Capítulo 10: Feliz Cacería
Al anochecer, Miroku le pidió a Inuyasha que se bañara, incluso ordenó que le prepararán un baño caliente. Después de lavarse, Miroku dejo en un cambio de ropa, una ropa de alta costura no se comparaba con su traje de armada real, mucho menos con sus ropajes reales, pero era buena tela debía admitirlo. Cuando acabó por vestirse. Salió del lugar.
- Miroku! Y esto? - pregunto Inuyasha por la ropa
- Kagome te dijo, hoy hay una fiesta de disfraces, y estamos invitados.
Un carruaje los fue a buscar al puerto, ambos subieron y comenzaron el curso, era un carro de alguien extremadamente rico. O eso representaban las decoraciones. Sin embargo se detuvo a mitad de camino y Miroku bajo.
- Espera, ¿a donde vamos? - le pregunto Inuyasha
- Serán en dos carruajes, tú te quedas en este, yo iré en el otro - le confirmo Miroku.
El término de bajar, y tras unos segundos una mujer entró, con un hermoso vestido verde esmeralda, su cabello en un perfecto peinado decorado y joyas de oro que combinaban con su clara piel, sus labios pintados del más rojo color, y sus ojos cubiertos detrás de una máscara de búho.
- ¿Te gusta? - le hablo ella
- Eres muy hermosa - aquellas palabras se escaparon de sus labios sin poder detenerlas
- Gracias, tú también estás muy guapo - le respondió ella
- Disculpa quien eres? - aquella mujer le estaba hablando con mucha familiaridad, ella no pudo evitar reírse de su pregunta.
- Soy Kagome - le dijo para quitarse la máscara de búho
A Inuyasha casi se le cae la quijada al observar a la mujer que tenía frente a él, simplemente gloriosa, una verdadera dama de la nobleza.
Llegaron al castillo, donde fueron recibidos por la servidumbre. Y pudieron entrar a palacio, sin que preguntarán por su estatus, su nombre, u origen.
- ¿Tan fácil es entrar en un castillo? - le pregunto Inuyasha
- Generalmente no, pero sería bueno si siempre es así - se burló Kagome.
Ambos caminaban juntos, cuando un hombre pregunto por Kagome, ella mintió diciendo que estaban casados y eran ricos de Terre Dragon, continuaron hablando con los invitados como si fuera lo más normal del mundo degustaron de varios postres y bebidas del lugar.
- Querido esposo mío, prueba esto - le hablaba Kagome al mostrarle un postre, y dándode de comer un trozo.
Inuyasha por un momento se creía estar así, casado, que esa mentira se convirtiera en algo real, acaso realmente sería feliz, cuando se case? O es simplemente la persona? Veía a Kagome sonreír y disfrutar de la fiesta, incluso ambos compartieron varias piezas de baile.
Era la primera vez que bailaba con una mujer tres piezas seguidas, según el código de etiqueta un hombre no podía bailar con una mujer más de una pieza, dos si tenían un interés mutuo o un compromiso de por medio, como lo tenía con Kikyō. Y tres piezas de baile cuando ya estaban casados y compartían un matrimonio sólido.
Comprendía un poco, el porqué fue tan fácil entrar en el castillo, como era una fiesta de disfraces el misterio de quienes estaban allí era lo más crucial, por eso en la entrada no preguntaron nombres ni estatus, por sus ropajes simplemente podían deducir si eran personas ricas o pobres.
Cuando vivía en Royaume Plage, siempre debía estar sentado, al lado de Kikyō o parado al lado del rey, nunca podía disfrutar de las festividades, no podía integrarse en la multitud, sólo debían bailar los dos primeros bailes con Kikyō y luego simplemente observar la fiesta desde lejos. En cambio allí con Kagome disfruto de algo que jamás pensó disfrutar en esos momentos. Pero las cosas cambiaron cuando un hombre tropezó con él.
- Disculpe - le dijo aquel hombre, para seguir caminando.
- Adelante - le respondió Inuyasha pero había algo en ese hombre que le llamo la atención y estaba seguro que ese hombre también lo vio a él.
Inuyasha dejó a Kagome hablando con Miroku y Sango, y se fue en busca de aquel hombre con una máscara, ambos cruzaron por un pasillo alejado de la fiesta.
- Tú, eres Sesshomaru? - le pregunto Inuyasha.
- Inuyasha? - le respondió él.
- ¿Qué haces aquí? - le preguntó Inuyasha al darse cuenta que realmente era su hermano.
- Lo mismo te puedo preguntar a tí, lo último que supe fue un mensaje que me llegó de un soldado de Royaume Plage, diciendo que fuiste secuestrado por unas sombras negras, y llevado en un barco fantasma
- Posiblemente lo vieran así, pero estoy de prisionero con un grupo de piratas…
- Prisionero? Acaso te trajeron aquí? - lo interrumpió Sesshomaru.
- Si pero…
- Busquemos a los guardias reales, los detendremos ahora y los colgaremos en la horca - Sesshomaru volvió a interrumpir a Inuyasha.
