Capítulo 13: Violación?

Inuyasha podía sentir como Kagome recorría su espalda con las manos, e ir al pecho. El también deseaba hacer lo mismo pero temia de sus propias acciones y de lo desconocido que era ese mundo para él.

- Por favor…

Le suplicó Kagome, tomando la mano de Inuyasha y colocándola por encima de su pecho, dándole a Inuyasha la posibilidad de tocar su seno por encima de la ropa.

- Por favor, tócame - le pidió Kagome

- Kagome… - susurro Inuyasha su nombre.

Aunque estaba nervioso, no quería perder la oportunidad de poder tocar el cuerpo de una mujer, y más aún cuando su propio cuerpo le pedía a gritos que quería estar con ella. Aunque no sabía exactamente cómo.

Entre besos y mimos, la ropa fue desapareciendo del camino, aunque Kagome se tapaba los pechos con el brazo, Inuyasha lo apartaba cada tanto de tiempo para verlos y tocarlos. Kagome simplemente cerraba los ojos, su rostro se tornó muy rojo debido a la subida de temperatura que se estaba formando.

Kagome simplemente estaba quieta y sumisa ante lo que él hacía o pedía de ella. Inuyasha solo aprovechaba para deleitarse con esa. Cualquier cosa o idea que viniera a su mente en ese momento sabía que ella lo aceptaría, algo en su interior se lo decía.

Inuyasha comenzó a usar su boca para explorarla, de sus labios, trazando una línea por el cuello hasta llegar a los senos donde les dio la atención que necesitaban uno por uno. Pero observo una marca en la cintura de Kagome, una marca de media luna.

¿Podía escuchar a Kagome quejarse? No, eran gemidos de placer. se decía Inuyasha para sus adeptos. No quería parar, no deseaba detenerse y aunque no sabía si lo estaba haciendo bien. Simplemente parar no era una opción deseable.

- Kagome - Inuyasha sólo podía decir su nombre, No existía nada más.

- Yo soy virgen - tras unos minutos de silencio Kagome logro hablar y expreso aquellas palabras que Inuyasha necesitaba oír.

- Yo tambien - le respondió Inuyasha

Un pequeño beso fue puesto en los labios de Kagome, cuando estos se separaron. Inuyasha solo pensó que había algo que deseaba conocer, algo que deba ver. Inuyasha se levantó un poco apoyándose en las rodillas, para con sus manos abrirle las piernas a Kagome, deseaba verla. Deseaba conocer el placer por el que los hombres se peleaban.

- Es como una herida abierta - pensó Inuyasha para sus adentros

- No me mires así, me pones nerviosa - le confesó Kagome avergonzada

- Lo siento, es la primera vez que veo uno. No sabía cómo eran

Le confesó Inuyasha, no era una mentira. Se suponía que solo debía estar en el lecho con la mujer con quien se iba a casar. Pero no podía negar que aunque Kikyō no le desagrada, tampoco le atraía en ese aspecto.

Kikyō podía ser algo fría, aunque posiblemente ella era la única que lo entendía en su soledad, Kikyō era la única que se sentía tan sola como él. Pero Kagome no lo hacía sentir solo, tal y como ocurrió en la plaza de Espagne Kagome llegó en el momento justo donde estaba a punto de caer en un abismo de su propia soledad, fue Kagome la que llegó y le dio un cálido té para animarlo. Kagome sabía cómo animarlo y se sentía tranquilo estando con ella, solo con ella.

Inuyasha comenzó a pasar sus dedos sobre la cálida y húmeda piel, o aquella "herida" como la veía él. En algún punto deseo probar eres aroma dulce que desprendía. Y lo hizo, directamente pasó su lengua por la intimidad de ella.

- Esto está delicioso - exclamó Inuyasha.

Inuyasha solo podía ser fiel a lo que sus pensamientos deseaban en ese momento. Mientras pasaba su lengua por todo el contorno de ella, descubrió una pequeña abertura.

- Creo que aquí es donde debo entrar, Kagome voy a entrar - le confesó Inuyasha.

Kagome solo tenía su cabeza de lado, con los ojos cerrados, Inuyasha tomó eso como una afirmación ante lo que ella sentía. Poco a poco trato de entrar y aunque el primer intento fallo debido a lo resbalosa y pequeña que era.

- Kagome no puedo entrar - le confesó él.

- Soy virgen - fue lo único que logró afirmarle Kagome, sin mirarlo a la cara.

- Lo sé…

Volvió a entrar en ella, pero esta vez fue diferente, sintió romper algo en ella. Y Kagome solo pudo gemir en señal de dolor, e Inuyasha observó cómo sus ojos se llenaron de lágrimas.

- Kagome…

No quería verla llorar, no deseaba verla llorar. Se acercó a ella, para calmarla entre besos y caricias.

