Capítulo 19: Lugar Correcto
Llegaron al castillo y fue allí donde, Inuyasha dejó a Kagome para irse a hablar con sus subordinados, a ordenarles preparar el barco para zarpar inmediatamente.
Kagome solo podía estar con Kagura, pidiéndole a Dios que ella esté mejor y que se recupere pronto. Aunque la herida de Kagura terminó por ser más psicológica que física. La pérdida de sus piernas le quitaba la libertad que tenía para ir y hacer lo que se proponía.
- No debes sufrir lo que yo sufro - le pidió Kagura
- Lo siento, no puedo evitar pensar que esto es mi culpa. Debí idear un plan mejor donde no corrieras tantos riesgos. - le confesó Kagome
- Mi señora, mi reina… siempre has sido una persona que sufre lo que el corazón ajeno sufre - le dijo Kagura en un tono melancólico. - Sin embargo ahora tú debes preocuparte solo por el corazón que está en ti - le terminó de confesar Kagura.
Kagura extendió su mano fuera de la cama, y tocó el vientre aún plano de Kagome, y ella colocó su mano por encima de quién podría ser una mejor mentora.
- Inuyasha sabe de tu estado? - le pregunto Kagura a Kagome.
- No, y espero que no lo sepa para que se vaya pronto - le confesó Kagome.
- Dejarás que se vaya?
- Lo que somos no pudo ser, y lo que anhelamos no debe ser - le confesó Kagome
- Vas a negarte a ti misma esa felicidad?
- No, me voy a negar a quitarle esta felicidad a mi hermana.
- Kagome…
- Vivir en un castillo, es como ser un pájaro en una jaula de oro, nunca deja de ser una jaula. Si ella tiene la oportunidad de conseguir algo de felicidad en ese pequeño mundo entonces quién soy yo para quitárselo?
- Solo piensas en la felicidad de todos menos en la tuya.
- Yo seré feliz, tengo por quien serlo.
Confesó Kagome haciendo alusión a su vientre y lo que crecía en él. Kagome sabía que si Inuyasha sabía sobre su estado la llevaría con ella a vivir una vida enjaulada en el castillo. No deseaba eso ni para ella ni para sus hijos. Ahora comprendía un poco más el sentir de su hermana. A la que nunca pudo conocer.
Por otro lado, Inuyasha ahora estaba aún más seguro y decidido. De llevarse a Kagome para que el lugar de nacimiento de sus hijos fuera el que debía ser. Dentro de la realeza, junto al pueblo que la aprecia tanto.
Pero ante un pueblo asustado y otro en constante alegría, la pregunta estaba a cual su pueblo elegía. Las constantes acciones de ambas mujeres con el mismo rostros dejaban a relucir la personalidad de cada una. Sin mencionar la posibilidad de justicia y las manos que estás tomaban, bañadas en sangre de quién podía ser inocente o no.
El barco estaba listo, Inuyasha en su mente mantenía el plan de llevar a Kagome consigo le gustase o no. Primero dejaría a Kagome en Royaume Plage, para impedir que tuviera tantos viajes en barco, ya que era bien sabido que las mujeres embarazadas en los barcos podían sufrir muchos daños. Luego llevaría la manzana dorada a manos de su hermano, solo esperaba que no fuera demasiado tarde.
- Entonces solo tienes dos opciones - le dijo Kagura como advertencia - o te conviertes en reina de Sirène Secrète o mueres en Royaume Plage.
Kagome veía a Kagura, realmente no deseaba ninguna de las dos opciones, no deseaba el reino y tampoco deseaba morir. Ahora tenía algo porqué vivir.
- Es como la historia de los dos reyes, uno bueno y otro malo, pero no se sabe quién es quién - le dijo Kagome - no quiero la corona pero tampoco voy a dejar que esté bebé muera.