- No hermano, es decir si me secuestraron pero ahora estoy con ellos
- Que! ¿Estás loco? Son piratas la escoria de nuestra sociedad
- Si, pero ellos son diferentes, ayudan a las personas
- ¡Piratas que ayudan! ¿Te estás escuchando?
- Se que suena loco, pero vinimos a averiguar sobre las desapariciones que están ocurriendo aquí
- No seas idiota este no es tu país, regresa a Royaume Plage y cásate con Kikyō de una vez, si quieres ayudar a alguien haslo con tu propio pueblo no con uno extranjero
Inuyasha escuchaba a Sesshomaru y se veía reflejado en él, acaso el hablaba de esa forma? Solo pensando en su poder, y sin mirar más allá que vivir una vida simple.
- Ellos te están engañando Inuyasha, posiblemente te usen como chivo expiatorio, para iniciar una guerra - le dijo Sesshomaru
- No, ellos no son así
- No confíes en ellos, yo soy tu hermano soy tu familia y deseo lo mejor para tí
Inuyasha debía pensar con la cabeza fría Sesshomaru podía tener razón y lo están usando para hacer algún mal, iniciar una guerra, pero que ganarían con eso?
- Oye Sesshomaru qué haces aquí? - le preguntó Inuyasha.
- Yo?
- Si, eres el rey de Terre Dragon, que haces aquí? No puedes salir del reino.
- Vine a pedir la mano de Rin, la hija menor del rey de Espagne.
- Ya veo.
- Inuyasha, ven conmigo te llevaré de regreso a Royaume Plage, acabaremos con los piratas y serás libre
Libre? ¿Realmente sería libre si mataba a Kagome? ¿Sería feliz si eso pasaba? Su mente le gritaba que no, no deseaba que esa mujer muriera.
- Sesshomaru, confía en mí. No le digas a nadie que estoy aquí. No le digas a nadie sobre este encuentro y tampoco sobre lo que te dije.
- Pero…
- Confían en mí, como tú hermano prometo que cumpliré con las órdenes que se me imponen, pero déjame tener ideales, déjame conocer qué tipo de rey seré.
- Una semana, te daré una semana
- Me gustaría pedirte más tiempo
- Solo una semana, cuando acaben los 7 días, dictaré un comunicado que me llegó una carta de amenaza, pidiendo una recompensa por ti
- Bien… trataré de estar antes en Royaume Plage.
- Bien, te deseo suerte.
Le dijo Sesshomaru para volver a la fiesta y dejar a Inuyasha allí en el pasillo, Inuyasha debía pensar sobre qué hacer, si Kagome tenía razón y las desapariciones eran por culpa de alguien del castillo, no podía dejarlo pasar simplemente su sentido de la justicia no se lo permitía. Inuyasha recosto la espalda con la pared, y suspiró por su falta de convicción.
- Disculpe señorita ya puede salir - llegó un hombre hablando con Inuyasha
- No soy mujer - le confirmó Inuyasha molestó.
- Lo siento es que vi salir un hombre, y pensé que pudo hacer algo con una jovencita
- Ah claro, lo siento - le dijo Inuyasha para intentar volver a la fiesta pero se vio detenido por aquel hombre con máscara de mariposa.
- Sin embargo debo admitir que siento curiosidad por un caballero con tan buena figura, que vino hacer con otro hombre a solas? - preguntó de forma muy cercana ese hombre a Inuyasha.
- Nada, solo hablábamos - Inuyasha sintió algo en ese hombre que le daba escalofríos
- Claro, no se preocupe yo también "hablo" así con otros hombres - le confirmó aquel hombre.
- Lo siento creo que te equivocas - le aseguro Inuyasha para lograr escapar de aquel hombre.
Volvió a la fiesta, y suspiro por lo que acababa de ocurrir con ese misterioso hombre, cómo podía ofrecerse así? Él no tenía esos gustos, logro encontrar a Kagome ella se veía que lo estaba buscando desde hacía un rato.
- Kagome - le habló en voz baja acercándose a ella
- Inuyasha, dónde estabas? Me tenías preocupada - le confesó ella.
- Lo siento, me distraje con algo - le dijo Inuyasha para tomar su mano.
- Esta bien - Kagome le regaló una sonrisa, e Inuyasha la llevo a la pista de baile al escuchar que se iniciaría una nueva pieza.
Para Inuyasha ese baile servía como distractor a que Kagome no piense en su momentánea desaparición, sin embargo la distracción se convirtió en incomodidad al sentir que alguien lo rozaba siempre con la mano, y al voltear a ver veía a ese hombre con la máscara de mariposa, le daba un poco de asco que se le tocara de esa forma se sentía incómodo por su acoso. Incluso al término del baile, aquel hombre lo jalo del brazo, para hablarle al oído.
- Te espero en el jardín para "hablar" y hacer otras cosas
Tras guiñarle el ojo, se perdió entre la multitud, Inuyasha solo podía sentir una corriente de incomodidad recorrerle la espalda.
- ¿Qué te dijo? - le pregunto Kagome
- Quería verme en el jardín, para hablar y hacer otras cosas - confesó Inuyasha algo asqueado.
