Capítulo 16: Angustia
Por otro lado el sol comenzaba a asomarse por el horizonte, y de todas las preocupaciones y angustias que azotaban ese barco, la mirada que no perdía de vista el castillo era la de Kagome, tras la ida de Kagura, Kagome no pudo conciliar el sueño y observar como el sol salía y Kagura no volvía, la hacía sentir intranquila, preocupada, nerviosa.
Desde la distancia Inuyasha observaba como Kagome, se desvelaba. Y al igual que ella podía sentir que algo estaba mal. Podía sentir como la angustia que Kagura no volviera provocaba que se sintiera mal por ella.
El amanecer llegó y los pobladores comenzaron sus negocios, cada hombre, mujer y niño comenzaba su labor diaria. Para Kagome aquella vista aunque hermosa estaba llena de dolor al observar que Kagura seguía sin volver a medio día.
- Kagome… - la llamo Miroku sin saber que decir en ese momento.
- Lo sé… - le respondió Kagome.
Sabía que debía suponer lo peor, que ella se vio capturada o ya estaba muerta. Sin embargo la misión era buscar la perla. Y necesitaban entrar sin iniciar un mayor conflicto que involucre a los dos países.
- Debemos averiguar qué ocurrió con Kagura - le específico Inuyasha
- Se vio capturada posiblemente - le dijo Kagome sin una pista de emoción negativa
- Cómo puedes estar tan tranquila? - le confesó Inuyasha al verla.
- Para pensar en un plan siempre debes hacerlo con la mente fría, no podemos expresar emociones en este tipo de situaciones o tendremos problemas. - le confesó Kagome, y caminó hacia su camarote
Inuyasha solo podía seguirla, quería saber que tenía en mente para ayudar a Kagura sea cual sea el problema que ella estaba. Así que Kagome entró en su habitación que estaba detrás de su oficina, e Inuyasha observó como Kagome se desvestía para cambiar a un atuendo más ligero, colocándose pantalones y escondiendo varias armas en el proceso.
- Te estás preparando para una guerra - le confesó Inuyasha
- Dime una cosa Inuyasha, cuando una mujer muestra una habilidad que solo puede ser para un hombre, que le hacen a la mujer?
- No entiendo tu pregunta.
- La tachan de bruja y la queman en público.
- Si pero… no pensarás que Kagura será quemada cierto?
- Tu hermano sabe que ella posiblemente no esté trabajando sola, la muerte de Kagura será una advertencia para nosotros.
- Entonces vas a rescatar a Kagura mientras la intentan quemar en la hoguera?
- Mientras Miroku y tú entran al castillo y buscan la perla los guardias no creerán que abandonaremos a un compañero en sus últimos momentos.
- Pero es un plan muy arriesgado para ti sola.
- Sola puedo pelear mejor, no tengo que preocuparme por nadie…
- Lo dices por mi?
Le confesó Inuyasha recordando lo ocurrido en Espagne durante la cacería, aún el rostro de Kagome le decía que no pensará en ello. Decidió callar sabiendo que Inuyasha tomaría sus palabras como un regaño, aunque no pudo impedir que estás salieran de igual forma.
- Nunca me arrepentí de tenerte a mi lado, me hace feliz estar contigo.
Con aquella frase Kagome salió de la oficina y fue a buscar a Miroku para informarle sobre el nuevo plan. Inuyasha y Miroku partieron hacia el castillo. Sango debía estar preparada para un escape rápido de ser necesario, y Kagome buscaría a Kagura en la plaza o la cárcel.
Con frases de niña perdida e inocente cubierta por una capucha completa hasta los pies, Kagome llegó a la cárcel de la ciudad.
- Dis-disculpe señor… Estoy buscando a mi hermana. ¿Está aquí? - le hablo Kagome fingiendo vergüenza y miedo.
- Como quieres que sepa si tu mamá está aquí! - le gritó el guardia al no poder verle el rostro.