Kagome salió de la habitación, pensando que el destino era cruel, y te llevaría cuando menos preparada estabas. Kagome se vio acorralada por su propia gente y varios soldados de Royaume Plage, y tras un breve interrogatorio la sometieron y encadenaron.
El pedido de su gente era claro que ella reinará en Royaume Plage, y no Kikyō por las muertes que lleva bajo su manto.
- No deseo la corona - les confesó Kagome.
- Pero por favor
- Se lo suplicamos
- Estamos seguro que bajo su mandato el reino sería lo mejor
- De igual forma como lo hizo en Sirène Secrète
Kagome oía las súplicas pero no las escuchaba realmente, solo era ruido sin sentido. Solo eran súplicas vacías sin sentido. Su pueblo solo era esclavo de sus deseos y de la ilusión de algo mejor a lo que tienen.
- Me temo que los dioses eligieron hace tiempo que fuera Kikyō quien los reinará, y yo ahora me doy cuenta que solo fui en contra de esos designios. - les confesó Kagome
- No, usted nos salvó
- Nos dio una nueva oportunidad
- Nos dio una nueva vida
- Redención
- Sintió empatía por nosotros
Habló su gente en Sirène Secrète, pero al igual que antes Kagome solo los oía, realmente para ella no había palabras que la escucharán y tampoco le daría a ellos la oportunidad de ser escuchados.
Inuyasha busco por el olor a Kagome pero le fue difícil encontrarla, pero podía ver cómo sus pobladores hablaban y una conversación llegó a sus oídos, sin que lo quisiera realmente.
- Entonces la reina Kagome está en el barco? - habló una pueblerina emocionada
- Si, dicen que va a reclamar el trono de Royaume Plage
- Eso significa que todo mejorará en Royaume Plage
Inuyasha no podía creer lo que escuchaba, realmente Kagome iría a destronar a su hermana por la corona? No sonaba muy a Kagome pero posiblemente ella tenía un plan en mente. Kagome no podía ser cruel con Kikyō la adoraba, y sentía pesar de que Kikyō solo tenía la mismas opciones que ella, ya sea vivir en el palacio o morir.
Uno de los soldados de Royaume Plage, le confesó a Inuyasha que el barco estaba listo para partir, y que los soldados deseaban partir antes que Kagome cambiará de opinión.
Inuyasha aceptó, y zarparon en ese momento, pero en cubierta Kagome nunca se mostró, y tampoco observó que se despidiera de alguien. Cuando perdieron de vista Sirène Secrète, Inuyasha se preguntó donde estaría ella, y si había ideado un plan para mejorar las cosas en Royaume Plage, pero su olfato le hizo conocer la verdad de la situación.
Kagome se encontraba aprisionada en "el secreto de Mary" sentada con las piernas cruzadas, y esposada por encima de la cabeza.
- Kagome, puedo sacarte de aquí - le dijo Inuyasha
- Como planeas hacerlo?
- Aún no sé cómo pero estás embarazada no te puedo dejar aquí
- Solo lo haces por que estoy embarazada?
- No dejaré que mi hijo muera aquí
Kagome comprendió que Inuyasha solo lo hacía por compromiso y no por el deseo de hacerlo.
- El bebé no es tuyo - le mintió.
- Que?
- Después que te fuiste, me acosté con Kouga
- Mientes, me dijiste que no tenías nada con él
- Lo dije para que no te sintieras mal, además ya no estábamos juntos así que podía hacer lo que quisiera
- Kagome por favor, dime quién es el padre del bebé
- Kouga - Kagome tardó en contestar solo para tomar el valor de mentirle.
Inuyasha se molestó por su confesión, si ella creía que la salvaría teniendo al hijo de alguien más estaría equivocada. Sin embargo, no podia evitar sentir que era muy injusto con una mujer embarazada. Le ordenó a los tripulantes que le dieran su habitación a Kagome y que ella permaneciera encerrada en el camarote principal con todas las comodidades que pidiera.
