Capítulo 18: ¡Ataque!
Iniciaron el ataque, se dirigió al lugar donde Miroku le había indicado para ir al sótano donde estaban las celdas. Necesitaba sacar a Kagome de allí. Comenzó a bajar las escaleras tras acabar con varios hombres de Kouga, el olor a comida descompuesta casi le provoco el vomito. Pero su sorpresa fue grande al llegar a las celdas, y sonrió en satisfacción tras encontrarse con su enemigo.
- Vaya pero si es la bestia - le dijo Kouga, subiéndose los pantalones, estando desnudo del torso.
- Maldito, ¿dónde está Kagome? - le preguntó Inuyasha enojado por su estado.
- Allí está - le señaló Kouga la celda a su lado.
No quería creerlo, no quería creer que Kagome, lo haya hecho con Kouga, pero su condición le hacía entender que si lo hizo. Se acercó a la celda y observó que Kagome solo vestía un vestido ligero, donde no dejaba nada a la imaginación, donde todo podía verse claramente sin necesidad de enfocar mucho la vista.
La ira se hizo su más grande aliado, la furia se incrustó en sus ojos, y la sed de venganza su fortaleza.
- Maldito… como te atreviste a tocarla - le dijo Inuyasha para sacar su espada y pelear.
Cuando le iba a encestar el primer golpe a Kouga, este lo detuvo con unas garras de metal que aparecieron en su mano.
- Como? - se sorprendió Inuyasha que un humano pudiera detener su ataque.
- No eres el único que se fusionó con una criatura mágica.
- Maldito
- ¿Te sorprende? Lo llamo Goraishi, me fusione con un lobo, con el único propósito de matarte.
- Maldito, usaste tu fuerza sobrehumana para forzar a Kagome a estar contigo
- Forzarla, ella aceptó estar conmigo. - le dijo Kouga a Inuyasha
- Cómo dices?
En ese momento Kouga sacó una fuerza extra y lanzó a Inuyasha a una esquina.
- Le dije a Kagome que si estaba conmigo entonces dejaría este pueblo tranquilo. Me iré a otra parte a buscar más aventuras.
- Maldito solo pensabas tenerla…
- La verdad es que desde que me fusione veo las cosas tan claras. Como si antes estaba ciego por un sentimiento de "amor" la verdad es que solo la deseaba.
- Te fusionarse con un lobo sin conectarse emocionalmente
- Eso no importa, lo que importa es que soy más fuerte!
Kouga peleaba de forma agresiva y rápida, mientras que Inuyasha tenía problemas para seguir su velocidad. Pero era capaz de esquivarlo y tratar de atacar.
La pelea simplemente no tenía un ganador definido, pero ambos daban lo mejor que podían. Ambos esquivan e intentan atacar, aunque logran hacer un poco de daño en su oponente ninguno encesta un golpe mortal.
- Mejor ríndete, estás comenzando a cansarte y mi velocidad será peor por parte - le confesó Kōga.
- Crees que te dejaré vivir, te mataré por lo que le hiciste.
- Bestia, solo rindete.
Arriba en el castillo, el ejército de Inuyasha tenía problemas para lidiar con la tripulación de Kouga y sus lobos. Pero se les unió el ejército de Kagura, que tenían como trabajo proteger a los pobladores, y salieron a defender su pueblo. Entre sus soldados, alguno de los soldados de Inuyasha fueron salvados por una peleadora, que mató al lobo tras cortarle la cabeza.
- Ja, quien mandó a una mujer a pelear - se quejó el soldado tras ser salvado por una mujer.
- No te cuesta nada decir gracias. - se quejó la chica.
- Nadie te pidió ayuda. - le confesó el soldado.
- Papá? - le pregunto la chica para quitarse la mascarilla.
- Mayu? - reconoció el padre a su hija perdida
- Papá!
- Mayu!
Aunque deseaban abrazarse no era el momento para cumplir con su propósito. Ambos unieron sus espaldas, y se ayudaban a no morir
- ¿Qué haces aquí? - le preguntó el soldado
- Mamá, me trajo para salvarnos de mi tío - le confesó ella
- Lo lamento, lamento haberlas abandonado, no sabía que mi hermano era cruel con ustedes - se disculpó el soldado.
- Papá!
Aquel soldado nuevamente fue salvado por su hija, quien nuevamente corto a un enemigo para salvarlo.
Poco a poco durante la pelea, varios soldados se reencontraban con hijos y conocidos que creían muertos o que nunca los volverían a ver. Fue una dura batalla tanto arriba, como en el sótano en las celdas donde dos criaturas que unían sus cuerpos con seres mágicos, se enfrentaban por razones diversas.