- Es mi hermana… - continuó Kagome con su papel.
- Y qué gano yo si te dejo verla? - le pregunto el guardia al observar su rostro, y cambiando de tono a uno más lascivo
- Yo… no lo sé señor. Que desea? - le preguntaba Kagome fingiendo ignorancia.
- Vamos una niña como tú ya debería saber lo que un hombre quiere…
- Déjeme ver si está mi hermana primero, por favor - le imploro Kagome con tono inocente.
- Lo siento, no puedo - se burló el guardia.
- ¿Qué desea que haga? - le pregunto Kagome, fingiendo no saber.
- El pago por adelantado - le exigió el guardia viéndola de pies a cabeza.
- Esta bien, pero hay alguien más? No quiero que nadie me vea - le pregunto Kagome
- Tranquila hoy estoy solo yo - se rió el guardia al creer que obtendría un premio.
- Esta bien vamos adentro.
Al entrar en la oficina de la guardia, el oficial cerró la puerta detrás de él, y cuando se acercó a Kagome le dio un golpe certero en el cuello cortándole la respiración al guardia.
- La verdad me das un poco de asco - le hablo Kagome de la forma más despectiva posible.
- Mal-dita… - le dijo el guardia con dificultad para respirar.
- Tu eres el asqueroso… - le termino de decir Kagome para noquearlo, y tomar las llaves.
Kagome busco entre las celdas a Kagura, varios prisioneros estaban felices de ver a una mujer dando a entender que tenían tiempo sin estar con una. Kagome salió de las celdas al darse cuenta que Kagura no estaba en ellas. Si ese era el caso el único lugar donde podía estar era el castillo.
Kagome estaba dispuesta a salvar a Kagura, costase lo que fuera. Pero debía darse prisa ya que si Kagura está retenida en el castillo posiblemente estaba recibiendo tortura.
Mientras tanto Miroku e Inuyasha se infiltraron en el castillo, por la fisura que había mencionado Inuyasha, aunque fue complicado lograron entrar por ella, noqueando a dos guardias los ataron y robaron sus uniformes. Trataron de cubrir sus rostros con las viseras que portaban los guardias.
Fue complicado esquivar a los soldados, todos estaban en alerta y terminaron por descubrir que todos los soldados se conocían, debían tener cuidado de avanzar solo a la distancia para no alertar a nadie.
Llegaron a los calabozos del castillo, donde Miroku e Inuyasha buscaban a Kagura, la cual encontraron en la última habitación atada a una silla. Lo primero que hicieron fue cortarle los tendones de los pies para que no escapara.
- Kagura! - la llamo Inuyasha
Se acercó a ella para desatarla de la silla, cuando Kagura recobró el conocimiento. Cuando logró enfocar bien su mirada en Inuyasha y Miroku. Se asustó y les gritó a ambos.
- ¡Correr es una trampa!
- Que?
Pronto se vieron rodeados por varios soldados, los cuales fácilmente los superaron en número, Inuyasha fácilmente podría golpearlos y salir del lugar. Pero algunos tenían armas de fuego y tanto Miroku como Kagura podrían resultar heridos o peor muertos.
Lo mejor era dejarse apresar, los tres fueron llevados con el capitán de la guardia, y en el salón principal. Cuando les quitaron todo lo que tenían encima, Despojandolos de sus armas.
Se les dio una conferencia a los 3 para que su juicio fuera dictado por el mismísimo rey de Terre Dragon. Inuyasha solo podía pensar en recurrir a la misericordia de su hermano para salir del lugar pero posiblemente no lo reconocería con su nueva apariencia. Incluso él se veía diferente en el espejo.
- Ejecutelos! - decreto enojado Sesshomaru.
- Que? Pero su majestad, debemos… - trato de hablar el coronel, para afirmar que debían tener un juicio antes de su sentencia.
- No me escuchaste,ejecutenlos!
