Capítulo 21: Correr por un Nuevo Comienzo
Entonces qué opciones tenía? La Clopant le pidió elegir salvar a una, pero como hacerlo como elegir entre ambas? Estaba comprometido con Kikyō desde que ella nació ambos eran todo lo que conocían, y Kagome le mostró el mundo le enseño como ser rey, gracias a ella pudo cumplir su sueño. No podía simplemente elegir entre ambas.
- Ustedes quédense aquí hasta que acabe la tormenta - les ordenó Inuyasha a sus hombres.
- Pero señor estamos en el bosque prohibido - hablo un tripulante
- Cualquier criatura puede venir a matarnos
- No nos deje.
- Se lo suplicamos
- Escúchenme! - les gritó Inuyasha - la tormenta no los dejará avanzar, y las criaturas del bosque no los atacarán mientras no entren en él!
Inuyasha sabía que todo era por la magia de la Clopant, sabía que la tormenta seguirá gracias a su poder. Pero eso solo le confirmaba que la Clopant lo estaba empujando al precipicio solo para que eligiera, posiblemente si llegaba antes a Royaume Plage podía salvarlas a ambas.
- Cuando la tormenta termine regresen a Royaume Plage
Con esa orden a sus soldados, y con una tarea en mente, Inuyasha entró en el bosque prohibido, sabía que debía usar las estrellas para guiarse del mismo modo que usaba el sol. No sabía cuánto demoraría pero no podía quedarse de brazos cruzados mientras una de las dos iba a morir.
Conforme entraba en el bosque más criaturas y monstruos aparecían, algunos lo dejaban pasar sin más y otros lo atacaban por invadir su territorio. 5 días habían pasado e Inuyasha no hacía más que desesperarse por no tener una pista que le faltaba poco.
- ¡Espera, allí! - le dijo Colmillo
- Qué ocurre?
- Aquel lugar, ese claro en el bosque fue donde la vi por primera vez - le confesó Colmillo
- Te refieres a Kagome?
- Estaba herido y asustado, recuerdo que cuando ella se acercó no sabía si era enemiga o amiga. La mordí en la cintura cuando solo era una niña pequeña - le confesó Colmillo
- ¿Te refieres a esa marca de luna que tiene Kagome en la cintura?
- Si, mientras la mantenía mordida ella desató mi pata. Fue allí que entendí que ella solo deseaba ayudarme.
- ¿Por qué seguiste a Kagome? - le pregunto Inuyasha buscando una respuesta en sus palabras
- Porque me sentía tranquilo estando con ella, podía reírme y jugar con ella. Éramos felices juntos - le confesó Colmillo. - Kagome siempre a tenido ese poder, el de sanar un corazón herido
- Un corazón herido? Mi corazón no estaba herido.
- Lo estaba, la responsabilidad de ser rey te consumía, quitándote el placer de vivir las emociones que tanto querías. En el castillo estabas atrapado, con Kagome viviste una libertad que no conocías
- Con Kagome soy libre, Kagome es la representación de mi libertad?
- La libertad no siempre se trata de hacer lo que quieras o ir donde quieras sino cómo te sientes en ese lugar. O con esa persona.
Inuyasha continuó su marcha, con las indicaciones que Colmillo le daba llegó a una cabaña destruida.
- ¿Qué es este lugar?
- El rey anterior mandaba a vigilar la actividad del bosque, y alertar en caso que alguna criatura del bosque los atacara.
- ¿Tú viviste aquí?
- Kagome curó mi herida aquí, mi pata lastimada. Fue aquí donde me di cuenta que no deseaba dejarla. Donde me di cuenta que separarme de ella sería mi perdición.
- Lamento que por mi culpa ustedes no estén juntos
- Me fusioné contigo porque sabía que compartimos los mismos sentimientos por ella.
Inuyasha continuó su marcha, y pudo llegar a Royaume Plage, logró oler que había fuego mucho humo. Mucho alboroto, escuchaba mucho desastre en la ciudad. Y aún más cuando estaba cerca del castillo.
