Bienvenidxs a Todxs, nuevamente yo, me pueden decir Tamii o chica ciruela. Esta historia estaba publicada en Wattpad pero se puso ortiva y me la borro, no hay manera de recuperarla, por ende aquí estamos. Como le dije en un principio, la historia no es mía, es un libro que primero leí como un fic SwanQueen y luego el original. La historia no está basada en la teleserie, las chicas son mucho más jóvenes que en Demente. No se olviden de comentar y darle amor, si puedo hoy subiré dos caps más asi publico los que ya tengo corregidos y adaptados. Un besito

PD: me pueden encontrar por ig por cualquier duda/consulta

Personal: tamiiisalinas

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HORA CERO

Aproximadamente a las 7 de la tarde del día de su vigésimo sexto cumpleaños, en una tarde de viernes que hasta el momento había transcurrido sin ningún incidente en la oficina, Flavia Betancourt se dio de narices con los pechos de mujer más perfectos que había visto nunca al desnudo. Dado que toda la experiencia que tenía con ver pechos al desnudo ajenos al natural hasta el momento no pasaba del típico vistazo furtivo en los vestuarios del gimnasio y de la desagradable ocasión en que, a los 12 años, había visto a su abuela cambiándose en la habitación con la puerta entre abierta, quizás aquello no fuera decir mucho.

Los pechos en cuestión pertenecían a una stripper medio desnuda que se le había sentado en el regazo y no dejaba de contonearse al ritmo de una música dance horrorosa que sonaba a todo volumen desde el iPod que había aparecido de la nada en la mesa de su escritorio.

Incapaz de moverse con el peso de la otra mujer sobre los muslos y sin saber bien dónde meter las manos, lo único que acertó a hacer Flavia fue quedarse sentada y contemplar los pechos de pezones rosados que se zarandeaban delante de su cara.

Eran perfectos, y por un instante de locura, se olvidó de la propuesta que supuestamente estaba redactando y consideró la posibilidad de tomar aquellos pechos entres sus manos. Sin embargo, Flavia era una mujer de lo más responsable y, además, no era de las que iba manoseando strippers por ahí. Avergonzada de sus pensamientos, la dominó el enfado. Su propuesta era mucho más importante que cualquier emoción barata que pudiera ofrecerle aquella mujer.

"¿Qué carajo crees que estás haciendo?" rugió Flavia. "Levántate y apaga eso. Ahora mismo."

La stripper de cabello Oscuro sonrió y se balanceó contra su cuerpo.

"Soy tu regalo de cumpleaños."

Alargó la mano, tomó la de Flavia y la colocó sobre uno de sus perfectos pechos.

"Disfrútame" le susurró lascivamente al oído.

Los dedos de Flavia se curvaron por instinto al sentir el pezón endurecido de la otra mujer contra la palma de la mano. Respiro hondo por la nariz y repitió:

"Apaga la música. No quiero volver a repetírtelo."

La stripper la miró a los ojos y enarcó una elegante ceja sin moverse de su regazo.

"Yo diría que un poquito sí te está gustando."

Flavia deseó que la vergüenza no se le notara en la cara.

"Sal de encima ya. Y ponte la camiseta, por Dios."

No había sido su intención ser tan áspera, pero tanta carne desnuda cerca la ponía nerviosa y estaba decidida a no perder el control. Alguien tenía la culpa de aquel mal trago; algún compañero de trabajo idiota que lamentaría haber tenido semejante idea.

Por suerte la stripper pareció entender que no estaba bromeando. Se levantó y se apartó de la silla. Cuando se agachó para recuperar la camiseta que había dejado en el bolso, Flavia intentó no mirarle el trasero, pero fracasó miserablemente. La stripper sonrió por encima del hombro.

"¿Has visto algo que te guste?"

"Sólo me preguntaba cómo has llegado hasta aquí sin que te detuvieran por prostitución" contraatacó Flavia, mientras su visitante indeseada se ponía una camiseta ajustada y unos jeans desgastados de cintura baja. "La verdad es lo que parece. ¿El estilo de la ropa es por trabajo o porque te gusta así?"

En realidad, la joven estaba hermosa. Por encima de la cintura de los jeans se insinuaban unas braguitas negras y llevaba en la mano el sujetador de encaje negro que se había quitado al subir a horcajadas de Flavia. Además, la camiseta de algodón le marcaba los duros pezones.

"Pancho tenía razón" dijo la stripper. "Necesitas relajarte."

LO SABIA

"Ha sido Pancho" murmuró Flavia sin una pizca de humor. "Por supuesto."

"Por supuesto. Pero no me advirtió de que eras una bruja. ¿Qué te pasa? ¿Te dan miedo las mujeres desnudas o qué?"

Flavia miró a la mujer con frialdad.

"A lo mejor me da miedo lo que me podría agarrar si te me restriegas de esa manera."

La stripper fulminó a Flavia con la mirada.

"Que te jodan. Me voy. Feliz cumpleaños y vete a la mierda."

Tomó el iPod de la mesa de Flavia, se puso la mochila al hombro y se dio la vuelta para salir del despacho. Flavia se puso de pie y la agarró del brazo.

"Te acompaño fuera."

No iba a dejar que una completa extraña, una intrusa en sus dominios, deambulara sola por los pasillos

Y después llamaré a Leiva y se arrepentirá de haber arruinado una tarde perfectamente productiva con su bromita estúpida.

La otra mujer se liberó de un tirón, con ojos llameantes.

"No te molestes, si he sabido entrar seguro que sabré salir."

"No era una sugerencia" dijo Flavia. "Voy a llevarte abajo. No sé muy bien cómo te has colado en el edificio fuera de horas de oficina, pero no deberías estar aquí."