Después de 3 semanas para llegar a Royaume Plage, Inuyasha dejaría a Kagome en el castillo, y trataría de zarpar inmediatamente hacia Terre Dragon. Su hermano, el rey tenía su palabra de entrega de la manzana, solo esperaba que no fuera demasiado tarde.
Inuyasha ordenó una dama real que le hiciera compañía a Kagome, Kaede quien se encargó de cuidar a Kikyō paso a hacerse cargo de Kagome. Ahora su vientre se comenzaba a notar abultado y Kagome se sentía extraña por el embarazo, pero había algo más que solo una madre primeriza.
Inuyasha tomó control de su navío e inició el viaje a Terre Dragon. Tardaría unas semanas en llegar, pero lo lograría quería creer que lo lograría.
Kagome se encontraba encerrada en aquella habitación gigante más grande que su pequeña cabaña en el bosque. Por orden de Inuyasha, Kagome no podía salir de aquella habitación, y nadie de la familia real podía entrar. Kagome Se asomó un poco por la ventana y observó los jardines, Aunque su paz no duró mucho.
- Quiero verla, te ordenó que me dejes verla!
Kagome podía escuchar la voz de una mujer en el pasillo, y observó como las puertas se abrían de par en par. No pudo evitar quedar maravillada por la vista.
- Kikyō! - la llamo Kagome como un susurro su nombre.
En el pensamiento de Kagome recorrieron mil formas de hablarle, saludarle, incluso abrazarla. Pero las iba descartando conforme pensaba en las consecuencias que estás podían traer.
- Entonces tu eres la amante de mi esposo - le dijo Kikyō con un tono frío y seco aunque en el fondo estaba enojada y triste.
Kagome solo permanecía callada, deseaba tanto conocerla y ahora que la tenía de frente no sabía cómo iniciar aquel sueño de tener una hermana.
- No eres más que alguien inferior a mi - le dijo Kikyō tras observar sus ropajes masculinos.
- Mi señora no debe hablar de ese modo - le pidió Kaede.
- Déjala, quiero que me diga todo lo que siente - le pidió Kagome
- Pero… - Kaede no sabía qué hacer, no quería que se iniciará un alboroto.
- Acaso, crees que eres mejor que yo? Que no se te olvidé que yo soy de la realeza, tú eres un ser inferior a mi.
- Dime, cual es tu color favorito? - le pregunto Kagome
- Que? ¿A qué viene esa pregunta? - le pregunto Kikyō en tono serio.
- Quiero conocerte - le respondió Kagome, viéndola.
Observándola como realmente era, una mujer cuyo deber impuesto por el mundo le impedía ser lo que ella quería. Una mujer libre de las cadenas de la realeza, una simple mujer con el poder de enamorarse de quien deseara, y no simplemente por cumplir un deber impuesto.
- Realmente deseas estar conmigo? - le pregunto Kagome
- ¿Por qué razón querría? - sonando como un claro rechazo
- Realmente no deseas ser libre?
- ¿Qué libertad me estás ofreciendo?
- No puedo seguir fingiendo que no te conozco
- Tú no sabes nada de mí…
- Toma mi mano, y nos iremos de aquí está noche - le ofreció su mano Kagome, con la esperanza que Kikyō aceptará y tras mostrarle las maravillas de su tierra. Kikyō le dijera que es feliz.
- No confío en ti, tampoco tengo que ir a donde me pidas.
Kikyo no deseo seguir con esa conversación, Kagome solo hablaba incoherencias para ella, se fue de la habitación junto a su joven dama, Kaede ahora estaría con Kagome.
- Mi señora, no odie a Kikyō ella solo no confía en nadie - le pidió Kaede
- Lo sé.
- ¿Puedo saber porque desea saber sobre mi señora Kikyō? - le preguntó Kaede.
- Por que la amo - le confesó Kagome
- Amarla? - se preguntó Kaede a si misma, sin entender a Kagome
- Has escuchado la historia de los dos reyes?