Inuyasha veía a su hermano sin entender lo que ocurría. Pero se veía enojado, muy enojado.
- Sesshomaru! Dime qué ocurre? - le gritó Inuyasha.
- Maldito mocoso, quien te crees para hablarle a nuestro rey de esa forma! - le gritó y golpeó un soldado.
- Detente! - le ordenó Sesshomaru
Sesshomaru se levantó de su trono y se acercó a Inuyasha para verlo de cerca, deseaba observar si el rostro de aquel desconocido era el de su hermano.
- Inuyasha? - le pregunto Sesshomaru
- Dime qué ocurrió? ¡Puedo ayudarte!
Sesshomaru solo golpeó a Inuyasha en la cara, descargando toda su energía en él. Inuyasha solo aguantaba los golpes, sabía que si se defendía sería peor ya que aún no media bien su fuerza, y veía que su hermano estaba enojado, muy enojado.
- ¿Fuiste tú? ¿Por qué me haces esto? Creí que eras mi hermano!
Seguía golpeándolo sin descanso, enojado. Todos los presentes estaban impresionados de observar que el rey había perdido la cordura por primera vez en la vida.
- Soy tu hermano - le confesó Inuyasha.
Aquellas palabras provocaron que Sesshomaru se detuviera a verlo, su hermano pequeño había cambiado, no solo físicamente sino mentalmente. Ahora era más maduro y consciente de lo que fue en su vida.
- Soy tu hermano, dime qué ocurre y te ayudaré con eso - le prometió Inuyasha.
Sesshomaru se sentó en el suelo frio, y observo a todos los soldados a su alrededor, y a los dos prisioneros que estaban atados.
- ¡Salgan todos! - ordenó Sesshomaru.
- Pero su majestad - trato de hablar un coronel
Pero bastó una mirada de Sesshomaru para que todos los soldados salieran y dejarán a Inuyasha junto a Miroku y Kagura.
- Dime qué ocurrió? - le pregunto Inuyasha
- Primero que nada dime una cosa, ¿te fusionaste con un dragón? - le preguntó Sesshomaru.
- Más o menos, fue un perro…
- Un perro… ja, gracioso.
- Si…
No dejaban de ser hermanos, una relación amor-odio que siempre los representaría.
- Sesshomaru…
Lo llamo Inuyasha, evitando preguntar nuevamente. Sesshomaru observo a su hermano y a los dos prisioneros que estaban detrás de ambos.
- Ellos son de confianza - le dijo Inuyasha
- No lo creo… - le confesó Sesshomaru.
- Dime…
- La princesa de Espagne, la traje a Terre Dragon, para casarme con ella…
Inuyasha escuchaba la historia de su hermano sin hablar, aunque ya sabía algo de cuando lo encontró en la fiesta de máscaras en Espagne.
- Pero algo que no todos saben es que la princesa nació con problemas de salud, desde hace un tiempo se le regaló un collar, una perla rosada que curó su enfermedad. Pero ahora por alguna razón la perla a comenzado a apagarse, y pronto la princesa Rin puede que pierda la vida
- Sesshomaru… tú realmente estás enamorado de ella? - le pregunto Inuyasha
- La traje a Terre Dragon, para que fuera vista por los médicos y hechiceros de nuestro reino pero… nada parece funcionar solo la perla
- Pero ella no es su legítima dueña, por eso la perla está muriendo - confesó Miroku, al escuchar la conversación.
- ¿Qué sabes de la perla? - le preguntó Sesshomaru enojado. - dímelo!
Sesshomaru se levantó del suelo y tomó a Miroku por las solapas del traje, para que lo mirará directo a la cara.
- La perla le pertenece a una sirena, la perla es lo que le da vida a las sirenas si su dueña muere la perla también morirá.
- ¿Una sirena? Entonces iniciaré una búsqueda por el océano hasta encontrarla.
- Entregame la perla, quizás pueda encontrar la forma de salvar a una de las dos. Y no dejar que ambas mueran - le confesó Miroku.