Pero podía escucharlos sus gritos no eran de enfado o un disturbio. ¿Eran de alegría? Dicha, felicidad. Estaban celebrando, entre más se acercaba al castillo podía olerlo la comida, todos estaban preparando los mejores platillos. Las mejores recetas, los mejores panes y pasteles.
Pero algo llamó su atención, el olor de Kagome, en una carreta que pasó a su lado con varios encapuchados, Pero sabía quienes eran. Los siguió, quería conocer el estado del bebé.
Llegaron a un barco, donde observo que una mujer bajaba del carruaje cubierta de negro y llevada al barco, Pero había algo extraño en ella. Su olor se estaba debilitando pero no desaparecía. Sin embargo eso no importaba debía advertirle del peligro.
- Por fin, la reina malvada morirá en la hoguera - hablo un aldeano en el muelle, su comentario hizo enojar a Inuyasha.
Inuyasha corría lo más rápido que podía, tanto que sus piernas estaban cansadas, la Clopant dijo que debía elegir sí moría el oro o la tierra pero no deseaba verlas morir a ninguna de las dos, estaba cansado, simplemente estaba harto de eso de que uno tenía que morir para que la otra viviera, y que había del bebé? Kagome tenía un bebé en su vientre, no la iba a dejar morir. y Kikyō no podia tener la culpa del cargo que se le impuso desde su nacimiento.
Inuyasha observó el muelle, tenía que advertirle a Kagome que no saliera del barco. Siguió el olor de Kagome, hasta llegar a su oficina. Allí estaba Sango junto a ella, pero… la mujer que estaba en la silla dormida no era Kagome, era…
- Kikyō! - la llamo Inuyasha
¿Acaso Kagome fue lo bastante osada para salvar a Kikyō de la hoguera? La verdad, es que era una pregunta tonta, ya que era obvio que Kagome haría lo que fuera por su hermana.
- Ya veo Kagome, salvo a Kikyō - confesó Inuyasha
- Si, fue algo complicado ya que Kikyō no confiaba en Kagome. - confesó Sango.
- Iré a decirle a Kagome que gracias, por salvarla - le confesó Inuyasha.
Para caminar a la recámara de Kagome, pero al entrar ésta se encontraba vacía. Inuyasha sabía que Kagome no estaba allí ahora podía olerla pero no a ella, simplemente su olor estaba esparcido en la habitación.
- ¿Dónde está Kagome? - pregunto Inuyasha
- Alguien debía quedarse. - le notifico Sango
- Quedarse donde? - le pregunto de forma desesperada.
- Kagome me pidió darte esta carta.
- ¿Dónde está Kagome? - le gritó desesperado Inuyasha
- Reemplazando a Kikyō. - le confesó Sango con lágrimas en los ojos.
- No puede ser…
Inuyasha nuevamente corrió, pero esta vez sabía que debía llegar a tiempo para detener lo que venía, Kagome iba a ser sentenciada en la hoguera por los "defectos" cometidos por Kikyō y su padre, el antiguo rey.
Estaba desesperado, estaba herido. Y por un corto momento podía ver a Kagome desde que la conoció hasta ese momento, donde ella siempre pensó en su pueblo, donde siempre busco hacer lo correcto a pesar de lo que dijeran los demás, gracias a ella pudo conocer el mundo y navegar, hacer amigos y tener aquello que todos anhelamos en nuestras vidas. Anécdotas, que nos recuerden por algo.
Kagome le había enseñado a Kagura a apreciar la vida, le enseñó a Miroku a no rendirse y hacer fiel a su palabra, y no podía faltar él, ahora comprendía el verdadero peso de la corona, antes creía que solo bastaba con ordenar y no cometer los mismos errores que el antiguo rey.
Kagome, Kagome, Kagome no podía pensar en otro nombre, se suponía que él debía elegir entre el oro y la tierra. ¿Cómo podían decir que Kagome era la tierra? Era una mujer, que merecía todo, joyas, los mejores ropajes, las delicias más exóticas, las comodidades más suaves.
