Capítulo 12: Entrenamiento

Ante la orden de Kagome zarparon, el segundo barco se unió al principal, y tras una noche de trabajo. Donde el sol salió y se elevó hasta quedar en lo más alto del cielo, fue que lograron atar ambos barcos para iniciar el viaje de vuelta.

Inuyasha deseaba conocer el estado de Kagome, sin embargo por petición de Kagura, Kagome debía permanecer sedada. Aunque su entrada estaba prohibida, la primera noche de viaje logro entrar en la habitación de Kagome. Pero fue recibido por Colmillo, quien enfadado le mostraba los dientes.

- Lo sé, yo también me odio por dejar que ella resultará lastimada. Así que… castigame si quieres - le confesó Inuyasha a Colmillo.

Tras mostrarle los dientes, y observar el dolor en su mirada, junto a sus palabras descubrió que realmente Inuyasha se sentía culpable por como terminaron las cosas.

- Kagome es fuerte, pero… no deja de ser una mujer humana. Ella también tiene momentos de debilidad.

Kagome yacía inconsciente en la cama, siendo observada por Colmillo e Inuyasha. Ambos sin el más mínimo deseo de separarse de ella. Pero el amanecer amenazaba a Inuyasha con ser descubierto. Así que salió de la habitación, sabía que Miroku estaba estresado por tener una pista sobre la perla que tanto había anhelado y ahora se le fue de las manos.

El último de sus marineros en subir al barco, les habían informado dos cosas, que en el castillo de la familia Espagne hubo un ataque y que la princesa Rin había desaparecido en la conmoción.

Inuyasha sabía, conocía los sentimientos de su hermano mayor, y ante su insistencia de casarse con ella posiblemente la secuestrara para poder cumplir su cometido. Así que posiblemente la perla que Miroku deseaba estaba en un barco privado con destino a TerreDragon.

Kagome estaba mal herida, y sus heridas solo se infectan más y más según el diagnóstico de Kagura, incluso deliraba y sudaba mucho durante las noches. En sus sueños solo podía ver pesadillas. Inuyasha estaba estresado de pensar que eran muchos días lo que estaban demorando en llegar a Sirène Secrète. Al salir una noche observó las estrellas y se fijó que algo no estaba bien. Y fue hablar con Miroku.

- Miroku el curso está mal, nos estamos desviando de Sirène Secrète - le dijo Inuyasha pero Miroku solo guardó silencio.

- Cuando llegamos a Espagne, Kagome nos confesó que después te dejáramos en Royaume Plage. Fueron sus órdenes - le confesó Kagura a sus espaldas.

- No voy a ir a Royaume Plage, no con Kagome en ese estado - le suplico Inuyasha quedarse.

- Antes lloraba porque querías volver ahora lloras porque te quieres quedar? - se burló Kagura.

- No lloro, solo… solo, siento que es mi responsabilidad el estado de Kagome - le confesó Inuyasha - por favor, vamos a Sirène Secrète, cuando Kagome sane yo me iré. - le confesó Inuyasha a Kagura.

- Quiero que cumplas con tu palabra

- Lo haré…

Inuyasha cuido de Kagome durante las noches, junto a Colmillo sin separarse de ella. Tanto Inuyasha como Colmillo velaban por su sueño y tenían la esperanza que su presencia alejara las pesadillas que la agobiaba.

Al llegar a Sirène Secrète, Kagome fue llevada directamente al castillo. Donde cambiaron las vendas y usaron una medicina diferente para tratar de solucionar la herida.

- Ya veo, fue envenenamiento - confirmó una doctora.

- Tiene cura? - le preguntó Kagura en la habitación.

- No sé qué veneno usaron así que no sé cuál sea su remedio.

- Ya veo, por favor haz todo lo posible para curarla.

- No tienes que pedirmelo

Kagura salió a informarle a los demás sobre el estado de Kagome, Miroku y Sango se mostraba tristes por el estado de su capitana e Inuyasha solo podía sentirse culpable.

- Si, yo no hubiera estado allí. Ella no habría resultado herida - confesó Inuyasha

- Eso no lo sabremos nunca con certeza, así que no te culpes por ello - le confesó Kagura

- ¿Alguna vez, Kagome resultó herida en una misión, con anterioridad? - pregunto Inuyasha para tratar de justificarse

- No nunca - le confesó Miroku ante el silencio que se había formado.

- Ya veo…

Inuyasha solo salió del castillo, y se sentó en la entrada del bosque en una roca donde podía estar solo para pensar, aunque sus soledad se vio sustituida por Colmillo. Aquel perro colosal se sentó a su lado y ambos permanecieron en silencio.