Inuyasha solo observó como Kagome se burlaba de él, riendo detrás de su mano para no ver su sonrisa.
- Kagome no te burles
- Lo siento, es que tú cara me da risa
- ¿Qué hacemos en esta fiesta? - le pregunto Inuyasha cambiando de tema
- Buscamos un tesoro - le confesó Kagome.
- Hablas del collar de Sango? - le confesó Inuyasha
- Miroku te contó?
- Si..
- Entonces conocer el secreto de Sango
- Ella es una sirena, que no puede volver al mar.
- Si, por eso debemos buscar entre los invitados si alguien tiene la joya o conoce su paradero, por eso Miroku se hace pasar por un joyero - le confesó Kagome
- Ya veo.
- A Sango no le queda mucho tiempo, debemos darnos prisa
Inuyasha ahora se puso a buscar entre el cielo de la alta gama aquel collar que Sango perdió hace años, y que estaba unida a su vida. Pero ya muy entrada la noche, Inuyasha se dio cuenta que muchas personas se estaban desapareciendo del lugar. Mirando a las parejas que se iban ninguna cruzaba la puerta de entrada de hecho todos se iban hacía más adentro de la mansión.
Inuyasha tomo la mano de Kagome y siguió una pareja que entraron por una cortina roja, tenía un tiempo observando que mayormente parejas entraban allí.
- Inuyasha no podemos entrar allí - le dijo Kagome nerviosa
- Confía en mí, tengo una buena corazonada - le dijo Inuyasha sin darle tiempo de pensar a Kagome.
Ambos cruzaron la cortina roja, y está los llevo a un pasillo largo que estaba siendo iluminado con dos antorchas a cada lado. Al final del pasillo otra cortina roja, y un fuerte olor a incienso le llegaba a la nariz causándole algo de picor.
Inuyasha al apartar la cortina, se le cayó la quijada al observar que todos estaban sin ropa tanto hombres como mujeres, por supuesto tenían puestas sus máscaras y antifaces.
- Inuyasha - lo llamo Kagome avergonzada de estar allí
No tuvo tiempo de salir del lugar debido a que entró otra pareja y los empujaron a entrar. Ambos tomados de la mano observaban todo tipo de acto sexual, los aromas, los gemidos, los cuerpos desnudos no hacían más que atraer a todos a unirse en el acto. Sin embargo Inuyasha se mantenía firme y caminaba sosteniendo a Kagome de la mano tratando de buscar la joya. Para Kagome la vista, la obligó a cerrar los ojos dejándose guiar por Inuyasha, cuando el volteo su mirada a verla cambio a una de preocupación por ella, se dio cuenta que ella estaba nerviosa de estar allí.
- Kagome, vamos a salir - le dijo Inuyasha para dar la vuelta.
- Si - fue lo único que ella pudo contestar
Inuyasha se llevó a Kagome para salir de ese lugar, pero no pudieron salir. Debido a que fueron detenidos por un hombre.
- Tu eres el joven guapo, tranquilo aquí no tienes que fingir el gusto a esas cosas - le dijo refiriéndose a Kagome.
- Lo siento, me confundes con otra persona - Inuyasha reconoció al pervertido de máscara de mariposa.
- Tranquilo aquí nadie sabe quién es quién, puedes dejar salir tus verdaderos gustos, tu verdadero tú - le dijo para acercarse a su pecho y apoyarse allí.
Inuyasha solo podía sentir asco y repulsión por ese hombre que se le ofrecía como gata en celo. Así que cuando observo que ese hombre iba directo por sus labios, optó por apartarlo de manera brusca, lo que provoca que se le caiga la máscara y logré ver su rostro. Inuyasha volvió a tomar a Kagome y salieron de ese lugar rápidamente mientras aquel hombre volvía a colocarse su máscara.
- Kagome lamento que tuvieras que entrar en ese lugar - se disculpó Inuyasha.
Se encontraron con Miroku y Sango en las afueras del castillo, Miroku confesó que no logro encontrar una pista sobre la joya, Kagura admitió buscar información en la oficina de Bankotsu el jefe de los guardias reales en palacio y no encontró nada sobre las denuncias de los desaparecidos
- ¿Qué hay de ti, Inuyasha? - le pregunto Kagome
- Yo?
- Si, desapareciste en la fiesta acaso encontraste algo? - le preguntó Kagome.
- No, nada relevante… - mintió, sabía que debía confesar que se encontró con su hermano mayor, pero simplemente no deseaba hacerlo, además su encuentro con ese mariposon le resulta escalofriante
- Acaso, no deseas decirme por qué te avergüenzas de lo ocurrido?
- Eh?
- Ese hombre, el que tenía la máscara de mariposa - se preguntó Kagome
- No quiero recordarlo - hablo Inuyasha asqueado de él.
- Ya veo ese hombre te traumo - se rió Kagome por la experiencia vivida por Inuyasha.
La reunión se dio por concluida, Inuyasha fue el último en salir del lugar, quedándose con Kagome solo en la oficina. Cuando se disponía a irse a dormir, Kagome lo detuvo en el camino al hablarle.