- Ríndete bestia - le pedía Kouga
- Ríndete tú, no voy a dejar que sigas manteniendo este régimen en la isla
- Entonces qué harás, conquistaras la isla? ¿La convertirás en parte de Royaume Plage?
- No, esta tierra fue hecha para que las personas pueden tener la libertad de ser quienes quieren y así se quedará. Pero si admito que nadie en Royaume Plage querrá escapar de su lugar natal. ¡Me convertiré en un rey que piense en su pueblo!
- ¡Cállate!
Los ataques continuaban y la tierra se sacudía. Kagome solo pudo despertar de su inconsciencia, y observar cómo ambos hombres peleaban, a su lado había una espada oxidada, la cual tomó en sus manos.
- No te perdonaré lo que le hiciste a Kagome! - le confesó Inuyasha
- Seré yo quien no te perdone, Kagome debía estar conmigo ambos tendríamos una hermosa vida juntos, pero llegaste y lo arruinaste
- Kagome jamás estaría contigo.
Kouga enojado ante la confesión de Inuyasha encestó un golpe que lo hizo caer al suelo, y cuando Kouga estaba listo para encestar en golpe final y así matar a su rival, alguien a su espalda le atravesó una espada oxidada en el área del corazón.
- Kagome… - la llamo Kouga
Sin embargo le dio un golpe para apartarla de su lado, lo que hizo que Kagome se golpeara contra la pared. Kouga trató de sacar su espada y al lograrlo la lanzó al suelo. Y caminó en dirección hacia Kagome.
- ¿Por qué? Dime qué había de malo en mi? Porque no pude ser yo?
Le suplicaba Kouga las respuestas a Kagome en ese momento, Kouga caminó de manera lenta pero la herida en su espalda, aunque insignificante le dolía. Inuyasha aprovecho para encestar un golpe certero que atravesó directo el corazón de Kouga, provocando una muerte inminente. Kouga cayó en las piernas de Kagome, y ella solo pudo consolarlo acariciando su cabello.
- Lo lamento, yo no mando sobre mi corazón. - le confesó Kagome
- Lo siento, Kagome… Tengo miedo - le confesó Kouga, como ultimas palabras buscando su perdon.
- Sh… tranquilo, pronto terminará todo - lo consolaba Kagome en sus últimos momentos.
Kouga exhaló su último aliento, y Kagome no podía evitar sentir compasión por él, mientras acariciaba su rostro. Inuyasha solo pudo acercarse herido a observar la escena, donde kagome consolaba a Kouga en sus momentos de muerte.
- Conocí a Kouga en TerreDragon, era el menor de 5 hermanos. Sus hermanos abusaban de él de todo tipo de formas. Lo golpeaban y le hacían bromas crueles. Cuando lo conocí me dijo que siempre tenía miedo.
Inuyasha se levantó y escucho el relato de Kagome con atención. Sabia que todos los que llegaron a esa isla, habían sufrido de alguna forma.
- Un día sus hermanos le hicieron una broma que llegó muy lejos, lo empujaron de un puente y la caída le formó esa cicatriz en el rostro. Colmillo me alertó cuando lo escuché caer. Lo lleve a un lugar seguro y cure sus heridas. Solo era un pequeño niño asustado.
- Kagome…
- Lo traje a Sirène Secrète porque sabía que había alguien muy valiente en su interior que comenzó a defender a quienes eran más débiles que él.
- Por eso la tripulación de Kouga, lo alaba tanto?
- Kouga los salvó a todos de sus miedos, escapando de los suyos. Quería tener una familia amorosa, como lo deseo de niño.
Ahora podía entender un poco más a Kouga, él no solo deseaba a Kagome, realmente la veía como su salvadora, Kagome podía cambiar el corazón de las personas. Kagome podía hacerte ver lo que tú no podías ver de ti mismo.
Habían ganado, Kouga estaba muerto, y ahora Sirène Secrète podía ser libre. Kagome cortó la cabellera de Kouga como muestra que estaba muerto y así detener la masacre que se estaba realizando en la parte superior del castillo.
Afuera la guerra se detuvo ante la muestra de Kagome, y todos los súbditos de Kouga pidieron la muerte para acompañar a su líder en el más allá. Kagome sabía que encerrarlos en una jaula sería un castigo peor. Ya que de igual forma buscarian la muerte. Con una guillotina, la muerte llegó a los súbditos de Kouga y los lobos simplemente conocieron el exterminio.
