HORA TRES - 9:00 P.M.

— ¿Qué piensas?

—Sueño con escapar.

Flavia observo la escotilla cuadrada de metal encima de sus cabezas.

—Piensas que si te alzo ahí arriba ¿Podrías abrir esa cosa?

—De ninguna manera. — respondió sin vacilar Javiera. —No tienes ninguna posibilidad. No conseguirás que esta Sra. Rosen suba el Árbol de Navidad.

Flavia reconoció la referencia inmediatamente. La Aventura de Poseidón, uno de sus favoritos. Su concepto de Javiera aumentó un poco, casi contra su voluntad. Dejo caer su mirada, se sentía algo nerviosa con un poco de cosquilleo en su vientre.

Le sonrió a Javiera de una forma burlona.

— ¿Dónde está tu espíritu de aventura?

—Probablemente en casa con mi libro, mi gata y mi bañera. — Dijo Javiera con un resoplido de impaciencia.

— Me niego a subir hasta allí. No estamos en un barco que se hunde. No nos hará daño quedarnos dónde estamos y esperar ayuda.

—Esto hace daño a mi productividad. — Protestó Flavia. Una vez más, levantó los ojos anhelando el techo.

—Oye, yo no voy a ir a una película de desastres contigo por el bien de alguna propuesta estúpida. — Dijo Javiera con firmeza.

— Siempre he dicho que sería el primer personaje en morir si estuviera en una de esas películas. Estoy convencida de que, de hecho, no soy sólo, tan inteligente o tenaz... o afortunada, y mi vida es más importante que el ir a trabajar otro viernes por la noche.

— ¿Importante para quién? — Murmuró Javiera

— Aprovecha este tiempo para relajarte. —La expresión de Javiera se suavizó en una sonrisa halagadora. —Me comprometo a tratar de mantenerte entretenida.

—¿Este entretenimiento involucra la mala música y un baile desnuda?

—Sólo si lo pides amablemente. — Hizo una pausa. —Técnicamente, la media hora fue hace dos horas.

Flavia movió la cabeza. Moría de vergüenza.

—Que poco rendimiento le has dado al regalo de Pancho ¿Qué le dirás al respecto? — Javiera chasqueó la lengua y entregó a Flavia una mirada de desaprobación leve.

—Ahora, eso es entre el y yo. Si quieres saber, le puedes preguntar.

—Lo haré si alguna vez salimos de aquí.

—Pensé que los teléfonos celulares funcionaban dentro de los ascensores. — Dijo Javiera. El suyo estaba en el suelo entre ellas, desechado cuando no pudo conseguir señal. —La tecnología. Apuesto a que te sientes desnuda sin ella ahora mismo, ¿no?

Flavia movió su cabeza avergonzada.

—Sí. Creo que es como una manta de seguridad para mí en este momento. Me siento muy vulnerable... sin mi celular.

—Yo estoy igual. — Javiera sostuvo sus manos, sacudiéndolos con temblor exagerado. —Ya me estoy poniendo nerviosa ante la idea de no revisar mi correo electrónico por las próximas doce horas.

—Mi bandeja de entrada tiende a disminuir en los fines de semana. — Flavia permitió una sonrisa autocrítica. —No creerías cuántas personas toman un descanso del trabajo el sábado y el domingo.

—Bueno, tengo algunos e-mails relacionadas con la escuela, pero la mayoría es personal, especialmente durante los fines de semana. Así que lo compruebo todo el tiempo.

Ella nunca habría tomado a Javiera como una freak de la computadora, Flavia reflexionó. E-Mail y La Aventura de Poseidón. Ella estaba llena de sorpresas.

—Yo no recibo muchos e-mails personales, solo las cosas habituales de mamá y papá.

—¿Dónde viven?

—Viña.

—¿Tienes hermanos y hermanas?

—Una hermana. La última vez que la vi, todavía estaba prácticamente viviendo en casa de mis padres.