- Entiendo que no quieras confiar en nosotros, pero te pediré que no me mientas - le dijo Kagome
- Que? - pregunto Inuyasha sin entender
- Eres muy malo mintiendo, además se perfectamente que hablaste con otro hombre antes de tu mala experiencia con el señor mariposa - le confesó Kagome.
- Si lo sabías porque no me delataste? - le preguntó Inuyasha.
- Porque quiero que me tengas confianza, puedes confiar en mí Inuyasha
- Nunca he confiado en nadie, siempre he vivido así, es estupido que quieras cambiarme ahora.
- No puedo obligarte a que confíes en mí, pero del mismo modo que no confías en mí, yo no podré confiar en tí - le confesó Kagome.
- Eso es bueno, porque juro que te mataré y recupérate mi honor para volver a Royaume Plage
- Crees que yo te quite tu honor en Royaume Plage?
- Quien fue entonces?
Inuyasha camino hasta quedar frente de ella, fácilmente le sacaba una cabeza de altura, Inuyasha sabía que Kagome debería sentirse intimidada por él, pero simplemente la veía justo frente a él, tranquila completamente segura que el no le haría daño.
- Podría matarte ahora - le confesó Inuyasha
- Haslo, y se libre
Inuyasha solo suspiro, y se fue de alli, no conseguiría nada con esa discusión. Y Kagome era una mujer muy temeraria, demasiado diría él. Al amanecer Inuyasha no podía evitar pensar en que si deseaba salir de ese problema y volver a Royaume Plage, no podía seguir actuando de esa forma, debía ser más abierto con ella, por supuesto no decirle absolutamente todo pero debía confesar lo que pudiera para ganarse su confianza y que Kagome baje la guardia. Así que fue con ella para informarle que podía contar con su presencia para el rescate de los jóvenes.
Kagome estaba en la oficina, pensando que quizás se equivocó con Inuyasha. Y nunca debió darle la libertad que quería.
- Kagome - hablo Kagura entrando en la oficina
- Dime qué encontraste realmente en la oficina de Bankotsu
- Todos los documentos de los desaparecidos fueron quemados, logré encontrar el pago a los hermanos secuestradores
- Y?
- Por lo que veo, actuarán esta noche la fiesta no fue más que una excusa para reunirse.
- Bien, estaremos preparados
Le dijo Kagome, para levantarse de su silla y buscar un arma, para revisarla y prepararla para aquella noche. Kagome veía el arma la misma que Totosai le había fabricado, ahora la pondría a prueba.
- Kagome, ¿estás segura de confiar en Inuyasha?
- Inuyasha nos dijo que ayudaría solo en esta tarea.
- ¿Confías en que ayudará?
- Ayudará, después dejémoslo en Royaume Plage. De allí lo vigilaremos desde las sombras, si se hace necesario intervendremos
- ¿Sientes que fallaste con él?
- Siento que no se que hacer, no sé qué clase de pensamientos rondan por su cabeza.
- Kagome…
- Escúchame, este será el plan… - le dijo Kagome
Todo ocurriría esa noche, las jaulas estaban llenas, por la información obtenida por Kagura. Desde el puente que conectaba por la puerta trasera del castillo que daba al jardín, estaban reunidos 8 hombres, cada uno de ellos con una máscara de animal. Aunque sus rostros estaba tapados podía reconocerlos. Sus ropajes eran los mismos que usaban al día a día.
- Inuyasha encárgate que nadie vuelva al castillo, mata a los dos guardias que cubren la puerta - le ordenó Kagome
- Tu que vas a hacer?
- Impedire que lastimen a los jóvenes - le confesó Kagome, para adentrarse en ese bosque que cubría el jardín.
A la distancia Inuyasha observo como, un soldado traía a varios jóvenes, debido a la distancia no podía reconocer sus rostros pero estaba seguro que eran los que desaparecieron esa semana.
- Caballeros, cómo pueden observas. Estos jóvenes vienen del barrio más pobre, hijos e hijas de pobladores que no conocen el término de sobre-población, que solo piensan en reproducirse como cerdos. Y como cerdos no podemos verlos con otro rostro.
Hablaba el patrocinador, cuyo rostro estaba cubierto con un enorme abrigo hecho de la piel de un Babuino y una máscara a juego, a los 7 hombres que iban a ser los cazadores, de esas hermosas y jóvenes "presas". Cada uno de los 8 hombres tenían un arma en mano, junto a un cuchillo en la cintura.
- Tendrán 1 minuto de ventaja, que inicie la cacería - dijo el patrocinador, para dar un disparo al aire.
Aquel sonido logró que los jóvenes comenzarán a correr por el bosque para esconderse del peligro que se avecinaba, pero el minuto prometido no había sido cumplido y los 7 hombres con máscara de animal comenzaron a correr para buscar a sus presas.
El león fue el primero en tomar a una mujer, la cual desvistió y desfloró sin antelación, sin importar sus llantos o el dolor que ella sentía, el león simplemente era fiel a sus deseos carnales.
