedando con su padre. Se metió en la cama sin hablar o observar que la otra cama estaba vacía.
Al amanecer, Miroku estaba subiendo varias cosas que su padre al camarote, pero cada vez que salía esperaba ver a Sango en el muelle para despedirse de él pero ella no aparecía. La tristeza comenzó a mostrarse en el rostro de Miroku.
El barco zarpo y Miroku continuaba observando en puerto pensando que ella llegaría tarde pero llegaría. Pero el muelle se perdió de su vista y Sango simplemente no aparecio, ella había faltado a su promesa de despedirse.
- No, ella sabe que las despedidas son dolorosas. Sabe que nos volveremos a ver - trato de animarse Miroku.
- Miroku! - lo llamo su padre.
Miroku fue en su llamado, sabía que su padre debía ponerlo a trabajar, debía ganarse su lugar en el barco comenzando desde abajo. Tardarían 10 días para llegar a Espagne.
Miroku limpiaba la cubierta como era su trabajo, y observó a dos hombres hablando uno de ellos sacó un objeto que reconoció inmediatamente.
- De donde lo sacaste! - le exigió Miroku, al tratar de quitarle el collar de Sango
Sin embargo el hombre no solo le ganó en tamaño y fuerza, también tenía un compañero que le ayudo a apartar a Miroku.
- Que ocurre aquí? - pidio una explicación el capitán y padre de Miroku.
- Ese collar lo robaron, le pertenece a Sango! - confesó Miroku molesto.
- Cálmate hijo! - le pidió su padre.
- Pero padre… - Miroku iba a hablar pero se vio callado por su propio padre.
- La verdad es que no quería creerlo, pero me di cuenta que todos en el reino de Royaume Plage estaban bajo un hechizo - le comento su padre.
- Un hechizo?
- Miroku, sabes que son las sirenas?
- Son criaturas mágicas, tienen la parte de arriba como un ser humano y la de abajo como pez. - confesó Miroku lo que sabía de ellas
- También te diré que su canto puede hipnotizar a cualquier hombre. - le confesó su padre
- Pero que tiene que ver eso con que le robaron el collar a Sango?
- Me temo que debí darme cuenta antes hijo que la mujer llamada Coral es una sirena - le confesó su padre
- Pero, eso quiere decir que… - Miroku se dio cuenta de lo que su padre intentaba decir.
- Debemos llevarlas a Espagne, y que la justicia las tome en sus manos - le dijo su padre
- Llevarlas? - pregunto Miroku.
- Ten cuidado ambas están prisioneras abajo, posiblemente intenten convencerte que son inocentes, pero no lo olvides Miroku no son humanas - le dijo su padre, para retirarse.
Miroku necesitaba saberlo, el necesitaba preguntarle si realmente era un sirena, si realmente sus sentimientos eran reales o eran parte de un hechizo que siempre colocan en los hombres.
Bajo hasta llegar a las jaulas, donde el agua se filtraba en ese lugar, aquel barco necesitaba reparaciones. Las observo a ambas, aprisionadas en la jaula, la madre abrazando a la hija.
- Sango! - la llamo Miroku.
- Miroku! - le respondió ella.
- Estas bien? Están bien? - Miroku no pudo evitar preguntar por su salud antes que otra cosa
- Hace frío, no me gusta estar aquí. Quiero salir - le confesó Sango.
- Prometo que te sacaré de aquí pero antes… necesito saber, necesito saberlo. Eres una sirena? - le pregunto Miroku, con mucho dolor en su alma.
- Tan malo sería si lo fuera? - le pregunto Sango dolida por su pregunta
- Solo confiesa por favor, dime qué mi padre se equivoca - le pidió Miroku.
- No, tu padre tiene razón. Somos sirenas mi mamá y yo - le confesó Sango.
Miroku solo pudo pensar en las palabras dictadas por su padre, si ellas eran sirenas entonces sus sentimientos por Sango no era más que un hechizo que ella le había lanzado, pero al ver a Sango a los ojos, se preguntó qué era real y que no lo era.
- ¿Es verdad que los hipnotizas por el canto? - le pregunto Miroku.
Quería saber si sus sentimientos eran reales o no, se enamoró de Sango antes que ella le cantará. Entonces cuando la escuchó cantar en la fuente ya era imposible que lo hechizara.
