Capítulo 11: La decisión correcta
Por otro lado, justo cuando la cacería había dado inicio, Sango y Miroku se infiltraron por el frente del castillo con las últimas preparaciones de la cena de esa noche. Sango no tenía sus poderes pero aún funcionaban con una poca cantidad de personas. Así que durmió, a los presentes en la cocina, tratándose de 2 cocineros, que vigilaban las cargas que entraban en ese momento, y dos soldados que vigilaban que todo estuviera bien.
Sango comenzó a tararear una canción, mientras iba y venía fingiendo descargar cosas, eso provocó que los presentes se quedarán dormidos, menos Miroku por tener tapado los oídos con un poco de algodón en cada oreja.
Caminaron hasta el sótano, donde posiblemente tenían los calabozos, esquivaron a los guardias que hacían vigilancia y los que pudieron los dejan inconscientes. Al llegar a las jaulas, encontraron a 4 adolescentes más encerradas temiendo por sus vidas.
- Venimos a rescatarlas, tranquilas - le dijo Miroku al verlas.
- Sus padres nos pidieron rescatarlas - le confesó Sango.
- Mi mamá?
- Mi papá?
- Que alegría
- Por favor, quiero ver a mi mamá
Hablaban las chicas en súplica, mientras Miroku abría el candado para sacarlas. Sango vigilaba que los guardias no despertarán y otros no llegarán a observar que se habían dormido.
- Debemos ser silenciosos - les dijo Miroku al abrir el candado.
Las chicas se tomaron de las manos, para seguir a Sango, Miroku iba al frente observando el camino. Cuando comenzó el sonido de unos disparos dando inicio a la "Cacería".
Cruzando los pasillos observaron a un hombre que tenía un enorme abrigo hecho de la piel de un Babuino, junto con una máscara a juego. Por suerte él no los observó.
- Es el patrocinador - le dijo Sango
- Si, debemos averiguar su identidad y llevarlo ante la justicia - le confesó Miroku.
- ¿Qué podemos hacer? - le pregunto Sango
Miroku quería decirle a Sango que ella se fuera sola con las chicas y escaparán mientras él averigua la identidad del patrocinador. Pero temía por ella, la salud de Sango no era buena y si encontraban a un soldado en el camino ella no podría defenderse ni a las chicas.
- Nada, por el momento ustedes son importantes ahora - le confesó Miroku para salir del lugar.
Miroku se llevó a las jóvenes junto a Sango fuera de palacio, Sango lograba dormir a quienes pudiera con su canto y Miroku se enfrentó a varios guardias, logrando vencerlos con facilidad, y en su interior Miroku se alegraba de no haber dejado a Sango sola.
Varios disparos se escucharon a la distancia, pero los soldados no se movían de sus posiciones seguramente se debía a que sabían que algo ocurría en el jardín trasero, pero no sabían con exactitud de qué se trataba o simplemente ignoraban el hecho. Lo que le dio a entender que no era la primera vez que ocurría. Ya los soldados del castillo, sabían que durante la noche no debían interrumpir el evento. Miroku se dio cuenta que hacía mucho tiempo que hacían el mismo proceso.
Al lograr sacar a los jóvenes y Sango del castillo, Miroku las llevó con Kagura, donde estaba con un doctor atendiendo a las que habían llegado. Kagura le confesó que Kagome estaba herida pero que Inuyasha se estaba haciendo cargo de ella.
- Sango quédate aquí y ayuda con lo que puedas, yo iré a buscar al Babuino - le confesó Miroku.
- Por favor, cuídate! - le pidió Sango.
Miroku comenzó a correr, si se daba prisa posiblemente llegaría antes que los guardias despertaran tanto de las peleas que tuvo como del canto de Sango. Se infiltró en el castillo nuevamente, y tomó el camino que por el que había ido el Babuino.