- Si…
Kaede respondió y tardó un solo segundo en entender que Kagome y Kikyō eran hermanas gemelas, las mismas gemelas que ella había ayudado a traer al mundo. Kaede se arrodilló a los pies de Kagome, y sostuvo su pantalón en sus manos.
- Mi señora! - llamo Kaede a Kagome
- Levántate no quiero que verte de rodillas nunca más
Le pidió Kagome, para colocarse a su altura y tocar su rostro. Si las cosas fueran al revés tal vez Kaede habría sido su dama de compañía. Y sería Kikyō quien le estuviera robando a la persona que la acompañó en su niñez.
- Háblame de Kikyō - le pidió Kagome.
Aunque Kagome era hija de la familia real, confesar los secretos de la niña que cuido desde que nació hasta el día, se sentía incorrecto.
- Lo siento mi señora, pero no creo conveniente, revelar los sentimientos de mi señora Kikyō.
- Entiendo…
- Hay algo más, que pueda hacer por usted?
- No, supongo que no.
Kagome fue directo a la cama, estaba cansada, ver a Kikyō, fue algo que no esperaba, verla fue como mirar a otra persona. Kagome siempre pensó que cuando viera a Kikyō por primera vez sería como verse en un espejo. Pero por alguna razón se veían tan diferentes. Sentía más diferencias que semejanzas pero eso no le impedía preguntarse en qué soñaba? Que era lo que Kikyō quería?
El tiempo sólo provocó más distancia que cercanía entre las hermanas, Kagome tenía prohibido salir, y Kikyō no deseaba volver a verla. El rey no dejaba de pensar en el error que cometió Inuyasha, sabía que la presencia de Kagome provocaría rumores en el castillo. Lo sabía incluso ya había visto hablar a varios de sus empleados sobre la llegada de Kagome.
Las semanas pasaron e Inuyasha llegó a Terre Dragon, en cuanto su barco tocó puerto. Inicio su recorrido al castillo corriendo lo más rápido que podía. Entro en el castillo, y solo pudo buscar a su hermano con el olfato, pero sin importar como lo hiciera no podía encontrarlo.
Inuyasha se dirigió a la habitación de su hermano, a la habitación real. Pero allí en la cama la vio, una mujer joven de cabello negro, la cual se encontraba profundamente dormida.
Inuyasha recordó cuando Kagome le dijo a Sesshomaru que tenía la manzana dorada para salvar a alguien y que también se había llevado a la princesa de Espagne.
Inuyasha solo podía deducir que esa era la princesa de Espagne, y la mujer de quién Sesshomaru se había enamorado. En su momento entro una mujer a la habitación, con una taza de té en las manos.
- Makoto! - lo llamo la mujer
- Mamá
Aquella mujer soltó la bandeja con el té, y fue a abrazar a su hijo. Como hacía tanto tiempo que no lo hacía.
- Mamá, donde esta Sesshomaru?
- Tu hermano, solo desea salvarla. Solo desea que ella viva - le confesó su madre mientras veía a la joven princesa en la cama dormida.
- Lo sé, traje una manzana dorada, para salvarla - le dijo Inuyasha mostrándole la manzana
La ex reina, Izayoi veía la manzana como un regalo de los dioses, mostrándoles la luz al final del camino y a su vez tornando el ambiente en dolor.
- Tu hermano entro al bosque prohibido - le confesó su madre en llanto.
- Que? ¿Por qué lo hizo?
- No veía cómo salvar a Rin, y decidió entrar al bosque prohibido para buscar una cura
- No puede ser, hace cuánto se fue? Quizás pueda alcanzarlo
- Hace una semana, y no ha regresado - le confesó su madre llorando - tengo miedo, tengo miedo que algo le haya pasado.
- Mamá, iré al bosque prohibido a buscarlo. Tu dale la manzana a Rin - le dijo Inuyasha.