- Dime la verdad, hipnotizas a los hombres cuando te escuchan cantar - le volvió a pedir Miroku.
- Sango aún es una niña, su canto solo los adormece - confesó Coral, levantándose y acercándose a Sango para abrazarla - lo que sientes por ella es genuino y verdadero
- ¿Cómo saberlo? - le pregunto Miroku.
- Los niños menores de 15 años, no caen en nuestros hechizos, solo los adultos. - le confesó Coral.
Miroku observó a Coral, como saber si ella le decía la verdad o no?
- ¿Por qué no usan sus cantos para salir de aquí? - pregunto Miroku.
- Uno de los hombres robó un objeto preciado para nosotras - le dijo Coral
Miroku solo podía pensar en el collar de Sango, el cual ahora tenía dos tripulantes.
- ¿Hablas del collar? - pregunto Miroku
- Si…
- ¿Por qué es tan importante? - le pregunto Miroku
Ambas lo veían debatiéndose entre confesarles la verdad y no. Pero si deseaban salir debían confiar que Miroku las ayudaría sino podían dar paso a la muerte, una triste lenta y dolorosa muerte. Ya que era bien sabido que las sirenas capturadas eran obligadas a transformarse y les sacaban las escamas para colocarlas en los barcos para protegerlos de los malos climas.
- El collar es nuestra fuente de poder, sin él no tenemos poder, y tampoco podremos volver al mar - le confesó Coral.
- ¿No pueden volver?
- Cuando las sirenas somos pequeñas cambiar de forma nos resulta un problema, por eso debemos usar un objeto donde encerrar nuestro espíritu original. - le confesó Coral.
- ¿Quieres decir que Sango se quedará como una niña humana para siempre? - le pregunto Miroku
- Si, pero… eso acortará su vida - le confesó Coral entre lágrimas - por eso te lo suplico, no me importa mi vida solo salva a Sango.
Miroku observó a Sango, y por un momento pensó en la historia contada por ella. Sobre la sirena que se enamoró de un príncipe y murió solo para que él fuera feliz junto a otra. Solo que en esta ocasión era él quien lo hacía todo por amor y ella obtendría la felicidad.
- Prometo conseguir el collar. - le dijo Miroku.
- Gracias… - le dijo entre lágrimas Coral.
Miroku salió del sótano donde estaban las mujeres encerradas, y fue a continuar sus tareas en la cubierta, debía esperar al anochecer hasta que todos durmieran, para poder quitarle el collar de las manos de aquel tripulante y luego abrir las jaulas para que ambas pudieran escapar. Aun si su padre se enojaba con él, tendría su corazón y conciencia tranquila, de saber que pudo salvarla.
Durante el anochecer puso su plan en marcha, se escabulló de la habitación que compartía con su padre, fue directo a donde dormían los demás tripulantes, busco entre los hombres los que sabían que tenían el collar. Logro encontrarlo con facilidad, aquel hombre se durmió con el collar en la mano, fue difícil pero logró sacar el collar, y aunque se asustó al creer que se había despertado no fue así.
De su padre había obtenido las llaves que necesitaba para abrir las jaulas y sacarlas. Ambas mujeres estaban en la cubierta. Y Miroku le entregó el collar a Sango, quien se lo puso. Y ambos se quedaron viéndose fijamente. Había muchas cosas que decir, y no había palabras para expresarlas.
- Miroku yo… - Sango iba a hablar pero un disparo sonó.
Miroku observó la llegada del disparo, que se alojó en el hombro de Coral. Y su sangre comenzó a salir de su cuerpo como una cascada roja carmesí, el cielo que antes estaba despejado inmediatamente comenzó a tornarse negro, y varios truenos comenzaron a sonar en lo alto.
- Mamá! - exclamó Sango asustada al ver la herida de su madre.
- Sango, comete la perla y salta al agua.
- No quiero dejarte.
- No me iré primero, quiero que saltes tu y luego iré detrás de ti - le ordenó su madre.
Mientras Sango y su madre discutían, Miroku observó quien fue el hombre que había ejecutado el disparo.
- Padre - lo llamó.