- Lo siento, no se que me pasa - se disculpó Kagome.

- Tranquila, debí tener más consideración contigo

- Inuyasha…

- Kagome…

Tras un pequeño y casto beso, Inuyasha comenzó a moverse dentro de ella. Aunque Kagome daba sonidos de queja, le pedía que no se detuviera. Inuyasha poco a poco fue incrementando su ritmo hasta terminar de sentir que algo en él se liberaba.

Inuyasha solo pudo caer en el pecho de Kagome, extasiados y cansados ambos por la acción tomada. Ambos quedaron dormidos en ese instante.

Pocas horas después el sonido de arañazos se hacían presente en la casa. El único que despertó fue Inuyasha, dándose cuenta que ambos durmieron desnudos y unidos. Sonrió en complicidad y salió de ella, donde la pudo escuchar gemir en rechazo por su acción, y ver qué de ella salía una pequeña cantidad de líquido blanco. Inuyasha la observó pero no le prestó mucha atención, debía descubrir cuál era el sonido de los arañazos.

Colocándose el pantalón y una camina salió de la cabaña descubriendo que era colmillo quien estaba arañando la pared en señal que deseaba entrar a la casa.

- Vaya que eres fastidioso - le dijo Inuyasha estrujandose los ojos, por el golpe de luz que le llegó.

Colmillo solo volteo a verlo y trato de ignorarlo pero al oler el aire se dio cuenta de algo, y eso lo hizo enojar. Aquel perro colosal comenzó a gruñirle a Inuyasha enojado, muy enojado.

- Oye que te pasa, soy yo… - le dijo Inuyasha caminando hacia atrás, tratando de calmar a Colmillo

Pero Colmillo solo parecía enojarse más y más con él, sus ojos confesaban que deseaba matarlo de un solo ataque pero algo lo reprimía.

- ¿Qué ocurre aquí? - pregunto Kagura apareciendo en el lugar

- Yo que se, este idiota solo quiere matarme - le dijo Inuyasha quejándose de Colmillo

- ¿Qué le hiciste? - le pregunto Kagura a Inuyasha

- No le hice nada! - le gritó Inuyasha por ayuda

- Ah, donde está Kagome? - le pregunto Kagura fastidiada de aquella situación.

- Adentro pero aún está dormida, mejor no la molestes.

- ¿Le diste la medicina?

- Si se la di toda…

Le respondió Inuyasha, sabía que Kagura no lo protegería de Colmillo, pero Kagura se colocó en medio de ambos, y con los ojos abiertos y con la voz tambaleándose le preguntó.

- Espera como que toda?

- Si, le dije que debía consumirla toda.

- Kagome…

Kagura corrió dentro de la cabaña, e ignorando completamente a Colmillo, Inuyasha entró a la cabaña preocupado al ver la expresión de Kagura. Incluso Colmillo entró en la cabaña para saber el estado de Kagome.

- Kagome! Kagome! Por favor despierta!

Gritaba Kagura desesperada, Inuyasha y Colmillo solo podían observar a Kagura intentando desesperadamente despertarla, Inuyasha observo como Kagura colocaba a Kagome en el suelo, y comenzaba a aplicarle presiones en el pecho para proceder a aplicarle aire en el pecho. Entre súplicas y llanto Kagome comenzó a toser y con eso los tres presentes pudieron volver a respirar.

- Cof, cof - tosía Kagome

- Dime cómo te sientes? - le pregunto Kagura, preocupada y feliz que despertara.

- Estoy bien

Le decía Kagome débilmente, pero Kagura sabía que no era cierto algo en Kagome le indicaba que estaba mal, agregando el hecho que se encontraba desnuda en ese momento.

- ¿Dónde estoy? Me siento mareada - le confesó Kagome, al tratar de levantarse

- Estás en tu cabaña, no la reconoces? - le pregunto Kagura

- Recuerdo llegar y darle de comer a Colmillo, recuerdo que… le mostré el muñeco de entrenamiento a Inuyasha y… no recuerdo nada más - le confesó Kagome

- Kagome, sientes algo más?

- Siento un ardor entre las piernas, en mi…

Kagome trató de decirle pero no continuó hablando al ver a Inuyasha y Colmillo en el lugar. Kagura entendió su vergüenza de verse desnuda ante un hombre. Y le pidió a Inuyasha que se retirará. Ante su pedido Inuyasha decidió salir de la cabaña.

- Kagome, ya se fue Inuyasha dime que sientes.

- Ardor en mis piernas…

Kagome se llevó la mano a su intimidad, y logró tocar una textura nueva para ella, algo pegajoso que no sabía que era y veía de forma curiosa, incluso lo olió reconociendo el mal olor que éste desprendía. Pero Kagura logró reconocerlo inmediatamente, y salió enojada de la cabaña, en dirección a Inuyasha.