- Estoy seguro que si tú estabas con ella, podías haberla defendido - le confesó Inuyasha.

Pero el perro solo le dio un pequeño chillido en rechazo y se acostó en el suelo, observando el bosque al igual que Inuyasha.

- Ella estará bien, Kagome es una mujer fuerte - trato de animar Inuyasha a Colmillo.

Al anochecer, ambos fueron directo a la habitación de Kagome, por supuesto Colmillo la veía por la ventana, e Inuyasha entro por la puerta y se sentó junto a ella en una silla.

- Kikyō… lo siento… - hablaba Kagome entre sus pesadillas.

- Kagome - trataba de llamarla Inuyasha para despertarla.

- Lamento… yo te lo robe… no fue mi intención - seguía hablando Kagome entre sueños.

- Kagome, solo es un sueño - trataba de calmarla Inuyasha.

Pero había algo que sentía que no comprendía, celos? ¿Por qué soñaba con Kikyō? ¿Por qué Kikyō era tan importante para Kagome? ¿Qué le había robado a Kikyō? ¿Cuáles eran los pecados que Kagome había cometido? ¿Por qué conocía al rey de Royaume Plage? Cada vez surgían más preguntas y no obtenía ninguna respuesta clara.

- Inuyasha - lo llamo Kagome sacándolo de sus pensamientos.

- Kagome! - la llamo Inuyasha al observar que ella lo estaba viendo.

- Dónde estamos?

- Llegamos a Sirène Secrète, has estado inconsciente todo este tiempo

- ¿Cuánto tiempo?

- 10 días en total, desde que salimos de Espagne.

- Ya veo… dime cómo están los demás?

- Miroku y Sango están preparando el barco, consiguieron una pista sobre la perla de Sango.

- ¿Y Kagura?

- Ha estado al pendiente de tu salud y ha estado gobernando junto al consejo.

- ¿Qué ocurrió con los jóvenes que rescatamos?

- Kagura los dejo con Hoshiyomi, tuvimos que salir rápido de Espagne por órdenes tuyas

- Mías?

- Si, le ordenaste a Kagura dejar rápidamente Espagne.

- Supongo que ya estaba delirando, por eso siempre le digo a Kagura que no tome mis palabras como una orden, y que siga su propio criterio.

- De igual forma, resultó ser bueno que saliéramos rápidamente, uno de tus marineros confirmó que los oficiales iniciaron una búsqueda sobre quienes habían eliminado a sus comandantes de alto mando.

- Ya veo… pero de igual forma no me gusta que Kagura me obedeciera sin rechistar

- ¿No es eso lo que todo líder desea? ¿Que lo sigan fielmente?

- Una cosa es ser fiel, otra es imprudente y ciego ante los mandatos de un jefe.

- Eres una buena jefa.

- Me gusta considerarme más una líder

- ¿Cuál es la diferencia?

- Una jefa es solo alguien que manda, un líder es aquel que da las herramientas para que ellos sean mejores

- Nunca había pensado en eso.

- Cómo está Colmillo?

- Esta bien, solo preocupado por ti.

Inuyasha se movió para que Kagome pudiera verlo en la ventana, donde había metido su cabeza para verla, y el perro comenzó chillar un lamento.

- Mi amado Colmillo

Kagome trato de levantarse para ir con su bestia, quien también necesitaba sentirla cerca.

- Tranquila, no te esfuerces

Le indico Inuyasha para levantarla en brazos, al estilo nupcial y acercarla a la ventana. Donde la bestia lamió su mano, y Kagome comenzó a rascarle la cabeza en señal de afecto. Inuyasha observaba como ambos se daban esas muestras de afecto, como ambos se amaban y se sentía de más en ese momento. Sentía que debía salir de allí y darles la privacidad de darse el calor mutuo que ambos estaban pidiendo, pero Kagome no podía mantenerse de pie y era su deber ayudarla.

- Por favor, cuídate - le pidió Kagome a Colmillo.

Inuyasha llevó a Kagome nuevamente a la cama y la arropó para que no pasará frío.

- Necesito un favor - le pidió Kagome a Inuyasha

- Dime…

- Lleva a Colmillo a mi cabaña en el bosque, y dale de comer un cerdo. Ha estado aguantando el hambre durante más de 10 días. Puede atacar a alguien por hambre. Nunca lo ha hecho pero temo por su cordura.