- Debí intuir que aún eras muy niño para comprender solo el hechizo de una sirena. Especialmente cuando estuviste mucho tiempo con la más pequeña - confesó su padre.
- Padre por favor, déjalas ir.
- Ya, tranquilo hijo de su maleficio yo voy a liberarte, nunca más las volverás a ver. - le dijo su padre preparando otro disparo en el arma de fuego.
- Padre, por favor. Dejalas ir. Ellas no…
- No seas tonto hijo, ellas solo te están usando, una vez que abandonen este barco nos enviaran una tormenta donde nos matarán a todos, mira los cielos ya las nubes nos lo están advirtiendo.
Miroku observó a los cielos, esas nubes que llegaron de la nada, y les advertían que la ira de los dioses estaban en camino, el barco comenzó a moverse en consecuencia del mar agitado. Y nuevamente observo a las dos mujeres la madre herida, y su sangre cayendo como aquel mar, y la niña, que lloraba por la herida de su madre.
- Sango por favor, sálvate - le pedía su madre.
Coral fue quien abrió el collar de Sango, para que la niña se comiera la perla y pudiera convertirse en sirena para escapar de ese lugar. Pero las lágrimas comenzaron a correr por el rostro de coral al observar que el collar estaba vacío, sin la perla rosa Sango no podría volver al mar, estaba destinada a sufrir en la tierra como una humana.
- No - le dijo en llanto Coral.
- Mamá!
Coral no podía huir sin su hija, no la dejaría en ese barco, no la dejaría allí, y ese niño las estaba protegiendo de su padre, estaba enfrentando a su padre por ellas? No, por Sango. Ella había encontrado a un hombre que la amara tanto o más que su propia vida.
Coral, tomó a Sango y a Miroku en brazos, el capitán no podía disparar ya que su hijo podría recibir el disparo. Ella corrió con todo el dolor de cuerpo y colocó a ambos niños en un barco de escape.
Cuando el capitán observó que ambos niños fueron dejados, en el barco disparó a Coral al ver que ella desataba el nudo que mantenía sujeto el barco. Este se dato de un lado, lo que hizo que ambos niños colgarán del barco, aunque Miroku sujeto a Sango al ver que no podría resistir más el agarre.
Con su dolor, camino hasta buscar desatar el otro nudo, pero se vio impedida por el capitán del barco.
- No dejaré que lastimes a mi hijo - le dijo el capitán.
- Yo no dejaré que mates a mi hija - le confirmó ella.
El movimiento ocasionó que el amarre del barco de escape se soltara solo, y ambos niños por suerte cayeran dentro del barco al caer en el agua, Miroku abrazaba a Sango para que ella no cayera al mar. Debía protegerla, eso era lo único que deseaba, era lo único que quería en ese momento.
Por alguna razón el barco donde viajaban dejó de moverse tanto, y el agua se calmó en lo que parecía una pequeña cúpula que los protegía.
Mientras que el barco donde estaba su padre, y la madre de Sango. Era golpeado sin cesar por las olas, hasta que a la distancia el barco se hundió en el mar.
Era aún de noche, cuando el agua los llevó a salvo a una orilla de playa, y tras caminar un poco, se dieron cuenta que estaban nuevamente en Royaume Plage.
No hablaron en el camino, no dijeron nada. Pero tampoco dejaron de caminar uno al lado del otro. Una pequeña montaña los obligó a caminar alrededor del bosque prohibido, su nombre se daba a que en aquel lugar las criaturas mágicas rondaban sin mayores problemas. Caminaron hasta llegar a una cabaña donde las luces continuaban encendidas. Tocaron la puerta, y la persona que salió sorprendió a Miroku.
- ¿Vienes por otro duelo niño? - le dijo aquel niño que enfrentaba en la plaza por la mano de Sango
Cuando el niño observó el rostro de Sango, se dio cuenta que no era momento para bromas. Los sentó a ambos cerca de la fogata y les dio un cuenco de sopa a cada uno, aunque ambos no lo comieron les sirvió para calentar sus manos.
- Supongo que fue algo muy duro - les habló el niño para romper el silencio - pueden quedarse aquí.