Ahora que lo pensaba, Kagome atesoraba estar en aquella cabaña en el bosque. No le gustaba vivir en el palacio y tampoco le gustaba que la llamarán reina, realmente puede existir una mujer que no sea codiciosa? No más que una mujer podría existir un ser humano que no desee tener poder y dinero?
Ella era única, era imposible de reemplazar, ahora debía apresurarse y rescatarla, debía salvarla, aunque no podrían volver a verse después de eso nunca más. Pero eso no importaba si ella estaba a salvo, eso no importaba si ella vivía, junto a su hijo.
Pero sus rodillas solo pudieron flaquear al observar la realidad, su cuerpo solo pudo rendirse al ver la realidad.
- Inuyasha - lo llamo Miroku a su espalda
- Dime, dime qué fue lo que ocurrió? - le pregunto Inuyasha sin verlo a la cara.
Inicio de flash back
Kagome se encontraba encerrada en la habitación del castillo, su vientre abultado se movía de manera intranquila.
- Lo sé, tranquilo… - le decía su madre mientras tocaba el vientre buscando calmarlo.
La puerta se abrió de golpe, y Kagome solo pudo observar a Miroku entrando, a su espalda estaba Sango y los guardias dormidos.
- Venimos a rescatarte. - le confirmo Miroku
- Aún no, todavía es temprano - les confesó Kagome
- Pero…
- Necesito que averiguen lo que planeas los pobladores - les pidió Kagome
- Pero…
- Por favor… El castillo ha estado intranquilo desde que llegué. Se perfectamente que su pueblo planea algo pero debemos averiguar que es
- Si, reina Kagome
- No me llames reina
Miroku y Sango se fueron a petición de Kagome, no podían forzar a una mujer con un estado de embarazo tan prolongado a moverse rápido.
Al amanecer, Miroku y Sango llegaron al mercado disfrazados de viajeros recién casados en busca de recuerdos para llenar sus vidas. Aunque la realidad no estaba lejos de esa mentira, en cuanto Sango logro obtener su perla su vida que antes se veía afectada ahora disponía de una salud mayor que la de cualquier humano existente. Ahora Sango y el mar se habían vuelto a unir y podía adoptar su verdadera forma cuando quisiera. Miroku aunque ahora podía disfrutar de su compañía, nunca podría saber si realmente su amor por ella era real o un simple hechizo de sirena. Pero mientras ella no lo abandone podía vivir feliz con esa fantasía.
Caminando por las calles y probando y degustando de sus sabores junto a los recuerdos que estos podían proporcionar.
- Creo que nos estamos alejando de nuestro verdadero propósito. - le dijo Sango con una sonrisa en el rostro
- Si, pero ahora puedo disfrutar de estas cosas contigo - le confesó Miroku, tomando su rostro en sus manos.
Estaban apunto de unir sus labios cuando un niño los interrumpió haciéndoles entrega de un pequeño folleto.
Así como apareció el niño se esfumó entre los callejones del lugar. Miroku leyó el folleto, pero este solo decía "la historia del rey bueno y el rey malo"
- Acaso significa algo? - le pregunto Sango
- Si, y temo que no es algo bueno.
Miroku sabía lo que el folleto significaba, y sabía cómo terminaba su historia. Entre su gente descubrieron que varios pobladores de Sirène Secrète estaban reunidos con familiares y amigos, desde que Inuyasha había llevado a su tropa a luchar contra Kouga. Muchos soldados hablaron sobre su familia desaparecida y como habían crecido en un país extranjero de la mejor forma posible.
Miroku llegó a la habitación de Kagome, y por alguna razón los guardias permitieron el paso, tal y como se veía Kagome se ganó el cariño del pueblo y el amor de su gente.
En la habitación observo como Kagome guardo rápidamente un papel, y secaba sus lágrimas en la cara.
- Perdón el embarazo no me permite controlar mis emociones - se disculpó Kagome
- Está bien - le respondió Miroku tosiendo para arreglar su garganta - me dieron este folleto en la calle, tal parece que lo están repartiendo por la ciudad.
Kagome leyó el folleto y solo pudo pensar por la forma en que las personas ideaban el mundo. Y sobre cómo sus deseos sobrepasaba todo lo demás.