- Está bien, lo llevaré.

Inuyasha intentó llevarse a Colmillo, pero este se mostraba renuente a dejar a su ama sola, debido a que cualquier pesadilla podía perturbarla.

- Ella no desea, que pases hambre y que sufras aquí por ella - le confesó Inuyasha a la bestia blanca.

Colmillo decidió seguir a Inuyasha, también debía saciar su hambre, estaba angustiado por Kagome al igual que el humano que lo llevaba.

- ¿Dónde queda la cabaña de Kagome? - le preguntó Inuyasha a Colmillo

La bestia blanca decidió ser su guía, y llevarlo por el bosque muy a lo profundo. En algún punto Inuyasha comenzó a pensar si realmente aquella bestia solo comía cerdos para saciar su hambre y no un humano como narraban las leyendas. Pero confiaba en Kagome ella no lo llevaría hasta su muerte, no? Qué es lo que realmente lo hace confiar en una mujer de la cual no sabe nada?

Un gruñido lo saco de sus pensamientos, y por un momento temía que su idea se volviera una realidad, pero al levantar la mirada Colmillo se apartó y una pequeña cabaña modesta apareció a su vista.

Inuyasha no conocía de una vida rural o de campo pero se sorprendió de ver a los animales bien cuidados, como si alguien los fuera alimentado durante esos días que Kagome estaba afuera.

- Kagome dijo que debía alimentarte pero… no sé cómo - le confesó Inuyasha - ella dijo que te diera de comer un cerdo, acaso comes carne cruda?

Colmillo le gruñó enojado, y le indico con su nariz dentro de la cabaña, cuando Inuyasha observo por la ventana que mencionaba Colmillo, vio que este señalaba una estufa.

- No esperaras que cocine, verdad? - le pregunto Inuyasha, esperando estar equivocado.

Aunque por la mirada que le daba la bestia blanca, se dio cuenta que no era mentira debía cocinarle un cerdo, el problema es que el no tenía idea sobre cocinar y mucho menos como se cortaba un cerdo. Necesitaba ayuda para eso.

- Jamás he matado a un cerdo, mucho menos he descuartizado uno, como se hace? - le preguntó Inuyasha a Colmillo.

Pero este solo ladeó su cabeza en señal de no saber tampoco. Inuyasha incluso no sabía que cerdo elegir, si uno gordo o uno largo, si el más viejo o el más joven, si un macho o una hembra. Eran muchas dudas, necesitaba respuestas.

Inuyasha volvió con Colmillo al castillo si alguien sabía cómo le gustaba la comida a esa bestia blanca era Kagome. Inuyasha se metió por la ventana, a la habitación de Kagome. Y la observó en la cama.

- ¿Dime le diste de comer a Colmillo? - le hablo Kagome con los ojos cerrados

- Estás despierta?

- No, solo hablo en sueños - le dijo Kagome abriendo los ojos y burlándose de Inuyasha.

- No sé, cómo se prepara - le dijo Inuyasha avergonzado ignorando que ella solo se burlaba de él.

Kagome solo pudo reír inocentemente, y observar como Inuyasha evitaba verla de la vergüenza y Colmillo ladeaba la cabeza preguntandose dónde por ella.

- Inuyasha, vamos… - le dijo Kagome para extenderle el brazo en señal que la cargará

- ¿Estás segura? - le preguntó Inuyasha no muy convencido.

- Tranquilo, prefiero estar en mi cabaña que aquí en el castillo.

Aún cuando no estaba muy convencido Inuyasha cargó a Kagome, y salió por la ventana, junto a Colmillo fueron a la cabaña en el bosque donde Kagome vivía. Pero esta vez tardaron un poco más, Colmillo era consciente de la herida de Kagome y sabía que no podía moverse mucho o ella saldría lastimada, así que Colmillo camino tranquilamente con Inuyasha sosteniendo a Kagome en su lomo.

- Hogar dulce hogar - dijo Kagome más animada.

- Seguro que prefieres estar aquí? En el castillo hay más comodidades - le pregunto Inuyasha

- No me gustan mucho los lujos, Siempre e preferido una vida sencilla

- Es extraño

- ¿Qué cosa?

- Que una mujer, prefiera esta vida. Siempre veo como las mujeres hacen lo que sea por la gloria, el poder, la riqueza…

Inuyasha observo como Kagome simplemente rechazaba todas las cosas que eran buscadas por otras mujeres.

- Eres diferente - culminó por decir Inuyasha

- Y acaso eso es malo?

- No para mí.