Les dijo para irse a dormir, Sango y Miroku no se veían a la cara pero durmieron de espaldas al otro, o simplemente se acostaron. Ya que el sueño no llegaba a sus cuerpos.
Al salir el sol, Miroku observó que aquel niño estaba preparando el desayuno, unos huevos, pan, y una bebida caliente.
Sango no estaba a su lado, y se levantó preguntándose a donde había ido, observando a todos lados buscándola con la mirada.
- Está en el acantilado, viendo el océano - le dijo el niño - dile que venga a desayunar.
Miroku salió de esa casa vieja, y camino a donde le había indicado, llegó al acantilado donde observó a Sango sentada al borde del acantilado, observando el océano. Miroku no sabía cómo hablar con ella. No sabía que decir en esos momentos.
- Yo… no se que voy a hacer ahora - le confesó Sango de la nada, sacándolo de su cabeza.
- Yo tampoco sé qué hacer
Ambos estaban sentados mirando el horizonte, cuando Sango se levantó para ir nuevamente a la casa donde ahora se hospedarian, pero en el camino Sango perdió la conciencia cayendo en los brazos de aquel niño.
- Sango! - la llamó Miroku preocupado a pesar de todo
- Ella no está bien. - le dijo el niño para cargarla en brazos llevarla a la cama y acostarla en la cama.
- ¿Ella estará bien? - le pregunto Miroku
- Desconozco mucho sobre su enfermedad, así que sería imposible para mí decirte si estará bien o no - le confesó el niño.
Miroku a pesar de todo, no quería separarse de ella. Aunque fuera ella la persona responsable que su vida diera un giro tan drástico, por culpa de ella había perdido a su padre, por culpa de ella no sabía si lo que sentía era real o no. Quizás su padre no mentía cuando dijo que ellas mentían para salvarse, y los iban a matar a todos después de ser liberadas. En ese caso habría sido mejor morir en ese lugar, junto a su padre a que la incertidumbre lo golpeara en la cara a cada momento.
Sango era la responsable de todo lo malo que le ocurría, si tan solo no la hubiera conocido. Ahora sería feliz iniciando como mozo en el barco de su padre y si se esforzaba alcanzaría la cima en su propio país.
- No puedes culpar a alguien más de tus errores - le dijo el niño a Miroku.
- Tu no sabes, lo que sufro. No conoces mi dolor
- Tienes razón, no lo conozco. Pero tus manos están planeando hacer algo que no me quedare viendo
Le confesó el niño a Miroku, y fue cuando Miroku se dio cuenta que sus manos iban directo por el cuello de Sango.
- Ella es la culpable, su madre mato a mi padre - le confesó Miroku
- Tu padre mató a mi madre - le confesó Sango despertando - y posiblemente yo moriré pronto.
- ¿De qué hablas? - le pregunto Miroku.
- Sin la perla, no puedo volver a ser sirena. No puedo volver al mar, y moriré - le confesó Sango
- Así que si eras una sirena, tenía mis sospechas - confesó el niño
- ¿Tú también estás enamorado de ella? - le pregunto Miroku, algo celoso de lo que el otro niño pudiera sentir.
- Si así fuera qué harías? - le hablo con una sonrisa sarcástica en el rostro.
Miroku simplemente ya no aguanto más, y deseo golpearlo, la muerte de su padre, verse en un país extranjero, y ahora la posible muerte de Sango. Eran muchas cosas, muchas emociones que estaban explotando de una vez.
Trataba de golpear al niño como si aquello pudiera solucionar alguno de los problemas que se acumulaban en ese momento, necesitaba desahogarse, necesitaba que algo se solucionará, necesitaba dejar de sentirse enfadado.
Pero no atinaba ningún golpe, el niño lograba esquivarlo sin ningún problema. Como si no tuviera problema en enfrentarlo. No fue hasta que uno de sus golpes esquivado lo hizo caer al suelo. Ahora Miroku solo podía sentirse peor, no solo tenía esos problemas tampoco podía ganar una simple pelea donde su contrincante le dio ningún golpe.
- En fuerza física tú me ganarías - le dijo el niño
- No tienes que mentirme
- Solo puedo esquivar tus ataques, en una pelea de fuerza, tu ganarias
- No quiero tus…
El niño se quitó su capucha junto a la gorra. Revelando su verdadera identidad. Miroku ahora comprendía que lo había juzgado mal. Y que su accionar no era el correcto.