- No quiero perderte a ti también - le pidió su madre su regreso
- No lo harás…
Inuyasha inició su recorrido, nuevamente corriendo pero esta vez para buscar a su hermano.
- Maldito Sesshomaru, ¿por qué haces esto?
Inuyasha salió de las tierras del reino y se adentro en el bosque prohibido, debía tener cuidado Colmillo en su cabeza le decía que criaturas muy grandes se escondían dentro de sus tierras.
No tardó mucho en llegar al bosque, cuando entró en el poco tiempo que tenía adentro. Descubrió una guarida de goblins, un caballo alado bebiendo agua del río, un ogro gigante paseándose por el bosque, un ciervo con astas de colores. Podía saber que todas y cada una de esas criaturas presentaba un peligro para su persona aún cuando su cuerpo era más fuerte que el de un humano, pensaba entonces como hizo Sesshomaru para adentrarse en aquel lugar y sobrevivir siendo un humano.
No importaba cuanto Inuyasha lo buscará su olor no aparecía, su madre le había confirmado que se había ido hace una semana, era un largo recorrido y muchos peligros alrededor.
A lo largo del día Inuyasha se enfrentó con criaturas que solo escuchaba mencionar en cuentos de adultos para asustar a los niños.
La noche cayó en el cielo, y Colmillo solo le pedía a Inuyasha el descanso de unas horas para poder tener la mente más fresca al momento de buscar a su hermano perdido.
- No puedo, jamás me perdonaré si Sesshomaru muere por llegar un segundo tarde - le exclamó Inuyasha
- Tampoco podemos hacer mucho si llegamos y no estamos en condiciones para salvarlo. - le aseguró Colmillo.
Aun así buscar un lugar para descansar durante la noche se hacía mucho más difícil ya que las criaturas parecían ser mucho más nocturnas que diurnas.
3 días habían pasado desde que Inuyasha entró en el bosque y no lograba encontrar rastros de su hermano, sin embargo al llegar a un claro de río observó algo que le heló la sangre en el instante. Varias armaduras oxidadas cubiertas en sangre, se veía que lucharon mientras acampaban y terminaron por ser devorados.
- Maldito seas Sesshomaru si descubro que moriste, entonces te mataré - exclamó Inuyasha enojado, sin darse cuenta del error dijo.
Inuyasha continuaba brincando de un lugar a otro, tratando de encontrar a Sesshomaru con el olfato.
- Las armaduras que vimos eran de soldados, no de un miembro real - le dijo Inuyasha a Colmillo
Cuando tiempo había pasado, cuánto tiempo tenía peleando, y cortando a todos con sus garras y espada? Ya estaba cansado de que lo vieran como un bocadillo o como alguien tan débil que pueden ganarle.
Pero dos demonios aprovecharon la distracción de Inuyasha y uno logro hacerle un corte en el brazo derecho.
- Ya es nuestro - confesó un ogro
- Podemos vencerlo hermano - dijo el otro para atacar ambos.
- ¡No me vencerán tan fácil! - le dijo Inuyasha para matarlos a ambos.
Tras la victoria obtenida Inuyasha se apoyó en un árbol para descansar por el dolor provocado.
- Sanará, dale unas horas - le dijo Colmillo.
- Lo sé - le confesó Inuyasha, para mirar el cielo.
Inuyasha veía el cielo sin dictar palabra, pensando sobre todo lo que había ocurrido hasta el momento.
- ¿Qué haces? - le preguntó Colmillo.
- Pensaba en Kagome, cómo crees que esté?
- No lo sé, pero no debimos llevarla a Royaume Plage
- Ella debía estar donde nació, ella debía estar segura y sé que allí lo estará - le confesó Inuyasha
- Realmente lo crees?
- Kagome es una mujer fuerte, no se rinde con facilidad debes saberlo tú mejor que nadie.
- Lo sé, y también conozco cuando ella no podía luchar sola.