El tiempo transcurrido e Inuyasha observaba como algunos de sus soldados se reencontraban con familiares que creían muertos. Otros pidieron perdón por sus errores pasados y finalmente otros que conocían la verdad tras tantos abusos.
- Ahora todo está bien en Sirène Secrète, deberías volver a Royaume Plage - le ordenó Kagome con una voz fría.
- No voy a dejarte, vendrás conmigo a Royaume Plage - le exigió Inuyasha.
- No voy a dejar Sirène Secrète, y tú debes volver con Kikyō ella te necesita.
- Ya se la verdad
Kagome ya no podía irse, si realmente Inuyasha conocía la verdad entonces sabía sobre su verdadera identidad.
- Kikyō y tú, son gemelas - le confesó Inuyasha
- Si… de hay viene mi amor por ella, mi amor por una hermana que no conocí pero con la que comparto el mismo rostro.
- Kagome ven conmigo debes conocer a Kikyō y decirle lo que sientes.
- Nunca escuchaste la historia del rey bueno y el rey malo?
- Si, lo escuché pero no es lo mismo Kagome esa historia no volverá a repetirse.
- Te equivocas, la historia se está repitiendo.
- No es verdad.
- No hay peor ciego que aquel que no quiere ver.
Los soldados observaban como su rey hablaba con una mujer cuyo rostro era el mismo que el de la princesa, actualmente la reina.
- Cómo es posible?
- Yo creo que es igual a la historia del rey bueno y el rey malo
- Pero cuál es cuál?
- Yo creo que la reina Kikyō es la mala, mato a mi madre quien estaba enferma en la zona pesquera.
- Y mato a mi hermana junto a mi sobrina.
- Escuché de nuestros familiares en esta isla que esa mujer les ha ayudado mucho.
- ¿Quieres decir que esta mujer es la reina buena?
- Si, yo también lo creo…
Varios soldados hablaban sobre las diferencias entre el reinado de Kikyō y el de Kagome, comparando las acciones que ambas han tenido con su pueblo.
- Debemos eliminar a la reina malvada
- Y quedarnos con la buena…
- Si, yo también pienso lo mismo
- Yo también
Los soldados confabulan un plan para quedarse con quien ellos consideraban una buena reina, Sin saber que su hablar provocaría una pequeña guerra interna.
- Debes irte tu presencia aquí nos está poniendo en riesgo a todos - le dijo Kagome a Inuyasha
- Que mujer tan mal agradecida vine a salvarte y eres incapaz de darme las gracias
- Nunca pedí que vinieras a salvarme. Estaba bien sin ti
- Pero qué dices Kouga te iba a…
- Kouga no iba a hacer nada sin mi consentimiento, como otros…
Inuyasha comenzó a enojarse, sabía que la primera vez de ambos fue una error por su parte, pero no estaba arrepentido de perder su virginidad con ella, solo le hubiera gustado que fuera de otro modo.
- Bien, me voy… pero te llevaré conmigo como mi prisionera
- Que?
- Eres una hija de la familia real, y tú deber es vivir en el castillo de Royaume Plage
- Me llevarás a la fuerza?
- No me dejas opción…
Kagome sabia que no podía ganarle en fuerza a Inuyasha y aún más sabía que su actual estado la debilitaba, según Kagura no se podía conocer el estado exacto de un bebé mientras fuera tan pequeño, debían esperar a que crecieran un poco más.
Estaba en su 3er mes de embarazo, no podía seguir con ese estado de movimientos bruscos o podría sufrir un aborto espontáneo. Y eso era lo que menos quería.
Pronto estaría en su 4to mes y Kagura le había afirmado que tenía una remedio casero para saber el sexo del bebé. Por un momento Kagome se preguntó si el bebé era humano o no. Era difícil saber cuál Inuyasha fue el que la embarazó, si lo hizo el humano o el que estaba fusionado con Colmillo. Aunque en ambos casos lo amaría, parte de ella quería saber esa respuesta antes que ocurriera.
Inuyasha no quería forzar a Kagome a venir con él, además de eso. Tampoco tenía ánimos de irse sin ella, el tiempo que estuvo separado de ella, no podía pensar con claridad, todo simplemente le recordaba a ella. Incluso soñaba con ella, donde estaban juntos en la cabaña.
Duraron dos semanas en Sirène Secrète, por perdición de sus soldados, para que sanaran los heridos por la pelea, y además de eso algunos soldados se estaban encontrando con familiares, y otros con amores distantes.
Inuyasha visitó a Kagura en su habitación del castillo, Kagome estaba con ella todos los días, pero debido a su visitas, Kagome siempre acababa por evitarlo y retirarse de la habitación.