- Gracias por la información - le dijo Kagome
- Creo que debemos irnos - le pidió Miroku
- Ya no tiene caso irme, solo hay una salida para esta situación.
- Kagome…
- Debo hacerle una visita a Kikyō.
Kagome salió de la habitación, y fue en dirección a la de Kikyō, quien se encontraba sumergida en sus pensamientos viendo un punto inconcreto.
- Kikyō - la llamo Kagome al verla encerrada en sus pensamientos.
- ¿Qué quieres?
Kagome no sabía cómo iniciar una conversación saber sobre sus gustos y lo que ella atesoraba no era suficiente.
- Dime ese vestido morado con flores es tu favorito verdad?
- No, de hecho es el modelo que menos me gusta pero debo usarlo para verme como una mujer pulcra, aunque esté casada.
- Inuyasha es un buen esposo?
- Cumple con su papel…
- Me odias?
- Llegaste solo para llevarte a Inuyasha, cometí actos deplorables a mi pueblo, estoy atrapada en este lugar, me quitaste a mi Nana. Y no conforme con eso entras en el castillo y ahora todos están pensando en un significado profundo para que una mujer embarazada sea custodiada por nada más y nada menos que la guardia real. La única que solo protege a la familia real.
- Kikyō, yo…
- Supongo que ahora vas a confesarme que formas parte de la familia real.
- Acaso ya lo sabías?
- Mi padre me lo confesó anoche en su desespero por qué le entregará más alcohol. Supongo que cree que de esa forma su error desaparecerá.
- Kikyō…
- Me pregunto cómo serían nuestras vidas si fuese obedecido al destino y fueses muerto en ese momento.
- Realmente es tanto tu deseo por verme morir?
- No lo sé… también estuve pensando en lo diferente que podría ser mi vida si yo fuera la elegida para morir. Me pregunto qué vida habría tenido, si hubiera sobrevivido, si sería como tú o alguien completamente diferente.
- Kikyō…
- Mi pueblo me odia por las cosas que hice sin saber realmente por qué las hice.
- La zona pesquera estaba padeciendo de una enfermedad rara, sino se controlaba los matarían a todos
- Si, por eso ordené buscar a las personas que tuvieran los signos de esa enfermedad, y las use como amenaza para encontrar a Inuyasha.
- Si, tu acción era el único método para salvar la zona pesquera
- Pero eso no lo saben, solo me vieron colgar a las personas y quemarlas en una hoguera.
Kagome sabía que Kikyō solo hizo lo correcto y que en su lugar ella no habría tenido el coraje de hacer lo que hizo. Por eso coloco un grupo de ancianos como consejeros, ya que con ellos podía tener la mejor opción al momento de hacer un mandato.
- ¿Conoces la historia de los dos reyes? - le pregunto Kagome
- Si, y creo saber qué clase de rey soy yo
- Te equivocas, yo no tengo mano para liderar, solo pienso en hacer las cosas a mi manera y por lo general termina en buen resultado sin que lo busque.
- Qué quieres decir?
- Que tu siempre has sido mejor "rey" que yo. Por eso quiero pedirte un favor…
Miroku solo custodiaba la puerta escuchando la conversación de las dos hermanas, y el plan que Kagome estaba orquestado.
Al volver a su habitación Kagome le pidió a Sango tomar una carta escrita por ella, con la indicación de entregarla solo a Inuyasha.
- Gracias, Sango por ser tan buena amiga…
- Gracias por no juzgarme por lo que soy
Fue solo un abrazo más, entre tantos miles que habían con anterioridad. Y sin embargo el plan era el más osado que pudo formar.
Kagome le pidió a Miroku que llamara a Kaede y que las 3 mujeres quedarán en la habitación toda la noche. Y sin importar los gritos no podían interrumpir ni entrar en el recinto.
Miroku escuchó la orden que Kagome le había pedido. Y así lo hizo, las 3 mujeres quedaron encerradas en la habitación, y sin ningún hombre o persona que escuchará lo que adentro ocurría.