Aquellas palabras hicieron resonancia en Inuyasha, que Kagome no siempre peleaba sola. Ella solo hacia lo que estaba en sus manos, y ahora estaba en el castillo de Royaume Plage. Donde no tenía aliados que la ayudarán.
- Maldita sea, siento que todo lo hago mal - confesó Inuyasha.
- Aunque tampoco me gustaba la idea de dejarla en Sirène Secrète, desde lo que ocurrió con Kouga - le confesó Colmillo.
Inuyasha solo podía pensar en la conversación que ambos tuvieron en el barco "El secreto de Mary"
Inicio de flash back
- El bebé no es tuyo - le dijo Kagome
- Que?
- Después que te fuiste, me acosté con Kouga
- Mientes, me dijiste que no tenías nada con él
- Lo dije para que no te sintieras mal, además ya no estábamos juntos así que podía hacer lo que quisiera
- Kagome por favor, dime quién es el padre del bebé
- Kouga - Kagome tardó en contestar
Fin del flash back
- Realmente crees que el bebé es de Kouga? - le preguntó Inuyasha a Colmillo.
- No, si así fuera no presentaría nuestro olor - le confesó Colmillo
- Nuestro olor?
- Es muy débil pero Kagome está cambiando su olor al nuestro. Eso solo significa que el bebé es nuestro. De nuestra fusión.
- Ya veo…
Inuyasha continuó buscando a Sesshomaru, pero el rastro de soldados muertos era lo único que encontraba. Finalmente al inicio del 5to día encontró el olor de su hermano en parte de la armadura real fue abandonada. Pero sin rastro de sangre que pudiera sugerir su muerte.
Continuó en la dirección, hacia donde estaba. Solo esperaba llegar a tiempo. Sin embargo su sorpresa fue grande cuando observó lo que tenía enfrente, se veía diferente pero podía reconocerlo.
- Sesshomaru - lo llamo Inuyasha.
Aquella cabellera ahora blanca volteo a mirarlo, y en silencio se acercó a él. En silencio lo observo y cuando estaban uno frente al otro. Sesshomaru lo golpeó.
- ¿Por qué me golpeas? - le pidió Inuyasha una explicación
- Prometiste volver con la manzana, espere tu llegada pero jamás volviste - le confesó Sesshomaru.
- Lo lamento, tuvimos problemas para volver Kagome sufrió un golpe de estado en Sirène Secrète y yo tuve que casarme con Kikyō - le confesó Inuyasha
- Basta de excusas, la vida de Rin está en riesgo y tú solo te escondes en una falda. Igual que cuando éramos pequeños corridas a las faldas de nuestra madre.
- Ya basta todo es más complicado de lo que se ve
- Siempre a sido complicado hasta ahora no eras más que un niño, jugando a ser rey
- Y qué hay de ti? ¿Te encaprichas con esa mujer y ahora abandonas a tu pueblo por ella?
- Tu no lo entenderías
- ¿El que? ¿Que te enamoraste de ella? Que terminó por ser más importante que cualquier otra cosa? Que sin importar lo que digan los demás tu solo pensarás en ella?
- Dime algo, acaso terminaste por enamorarte de esa mujer?
- Si las cosas hubieran sido diferentes sería Kagome con quien me habría casado… Pero mi deber me pedía casarme con Kikyō
- Te arrepientes
- No del todo, pero… no puedo evitar sentirme intranquilo cuando no estoy con Kagome, solo ella apacigua mi alma.
Ambos hermanos, ahora comprendían sus respectivos sentimientos, pero aunque su cercanía los hizo confesar sentimientos, la realidad era mucho más complicada que eso.
- Le dejé la manzana dorada a nuestra madre, le dije que se la diera a Rin - le confesó Inuyasha.
- Gracias.
- ¿Por qué viniste a este bosque?
- Vine a buscar una cura para Rin, como tú no llegabas.
- Cuéntame qué pasó?
Sesshomaru, sabía que Inuyasha se refería a su transformación, sobre su nuevo estado.