- No le cuesta nada agradecerme por venir por ella - le dijo Inuyasha a Kagura
- Tu intervención provocó que Kagome tomara una decisión que no quería tomar, matar a Kouga no era algo que ella deseaba
- Feh, yo no le dije que lo hiciera
- Aún así lo hizo porque no quería verte morir
- Que ella no quería verme morir?
- Ustedes dos consiguieron fusionarse con espíritus del bosque, algo que hacía mucho tiempo no ocurría.
- Si, pero… a excepción de Kouga yo no los uso para el mal
- Kouga solo tenía miedo, e hizo lo que Kagome le enseñó, enfrentarlo mientras mostraba una sonrisa.
- Kouga realmente veía a Kagome como su rescatadora, Kagome…
- Todos la vemos cómo nuestra salvadora de algún modo.
- Por eso quiero llevarme a Kagome a Royaume Plage, ella debe estar allí con Kikyō.
- Y luego que?
- Luego que? ¿De que?
- Imagina a Kagome en Royaume Plage, luego que crees que ocurra?
- Pues no lo sé…
- Planeas mantener a Kagome encerrada. Ambos sabemos que esa es una mala idea
- Debo protegerla
- Entonces romperás su espíritu para ser feliz?
- No voy a romper nada solo quiero que ella esté bien, porque les cuesta entender eso?
- Entiende que no todo pasa como tú quieres. Hay cosas que están fuera de nuestro control.
- Soy el rey, yo doy las órdenes!
- No has aprendido nada
- ¿Qué no aprendí?
- Las personas tienen su propia voz, tu pueblo tiene su propio ideal.
Inuyasha no comprendía lo que Kagura le estaba diciendo, tampoco quería matarse la cabeza pensando en algo que quizás no tenga sentido.
Kagome estaba nuevamente en su cabaña en el bosque, alimentando a los cerdos. Aunque ahora solo contaba con unos pocos.
- Me pregunto si estarán mejor en libertad? No…
Kagome solo podía responderse a sí misma, no había nadie con quién hablar, no había nadie con quién abrirse.
- Kikyō, me pregunto si tú tienes un amigo? ¿O el dolor de perder uno?- se volvió a preguntar Kagome.
- Otra vez hablas de Kikyō
Kagome volteo a ver a la persona que dio origen a esa voz, y solo pudo observar a Inuyasha parado frente a ella.
- ¿Qué quieres? - le preguntó Kagome de mala forma.
- Solo quiero hablar - le confesó Inuyasha
- No voy a ir a Royaume Plage
- ¿Por qué no? ¿Acaso no deseas conocer a Kikyō? Hablar con ella? Y quién sabe tal vez podrían ser amigas más allá que son hermanas
- Yo…
- Sé que no odias a Kikyō, por lo que te hicieron tus padres, sé que deseas conocerla y saber si ella está bien, porque muy en el fondo sabes que pudo ser Kikyō quien sufriera lo que sufriste tú.
- Inuyasha
- Kagome, tu mayor deseo era conocer a Kikyō y saber si ella era feliz en el castillo. Saber si realmente ella no sufre por tratar de cumplir con un papel que le fue impuesto.
Cada palabra que Inuyasha decía era una verdad que el corazón de Kagome ocultaba, y sin quererlo Inuyasha se iba acercando poco a poco.
- Se que deseas que Kikyō tenga la libertad que se le negó por ser la hija de una familia real. Que ella tenga el poder de decidir que le gusta y que no.
- Inuyasha
- Kagome, tu solo deseas que todos sean feliz porque de alguna forma tú no puedes serlo
Kagome se vio arrinconada contral la pared, e Inuyasha solo podía ver a la reina que soñaban en Sirène Secrète, derrumbarse ante sus emociones, verse tan indefensa y vulnerable como una persona común.
- Kagome…
- Tienes razón tengo miedo, me abruman mis emociones, por eso no aceptó el trono, por eso me niego a que me llamen reina. Porque sé que no lo merezco, fui elegida para morir.
- No, Kagome sobreviviste, eres una sobreviviente.
- Inuyasha…
- Kagome…
Tomarla de los hombros sólo fue el primer paso para terminar por abrazarla, quizás eso era lo que todos necesitaban, quizás era eso lo que en algún punto nos hace falta un abrazo. No todos desean mostrar sus debilidades, por temor a ser heridos. Otros no muestran su rostro por temor a ser juzgados.