Mientras atravesaba la sala con la stripper, esta protestó:

"Eres el mar de simpática. ¿Qué mosca te ha picado? Deja que adivine: hace 5 años que no tienes sexo."

Flavia no picó el anzuelo y se dirigió al ascensor del fondo del pasillo a grandes pasos. El pasillo estaba casi a oscuras, ya que el edificio estaba desierto. Todos los demás se habían ido a casa mucho antes para empezar el fin de semana con buen pie. Para Flavia, estar en casa era de lo más aburrido, comparado con la oficina. Santiago Software Solutions era exactamente donde quería estar, dedicada completamente a su pasión: la gestión de proyectos.

Se detuvo frente al ascensor y apretó el botón con fuerza. Lo más increíble era que la stripper aún no se había dado por vencida. Tras darle un golpecito juguetón en el hombro a Flavia, le dijo:

"Si me compadezco de ti y tenemos sexo, ¿crees que al menos sonreirás un poco?"

"Para mí el sexo no es tan importante como para ti, al parecer" dijo Flavia. "Lo que me hace feliz es trabajar. Ya sabes, lo que estaba haciendo antes de que me interrumpieras."

"Uy sí. Parecía fascinante."

Flavia pasó por alto el comentario sarcástico y miró el indicador. ¿Cuánto tiempo podía tardar un ascensor en subir desde el vestíbulo hasta la planta 29? Aquella tarde le parecía especialmente lento... ¿o es que ella estaba especialmente enfadada?

"Ya esperaba que una chica que se desnuda por dinero no entendiera lo satisfactorio que es el éxito."

"Ya esperaba que una bruja amargada como tú no entendiera que es lo verdaderamente importante en la vida."

Flavia soltó una carcajada.

"¿El qué? ¿Que una stripper barata me menee las tetas en la cara?"

Las puertas del ascensor se abrieron justo a tiempo de evitar que la conversación se elevara de tono. Flavia arrastró dentro a la otra mujer y pulsó el botón del vestíbulo. Cuando las puertas se cerraron, la stripper murmuró:

"Pues a mí me ha parecido que te gustaban mis tetas, hasta que has recordado que a lo mejor por mirar un poco te quitaban el título de Reina del Hielo."

Flavia movió la cabeza, dispuesta a negarlo, pero en ese momento las luces del ascensor parpadearon y se apagaron. El ascensor vibró y se quedó parado.

El movimiento súbito les hizo perder el equilibrio y Flavia rodeó a la otra mujer con los brazos instintivamente, para evitar que se cayera al suelo. Durante unos segundos, el ascensor se quedó completamente a oscuras, hasta que las tenues luces de emergencia se activaron e inundaron la cabina con su suave resplandor. Al cabo de un instante, las dos mujeres miraron las puertas del ascensor y el panel de botones.

La stripper, aún entre los brazos de Flavia, se volvió hacia ella con sus ojos esmeralda abiertos como platos.

"Esto no puede estar pasando..." murmuró.

Flavia reaccionó, la soltó y dio un paso hacia la puerta, negando con la cabeza.

"No pasa nada. Lo único que tenemos que hacer es pulsar el botón de emergencia."

Dicho eso, examinó los controles, en busca del botón que las sacaría más deprisa de aquella inesperada prisión.

"¿Estamos... atrapadas?"

Flavia negó con la cabeza de nuevo.

"No. De ninguna manera me voy a quedar atrapada en un ascensor con una maldita stripper cuando tengo la propuesta de marras a medias."

"¿La propuesta?" repitió la stripper con incredulidad. "¿Estás atrapada en un ascensor el día de tu cumpleaños un viernes por la noche y lo que te preocupa es tu propuesta?"

Flavia se mordisqueó el labio mientras apretaba un botón detrás de otro. Ninguno se iluminó y ninguno tenía pinta de disparar el mecanismo de seguridad.

"Es una propuesta importante."

"Ay, por favor... Me quedo atrapada en un ascensor y tiene que ser con la mujer más aburrida del mundo."

Tras intentarlo con el último botón, Flavia golpeó la puerta del ascensor con la palma de la mano.

"¡Mierda! ¡No puedo creer que estemos atrapadas de verdad!"

"Pero alguien se dará cuenta, ¿no? Nos sacarán de aquí."

"En algún momento sí, pero hoy ya se ha ido todo el mundo."

Flavia no podía creer que hubiera salido del despacho sin su celular. Seguro que se quedaban encerradas hasta que Zamora, el guardia de seguridad, llegara al día siguiente a la mañana.

"¿En algún momento?" dijo la stripper. "Yo no me paso la noche en este ascensor ni loca. Y menos contigo."

Flavia hizo una mueca ante la evidente muestra de desprecio.

"¿Y crees que a mí no me fastidia? Esto no habría pasado si no hubieras venido a molestarme con tu bailecito..."

"¡Eh! Yo sólo hacía mi trabajo" replicó la chica. "Ya sabes, el que tu amigo me pagó por hacer. Si estás enojada, tienes que estarlo con él, no conmigo." Se alejó de Flavia tanto como pudo y le dio la espalda, con los brazos cruzado. "Aunque entiendo por qué le pareció que lo necesitabas. Ya se ve que eres el alma de las fiestas."

"Fantástico" susurró Flavia para sí. "Hermoso regalo de cumpleaños: una stripper molesta para mí toda la noche. No sé cómo voy a pagárselo a Pancho."

Su primera idea había sido la castración, pero estaba abierta a castigos más elaborados.

"Genial" murmuró su enfadada compañera. "Jodidamente genial."

"Me lo has quitado de la boca."

Se miraron la una a la otra durante un momento. En aquello estaban perfectamente de acuerdo. Flavia sospechaba que era en lo único que llegarían a coincidir.

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