Miroku recorría el castillo esquivando a los guardias. Acabó por llegar a una sección que al abrir la puerta entro en la biblioteca del castillo, era enorme y no parecía que hubiera nadie allí. Camino en pasos silenciosos, para no verse descubierto pero algo llamo su atención una pintura, un hermoso cuadro de una mujer una doncella casta y pura. Se trataba de la princesa de ese reino, Rin.
Miroku observó aquella pintura como si la princesa estuviera allí frente a él, el cuadro era hermoso, Rin estaba vestida de blanco resaltando su pureza en ese cuadro. Una hermosa piel clara donde se veía la falta de trabajos en el sol. Incluso era como si al tocar el cuadro podía sentir aquella piel suave. Pero lo que más anhelaba de esa pintura fue que el hermoso cuello de la princesa estaba adornado con una hermosa joya, un collar de oro, y justo en el medio una perla rosada.
Esa hermosa joya que ha buscado sin cesar, tan desesperadamente, para salvar a la persona que más le importaba, para salvar a su amada, Miroku tocó la pintura como si de alguna forma pudiera tomar la perla en sus manos. La necesitaba, a la princesa tenía que quitarle esa joya y averiguar si era la que por tantos años busco hasta el cansancio.
Miroku salió de la biblioteca, debía buscar la habitación de la princesa Rin, había olvidado su búsqueda del patrocinador, la perla rosada era el tesoro más importante que necesitaba buscar.
Llegó a una recámara, una enorme habitación, la chimenea estaba encendida para proporcionar calor a quien allí dormía, debía estar alerta podía equivocarse sobre quien estaba en ese lugar. Pero su expresión cambió al observar la figura de un simio blanco y rostro de Babuino. Cuando se quitó la máscara observó que se trataba del príncipe heredero del reino, Naraku.
- Tú, vienes a matarme? - le dijo Naraku a Miroku
Era el heredero, se coronaria a Naraku en una semana para convertirse en rey, expresándose como un rey bueno que se preocupaba por su pueblo pero en realidad dejaba que sus generales torturaran, violaran y matarán a jóvenes de escasos recursos.
Miroku entendía cómo era que elimina la sobrepoblación, y a su vez mantenía a los altos mandos de su lado. Todos formaban parte de un juego retorcido donde el perdedor eran los pobladores sin saberlo.
- Y? - Naraku esperaba una respuesta.
Miroku solo podía pensar que debería estar buscando el collar de la princesa, necesitaba la perla, no tenía ánimos de pensar sobre que hacer con un hombre que resultó ser una mala persona.
Miroku solo pudo tomarlo como prisionero, Kagome era su líder y era ella quien debía pensar sobre que hacer con el. Así que ato las manos de Naraku y se lo llevó por el mismo camino que vino pasando nuevamente por la biblioteca donde observo el cuadro de la princesa Rin.
- Nunca alguien como tú lograría casarse con una princesa - le dijo Naraku para herirlo.
- No es ella lo que me interesa - le confirmo Miroku
Salio del castillo, llegando al jardín trasero. Donde Naraku observo el cadáver de sus generales. A la distancia Miroku observo que Inuyasha se acercaba a él. Por suerte se cubrió el cabello y medio rostro al igual que todos, en esa misión.
- Quien es el? - preguntó Inuyasha
- Naraku, el príncipe heredero de Espagne.
- Que haces con el?
- El es quien, organiza esta "cacería" - le confesó Miroku
Inuyasha ahora estaba confundido, como alguien a quien su pueblo quiere y confía para liderarlos resultó ser un ruin hombre que dejaba morir a jóvenes de la manera más cruel.
- Debemos llevarlo con nuestro capitán, sabrá que hacer con el - le dijo Miroku.
- No te dirá nada esta inconsciente
- Que ocurrió?
- Ella me protegió, ya está fuera de peligro pero está inconsciente.
- Maldición, que debemos hacer? - Le pregunto Miroku a Inuyasha, sabía que Kagome estaba herida pero nunca una misión la había herido tanto.