- Nadie tiene que morir - habló una 5ta voz que entró en la sala de trono.
- Kagome! - dijeron Inuyasha, Miroku y Kagura al verla.
Sesshomaru la observó entrar pero lo que tenía a la vista era la perla que aquella mujer llamada Kagome sostenía en la mano.
- ¿Qué le hiciste a Rin? - le pregunto Sesshomaru enojado
- Ella está bien, aunque se desmayó cuando le quité el collar. - confesó Kagome
- Maldita, si la mataste. Te juro que…
- Ella está viva, débil pero viva.
- ¿Cómo entraste? - le preguntó Sesshomaru enojado.
- Tus guardias, no dejan de ser humanos que se guían por deseos carnales, además de eso. La mayoría está vigilando las celdas y la parte que sufrió el ataque anoche. Pero la habitación real estaba vacía, allí encontré a Rin.
Inicio de flash back
Kagome entró en la habitación real después de noquear a los vigilantes. Cuando Kagome entró allí encontró a una mujer inconsciente en el suelo.
- Ah
Se impresionó Kagome al verla, y rápidamente fue en su ayuda, cargándola y acostándola en la cama. Le tomo la temperatura y observó que tenía fiebre. Pero pudo observar aquel tesoro preciado objeto que buscaba desde hace tantos años.
- Tú, como la obtuviste? - le pregunto Kagome.
No podía dejársela, así que con un pequeño corte en la cadena tomo la perla de su cuello. Le coloco un paño mojado en la frente y se dispuso a retirarse.
- Por favor - sonó una débil voz.
Kagome volteo a ver de quién se trataba, y era la chica en la cama que estaba en mal estado. Kagome volvió a acercarse a ella, tras observar que intentaba levantarse.
- No te levantes, estás muy débil - le pidió Kagome
- Necesito el collar, la perla me mantiene viva.
- La perla es lo que te ha estado matando. - le confesó Kagome.
- Que? No, yo nací enferma. Pero hace unos años cuando me regalaron el collar me sentí mejor, el collar es lo que me mantiene viva.
- El collar es lo que te está robando la vida, para ser más específica los años - le confesó Kagome.
- Que! - Rin no había comprendido su confesión
- Verás está perla le pertenece a una sirena, esa sirena está sufriendo por ser separada del mar. La perla representa esa conexión. Cuando tú comenzaste a usarla la perla comenzó a darte la vida que debía darle a la sirena pero tú eres humana, lo que la perla te ayudo poco a poco comenzó a quitartelo para volver con su dueña. La perla ahora te está quitando los años que deberías vivir
- Pero mi cuerpo es débil sin la perla
- Conozco un remedio que podría curar cualquier enfermedad y cualquier herida.
- ¿Cuál es?
- Si me dejas ir con la perla, te entregaré ese remedio - le pidió Kagome.
Rin solo podía confiar en esa desconocida, no veía mentira en sus ojos pero tampoco podía asegurar que dijera la verdad.
- Prométeme, que enviaras la medicina - le pidió Rin
- Lo prometo
Rin soltó a Kagome y se acostó nuevamente en la cama, donde Kagome nuevamente colocó un paño mojado en su cabeza y salió de la habitación, escuchando que habían capturado a unos intrusos en los calabozos.
Fin del flash back
- Entonces, ¿cómo planeas ayudarla? - le preguntó Sesshomaru.
- Tengo bajo mi poder una manzana dorada
- Imposible, nadie puede entrar en el bosque prohibido, y salir ilesa.
- Yo lo hice, y obtuve un buen compañero - le confesó Kagome viendo a Inuyasha.
- Espero no me mientas - pidió Sesshomaru.
- ¡No lo hace! Kagome es la persona más valiente y honesta que conozco - le confesó Inuyasha - te doy mi palabra que ella cumplirá.