Ante la mirada que Inuyasha le daba Kagome no pudo evitar sonrojarse por la forma en que la veía, aunque Kagome trato de apartar su rostro por la vergüenza, pero Inuyasha usó su mano para moverla desde la mejilla a hacer que ella lo viera. Y así ambos poco a poco acercaron sus rostros, pero se vieron interrumpidos por un gruñido de celos por parte de Colmillo.

- Lo siento - se disculpó Kagome con la bestia blanca.

Inuyasha solo podía verlo con recelo por haberlos interrumpido, y como si ambos tuvieran un duelo de miradas, donde las chispas de la discordia podía verse en el aire.

- Busca un cerdo, el más gordo, y te diré que hacer - le dijo Kagome rompiendo ese duelo.

Inuyasha comenzó a seguir la instruciones de Kagome el pie de la letra, consultando paso a paso sobre el gusto de aquel animal.

Kagome no sólo preparaba la comida para su compañero sino también para su invitado. Inuyasha aquella noche degusto, de un plato casero hecho por Kagome a manos de él. Fue así donde los tres se sentaron a comer.

- Vaya está muy bueno - se alabó Inuyasha a sí mismo por cocinar la primera vez.

- Bueno te dije que no usarás tantas especias, pero si está rico - le confesó Kagome

Colmillo solo devoraba su plato como si no hubiera un mañana. Terminaron de comer donde Inuyasha y Kagome solo degustaron un plato ya que Colmillo comió el resto de los alimentos justificado sobre el tiempo que tenía sin recibir alimento.

- Oye, y porque Kagura, Miroku, o la tal Sango no alimentaban a Colmillo en tu ausencia?

- Colmillo es muy consentido, no le acepta comida a cualquiera. Posiblemente Kagura le haya dado algo de carne cocida pero estoy segura que no la comió porque no le gusta. Además de eso a Kagura y los demás no les gusta estar cerca de Colmillo ya que les da miedo.

- Y me enviaste a mi solo al bosque con él

- Estaba segura que estarían bien

- Y si me comía?

- Colmillo jamás haría eso

- Feh, no lo creo.

- Pues yo conosco a Colmillo, y se lo que hace y lo que no

- Mentirosa…

- Tonto…

Ambos discutieron, hasta que se vieron interrumpidos por Kagura.

- Sabía que estarías aquí, pero no sabía cómo habías llegado - dijo Kagura a lo último como regaño a Inuyasha.

- ¿Qué ocurre? - le preguntó Kagome cambiando de tema.

- Al parecer, se nos subió un polizón en el barco. Lo atraparon varios guardias cuando robaba un puesto de frutas. - le confesó Kagura.

- Bien, llévalo al calabozo. Leele sus derechos en esta tierra y cortarle un dedo por advertencia, vigilalo y si vuelve a robar le cortamos la mano - le ordenó Kagome

- Es un niño… - le confesó Kagura - no tiene más de 8 años, aunque se ve más pequeño por la desnutrición que posiblemente ha llevado.

Inuyasha observó el rostro de Kagome, saber que era un niño pequeño debía provocar un cambio en su decisión, o no?

- Llévalo al castillo, averigua su historia y dale de comer hasta que pueda verlo y darle una sentencia más apropiada. - le pidió Kagome

- Si, mi reina…

- Ya te dije que no me llames reina - le pidió Kagome avergonzada.

Aunque Kagura ignoró el pedido de Kagome, fue directamente a pararse frente a Inuyasha. Inuyasha temía que Kagura lo regañara por sacar a Kagome del castillo y llevarla a la cabaña en el bosque.

- Supongo que no puedo hacer nada, debo atender varios asuntos vendre mañana temprano - le confesó Kagura a Kagome - y tú! Cuídala. Aquí está la medicina que debe tomar, y esta otra es para cuando ella se cambie la venda. Trata que no se le pasen las horas.

Le dio una medicina a Inuyasha, y la del cambio de venda junto a una nueva a Kagome. Salió de la cabaña y se fue del lugar. Inuyasha por instrucciones de Kagome limpió la casa, para cuando el sol comenzó a ocultarse. Ya Inuyasha estaba cansado, pero era Kagome quien tenía pequeñas bolsas negras debajo de los ojos.

- ¿Puedo pedirte un último favor? - le pidió Kagome

- Claro

- Calienta un poco de agua

- Esta bien.

Tras calentar un poco de agua, la cual Inuyasha termino de colocar en un pequeño recipiente, cuando se lo dejo a Kagome en el lugar donde ella indicaba.