- No lo sé, no será un buen rey para este país - le confirmó Inuyasha sacando su espada para matarlo.
Cualquier otro heredero podía tomar la corona, pero si Naraku seguía en el poder posiblemente mataría, torturaría a cada joven de ese país, y ellos tenían derecho a vivir.
Inuyasha preparaba su espada para matarlo, pero el sonido de un disparo alertó a los presentes. Inuyasha hablo mencionando el nombre de quién le había dado una señal de advertencia.
- Sesshomaru…
- ¿Qué creen que hacen? - hablo Sesshomaru, sin reconocer a Inuyasha pero si a Naraku.
- Esto es malo, debemos eliminar a los testigos, pero no podemos hacer daño a inocentes - le dijo Miroku
Inuyasha tenía que pensar en cómo sacar a su hermano de allí, para poder eliminar a Naraku. No quería que Miroku supiera que había hablado con su hermano en la fiesta de disfraces.
- Mejor solucionemos esto como caballeros - le dijo Inuyasha tratando que Sesshomaru reconociera su rostro. Aunque los ojos dorados son una señal característica de su familia.
Sin embargo Sesshomaru por la distancia no lograba reconocer sus ojos, y debido a la máscara que tenía Inuyasha su voz salía distorsionada.
- Les sugiero que como caballeros, dejen ir al futuro rey de Espagne
Sesshomaru sabía que no había razones para que ellos no supieran sobre la verdadera identidad de quien estaban apunto de ejecutar, pero ese accionar arruinaría los planes de unión que tenía con ese país. Por su parte Inuyasha no sabía qué hacer para que su hermano lo escuchara y lo dejara trabajar en paz, para salvar a ese reino de aquellos actos, para que nunca volvieran a ocurrir. Inuyasha se acercó a Sesshomaru, caminaba poco a poco, para que Sesshomaru no le disparará en defensa propia.
- Ya no te acerques más - le ordenó Sesshomaru.
- Si los matas te daré a mi hermana! - le gritó Naraku, sin embargo Miroku lo golpeó para que callara, ahora tenía sus dudas sobre qué hacer
Inuyasha sabía que desde su punto de vista, Miroku no sabría que se quitó la máscara para que su hermano lo reconociera.
- Escúchame, debemos salvar este reino de sus acciones crueles y egoístas. - le dijo Inuyasha a su hermano.
- Inuyasha - le reconoció Sesshomaru hablando en voz baja.
- Podemos hablar? - le pidió Inuyasha.
Ese momento se estaba volviendo tenso y no había forma de salir de allí sin que alguien muriera, y al único que deseaban muerto era a Naraku.
Miroku no quería detener mucho tiempo a Naraku, estaba buscando el momento para escapar, y temía que si intentaba alguna estupidez lo mataría sin querer, Inuyasha no tenía una buena voz de mando y temía si realmente lograría sacar a ese hombre de su campo de tiro.
- Naraku, intenta escapar y tu compañero no sabe qué hacer - le dijo Sesshomaru por lo bajo a Inuyasha - ordenale atar a Naraku a un árbol o una estatua. - le indico Sesshomaru a Inuyasha.
- Miroku, llevemos a Naraku al bosque, atalo y vigilalo - le dijo Inuyasha para calmar la tensión que se producía en ese momento, siguiendo las instrucciones de su hermano.
- Bien… - afirmó Miroku, para aliviar la zona.
Se alejó en busca del árbol cercano para atar a Naraku en el y retenerlo bajo vigilancia de esa manera Naraku no podría escapar, pero solo podía pensar en la princesa Rin, o mejor dicho el collar que llevaba en su cuello estaba seguro que ese collar era el tesoro que estaban buscando.
Mientras Inuyasha aprovechó para hablar tranquilamente con Sesshomaru, sin correr el riesgo que Miroku lo considere un traidor.