Al amanecer, Miroku fue el primero en intentar entrar en la habitación, pero temía a las consecuencias, así que eligió tocar primero la puerta pero Sango abrió la puerta sin que nadie la tocará y lo que observo simplemente lo dejó mudo.
Toda la cama estaba llena de sangre, paños y telas por el suelo también cubiertos de sangre. Y Kagome estaba sentada en la cama, con su mirada perdida, con un semblante blanco y dos bolsas oscuras en los ojos.
- Kagome… - la llamo Miroku
Kagome solo volteo a mirarlo sin decir palabra, y le regaló una sonrisa con una mirada perdida en la nada. Miroku solo observaba una sonrisa triste, con un sentimiento de profundo dolor.
- ¿Dónde está Kaede? - pregunto Miroku al darse cuenta que la anciana no estaba
- No lo sé, ella vendrá cuando sea conveniente - le confesó Sango.
- ¿Qué ocurrió?
- Están a salvo…
- ¿Están?
¿Qué era lo que sus palabras significaban exactamente? Miroku no lo sabía pero algo era seguro y es que Kagome ya no estaba embarazada, aunque su vientre seguía abultado no contaba con el mismo tamaño de hace unas horas atrás, se encogía. El bebé ya no estaba allí. Kagome usó el poder de una sirena y la experiencia de una nodriza para parir antes de tiempo y hacer que Kaede escapara con el recién nacido.
- Hoy es el gran día… - les confesó Kagome levantándose de la cama.
Pero sus piernas flaqueaban, y la pérdida de sangre no era buena, Kagome le pidió a Sango que usará su poder en ella para olvidar el dolor y así moverse con más facilidad, y así lo hizo. Kagome se movía como si no tuviera dolor en su cuerpo. Pero la pérdida de sangre era evidente.
- Miroku prepara un carruaje para mi escape, necesitaré que seas cauteloso - le pidió Kagome
- Si…
Miroku, busco un carruaje que pasará desapercibido, observó cómo el pueblo golpeaban el piso con cada paso, y como las puertas al castillo fue abierta por los mismos guardias.
- Que están haciendo? - les pregunto Miroku, enojado.
- Mataremos a la reina malvada, impediremos que la historia del los dos reyes se repita. - le hablo un soldado
- ¡Muerte a la reina mala! - habló otra persona.
Y así fue, entraron en la habitación de Kikyō. Y se llevaron a la mujer que allí se encontraba. Con su vestido morado de flores. También apresaron al antiguo rey y reina. Llevándolos a la plaza donde recibieron el castigo que debían por sus acciones y su mala gestión en el reino.
- Pueblo de Royaume Plage! Quiero que sepan que no estoy arrepentida de nada. Que sin importar esta acción, estoy segura que hice lo mejor por todos ustedes - les confesó la princesa
Varios pueblerinos lanzaron piedras y comida podrida hacia la familia real, como enfado por las palabras dichas por la princesa.
- ¡Mataste a mi hija!
- Era mi esposa!
- Era mi hermana!
Gritaba la mayoría de las personas, aunque su muertes eran para salvarlos, nadie estaba preparado para la muerte, nadie quería morir. Nadie deseaba separarse de su ser amado.
- ¡Cuelguenla y luego quemenla!
- ¡Quemenla!
- Muerte!
Pedían a gritos las personas, y así fue como la familia real fue colgada, hasta que sus cuerpos dejaron de moverse, para luego ser sentenciados a la hoguera. Creyendo que con aquel acto los malos tratos por el gobierno acabarían, haciendo alusión que todo mejoraría.
Fin del flash back
- Fue lo que ocurrió - le termino de contar Miroku
- ¡Pudiste salvarla! Tú pudiste salvarla!
Se levantó Inuyasha del suelo, y tomó a Miroku desde las solapas, como amenaza.
- Entonces preferirías que muriera Kikyō? - le pregunto Miroku
- Que? - pregunto Inuyasha sin entender
- El pueblo quería muerto a la familia real y colocar a Kagome de reina, para ellos Kagome su salvadora. No habían personas más decididas a salvarla que esas mismas personas que la colgaron erróneamente
Inuyasha cayó de rodillas, por un momento levantó la cabeza y observo como las personas celebraban la muerte de la mujer que más querían que los reinara, todos se sumergieron en una mentira.