- Bien… guardias! - llamo Sesshomaru a su personal
- Si, señor - amenazaron los guardias a los presentes incluyendo a Kagome.
- Acompañenlos a la salida. - les ordenó Sesshomaru.
Tras una pequeña reverencia Kagome salió de la sala con Kagura y Miroku. Inuyasha fue retenido un poco más por su hermano.
- Se parecen, ¿no? - le preguntó Sesshomaru a Inuyasha.
- ¿Quiénes?
- La princesa de Royaume Plage y esa mujer - le dijo Sesshomaru refiriéndose a Kagome.
- Si, lo noté al inicio pero ambas son muy diferentes, Kagome es Kagome…
- Espero no te equivoques - le pidió Sesshomaru.
Inuyasha siguió a Sesshomaru, necesitaba convencerlo de confiar en Kagome. se encontraba en la oficina de Sesshomaru, aunque realmente era más grande que la habitación que Kagome tenía en el castillo de Sirène Secrète, de hecho podría asegurar que era más grande que su cabaña en el bosque, ahora entendía que espacios grande hacía que todos estuvieran separados. Comenzó a sentir aprecio por los espacios pequeños y acogedores.
- Entonces ahora eres un desertor y te hiciste pirata - lo regaño Sesshomaru.
- No seas estupido no soy un pirata, no somos piratas solo buscamos mejorar la vida de las personas desde las sombras.
- Me estás diciendo que como rey no cumplo con el rol que se me ha impuesto?
- No quiero decir eso…
- Entonces Hermanito - le dijo Sesshomaru acercándose y haciendo énfasis en la palabra hermanito - dime en qué estoy fallando como Rey?
- Estás obligando a las personas a abortar a los hijos…
- Enfermos… - lo interrumpió Sesshomaru - de qué sirven niños enfermos que no aportan nada en la sociedad? son solo una carga para los demás.
- No son una carga, son hijos de alguien…
- Les estoy salvando de tener que trabajar su vida entera por unos niños que nunca podrán valerse por sí mismos.
- Por favor Sesshomaru, revoca esa ley
- No… cualquier niño que nazca enfermo deberá morir.
Inuyasha sabía que no podría hacer que su hermano cambiará de opinión, sabía que era obstinado como él en ese aspecto.
- Y que hay de Rin? ella nacio enferma. Si sus padres la fuesen desechado. no estaria aqui contigo
Inuyasha no sabia si sus palabras llegarian a la mente de su hermano y se debatiera entre su decisión y su reinado. Realmente se podia ser rey sin dejar de ser una persona?
- Si no eres un desertor ni un pirata, porque no regresas a arreglar el desastre que hay en Royaume Plage? - le dijo Sesshomaru
- Que desastre? - le pregunto Inuyasha sin saber nada.
- Desde que te fuiste, la princesa ha iniciado una especie de cacería de brujas. En la zona pesquera, a estado matando a una persona diaria, para tratar de obtener información sobre tu paradero. Como la gente se niega a hablar o realmente no saben nada. Dio la orden de ejecutar a una persona diaria hasta que tú aparecieras.
- No Kikyō no haría nada de eso! - dijo Inuyasha sin creer lo que escuchaba.
- Pues por cómo van las cosas posiblemente haya un golpe de estado pronto te recomiendo volver, casarte con ella, y pedirle perdón a tu pueblo.
- Crees que con una simple disculpa ellos la perdonarán?
- Tú serás el rey, serás quien da las órdenes, serás quien ponga el orden, serás quien ponga las reglas.
Inuyasha no podía creer lo que escuchaba, y una parte de él se negaba a creer que era verdad. Debía hablar con Kagome, solo con ella podía hablar.
Inuyasha se fue del castillo, observo que Kagura estaba siendo cargada por Miroku y Kagome caminaba frente a los dos. Desde atrás podía verla, podía observar su rostro serio, Kagome estaba portando un aura real, como si fuera una emperatriz, todos por alguna razón desconocida bajaban la mirada ante su llegada, incluso en el pueblo a las afueras del castillos, todos bajaban la mirada con su paso.