- No pueden matarlo - le ordenó Sesshomaru
- ¿Por qué razón? Solo ha causado daños a este país - le hablo Inuyasha
- Aun eres un niño idiota que no comprende del mundo
- Dime qué no entiendo? Si él muere este reino estaría libre de sus maltratos.
- Si lo haces yo no podría casarme con Rin
- Eso es lo que te afecta, si tanto la deseas cásate con ella y reina ambos reinos! - le gritaba Inuyasha
- Y cómo crees que lo tomen los súbditos? ¿Cómo crees que me vería? Sería un conquistador, escúchame Inuyasha si matas a Naraku, no podré casarme con Rin debido a que los subordinados creerán que yo lo maté para poder conquistar este reino! Me convertirán en un conquistador y ¿qué crees que ocurra?
Inuyasha escuchaba a su hermano mayor, no comprendía del todo sus palabras, pero sabía que posiblemente sin importar si ellos asumen la culpa, todos pensarán que fue Sesshomaru quien los contrató.
- Este reino se negaría a seguir mis órdenes debido a que creerán que yo destruir a la familia real por capricho y deseos de conquista!
- Entonces debo dejar que Naraku viva solo para impedir una guerra civil
- Si! Nuestros deberes están con el pueblo. ¿Crees que tenemos la opción de elegir? Nosotros estamos tan aprisionados como ellos en tareas que a veces no deseamos cumplir.
- Y qué hay de todas las personas que Naraku mató? ¿Ese era el deber de un rey?
- Admito que eso fue malo, pero un fallo no justifica que este reino se quede sin familia real.
- Y entonces debo hacer de la vista gorda y dejar que siga matando gente?
- No es nuestro reino, no es nuestro problema
- Estas apunto de casarte con la princesa de este reino, como puedes ser tan indiferente?
- No lo soy, solo velo por mi propio reino. Y tú?
Inuyasha sabía que Sesshomaru tenía razón, él debía sentir solo interés por Royaume Plage y no por ese país, pero ya había vivido y conocido cosas nuevas como para quedarse de brazos cruzados. Las personas sufrían solo por las decisiones de alguien que estaba más arriba que ellos.
- ¿Qué eliges entonces? - Sesshomaru le pidió una respuesta.
Inuyasha no sabía que contestarle, simplemente estaba en un impasse, si elegía matar a Naraku, Rin y Sesshomaru no podrían casarse, ella tendría que asumir la corona sola y posiblemente los oficiales se disgustan que una mujer los ordene y la matarán para colocar a alguien más en su lugar.
Pero si no elegía matar a Naraku, entonces posiblemente cambie a sus soldados generales y vuelva a iniciar la "cacería" tomando como víctimas a los jóvenes de la zona pobre del reino. Pero Sesshomaru y Rin podrían casarse y hacer un acuerdo de paz entre ambos países.
- Inuyasha, dime qué eliges? - Sesshomaru le ordenó darle una respuesta
- No lo sé - le confesó Inuyasha
- Eres el futuro rey de Royaume Plage, no puedes darte la oportunidad de decir que no lo sabes, tu deber radica en tomar decisiones y que siempre sean las correctas - le confirmo Sesshomaru.
Inuyasha solo pensaba que cada vez se daba cuenta que no servía para ser rey, sin importar cuánto tiempo dijo que estaba preparado para asumir el cargo nunca podría hacer nada bien, la toma de decisiones es lo más importante en el cargo y no sabía qué hacer.
- ¿Qué eliges? - volvió a preguntarle Sesshomaru al observar el silencio prolongado de Inuyasha
- A Kagome…
- Que? ¿De qué hablas?
- Ella puede tomar la mejor decisión. Solo ella - le confesó Inuyasha
- Entonces traela - le ordenó Sesshomaru al darse cuenta que Inuyasha no podía tomar una decisión
- No puedo, ella está inconsciente.
- Y qué sugieres entonces! - Sesshomaru ya se estaba molestando, Inuyasha era un inútil que no sabía tomar decisiones por mano propia.