- ¿Deseas redimirte? - le pregunto
- Si - fue la única respuesta que Miroku pudo dar.
- Si realmente la amas, entonces pelea por ella. Lucha para que ella sobreviva.
- Pero como puedo salvarla?
- Ella dijo que la perla rosada era su salvación
- Pero no estaba en el collar
- Entonces eso significa que la vendieron en el mercado antes de abordar en el barco
Miroku ahora debía pensar en cómo salvar a Sango, debía hacer algo para aliviar la culpa que ahora sentia pero…
- Porque yo debo buscar la perla, por su culpa lo perdí todo - dijo Miroku.
- Entonces vete, ella en estos momentos no necesita a alguien que la hunda más de lo que ya está
- Mi padre era la única familia que tenía.
- Y qué hay de Sango? Acaso ella tenía alguien más además de su madre?
Miroku pudo pensar en ese momento, que no había tenido en consideración los sentimientos de Sango. Miroku se acercó a Sango, ella estaba débil en la cama, realmente se veía que le costaba respirar. ¿Qué podía hacer? La culpaba de todo lo malo que le pasó pero a su vez no deseaba verla morir.
- Sango, ¿Cómo sé si mis sentimientos son reales? ¿Cómo saber si realmente debo salvarte? ¿Cómo puedo saber, cual es el camino correcto? - le preguntaba a Sango aunque las preguntas eran más para su ser.
Miroku, tomó su mano. Y solo quería que alguien le dijera que era lo correcto y lo que no. Su padre siempre era quien le ordenaba que hacer, a su padre siempre le debía obediencia. Pero ahora no tenía quien le ordenará que hacer, o que funcione como guía para tomar una mejor decisión.
- Miroku, perdóname - le dijo Sango despertando
- ¿Por qué te disculpas?
- Lamento que te sientas tan confundido, lo que menos deseaba era que sufrieras. - le confesaba Sango mientras Miroku tomaba su mano - realmente quería tener una vida contigo pero mi mamá me dijo que era una sirena, y las sirenas no podemos estar con humanos.
Sango hablaba mientras las lágrimas, comenzaban a brotar por sus ojos, ella realmente se había enamorado de un humano al igual que en su cuento, pero la diferencia estaba que el príncipe no le regreso su amor, y tampoco hizo que el príncipe se quedará solo, pero si cumpliría con la muerte.
- Lo lamento - lloraba Sango
- No, no… Sango tu no tienes nada de culpa todo esto es culpa mía. Tu solo fuiste sincera conmigo y yo falle en protegerte - lloraba Miroku de igual forma
Ambos niños simplemente, dejaron salir todo el dolor que tenían dentro, todo sus sentimientos salieron a la luz, siendo escuchados por aquel infante que les había ofrecido su hogar como consuelo por su mala experiencia, aunque dejándolos solos al ver que debían aclarar cosas que no eran de su incumbencia.
- Prometo protegerte, prometo que encontraremos tu perla y viviremos felices juntos. Demostraremos a este mundo que humanos y sirenas podemos vivir juntos - le prometió Miroku.
- Toda esta tierra está contaminada, el pensar de los padres pasarán a los hijos y solo se detendrá cuando alguien los cambié - le dijo Sango.
Ambos niños estaban abrazados, cuando su patrocinador, entró con frutas y pan en una cesta. Les ofreció comer en su mesa. Y no sabían que era pero sabían que podían confiar, simplemente podían confiar que los liberaría, y crearía un nuevo mundo. Veían que solo su patrocinador tenía ese poder.
Fin del flash back
- Me estás diciendo que Sango es una… - Inuyasha no pudo terminar de hablar.
- Una Sirena…
- Una sirena que no puede vivir en el mar
- Sango muere un poco cada día, debo buscar la joya y salvarla ese es mi deber, esa es mi tarea
- Y como sabes que no es un hechizo? Como sabes que ella no tiene un enorme hechizo en ti?
- No importa, si mis sentimientos son reales o por obra de un hechizo. Si la dejo morir, será como llevar en mis manos la sangre de una inocente y romper la promesa de una persona. No puedo….