- Son parecidas, realmente se parecen mucho pero, ¿por qué las veo tan diferentes? - se preguntó Inuyasha.
En el barco, Kagome ordenó zarpar inmediatamente hacia Sirène Secrète, debían curar a Kagura y restaurarle el collar a Sango. Ahora ella se iba a salvar.
- Espera Kagome, prometiste darle a Sesshomaru la manzana dorada para salvar a Rin, acaso planeas escapar? - le pregunto Inuyasha teniendo que la manzana dorada fuera una mentira.
- No es una mentira la manzana dorada, tengo bajo mi poder una pero está en Sirène Secrète. Debemos ir a la isla y luego enviar a alguien a hacer la entrega.
- Kagome…
Inuyasha se regaño mentalmente por dudar de la palabra de Kagome, ella nunca a mentido. Nunca dijo que no. Ella siempre demostró que toda vida es sagrada y vale la pena vivirla.
Para el atardecer ya estaban preparados para zarpar, pero una noticia repentina provocó que las cosas que fácilmente tenían solución encontraran más problemas.
- Usted! Eres tú! - le hablo un aldeano a Inuyasha, mientras esté se encontraba empacando las cosas en el barco.
- Lo conosco anciano?
- Por favor, te lo suplico regresa a Royaume Plage! Te lo imploro - hablaba desesperadamente el anciano
- Que? De que hablas?
- Tu eres el príncipe de TerreDragon, necesitamos que vuelvas a Royaume Plage.
- ¿Por qué? Qué ocurrió? - le pregunto Inuyasha desesperado
- La princesa Kikyō, ha estado matando a los pobladores del área pesquera hasta tu regreso, vine a este país a pedir ayuda. Por favor vuelve a Royaume Plage.
- ¿Qué Kikyō está haciendo, qué? - fue allí donde Inuyasha se dio cuenta que lo comentado por su hermano era cierto.
Inuyasha fue directo a la oficina de Kagome para confesarle lo que Sesshomaru le había declarado y aquel anciano había confirmado, al entrar en la habitación Inuyasha no inspeccionó en los alrededores solo observó a Kagome en la silla y habló.
- Kagome, Kikyō ha estado matando a personas por mí desaparición, debemos detenerla - le gritó Inuyasha.
- Lo sé, Kagura me lo confeso - confesó Kagome en un tono sereno.
- Cómo puedes estar tranquila! Las personas están muriendo
- No es el único problema que tengo ahora, además me parece extraño la forma de actuar de Kikyō - le confesó Kagome.
Inuyasha por fin se había dado cuenta que no estaban solos en la habitación, usando su olfato logro saber quién era el tercero que estaba con ellos.
- ¡Shippo! - Lo llamo Inuyasha.
- Verás este niño se metió de colado cuando zarpamos de Espagne, y desde entonces lo tuve como espía en Sirène Secrète. - le confesó Kagome.
Shippo había llegado con la noticia de que en Sirène Secrète, Kōga había dado un golpe de estado al enterarse que Kagome había llevado a Inuyasha con ella, y no solo eso sino que colmillo se había fusionado con él. Ocasionando posiblemente que Kagome se quedará con Inuyasha por la promesa que ya le había afirmado anteriormente.
- Kagome debemos ir a Sirène Secrète - le pidió Inuyasha
- No, tú debes ir a Royaume Plage, a detener a Kikyō
- Como?
- Cásate con ella
- Estas loca, Kikyō a estado matando personas por mí si regreso y me caso… - le contó Inuyasha pero Kagome lo interrumpió
- Entonces las personas sabrán que las muertes pararían, sabrían que ya nadie más deberá morir.
- Kagome…
- Escúchame, conosco a Kōga y sé cómo lidiar con él. Por favor regresa a Royaume Plage y detén esta masacre. Sabes que el pueblo ya ha sufrido mucho.