El cerdo busco específicamente al único joven, el cual atrapó cuando le disparó a los pies para hacerlo caer, aquel chico lloraba por dolor, el cerdo sumergido en su mundo comenzó a frotarse la sangre que desprendía el joven, pero también rasgo su ropa y lo penetró sin previo aviso. Mientras realizaba pequeños cortes en la espalda para bañarse en su sangre.
El que llevaba la máscara de zorro, se divertía haciendo que su presa corriera en las sombras, le gustaba verla respirar esperanzada de creer que donde está escondida está a salvo. Pero pronto conocería el dolor de perder cada extremidad de su cuerpo.
El que tenía máscara de toro, solo usaba a la chica como un saco de boxer, le gustaba usar sus puños en una suave y tersa piel.
El hombre pequeño quien llevaba una máscara de serpiente, usaba una aguja con la que inyectaba un líquido extraño en la chica, la cual comenzó a llorar sangre.
El que tenía la máscara mono, jugaba con la chica, la dejaba correr y luego la hacía caer al suelo. La ayudaba a levantarse amablemente y corría detrás para hacerla caer nuevamente.
El último hombre quien se mostraba enorme, quien llevaba una máscara mezclada de varios animales, por lo que era imposible reconocer qué animal representaba. Aquel hombre tenía en sus manos varios cuchillos, con los cuales intentaba agarrar a la chica, pero acababa por cortar su piel, debido al óxido que los cuchillos tenían, los cortes no eran profundas, solo superficiales.
Estos actos ocurrían al mismo tiempo, cuando Kagome llegó el más cercano fue el hombre gigante quién buscaba agarrar a la chica con los cuchillos en mano, Kagome solo sacó su arma de sus pliegues y le disparó en la cabeza al hombre grande.
- Puedes correr - le preguntó Kagome a la chica.
- Si - le dijo la chica llorando por el dolor en su cuerpo.
- Corre donde está la señal de humo, allí estarás a salvo - le confesó Kagome.
Kagome sabía que había posibilidades que la chica por miedo no confiara en ella, si ese era el caso Inuyasha debía usar su fuerza para sacarla de allí.
- Corre! - le dijo Kagome, por el momento la vio correr en dirección del humo.
Inuyasha observó a la chica, debía vigilar que los secuestrados llegarán a salvo al carruaje donde Kagura los esperaba para huir.
Kagome caminó hasta llegar con el "Mono" lo observo como ayudó a la chica a levantarse y la dejó correr, Kagome sabia que no le prestarían atención al disparo anterior pero no podía siempre usar el arma, así que sacó su cuchillo de la pierna, para enfrentarlo. La chica en cuanto vio a Kagome, se asustó pensando que era una enemiga al verla con un arma en mano. Así que corrió hacia otra dirección, pero por suerte el "Mono" no la había visto, así que Kagome se escondió detrás de un árbol y cuando escucho que se acercaba, le encestó un golpe directo en el cuello, cortándole la cabeza.
Kagome observó a la chica correr en una dirección opuesta, así que con un poco del reflejo del cuchillo le hizo una señal de luz a Inuyasha quien fue en busca de la chica que corría sin rumbo fijo.
Kagome se movió hasta llegar a hombre de estatura pequeña, la "serpiente" quien le inyectó algo a la chica, y esta estaba llorando lágrimas de sangre. Kagome se le acercó por detrás y le clavo el cuchillo desde la espalda. Matándolo al instante sin poner resistencia.
- Te llamas Elena, verdad. Tu madre me mandó a salvarte - le hablo Kagome para que ella confiara
- Mi mamá? Dónde está?
- ¿Ves esa señal de humo? Síguela hay una carreta que te llevará a que te atiendan, puedes correr? - le pregunto Kagome
- Lo intentaré.
La chica se iba caminando, caminaba de manera errática, pero Kagome no podía irse con ella debía ayudar a las que quedaban. Kagome continuó caminando rápido pero sigilosamente para no alertar de su llegada. Pero sus ojos se llenaron de lágrimas al observar como el "Toro" golpeaba sin piedad el cuerpo inerte de lo que solía ser una mujer joven en el suelo.
Por la fuerza que ese hombre aplicaba no podía usar el cuchillo, y tampoco podía enfrentarlo físicamente, no tenía otra opción que matarlo con un disparo certero en la cabeza pero eso posiblemente alerte a los 3 restantes. Ya que Miroku se estaría encargando de los guardias de adentro y las prisioneras que quedaban. Junto al patrocinador.
Disparó al "Toro" y observó a la "chica" en el suelo, era totalmente irreconocible, trato de tomar su pulso y su respiraba pero todo dio a entender que murió dolorosamente. Kagome de todas formas le cortó la cabeza, ya que previamente había intentado salvar a una chica de una hoguera, con su cuerpo totalmente calcinado la chica seguía viviendo pero murió a los días ahogada en dolor y miedo. Si esa chica era igual era mejor morir en ese momento a que sufriera durante días.