Inuyasha sabía que Sesshomaru se estaba molestando, y tenía razón en hacerlo el no estaba haciendo nada bien, no tomaba ninguna decisión tampoco daba una solución.
- Dejaré ir a Naraku - fue lo único que pensó Inuyasha, era mejor que los problemas del reino Espagne se quedarán en el país, y no se metieran en una guerra por mero capricho nadie quería una guerra absurda.
- Bien
Afirmó Sesshomaru corriendo al castillo, posiblemente buscaría algo y se iría esa misma noche, ya que posiblemente no confiara en la decisión que había tomado Inuyasha.
Inuyasha fue con Miroku y le dijo que soltara a Naraku, Miroku no estaba seguro de la decisión de Inuyasha. Naraku por su parte sabía que lo soltarian, todo gracias a Sesshomaru.
- No me gusta tu respuesta, le preguntaré a mi capitán - le dijo Miroku, al ver que Inuyasha no confiaba en su propia decisión.
- Kagome está inconsciente, no puede darte una respuesta - le confesó Inuyasha, más que nada para pedir que confíe en él.
Miroku se fue dejando a Naraku atado al árbol, e Inuyasha observando, No ocurrió mucho tiempo en donde Inuyasha tomó la decisión de liberarlo, dejando que Naraku se fuera corriendo a su castillo. Inuyasha solo podía pensar que tomó la peor decisión del mundo. Posiblemente Kagome lo odiaría por dejar ir a un hombre así, pero no podía hacer nada más.
Inuyasha camino hacían donde estaban citando a los herido y Kagome aún estaba inconsciente, respiraba dolorosamente. Y posiblemente eso le ocasione pesadillas
- ¡Esto es tu culpa! Todo esto es tu culpa! - le dijo Miroku molesto a Inuyasha
Sango trato de detenerlo, y apartarlo del lugar, fue allí donde Miroku le confesó que había visto el collar, o mejor dicho había visto la perla rosada en el cuello de la princesa.
- Miroku - lo llamo Sango para calmarlo - quédate conmigo - le pidió para ir al barco y poder relajarse de esa noche.
Sango estaba débil de usar su poder, y Miroku sabía que para esas alturas Naraku ya había alertado a sus soldados, y los que estaban bajo el hechizo de sueño estarían despertando. Si iba al castillo en ese momento era una muerte segura. Pero ahora tenía una pista de dónde está la perla que durante tanto tiempo estaba buscando.
Por otro lado, Inuyasha estaba junto a Kagome en la cama, tomando su mano y rezando que ella lo perdonará por sus decisiones al despertar. Kagura llevó a las jóvenes a sus respectivas casas, y los que estaban heridos, pero en buen estado para caminar también, pero las de estado grave, fueron llevadas a un edificio que se encargó de darles atención que requerían.
Inuyasha llevó a Kagome al barco con la intención de recostarla en su cama, pero por petición de Kagura, Kagome fue puesta en un barco pequeño y llevada al barco principal escondido en el mar. Por suerte las aguas estaban tranquilas, y llegaron rápidamente con la ayuda de Kagura e Inuyasha que remaron.
Inuyasha recostó a Kagome en la cama de su camarote, Kagura no quiso entrar en la habitación y ver a Kagome herida en la cama, Colmillo lloraba preocupado por ver que ella no despertaba, y el olor a sangre que ella desprendía.
- ¿Tú también estás preocupado? Aunque creo que nuestras preocupaciones son diferentes, tú la amas y yo, no quiero sentirme culpable si ella llega a morir - confesó Inuyasha, hablando con Colmillo.
El gruñido de Colmillo, Inuyasha lo tomo como una queja sobre que la angustia que Inuyasha sentía era la misma que lo atormentaba.
- Kagome es una buena mujer, y tiene una buena voz de líder. En cambio yo, soy un inútil. Kagome tenía razón, no seré un buen rey.