- ¿Puedes salir de la cabaña? Y no mires adentro

- ¿Quieres que me vaya ahora?

- Solo por unos minutos - le pedía Kagome en súplica

- Bien me voy - le dijo algo molestó por su petición.

Salir de la cabaña no resultaba un problema, permanecer afuera si, la única luz que se vislumbraba era la de la cabaña, ya el anochecer había cubierto todo a su alrededor. Incluso Colmillo había salió a caminar, tras saber que su ama estaba en mejor estado.

Inuyasha simplemente no podía estar más molesto por el trato dado, después de todo lo realizado ese día. Así que enojado decidió averiguar qué era lo que Kagome estaría haciendo en ese momento a lo cual él no podía observar.

Abrió una ventana, lo suficiente para observar lo que había adentro, y a su vista visualizó nuevamente el cuerpo de una mujer. Kagome le había pedido salir para poder darse un baño con un trapo y cambiarse las vendas. La primera vez que la vio, observó su anatomía por un periodo muy corto pero ahora podía darse el lujo de tomar en su mente cada detalle de ella. De todos los lugares donde Kagome recorría el paño mojado en agua para limpiarse. Podía verla perfectamente, podía degustarla lentamente.

Se preguntaba, por un momento sobre el placer que podía proveer el cuerpo de una mujer, y sobre las caricias que estás dan. Siempre escuchaba de esos placeres pero hasta ahora no había tenido ese deseo de descubrirlo. Siempre había creído que era estupido desear el cuerpo de una fémina en ese aspecto. Sin embargo ese pensamiento paso a segundo plano, cuando Kagome paso el paño por su costado y observo una marca rosada en su piel con forma de luna creciente, cubría gran parte de su cuerpo, iniciando por debajo de su seno hasta por encima de la cadera.

Kagome simplemente pasaba el trapo con agua caliente los todo el cuerpo con el propósito de bañarse, tras cambiar todas las vendas y vestirse le indico a Inuyasha que podía entrar nuevamente en la cabaña, y aunque Inuyasha titubeó durante unos segundos debía entrar como si nada.

- ¿Dónde está Colmillo? - le pregunto Inuyasha, para tratar de cambiar el tema de su mente.

- Posiblemente está jugando, no siempre debemos estar juntos

- Pensé que siempre lo estaban

- De igual manera cada uno tiene su espacio, no es un accesorio que pueda tener siempre conmigo

- Creí que ustedes dos se "amaban"

- Amarse no significa estar siempre juntos sino pensar en el otro cuando se está separado, y ser feliz con esa persona

Inuyasha no sabía cómo interpretar sus palabras debido a que nunca tuvo ese deseo de estar con alguien, nunca tuvo esa necesidad de velar por una persona más allá de tus pensamientos.

- ¿Nunca has pensado así sobre Kikyō?

- No tengo ninguna deuda con ella, más que la impuesta por nuestros padres y su conveniencia. Estoy convencido que debemos estar juntos por el bien del reino pero…

- No sientes nada por ella.

- No se, como se siente estar enamorado

Se encontraba solo y perdido no solo en un reino ajeno sino en sus propios pensamientos, por primera vez en su vida se debatía seriamente sobre lo que su mente albergaba sin el miedo y la angustia infantil que antes lo atormentaba.

- En fin, Kagura me dijo que te diera la medicina - rompió Inuyasha sus propios pensamientos para no lidiar con ellos.

- Sería bueno que organizes tus ideas - le indico Kagome amablemente.

- Como? - le pregunto sin saberlo exactamente.

- ¿Tienes algún pasatiempo?

- ¿Pasatiempo?

- Si, hay algo que te guste hacer, en lo cual encuentres gratificación personal? - le preguntó Kagome, tomando un poco de agua.

- Jamás pensé en tener uno. - le respondió Inuyasha, mezclando la medicina en un vaso con un poco de agua, de espalda a Kagome

- ¿Te parece si tratamos de encontrarlo?

- ¿Qué podría ser?

- No lo sé, que cosas te gustan?

Inuyasha buscaba en su mente algo que le gustará pero no podía pensar en nada más, que en su deseo infantil de navegar, pero eso no podía ser un pasatiempo, ya que requería mucho tiempo y debía buscar algo pequeño solo para el momento.

- Quizás entrenar con la espada, desde que era niño y tenía problemas para dormir practicaba con la espada para cansarme.

- Eso es algo bueno

Inuyasha observó como Kagome se levantaba de la cama, y lo guiaba hacia afuera.