Inuyasha se separó un poco de Kagome para mirarla a los ojos, Inuyasha solo deseaba ver esos ojos tristes que se ocultaban en una gran fortaleza, pero la verdad era que Kagome no dejaba de ser una mujer, no dejaba de ser una humana.
- Dime Colmillo me extraña? - le pregunto Kagome
- Él y yo pensamos en ti todos los días. - le confesó Inuyasha, comenzando a acariciarla con el rostros.
- Y dime, cómo suena su voz?
- Igual que la mía
- ¿Han comido bien?
- El extraña tu comida.
- Y tu no? - le dijo Kagome como burla.
- Yo también. Podrías hacerme algo de cenar? ¿Por los viejos tiempos?
- Si…
Aquella noche Kagome cumplió con su palabra, y le preparó a Inuyasha un estofado como le gustaba a Colmillo. Aunque Kagome veía a Inuyasha comerlo, en el fondo recordaba cuando Colmillo también lo hacía.
Realmente Kagome pensó en como Colmillo encontró a alguien cuya personalidad se acopla con la suya. Veía la forma de actuar de Inuyasha y no era diferente a Colmillo, ambos eran iguales, se expresaban igual, les gustaban las mismas cosas, y ella se enamoró de ambos. Pero el destino cruel y poético hizo que el hombre de quién se enamoró también fuera el prometido, ahora esposo de su hermana. A quien anhelaba tanto.
De ser al revés las cosas, ¿sería Kikyō quien estuviera aquí con él? ¿mientras ella lo esperaba en el castillo? ¿A qué se debía el amor que Inuyasha le comunicaba? ¿Acaso era Colmillo? ¿Era Colmillo quien lo forzaba a quererla? ¿O Inuyasha ya sentía algo por ella? ¿Cuál sería la verdad?.
- Kagome… - Inuyasha tras acabar de pronunciar su nombre unió sus labios con ella.
Pero Kagome no podía evitar debatirse cuál era el sentimiento real. Cual era la verdad de todo eso, realmente el destino era tan cruel?
- Inuyasha - lo llamó Kagome, tras separar sus labios con los de él.
Aunque rompieron el beso, cuando se separaron. Sin decir nada, Kagome preparó un postre, el cual Inuyasha degustó sin impedimentos, ambos atesoraban la presencia del otro. Y al momento que la luna llegó a su punto más alto. Ambos se acostaron en la cama solo entrelazando los dedos. Sin hacer nada más Kagome se durmió, e Inuyasha solo la contemplaba mientras dormía.
- Me gustaría vivir esta vida para siempre - confirmó Inuyasha antes de quedarse dormido.
Al despertar Inuyasha noto que Kagome ya no estaba con él en la cama, pero se calmó cuando el olor a pan recién horneado llegó a su nariz.
- Buenos días. - le aseguro Kagome con una sonrisa en los labios
- Buenos días - le respondió Inuyasha.
Tras desayunar de manera calmada, Kagome se levantó de la mesa. Trayendo consigo un pequeño baúl.
- Qué es eso? - le pregunto Inuyasha
- Una promesa - le confesó Kagome.
- Una promesa?
Cuando Kagome abrió el baúl Inuyasha pudo observar, algo que nunca en su vida había visto. Algo con lo que muchos hombres matarían por obtener.
- Kagome, eso es…
- Una manzana dorada, cuenta la leyenda que es capaz de curar cualquier enfermedad incluso la muerte.
- ¿Qué harás con ella? - le preguntó Inuyasha refiriéndose a la manzana.
- Se la prometí a tu hermano, el rey de Terre Dragón - le confesó Kagome.
- Espera aún no le llevas la manzana?
- Eh, estado aquí encerrada por Kouga, cuando pude llevársela? - le pregunto Kagome de forma sería pero Inuyasha pensó en la lógica de sus palabras.
- Debemos llevársela inmediatamente.
- No puedo llevarla, mi barco fue dañado por Kouga. Y Totosai no puede repararlo, ya que Kouga le mantuvo en un alto grado de desnutrición. Tardará un tiempo en sanar.
- Entonces debemos partir de inmediato para llevarle la manzana, ambos sabemos que la princesa Rin no estaba en un buen estado de salud.
Inuyasha tomo a Kagome en brazos, para salir rápidamente de la cabaña. Corrió hacia el pueblo debía preparar el barco para irse, dejarían a Kagome en Royaume Plage e iría hacia Terre Dragon a llevarle la promesa a su hermano.
Aún con la velocidad, Inuyasha era delicado con Kagome por su estado. Aunque eso lo motivaba más a que ella fuera con él a Royaume Plage. Si debía obligarla, la obligaría de la forma que menos quería hacerlo.