- Lo prometo Kagome
Inuyasha monto en un barco camino a Royaume Plage, Inuyasha observaba como Kagome se perdía en ese puerto a la distancia, y por alguna razón sentía como su corazón se iba con ella.
- No me quiero separar de ella - le confesó Inuyasha a Colmillo.
- Yo tampoco quiero, pero es lo correcto. - le confesó Colmillo con dolor.
Aquel viaje duró unos 3 días, para darle vuelta a Terre Dragon y poder llegar a Royaume Plage, Inuyasha observaba como aquel reino, lo volvía a separar de lo que amaba y conocía.
Antes que el barco tocará puerto, Inuyasha dio un salto para caer en el muelle, y correr en dirección al castillo varios soldados al no reconocerlo trataron de detenerlo pero su fuerza mejorada y habilidades extras le permitieron salir de esa situación sin ningún problema.
Inuyasha corrió lo más que pudo al castillo debía detener a Kikyō a toda costa. Antes que su propio pueblo se revelará en contra de ella.
La olía, pudo olerla en el jardín su olor era igual al de Kagome. No, tenía una pequeña diferencia. Pero allí estaba.
Kikyō se encontraba debajo de un árbol, el más viejo y antiguo que existía. Le estaba dando la espalda, a la distancia podía oler la sangre de todos los que han muerto, pero lo que más llamó su atención era un olor salado. Kikyō estaba llorando, lloraba por él.
- Kikyō - la llamo Inuyasha.
- Makoto
Lo había olvidado, su verdadero nombre, estaba tan acostumbrado a su apodo que su nombre se le hacía extraño y hasta desconocido. Pero ese era su nombre y Kikyō era la única que lo llamaba por su nombre.
- ¡Volví! - le confesó Inuyasha
- ¿Quién eres? - le pregunto Kikyō.
- Soy yo, Inuya… quiero decir Makoto - le confesó Inuyasha
- Te ves diferente, muy diferente
- Cambie, la leyenda de mi pueblo era cierta podíamos fusionarnos con una criatura del bosque prohibido.
- Pero no me gusta esa fusión, me gustaría al Makoto que conozco
- Pero soy yo, estoy aquí Kikyō. Ya volví…
Tal parecía que Kikyō no lograba entender su cambio, a él también le costó aceptarlo pero lo hizo ahora era una mejor persona de lo que fue cuando solo era humano.
- Kikyō, debemos detener esta masacre. Daré la orden de detener esto - refiriéndose Inuyasha a la acción que tenía Kikyō para buscarlo.
- Todos están enfermos, todos en la zona pesquera están enfermos, y muriendo solo les estoy quitando el dolor.
- Kikyō, entiendo que esto lo haces para buscarme pero ya estoy aquí, mírame soy yo
Le dijo Inuyasha tomando el rostro de Kikyō con sus manos y obligándola a verlo. Inuyasha observaba que los ojos de Kikyō lo veían pero se negaban a verlo realmente. Como si se negara a creer que él estaba allí, o como si hubiera soñado tanto con su regreso que lo creía otra ilusión en su mente.
- Kikyō… lo lamento, perdóname por dejarte sola! - la abrazo Inuyasha disculpándose con ella.
- Tenía miedo, tenía miedo. Que ya no volverías - correspondió ella al abrazo.
Inuyasha no podía evitar sentirse mal, había abandonado a quien se iba a convertir en su compañera para la eternidad.
Inuyasha terminó por revocar la orden de ejecución en la zona pesquera, y después de un mes entero donde Inuyasha sentía que algo le faltaba. Contrajo matrimonio con Kikyō, la ceremonia de coronación fue una semana después.
Hasta aqui, tranquilos no desesperen aun falta cuento para contar, jijijiji... falta que sepan las verdaderas intenciones de todos.
Los personajes no son míos son creaciones de Rumiko Takahashi solo la historia me pertenece