Colmillo apartó los ojos de Kagome y por un momento los puso en Inuyasha, Inuyasha solo podía expresar un rostro lleno de decepción hacia sí mismo.
- ¿Crees que ella me perdone? ¿Crees que ella sea capaz de entender por qué lo hice? O no lo hice? - se preguntaba Inuyasha hablando con Colmillo.
Colmillo volvió a colocar su rostro junto al de Kagome, siendo su apoyo en esa cama. Inuyasha observaba su rostro, se veía dormida pero ahora estaba más relajada como si solo fuera un sueño normal.
- En verdad son diferentes - le dijo Inuyasha a Colmillo, para mover un mechón de cabello que cayó hacia su rostro - al principio creí que Kagome y Kikyō podían ser iguales, pero ahora me doy cuenta que son completamente diferentes. Kagome es Kagome y no hay nada malo en ella.
Inuyasha se quedó dormido apoyando su cabeza en la cama, mientras su cuerpo reposaba en una silla. Esa noche no era lo que esperaban, sentían que su esfuerzo se fue por el drenaje. Ya que Naraku reinaría, y posiblemente sus deseos de eliminar la pobreza, se lleve la vida de varios inocentes.
Inuyasha sintió por un momento que alguien le hacía cariños en su cabeza, era la primera vez que alguien lo despertaba de esa forma. Al subir su cara observo que Kagome también le hacia cariños a Colmillo con su otra mano.
- Lamento preocuparlos - se disculpó Kagome, con una enormes ojeras debajo de los ojos debido a la pérdida de sangre.
- No seas tonta, yo tuve la culpa - le gritó Inuyasha para voltear su rostro, dándole la espalda.
- Está bien, estoy aquí. Aún no puedo morir. - le confesó Kagome.
Inuyasha no sabía que decirle, cómo comenzar a hablar. Y confesarle sobre lo que ocurrió anoche. Aunque extender lo inevitable sería peor.
- Inuyasha, ¿qué ocurrió anoche? - le preguntó Kagome.
Ahora Inuyasha se había puesto tenso, y Kagome noto eso, algo debió salir mal anoche para que se pusiera así, Kagome no quería presionarlo pero debía saber lo que había ocurrido después que se desmayó cuando le sacaron la bala.
- Inuyasha, necesito saber - le hablo Kagome de manera dulce para que no se sintiera mal
- Por mi culpa el plan fallo, Miroku descubrió que Naraku era el patrocinador que les daba las jóvenes a sus generales como parte de pago para que estuvieran felices
- Ya veo el Naraku, el futuro rey de Espagne era el culpable.
- Si, esa era su forma de deshacerse de la pobreza del reino
- Ya veo, que fue lo que ocurrió?
- Después que te desmayarse Sango me pidió buscar a Miroku, debido a que tardaba en volver temía que algo le hubiera pasado. Cuando llegué al jardín, Miroku traía a Naraku bajo amenaza. Y luego apareció… - Inuyasha no sabía cómo lo tomaría Kagome, si le decía lo dictado por su hermano.
- Inuyasha, confía en mí - le pidió ella
- Apareció Sesshomaru…
- ¿Tu hermano? - fue más una afirmación que una pregunta.
- Me dijo que esta en el país, con planes de casarse con la princesa de Espagne, Rin.
- Ya veo…
- Kagome, yo… - Inuyasha le iba a decir a Kagome que no mató a Naraku por su hermano
- Si mataba a Naraku, Sesshomaru no habría podido casarse con Rin. Y eso la llevaría a la muerte a ella.
- Kagome… - Inuyasha se preguntó cómo Kagome había llegado a esa deducción.
- Lastimosamente la mejor opción era dejar a Naraku vivo, de esa forma se evitaría una guerra entre Espagne y Terre Dragon.
- Kagome…
- No mataste a Naraku, verdad?
- No pude, lo deje ir. - le dijo Inuyasha sin poder verla a los ojos.