—No tengo ningún hermano, pero yo siempre creí que habría sido divertido. — Dijo Javiera

—Tengo amigos realmente buenos por todo el mundo. Amigos en línea, ya sabes. —Inexplicablemente, ella se sonrojó.

—No soy la clase de persona que sale mucho a los bares o algo, mis amigos íntimos tienden a ser estos que encuentro en línea. La amistad se concentra más en la comunicación el uno con el otro, más que distraernos con la comida y alcohol.

Flavia se dio cuenta de que había estereotipado a Javiera, se sentía estúpida y con vergüenza. No tenía idea de quién era esta mujer, pero ella la había insultado de todos modos. Queriendo compensar su falta de sensibilidad, Flavia trató de tomar un interés por la afición en línea de Javiera.

—Así que... ¿De qué parte del mundo son tus amigos?

Javiera parecía feliz de hablar por fin de como conocer a gente nueva.

— Colombia, Brasil. Ah, y algunas veces me escribo con una mujer realmente interesante de Argentina.

Flavia intentó imaginar ser amable con un extraño virtual, alguien que nunca antes había visto en la vida real. Ella apenas podía manejar hacer amigos cara a cara, mucho menos podría hacerlo estando separados por kilómetros. Pancho era su amigo porque habían crecido juntos nada más.

— ¿De qué hablan ustedes? — Preguntó.

— Hablamos de todo, de lo que nos pasa en la vida, de nuestras preocupaciones, nuestros miedos. Política, religión, eventos de actualidad. Sexo. — Javiera se detuvo para dispararle una sonrisa lobuna.

Flavia de pronto se sonrojo, se había puesto nerviosa, en cuanto Javiera había hablado de sexo. Hizo una pausa, la observo, dudo solo un momento, pero luego le preguntó:

— ¿Te gusta... el cibersexo?

Javiera soltó una carcajada por la pregunta inesperada.

—No, nosotros sólo hablamos de lo que nos gusta, lo que queremos, lo que nos gustaría probar. Básicamente de todas nuestras fantasías. Flavia se sintió increíblemente incómoda con la dirección que la conversación había tomado. Sin embargo, no pudo resistirse a una última pregunta.

— ¿Alguna vez has tenido cibersexo?

—Oh, claro. — dijo Javiera. —De vez en cuando. Normalmente, cuando me siento muy desesperada y la masturbación sola no basta para mí. Está bien, me gusta, pero no es tan divertido como la cosa real. ¿Sabes? —Casi como una ocurrencia posterior, ella dijo:

— ¿Lo has probado?

Aunque no había ninguna razón real para que Flavia se ruborizara después de la revelación de Javiera, su cara estaba en llamas.

—Sí. Una o dos veces.

—He tenido cibersexo con un hombre, una vez. —Dijo Javiera. —Sólo para ver qué como era y te diré algo, si los hombres son la mitad de malos en la cama como este tipo era con el teclado, estoy segura de que no me pierdo absolutamente de nada.

Flavia se encogió de hombros.

—Probablemente no.

Flavia había tenido un solo encuentro con hombres y mujeres en línea. Los hombres tienden a llevarla a la muerte con su fraseo crudo y sus evidentes faltas de ortografía. Por no hablar de toda la típica charla del pene.

— ¿Así que no son tan malos en la cama como cuando están en línea? —Preguntó Javiera.

Flavia pensó en Dante, su primer y único novio.

—A veces.

—No te gusta hablar de sexo, ¿verdad?

Javiera la miro amistosamente. Flavia miró su regazo, desesperada por buscar una forma de desviar la conversación en una dirección diferente y quedando totalmente en blanco. Después de un período de silencio incómodo, le preguntó:

— ¿Crees que podríamos cambiar de tema?

—Claro. —Javiera estiró una pierna, para empujar uno de los pies de Flavia con la punta de su zapato.