- El bebé, dónde está el bebé? - pregunto Inuyasha
- No lo sé, ya te dije que Kaede se lo llevó.
¿Qué era lo peor? Matar a quien más debias salvar o dejar morir a quien amaste más que a tu propia vida? La respuesta era ambas, son las peores opciones que pudo tener. Debía darle un nombre a la Clopant, debió salvar a quien portaba no solo vida en su vientre sino un mejor futuro.
Kikyō estaba en el barco custodiado por Sango cuando Inuyasha llego después de visualizar la atrocidad ocurrida en la plaza, donde tuvo que ordenar que al menos los cuerpos fueran cremado por separado y así poder tener a Kagome lo más cerca posible, al menos sus cenizas.
3 años habían pasado desde aquel momento, habían transcurrido un tiempo considerable en donde Inuyasha no se atrevía a leer la carta que Kagome le había dejado, su miedo no le dejaba leerla, pero si le había hecho una promesa a Kagome que sería un buen rey que escuchará las necesidades de su pueblo.
Kikyō, ahora debía vivir bajo el nombre de Kagome. Para convencer a todos que estaba muerta la persona correcta.
Miroku y Sango viajaban por el mundo disfrutando de la relación que tanto años les había costado tener.
Kagura, nunca pudo volver a caminar pero se volvió regente de Sirène Secrète, junto al consejo de ancianos. Ya no estaban escondidos del mundo pero tampoco dejaban entrar a cualquiera a sus tierras.
En Espagne una plaga azotó al reino tal y como había ocurrido en Royaume Plage. Llevándose consigo muchas muertes. Entre ellas la familia real, creando caos y desorden en el reino. convirtiendolo en un lugar de ladrones y asesinos.
En Terre Dragon, Sesshomaru logro formar una pentarquia, donde pudieran recaudar información más profunda sobre su pueblo y así mejorar los hábitos de vida. Casándose con Rin la princesa, la ahora reina había dado a luz dos hermosas gemelas. Quien aún en miedo de los pobladores decidió que sólo a quien su pueblo elegiría podía reinar en Terre Dragon y la otra gestionaría la tierra de Espagne.
Inuyasha se encontraba en su escritorio revisando unos papeles, cuando observo que entre ellos varios pedidos de Sirène Secrète no habían llegado a su reino. Inuyasha decidió hacer un viaje a Sirène Secrète, para averiguar que ocurría con esa carga.
- Vas a irte? - le pregunto Kikyō
- Solo veré qué ocurre con la carga, después volveré.
- Porque no mejor enviar a un regente
- No me parece, además ya lo he hecho y la carga aún no llega, enviar otro sería como indicar que no me importa la carga. Volveré pronto
Inuyasha se embarcó, sin muchos ánimos. Pero si deseaba poder pasar unos días fuera del castillo, sin tener que estresarse por cumplir sus deberes con la corona.
Llegó a Sirène Secrète, y hablo con Kagura por la carga, donde ella le admitió que por la época de cultivo no se pudo cumplir con el pacto.
- Entiendo
- Quédate unos días, el pedido estará listo en 3 días. - le aseguro Kagura
- 3 días…
Inuyasha caminaba por las calles, observaba sus colores, y olía sus sabores. Pero había algo que quería hacer, realmente había algo que quería ver. Inuyasha saltaba de rama en rama hasta llegar a ese lugar. La cabaña donde pudieron estar juntos en algún momento. Aquella cabaña llena de recuerdos para ambos. pero posiblemente por el tiempo ahora solo seria un monumento en ruinas.
Pero había algo extraño, podía ver humo saliendo de la chimenea, cuando se acercó observó a una pequeña niña cargando un tobo de agua, el cual colocó en el bebedero de los cerdos.
- Ya está! - aseguro la niña - abuela, ya le di agua a los cerdos! - gritó para la cabaña.