- Tranquilo era la mejor opción - lo ánimo Kagome.
- No, no lo era. Tenía que matar a Naraku por todas las personas que hizo sufrir - le dijo Inuyasha
- Y luego que? Mancharias tus manos con sangre - le confesó Kagome.
Inuyasha no había pensado en aquella acción aunque la muerte de Naraku estaba justificada, no dejaba de ser una muerte.
- Todos en Sirène Secrète, quieren que yo sea su reina debido a que yo los salve de alguna u otra forma.
- Eres especial para tu pueblo Kagome, ellos te aman
- Están equivocados conmigo, no los salve porque tuviera deseos de hacerlo - le confesó Kagome dejando impresionado a Inuyasha - los salve para poder pagar mis pecados de alguna forma.
- ¿De qué hablas? ¡Cómo puedes tener tú algún pecado! - le gritó Inuyasha molestó por su hablar - tu no eres mala persona, eres muy buena. Contigo me siento tranquilo, puedo ser yo mismo y reír! Solo contigo puedo… - intentaba animarla Inuyasha, pero Kagome solamente comenzó a llorar
- Inuyasha, yo… le estoy robando a alguien importante para mí
- No, tú no eres así.
Aun sabiendo que era mal visto, y si alguien entraba en la habitación, no le importaba lo que pensara, necesitaba abrazarla necesitaba sentir a Kagome cerca y darle algo de consuelo.
Inuyasha y Kagome estaban en la cama sentados abrazados, Kagome lloraba en el pecho de Inuyasha, para él era la primera vez que veía a una mujer llorar, ese era un llanto que venía desde el alma. Era un dolor que estaba muy profundo en ella. Quería saber qué era lo que Kagome ocultaba en su interior.
- Kagome, dime por qué sufres - le pidió Inuyasha
- No lloraba desde que me quitaron mi otra mitad - le confesó Kagome - porque lloro ahora?
- Kagome…
- Acaso es porque le estoy robando algo a mi otra mitad?
Kagome subió el rostro para mirar a Inuyasha, ambos se veían a los ojos mutuamente. Sin quererlo, sin pensarlo su rostros se fueron acercando hasta sentir el aliento del otro.
- Kagome! - la llamo Kagura al otro lado de la puerta.
Cuando Kagura abrió la puerta, Inuyasha estaba en la silla dándole la espalda, y Kagome estaba acostada en la cama junto a Colmillo, el cual el perro colosal estaba con el rostro enrojecido
- Kagome, debo ver tu herida. Y colocarle algo de medicina - le dijo Kagura
- Bien, gracias - le dijo Kagome tratando de sonar lo más normal posible.
- Yo saldré para que puedan estar tranquilas - les dijo Inuyasha nervioso, saliendo de la habitación.
Inuyasha se recostó en la puerta, sujetando su corazón, tratando de calmarlo. Era la primera vez que experimentaba aquel deseo de besar a una mujer, era la primera vez que tenía tantos deseos de hacerlo. Se sentía desilusionado por no poder experimentar aquel tacto. Pero al otro lado de la habitación. Kagura examinaba las heridas de Kagome.
- Tu herida se está infectando, la medicina no está funcionando - le confirmó Kagura.
- Debemos volver a Sirène Secrète, no podemos quedarnos aquí más tiempo. Podrían atraparnos. - le ordenó Kagome.
- Tú herida no sanará en alta mar
- Pero no puedo ponerlos en riesgo a ustedes, si permanecemos aquí podemos ser descubiertos por el alboroto que hicimos en el castillo
- Pero…
- Vámonos, zarpemos cuanto antes.
- Si… como órdenes…
Hasta aquí el capítulo, ustedes que dicen era correcto o no, matar a Naraku? lo dejo a su criterio. gracias por los rewies, la verdad me animan mucho.
Como lo había dicho los problemas solo estan comenzando. ;) los personajes no son míos son propiedad de Rumiko Takahashi solo la historia me pertenece