Caminando a sus manos llegó la chica asustada, la cual Kagome cerró la boca y le dijo que se calmara para poder salvarla, aunque la chica se calló al ver su cuchillo y ella bañada en sangre, no pudo hacer más que correr asustada y gritando delatando su posición.
- Tu no eres parte de nuestro juego - hablo el "Zorro"
- Me temo que el juego se acabó - le aseguró Kagome sacando la espada de su cintura.
El "Zorro" sacó un arma de fuego con la intención de matar a Kagome, pero ella corría en su dirección acercándose en zigzag lo suficientemente para provocarle un corte en el pecho de lo cual el zorro suelta el arma por el dolor, y Kagome aprovechó para clavar su espada por debajo de su cara en el mentón hasta el cerebro.
El cuerpo cayó al suelo, sin vida. Y Kagome decidió tomar un poco de aire antes de continuar, debía tener cuidado con los dos restantes. Cuando camino en dirección donde estaba el dueño de la máscara de cerdo, observo que solo estaba el joven en el suelo, llorando.
Kagome miró alrededor y no logró observar al hombre cerdo así que se acercó al chico que lloraba.
- ¿Estás bien? - le preguntó Kagome.
- Me duele, me duele todo - lloraba por lo bajo.
- Tranquilo, ¿puedes caminar? - Kagome trataba de hablarle suavemente para animarlo a caminar
- No creo que pueda - Kagome lo ayudó a levantarse, colocando su brazo por su hombro.
- Bah, que aburrido. Eres una mujer - habló alguien detrás de Kagome
Con el miedo en su rostro, Kagome volteo la mirada y observó al "Cerdo" detrás de ellos, pudo sentir entre sus brazos como el chico se colocaba rígido por el trauma que había tomado. Kagome sabía que no podía pelear de esa forma así que debía llamar a Inuyasha para que viniera a buscar al joven mientras ella se enfrenta al "Cerdo", Necesitaba ayuda con él, por la víctima que no estaba en disposición de huir.
Kagome optó por dejar al chico en el suelo sentado en un árbol, y en voz baja le habló para que el cerdo no escuchara.
- Hay una señal de humo, ve en su dirección te atenderán las heridas y te regresaremos con tu mamá. - le dijo Kagome
Para dejarlo en el suelo, y apunta su espada en contra del "Cerdo", y se posicionó para atacarlo, pero el cerdo simplemente parecía no interesarse por ella.
- No me gustan las mujeres, así que acabaré contigo rápido para seguir divirtiéndome - le dijo para correr rápidamente al costado de Kagome, incluso más rápido que ella.
Kagome a duras penas logró detener su ataque con la espada, pero ese no fue su único problema, él tenía en su otra mano el cuchillo con el cual cortaba al joven, Kagome solo pudo agacharse para esquivarlo y apartarse de él. Aun así el corte llegó a rozarle la mejilla, ocasionándole un pequeño corte superficial pero lo suficiente para sacar un poco de sangre.
- Mira lo que hiciste, estás contaminando una buena sangre con tu asquerosa presencia - se enojó el cerdo.
Fue él "Cerdo" quien vino atacar a Kagome de frente, los ataques del cerdo eran rápidos a Kagome a duras penas le daban oportunidad de bloquearlos o esquivarlos. No lograba encontrar una forma para atacar. Cuando logró observar una agujero para encestar un golpe de costado, fue en su dirección, pero el "Cerdo" ya lo había planeado para desarmar a Kagome, y aunque se vio desarmado también, no perdió el tiempo para tomar el brazo de Kagome y romperselo hacia atrás.
- Ah! - gritó Kagome de dolor.
- Eso es por interrumpir mi diversión - le dijo el "Cerdo"
Kagome se puso de lado para para observar como el "Cerdo" tomaba su espada del suelo, con intenciones de matar al joven. Pero Kagome sacó de sus ropas y disparó al cielo una señal de luz roja. Lo que detuvo la posible acción que iba a realizar el "Cerdo", debido a la impresión se quitó la máscara revelando lo que ya sabían que se trataba de Jakotsu, el Ministro de Economía.
- Oye mujer! A quien le enviaste esa señal - le preguntó Jakotsu, tomándola del cabello y levantarla
- Este reino de terror se acabó. - le confesó Kagome.
Jakotsu tenía pensado atravesar a Kagome desde el pecho con su espada, pero fue la idea que alguien le implementó a su espalda. Cuando Jakotsu volteo se encontró con esos hermosos ojos color miel, que lo habían cautivado hace tiempo.
- ¿Por qué? - le preguntó herido Jakotsu.
- Me das asco - le dijo Inuyasha para sacar su espada.
El dolor provocó que Jakotsu soltara a Kagome, haciendo que ella cayera al suelo frío. Aún con la herida en su espalda Jakotsu solo podía pensar que estaba aún más herido en el corazón por aquellos ojos que lo habían cautivado, en su interior sabía que aquel hombre se reprimía de sus verdaderos deseos.