— ¿Qué haría feliz, a la niña del cumpleaños? Dime ¿De qué quieres que hablemos?

Inevitablemente, la mente de Flavia se negó a ceder a pensamientos de sexo. Sería ideal el sexo con Javiera. Flavia imaginó cerrar sus labios en uno de los turgentes pezones que ella había visto antes, chupando con fuerza la carne rosada. DIOS Flavia, contrólate. Se aclaró la garganta.

— ¿Qué libro ibas a leer esta noche?

Se estremeció ante la imagen de Javiera leyendo su libro, en la bañera y desnuda.

Javiera ocultó una amplia sonrisa detrás de su mano.

—No es un intento muy bueno de cambiar de tema, me temo. Era una colección de literatura erótica lésbica.

Dios mío, está obsesionada con el sexo. Flavia movió la cabeza.

—Por lo tanto, estoy atrapada en un ascensor con una ninfómana lesbiana.

—No puedo pensar en cosas peores que me puedan suceder en un viernes noche. —Replicó Javiera. —Y yo no me considero una ninfómana. Sólo tengo un muy saludable, aunque poco utilizado, sano deseo sexual.

—Bien, mientras guardes tu sano deseo sexual en tu lado del ascensor vamos a estar bien.

Flavia se arrepintió de sus palabras tan pronto como vio la mirada de Javiera

—No te hagas ilusiones. —Murmuró Javiera

Mierda. Ella sólo había querido cambiar el rumbo de la conversación, no alterar a su única compañía para la larga noche.

Luchando para empujar lejos su metedura de pata verbal, rápidamente se armó otro tema de los recuerdos de su charla hasta ahora.

—Así que estás en la escuela?

—Sí

—¿Qué estás estudiando?

— Medica veterinaria. Me gradúo en seis meses.

Eso dejo a Flavia helada. Estaba profundamente impresionada, se sintió muy tonta recordando sus comentarios despectivos hacia Javiera sobre no entender "el placer de tener éxito".

—Wow. Tu gata Princesa debe estar muy orgullosa de ti ¿no?

Javiera sonrió y arrugó la nariz, de la manera más adorable.

—Sí, excepto cuando practico con ella.

—Tus padres deben estar orgullosos, también.

Era una tentativa de averiguar más sobre Javiera, pero Flavia no se preocupó. Ella tenía un deseo extraño de saber todo sobre ella.

Javiera perdió su radiante expresión, aunque las esquinas de su boca permanecieran levantadas en una sonrisa nostálgica…

—Mi madre está muy orgullosa, sí.

¿Y su padre? Flavia no hizo la pregunta obvia, por miedo de crear incomodidad. En su lugar, le dijo:

—Te debo una disculpa, ya sabes.

—¿Yo sé? ¿Por qué? —Respondió Javiera.

Flavia internamente se quejó, sin embargo, una parte de ella se alegró. Casi le gustaba que Javiera no le permitiera salirse con la suya.

—Te pido disculpas por los comentarios que hice acerca de la cosa de desnudarte. Suponiendo que esa era tu carrera y todo el resto.

Javiera esbozo una sonrisa.

—Aun si fuera una stripper, no merecía ser tratada así. Conozco a muchas muchachas que se desnudan para ganarse la vida y, por extraño que pueda parecer, ellas realmente son seres humanos decentes.

—Es que yo estaba molesta. — Dijo arrepentida. —Estaba tratando de herirte.

—¿Así que no crees realmente que sólo soy una stripper barata? —Los ojos de Javiera brillaron.

—No.

Flavia miró la alfombra fea estampada en el piso del ascensor. Recordando los pechos perfectos que ella había insistido a Javiera cubrir, dijo:

—Me imagino que eres la estrella principal, en realidad, deber ser la más deseada.

—No.—Dijo Javiera, con un gesto desdeñoso. —No se necesita generalmente mucho con los hombres. Sobre todo, si bailo para una mujer. Los tipos aman mirar a una mujer dar a otra mujer un baile erótico. Son fáciles.