- No creo que debas levantarte

- Te voy a enseñar algo para que practiques.

Kagome lo guío hacia un pequeño bulto el cual quitó la tela vieja de encima descubriendo un muñeco de madera con 6 brazos.

- ¿Qué es eso?

- Es un muñeco de entrenamiento, por supuesto no usarás una espada real, tendrás que usar este Bokken.

- No creo que sea un buen entrenamiento un muñeco inmóvil.

- Adelante golpealo.

Inuyasha se colocó en posición de ataque, y trato de encestar al muñeco con su mejor golpe, de lo que no se dio cuenta fue que el golpe fue un rebote en el muñeco y acabó por regresarle el golpe.

- Creé este muñeco tomando como ejemplo al Wing chun. Solo que este sus brazos ruedan y donde des un ataque el otro lado te golpeara.

- Sería duro entrenar con esta cosa

- Si es complicado pero tratar de superarlo no sólo te sirve como pasatiempo sino como entrenamiento en la defensa

- Solo defensa?

- En muchas ocasiones una buena defensa es mejor que un ataque.

Inuyasha trató de encestarle un golpe y luego defenderse del muñeco, pero simplemente no podía se dio cuenta que sus habilidades con la espada no eran tan buenas como él pensaba.

- Esto es imposible

Dijo rindiéndose a la posible mentira que Kagome le había dictado. Inuyasha observo como Kagome tomaba otra Bokken que estaba en la pared y la uso para luchar contra su muñeco de entrenamiento. Aunque esquivó los primeros dos ataques el dolor de su herida no la dejo esquivar el 3er golpe y este acabó por tumbarla al suelo.

- Kagome! - gritó Inuyasha para ir en su ayuda.

- Creo que no debí hacer eso - se burló Kagome

- ¡Tonta!

La regaño Inuyasha, para luego tomarla en brazos y llevarla a la cabaña para colocarla en la cama, y examinarla por encima.

- ¿Qué te duele?

- Me duele - le dijo ella, sin dejar de tocarse las costillas en el lugar donde recibió el golpe

- Tonta, ¿por qué haces siempre cosas tan imprudentes? - le preguntó Inuyasha un poco enojado.

- Lo siento, a veces no mido mis propias limitaciones - se reía Kagome con dolor.

Inuyasha busco entre las cosa la medicina que Kagura le había traído y observo que Kagome solo había consumido poca cantidad.

- Por eso te duele, no has tomado la medicina - la regaño Inuyasha

- Claro que sí, la tomé

- Debías tomarla toda, no una parte

- En serio? - le pregunto Kagome sin conocer realmente la respuesta.

- Ten tómatelo todo

Ante su mirada Inuyasha observó como Kagome se tomaba todo el polvo dado por Kagura para que ya no sintiera dolor. Y tras unos minutos de espera, Kagome confirmó lo pedido

- Pues ya no me duele

- Ves, eres una tonta por no tomarla completamente

- Tienes razón

Kagome intentó levantarse de la cama, pero se vio mareada de forma repentina, e Inuyasha de forma apresurada se acercó para detener su caída.

- Lo siento no sé qué pasa? - se preguntó Kagome

- Debes descansar - Inuyasha sabía que posiblemente se debía a la medicina

Inuyasha trató de acostar a Kagome en la cama, de manera forzada pero ella se resistía a dormir.

- No quiero estar sola - le pidió Kagome, como una súplica

- Esta bien dormiré en la sala, si me necesitas estaré allí

Inuyasha intento acostarla pero ella se mostraba renuente a quedarse acostada en la cama.

- No quiero estar sola, no quiero que la desgracia venga por mi

- Desgracia?

- No quiero ver esas malas imágenes

- ¿Hablas de tus pesadillas?

- Son reales, todos esos sueños son reales… - le decía Kagome con miedo

- Kagome

Inuyasha la abrazo, no sabía cómo decirle que aquellas imágenes que veía eran de sus miedo perturbando su mente.

- Inuyasha, no me dejes - le pidió Kagome abrazándolo también.

- No lo haré, No te dejaré - le aseguro Inuyasha.

Ambos permanecieron en ese abrazo reconfortante, cuando Inuyasha tuvo deseos de ver el rostro de Kagome, pero cuando ambos se vieron a los ojos, fue Kagome quien dio el primer paso y unió sus labios junto a los de Inuyasha. Durante los primeros segundos Inuyasha simplemente quedó impresionado por el accionar de ella, pero correspondió al beso, por un momento ya nada importaba.