- Que ocurre con…

- Maldito, bastardo…

Inuyasha trato de hablar con Kagura sobre la condición de Kagome, pero ella solo lo golpeó tumbandolo en el suelo, golpeándolo en el suelo en repetidas ocasiones.

- La violaste, maldito infeliz. ¿Cómo pudiste hacerle esto? Ella confiaba en ti… - le exclamaba entre llantos Kagura, mientras lo golpeaba quedándose sin fuerzas en el proceso.

- No comprendo nada de lo que dices, yo no hice nada.

Inuyasha se quitó a Kagura de encima, y ella solo podía llorar en el suelo. Inuyasha no comprendía que ocurría, tampoco sabía sobre la acusación de Kagura.

Dentro de la cabaña, Colmillo veía a Kagome fijamente. Kagome levantó su vista y podía observar como Colmillo la veía, pero comprendía que estaba triste, dolido, traicionado.

- Acaso ocurrió algo malo?... Te pido perdón si te hice algo malo

Kagome trato de levantarse pero le resultó difícil poder tener su propio peso, pero cuando iba a caer Colmillo la sostuvo en su hocico. Y ambos pudieron volver a verse a los ojos.

- Por favor, perdóname - le pidió Kagome en súplica a Colmillo. - te falle, verdad? - Kagome no sabía cómo pero sabía que Colmillo estaba herido, traicionado.

Kagome solo podía sentirse mal, sin saber o comprender qué había ocurrido, que había hecho para que todos estuvieran tan mal.

- Debo pedirle perdón a todos - Kagome sabía o sentía que era su culpa lo que estaba ocurriendo allí.

Trató de levantarse, pero Colmillo seguía ofreciéndose para que ella se sostuviera. Kagome se colocó un vestido sencillo para poder salir de la cabaña, y detener a Kagura.

- Kagura detente! - le ordenó Kagome, y Kagura obedeció sus órdenes.

- Kagome - la llamaron ambos al verla con Colmillo.

- Quiero que dejen de pelear por mi culpa… - trato de decir Kagome

- Pero… - trato de hablar Kagura pero Kagome la silencio.

- No quiero más peleas, estoy segura que la responsable de este asunto soy yo. Kagura ve al castillo e informa que llegaré un poco tarde hoy.

- Si, mi reina… - le confirmo Kagura, inclinada ante ella, ocultando su preocupación y angustia por ella.

- Inuyasha necesito que vayas y corte un cerdo como te dije, lo prepararé cuando vuelva.

- Si… - le confirmó Inuyasha.

- Bien… vamos Colmillo…

Kagome se fue montada en el lomo de Colmillo perdiendose en el bosque de la vista de Inuyasha y Kagura.

- Quizás, ella pueda perdonarte porque no lo sabe pero yo no te lo perdonaré jamás.

Le confesó Kagura para irse, aunque anhelaba quedarse para impedir que Inuyasha la "usará" nuevamente sabía que si lo hacía Kagome se enojaría con ella. Tenía pensado hablar con ella a solas, sabía dónde se bañaria y podían hablar solas.

Por su parte Inuyasha tuvo la misma idea, ya había descubierto donde Kagome se bañaba, espero a que Kagura se fuera y comenzó su camino para llegar a Kagome, debía preguntarle debía saber si realmente ella no recordaba nada de lo ocurrido esa noche, no quería ser ese tipo de hombre que usaba a una mujer, quería que aquella entrega fuera especial. Tanto como lo fue para él.

Kagome se encontraba frente a la cascada, se sacó el vestido por encima y se metió en el agua. Colmillo aullaba desde la orilla, Kagome solo podía pensar en limpiarse primeramente el cuerpo y después dejar que el frío del agua adormesca su cuerpo.

- Sabes… siento que algo se rompió. Siento que… algo en mi cambio - le confesó Kagome a Colmillo.

Kagome salió del agua y se sentó en el suelo, Colmillo colocó su cabeza en sus piernas buscando un consuelo de ella. Kagome le acaricia la cabeza a Colmillo.

- Kagome!

Kagome volteo a ver a quien la llamó, al voltear observó que Kagura estaba allí, Kagura se acercó a ella y se sentó para quedar frente a frente.

- ¿Qué ocurre? - le pregunto Kagome

- Dime, qué ocurrió anoche? - le pregunto Kagura.

Inuyasha llegó y observo como Kagura se sentaba frente a Kagome, y le preguntaba sobre lo ocurrido anoche.

- No lo sé, lo último que recuerdo fue que tome toda la medicina que le habías dado a Inuyasha.

- Kagome, lo siento. Debí protegerte…

- Siempre actúas como si fueras mi madre

- Lo siento es solo que…

- Te recuerdo a Kanna

- Si, no pude protegerla a ella y… ahora siento que te falle a tí - le confesó Kagura al borde del llanto.