Flavia se sintió avergonzada en el mismo pensamiento.

—Gracias a Dios yo estaba sola en la oficina. Dudo que los chicos con los que trabajo lo hubieran considerado muy "caliente" en absoluto. No conmigo implicada.

Después de un largo momento de intenso examen visual, que dejó retorciéndose a Flavia, se sentó en otro lugar, y le dijo:

—Eres dura contigo misma ¿No? ¿Es probable que todo el tiempo?

Su voz era amable, pero la pregunta sacudió a Flavia. Su cabeza empezaba a doler.

—Tú eres la que me juzgo como "la mujer más aburrida viva", ¿recuerdas?

Incluso en la penumbra, podía ver la cara de Javiera enrojecer.

—Supongo que es mi turno de decir lo siento. —Dijo Javiera. —No quiero pensar que eso es cierto.

—A veces lo soy. — admitió Flavia.

— ¿Ves? Eres demasiado dura contigo misma. Tienes que dejar eso.

Flavia dio un resoplido.

—No puedo hacer ninguna promesa. Sabes lo que dicen de los viejos hábitos.

— ¿Por el resto de la noche, al menos?

Javiera fue tan seria en su petición, que Flavia no tenía el corazón para negarse.

—Sí, señora.

—Ama. — corrigió Javiera

— ¿Cómo dices?

—Señora me hace sentir vieja. Ama me hace sentir como una dominatriz patea culos o algo así.

El instinto de Flavia fue retirarse, pero en su lugar, hizo algo inusual. Ella le quito importancia.

—Que así sea, ama. —Dijo con una ceja levantada.

—Mucho mejor.

Flavia se rio entre dientes, luego se estremeció en su conciencia del creciente dolor. Por favor, no, pensó para sus adentros. No dejes que esta sea una de esas migrañas de las malas.

—¿Pasa algo? —Le preguntó Javiera.

Flavia se concentró en la respiración, tratando de evitar el dolor de cabeza masivo que amenazaba.

—Sólo una migraña tensional. Me suelen atacar cuando me siento ansiosa.

— ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?

—Mátame.

—Yo no quiero hacer eso. —Dijo Javiera. —Empiezas a gustarme ¿Por qué no te acuestas? no puede ser cómodo estar sentada toda encorvada como estas.

Flavia dio al sórdido alfombrado una mirada escéptica.

—No me acuesto aquí. Es asqueroso y no hay espacio.

El dolor en su cabeza se intensificó. Perfecto. Estaba a punto de obtener el peor dolor de cabeza de su vida mientras estaba atrapada en un ascensor con una stripper hermosa, ninfómana lesbiana que era casi una veterinaria. Ella se sentía una idiota. Antes de que Flavia pudiera protestar, Javiera se arrastró y le pasó un brazo alrededor de sus hombros.

— ¿Qué estás haciendo?

La voz de Flavia sonó fuerte y acusatoria. El choque por el toque de Javiera dio paso a la agonía clara, y se agarró la cabeza con las manos. Javiera la atrajo más cerca.

—Recuéstate sobre mí. Pon tu cabeza en mi regazo y sólo trata de relajarte, ¿de acuerdo?

Apretando los dientes, Flavia trató de sacudirse lejos.

—Estoy bien. Regresa a tu propio lado, lo haces peor.

—No, tú eres la que lo hace. Si te acostaras sólo, te sentirías mejor.

Flavia soltó un suspiro explosivo. Su cabeza se sintió tan pesada y dolorida que era todo que ella podría hacer para mantenerse en posición vertical. Javiera no la soltaba.

—Deja de pelear conmigo. — dijo Javiera, tirando a Flavia sobre su regazo.

Un estremecimiento de placer atravesó a Flavia cuando el brazo presiono en los pechos de Javiera.