Inuyasha comenzó a pelear contra Jakotsu, aunque estaba herido físicamente, su nuevo odio le impedía sentir dolor, Jakotsu solo podía pensar en matar a Inuyasha y cuando la muerte llegará por él, reunirse junto a Inuyasha en el infierno. Ya que allí ambos podían ser libres de ser lo que realmente querían ser.
Jakotsu atacaba a Inuyasha de manera desesperada, al igual que Kagome, Inuyasha sólo podía esquivar sus ataques, hasta encontrar la manera de atacar.
Kagome observaba la pelea desde su posición y se dio cuenta que Jakotsu tenía la misma forma de pelear, cuando estuvo con ella, y fue allí cuando supo que posiblemente Jakotsu use en Inuyasha el mismo truco que usó en ella.
- Inuyasha! No confíes en su apertura - le gritó Kagome justo al momento que Inuyasha vio su abertura en el ataque.
La orden llegó tarde a sus oídos, Inuyasha estaba apunto de atacar a Jakotsu en esa apertura, pero esta vez no torturaría a Inuyasha como intentó hacerlo con Kagome. Sino que Jakotsu clavaria su cuchillo directamente en su cuello y acabar con la vida de Inuyasha directamente. Pero Kagome ahogó su dolor levantándose rápidamente con la idea de cortar el cuello de Jakotsu, como si todo ocurriera en cámara lenta, Inuyasha observaba como Kagome corría en su dirección, con la espada en mano y corriendo directo a cortar el cuello de Jakotsu.
Inuyasha observó la cabeza de Jakotsu caer al suelo. Kagome lo había salvado de una posible muerte. El cuerpo de Jakotsu cayó al suelo, sin importarle más, Inuyasha fue a ver a Kagome cuando está cayó de rodillas en el suelo.
- Kagome! ¿Estás bien? - le preguntó Inuyasha tomándola de los hombros.
- Si, tengo el brazo roto, pero estoy bien. Debemos rescatar a la última persona - le dijo Kagome a Inuyasha.
Inuyasha la miró, estaba pálida, el dolor era fuerte pero ella lo estaba soportando. Solo quería rescatar a todos y salir de allí.
Solo quedaba el "León", llegaron donde estaba, y solo encontraron a la mujer muerta en el suelo, tal parece que los ruidos lo alertaron y se dio cuenta que algo estaba mal. Kagome solo pudo sentir dolor por no poder salvarla. Y su dolor incrementó al ver su collar tenía el dije de ámbar, la chica era Amber, hija de la panadera. Cerró sus ojos para que pudiera descansar. Estaba desnuda, y entre sus piernas veía rastros de un líquido rojo y blanco.
- No la pude salvar - confesó Kagome.
- No es tu culpa, fue el "León" quien hizo esto - le confirmó Inuyasha.
Kagome escucho la carga de un arma, y empujo a Inuyasha con su mano sana, el sonido de un disparo sonó y su eco resaltó en el lugar, sin embargo la bala llegó al hombro de Kagome, un disparo que iba directo al corazón de Inuyasha.
- Ah! - exclamó Kagome de dolor
Inuyasha se levantó, y observó a Kagome herida, busco con la mirada el lugar de origen del disparo y lo observó, ya no tenía la máscara en la cabeza ahora la tenía en sus manos, el león.
- Desde hace un rato me di cuenta que mis hermanos no volvían - habló el "León"
- Maldito, cómo te atreviste a lastimarla - le dijo Inuyasha enojado.
- ¿Tu eres el infeliz que mató a mis hermanos? - le preguntó "León" quitándose la máscara.
- Maldito, te mataré por lo que hiciste - lo amenazó Inuyasha
- Adelante. Puedes intentarlo pero en esta tierra mando yo
- Y quién demonios eres? - le pregunto Inuyasha enojado, con Kagome herida a su lado.
- Mi nombre es Bankotsu, jefe líder de la guardia real de Espagne.
Ambos sacaron sus espadas y fue allí donde comenzó el duelo, ataque y esquivó, una y otra vez, como si los dos estuvieran en el mismo nivel. No se veía un ganador en esa contienda.
Pero Inuyasha sabía que debía apresurarse en ganar para poder llevar a Kagome con Kagura y el doctor que se encargue de su herida.
- No te distraigas - le dijo Bankotsu.
- Maldición!
Inuyasha se esforzaba en poder ganar la batalla rápidamente por Kagome, pero sus ataques se daban más a la defensiva. Bankotsu sabía que su manejo de espada era bueno, Inuyasha lo admitía para sí mismo también.
- Si Kagome estuviera en una mejor forma ella ya le habría ganado fácilmente - Pensaba Inuyasha. - claro, este hombre y yo peleamos en el mismo nivel, solo debo copiar los movimientos de Kagome - se planteó Inuyasha.
Observó los movimientos de Bankotsu y se vio a sí mismo y a él como Kagome, cuando pelearon en la isla Sirène Secrète. Así que tomo otra posición para pelear. Fue allí donde pudo ver con antelación los movimientos de Bankotsu al momento de atacarlo, debía seguir bloqueando los ataques, hasta que no solo se estaba cansando sino que también se estaba molestando por no poder cortarlo.