- Que buena niña, gracias por ser tan responsable.
- Si…
Inuyasha reconoció a la nana de Kikyō, a la mujer que cuidó de ella siendo niña. Ahora podía ver a la pequeña, Aquella niña no debía tener más de 3 años, y ya estaba en casa ayudando además de eso.
Podía verla, podía ver a Kagome en los ojos de esa niña. Acaso esa era la bebé que se había formado por la unión de ambos? Ese era el regalo más hermoso que podían haberle dado los dioses.
Sin darse cuenta Inuyasha se fue acercando poco a poco. Hacia la niña, y Kaede pudo verlo.
- Inuyasha, eres tú Inuyasha? - le preguntó Kaede al verlo.
- Kaede… ¿Esta niña? - preguntó Inuyasha esperando una respuesta afirmativa.
- Su nombre es Moroha - le confirmó Kaede
- Moroha
Inuyasha se arrodilló tratando de estar a su altura, y en su cercanía la veía en su mirada los ojos le recordaban a Kagome.
- Moroha, este hombre es tu padre - le confirmo Kaede a la niña
- Mi papá?
- Si…
Moroha veía a Inuyasha sin comprender realmente lo que eso significaba. E Inuyasha solo podía preguntarse porque Kagome no dejo a la niña con él?
Inuyasha fue invitado por Kaede a beber un poco de té, necesitaba calmarse y aclarar sus pensamientos, veía a Moroha tomar un poco de bebida dulce de miel ante el paladar de un niño.
- Kagome, aquel día nos pidió proteger a la niña. Sabía que el pueblo se alzaria y vendrían con la idea de matar a Kikyō, así que nos pidió adelantar el parto, cuando Moroha nació le pidió a esa mujer Sango salir de la habitación. Luego me pidió venir a este lugar y cuidar a Moroha aquí hasta que tú llegarás por ella.
- Kagome… es una tonta…
Inuyasha solo podía pensar en cómo podía descubrir donde estaba su hija, simplemente fue el destino lo que le dio la oportunidad de ir a Sirène Secrète.
- Qué harás? - le pregunto Kaede a Inuyasha
- ¿De que hablas?
- ¿Vas a llevarla?
- Ahora que se de su existencia no me gusta la idea de separarme de ella, pero…
- Temer que Kikyō no la quiera, o que el pueblo descubra la mentira?
- Cualquiera de las dos opciones son válidas. Pero no puedo venir a verla seguido pero eso es lo que quiero
- Moroha es la princesa de Royaume Plage. Por lo que pude saber tu y Kikyō no…
- No…
- Lo suponía, qué harás entonces?
- Me llevaré a Moroha conmigo, muchos sabían que Kagome estaba embarazada pero creen que lo perdió, la llevaré y les aseguraré que es mi hija, e hija de la reina que tanto aman.
- ¿Crees que Kikyō lo acepte? - le pregunto Kaede
- Ven conmigo, sé que puedes ayudarme.
Inuyasha, ayudó a Moroha a empacar junto a Kaede, y dándole una última ojeada a la cabaña, Inuyasha se despidió del lugar.
En el barco camino a Royaume Plage, Moroha dormía en el camarote principal, en la cama de su padre. Inuyasha solo podía ver a su hija dormir, y se sentó en el escritorio, saco la carta que le entrego Sango años atrás que aseguraba ser de Kagome.
Ahora se atrevía a leerla, y con cada palabra el llanto escapaba de su rostro sin poder evitarlo. Estaba feliz y triste al mismo tiempo. Pero ahora tenía una nueva oportunidad para ser feliz. Una oportunidad de hacer las cosas de forma correcta.
Hasta aquí la historia gracias, a los que siguieron el proceso. como regalo hoy tienen un "extra" y es la carta que Kagome le dejo a Inuyasha. Espero les guste y logren comprender un poco los sentimientos de la protagonista. si tengo tiempo y un poco de inspiración hago una secuela que tengo en la cabeza.
Como siempre es bueno recordar, los personajes no son mios son creacion de Rumiko Takahashi, solo la historia me pertenece.