- Kagura, nada de lo que pasó fue tu culpa. - trato de animarla Kagome - Ni yo sé que fue lo que pasó anoche - le confesó Kagome con una sonrisa.

- Kagome… - aún así Kagura rompió en llanto por lo que creía era su ineptitud.

Kagome la veía sin saber qué hacer, la agonía y angustia de Kagura eran por su culpa. Kagome veía a Kagura y Colmillo sufrir por su culpa.

Entre los árboles Inuyasha se dio cuenta, que realmente había cometido un error, o quizás una falla? ¿un pecado? Tanto había dictado y clamado que nunca sería como esos hombres que abusaban de una mujer y ahora pedía que ella dijera lo que él creía. Inuyasha se fue del lugar, regresaría a Royaume Plage en el primer barco que salga.

Colmillo se levantó de las piernas de Kagome, y ella lo tomó como un acto de darle la privacidad que necesita con Kagura. Pero la verdad era que Colmillo tenía una conversación pendiente con Inuyasha, Kagome observo como Colmillo se iba y perdía en el bosque. Aquella bestia blanca se postró frente a Inuyasha deteniendo su paso.

- Entiendo tu molestia, y como hombre aceptaré que me mates como venganza por lo que hice - le dijo Inuyasha a Colmillo.

Colmillo no emitía ningún sonido, solo lo veía. Pero Inuyasha observó como Colmillo le mostraba el lomo, indicando que se subiera. Ambos debían tener esa conversación

- Bueno, vamonos. Te prepararé un buen pastel como disculpa - le dijo Kagome a Kagura.

- Que? No deberías moverte si te duele - le dijo Kagura

- Ya no me duele, solo sentía un poco de ardor

- Pero…

- Ya estoy bien… - le confesó Kagome con una sonrisa.

Kagura observó como Kagome, se levantaba y se colocaba el vestido ligero, mostraba dolor pero eran por las heridas en su cuerpo y no por el acto que Inuyasha había hecho en ella, o sí?

- Ninguna mujer después de ser violada, puede levantarse con ese ánimo. Muchos menos sin sentir dolor en sus piernas - pensó Kagura al observar a Kagome. - Kagome, que sientes por Inuyasha? - le pregunto Kagura

- Eh, ¿por qué me preguntas eso? - le respondió Kagome avergonzada.

- Acaso tú estás enamorada de él?

- Realmente importan mis sentimientos? Inuyasha se casará con Kikyō. Ella es su responsabilidad, yo no puedo luchar contra eso. - le confesó Kagome.

- Kagome…

- Además yo juré amar a quien se fusionara con Colmillo.

Por otro lado, Colmillo corría por el bosque Inuyasha en su lomo. Debía hablar sobre lo ocurrido, aunque sería Inuyasha quien hablara, y no Colmillo debido a que él no podía. Colmillo llevó a Inuyasha, a una cueva donde tumbó a Inuyasha en el suelo.

- Oye, ¿qué te pasa? - le pregunto Inuyasha enojado.

Colmillo solo lo miro y le pidió seguirlo, adentrándose en la cueva, Inuyasha se dio cuenta que ese lugar no fue formado por la naturaleza, aquella cueva fue creada por unas garras que rasgaban las rocas. Inuyasha podía intuir que Colmillo había creado ese lugar para esconder algo, o alguien.

- ¿Acaso planea matarme aquí y esconder mi cadáver? - pensó Inuyasha - lo aceptaré por lo que he hecho - confirmó Inuyasha en sus pensamientos.

Colmillo llegó hasta una parte más ancha, y en el medio de esa cueva había una espada clavada a la pared.

- Una espada? - le pregunto Inuyasha a Colmillo.

Colmillo solo ladeó la cabeza indicándole que intentara sacarla, Inuyasha tomo la espada y trato de hacer fuerza para obtenerla pero tras varios intentos fallo irremediablemente.

- ¡No puedo! - le indico Inuyasha cansado de intentar

Pero desde su posición Colmillo seguía insistiendo. Inuyasha no comprendía lo que Colmillo quería lograr al obtener aquella espada.

- Acaso es por Kagome?

Ante este pensamiento, la espada se movió un poco, logrando sacar parte de ella. No en su totalidad pero sí una gran parte.

- Acaso fueron mis pensamientos lo que la movió? - le preguntó Inuyasha a Colmillo pero este solo lo veía fijamente.

Inuyasha intentó usar la fuerza nuevamente para intentar sacar la espada, pero tal y como fue la primera vez no pudo sacarla.

- Maldición, en que debo pensar? - Inuyasha había descubierto que sus emociones eran la respuesta.


Hasta aquí el capítulo, espero lo hayan disfrutado. debo admitir que espero tu reviews Susanisa. eres quien me inspira a seguir publicando. me gustaria saber tu opinión sobre este capítulo.