- ¿Te crees más fuerte que yo? - le dijo Bankotsu molestó, para sacar de sus ropajes un pequeño frasco y beberlo completo.
- ¿Qué está haciendo? - se preguntó Inuyasha en voz baja.
- No bajes la guardia, ese líquido incrementará su fuerza a la de diez hombres. - le dijo Kagome herida.
- Que! - fue lo que pudo exclamar Inuyasha al descubrir lo que hacía
- Exactamente eso hace, después de matarte planeó divertirme con la mujer hasta que muera - confirmó Bankotsu, para atacar directamente a Inuyasha.
Sin embargo Inuyasha, tomó una posición inicial, y agachándose para tratar de realizar un ataque por debajo, observó que no solo Bankotsu logró bloquearlo sino que cuando intentó defenderse con su espada y evitar un ataque directo está se rompió ante su enemigo.
Inuyasha solo pudo salir de ese ataque rápidamente aunque Bankotsu logro darle un corte superficial. Inuyasha ahora no tenía espada y observaba como Bankotsu respiraba agitada mente
- Inuyasha escúchame - lo llamo Kagome - la droga que tomo Bankotsu adormece los sentidos pero intensifica los músculos. El no sentirá dolor por eso su fuerza incrementará exponencialmente.
- Que puedo hacer para vencerlo no tengo espada? - le pregunto Inuyasha
- Eres listo, aún cuando tú espada está rota puede cortar la piel, solo necesitas saber cortar los puntos donde los músculos se unen
- ¿El punto donde los músculos se unen? ¿Hablas de los tendones?
- Si cortas esos puntos tu enemigo dejara de moverse pero ten cuidado recuerda que no siente dolor.
Inuyasha observó como Bankotsu consumido por esa droga luchaba contra el aire incluso, estaba cegado en su deseo de pelear que no pensaba con raciocinio.
Inuyasha lo llamó con un silbido para que lo viera como un enemigo, aunque lejos de Kagome para que ella no sufriera de algún modo.
Kagome de igual forma le dio su cuchillo, cuando observó que Inuyasha no le tenía mucha fe a su espada, con ese elemento ganaría la contienda.
Bankotsu atacaba sin un patron y solo usaba su fuerza bruta para golpear a Inuyasha, tal y como Kagome le había dicho, en los pequeños cortes que Inuyasha le hacía Bankotsu no sentía dolor. Inuyasha solo podía hacer pequeños cortes mientras esquivaba los furiosos golpes de Bankotsu, quien ahora estaba en modo Berserk, le propinaba.
Kagome ya había perdido mucha sangre y el dolor que estaba soportando no era sencillo. Comienza a observar de forma borrosa la pelea y no veía una victoria cercana, sin embargo podía intentar confiar en Inuyasha y recurrir en ese momento a una artimaña para acabar la pelea de forma más rápida. Pero Kagome podía confiar plenamente en Inuyasha?
- Bankotsu! - le gritó Kagome
Aún en su irraciocinio podía reconocer que Kagome era también una posible amenaza que debía eliminar, así que ignorando a Inuyasha, Bankotsu fue directo hacia ella.
Inuyasha en su desespero para salvar a Kagome, corrió detrás de Bankotsu y en su distracción, usó el espacio libre para golpear a Bankotsu directo en el cuello y cortarle la cabeza.
Y el cuerpo de Bankotsu cayó al suelo después de terminar unos cuantos pasos, donde camino solo.
- Kagome! - reaccionó Inuyasha al escuchar la cabeza de Bankotsu chocar contra el suelo.
Kagome estaba inconsciente debido a la pérdida de sangre, Inuyasha la tomó en sus brazos y corrió en dirección donde estaba Kagura, en el camino encontró a la víctima de Jakotsu quien se movía lentamente debido al dolor.
- Espérame aquí volveré por ti - le dijo Inuyasha para llevar a Kagome con Kagura.
Por suerte la señal de humo seguía activa, eso significaba que no había ningún problema, al llegar al carruaje donde estaba Kagura atendiendo a las mujeres que pudieron rescatar, o mejor dicho que Kagome, salvo.
- Kagome está herida - le dijo Inuyasha al doctor
- Colócala allí - le indicó el doctor.
Inuyasha obedeció la orden, y observó como Kagome respiraba fuerte y sudaba en exceso debido al dolor en su cuerpo por la cortada y el disparo.
- Debo ayudar a un herido - le dijo Inuyasha al doctor, para buscar al joven.
- ¡No! ¡Por favor! - le suplicó Kagome despertando del dolor, suplicándole a Inuyasha que no la abandonará
- No me iré - le dijo Inuyasha para quedarse a su lado
- Yo iré a buscar al herido - le dijo Kagura comprendiendo los sentimientos de ambos al no desear dejar al otro.
- Es un joven, herido de la espalda con varios cortes pequeños - le dijo Inuyasha.
- Volveré - dijo Kagura para retirarse a buscarlo.
Aún no sabían si Miroku y Sango habían triunfado en su parte de la misión, pero era seguro que si no habían vuelto es porque algo pudo pasar o todo salió bien.