Tenía que admitir, que su regazo parecía muy atractivo. En lugar de luchar, se sorprendió al aceptar. Ella se movió por lo que yacía la cabeza en el muslo de Javiera, estirando las piernas a través de la longitud de la cabina del ascensor.

—Gracias. — susurró Javiera.

Miró la suave piel de sus mejillas, la elegante forma de su nariz, el color verde intenso y sincero de sus ojos. No es bueno. Flavia nunca iba a descansar mirando el rostro. Giro, ella necesitaba mirar hacia otro lado, pero era demasiado tarde, había rodado por el camino equivocado. El estómago de Javiera estaba directamente en frente de ella. Ella tomó respiraciones cortas, tratando de no pensar en lo cerca que su rostro estaba del espacio entre las piernas de Javiera.

— ¿Cómoda? —Dijo Javiera en voz baja.

Su estómago se movía un poco por debajo de su apretada camiseta mientras hablaba.

—Oh, sí...

Hace dos días, le habría parecido imposible estar tan cerca de una mujer tan hermosa. Flavia todavía tenía problemas para creer lo que estaba sucediendo realmente. Era el tipo de inverosímil giro de la trama. Eso la hacía poner una mueca cuando estaba leyendo un libro. Ella gimió cuando la mano de Javiera encontró los músculos tensos, anudados entre los omóplatos.

—Oh, Dios, qué bien se siente.

Emma frotó más duro, golpeando en todos los lugares correctos, poco a poco para relajar los músculos torturados de Flavia.

— ¿Te gusta eso?

Había una tranquila satisfacción en su voz.

—Se siente increíble.

Aunque parezca increíble, Flavia sintió que sus músculos se relajaban, y la tensión en la cabeza comenzó a disiparse. Gimiendo, ella dijo:

—Mi espalda me duele, también.

Javiera se echó a reír y movió la mano hacia abajo a lo largo del camino de la columna vertebral de Flavia.

¿Era una indirecta? Flavia se acurruco más cerca. Tan pronto como sintió la aceptación de la sensible atención, no podía negar el efecto que esto tenía en ella. El dolor de cabeza - que era mucho peor que un episodio normal - se estaba desvaneciendo.

Una ducha de agua caliente no tenía comparación con las manos suaves de Javiera, y la sensación de ser tocada después de tanto tiempo era poco menos que abrumador.

Ella nunca admitiría el anhelo al contacto humano, pero que Javiera le diera un masaje profundo, hizo que sintiera que lo necesitaba. Al no buscar relaciones con otras personas, ella pensó que podría evitar complicaciones. Tal vez eso era válido. Pero el precio parecía alto, y se preguntó si ella se había estado engañando a sí misma, con tantas justificaciones para evitar hacer frente a la verdad. Convertirse en una solitaria adicta al trabajo, era una forma patética para lidiar con el miedo al rechazo.

—Bueno, estas tan rígida— Dijo Javiera —Demasiado tensa. No es extraño que la cabeza te está matando. Estoy seguro de que es el stress por estar atrapada en un ascensor— la provocó. — Y lo más probable es que el baile erótico no ayudo.

Ella no había estado tan mal en mucho tiempo.

—¿Realmente tienes estos dolores de cabeza con frecuencia? — cuestiono Javiera.

—Regularmente— Susurró Flavia. —Me siento muy estresada a veces.

Para su crédito, Javiera no tomo aquel comentario y siguió con ella.

—Esto es exactamente por qué necesitas salir un viernes por la noche— Dijo Javiera. Flavia dejó pasar el comentario sin argumentos.

—Aunque preferentemente no dentro un espacio de dos metros por dos metros.

—Cierto.

Javiera pasó los dedos por el cabello de Flavia, rascando suavemente sobre su cuero cabelludo. La otra mano continúo a amasando el bajo de la espalda, como trazando patrones distraídos.

—¿Cómo está tu cabeza ahora?

Flavia resistió la tentación de ronronear. Se sentía como un montón de gelatina.

—Tal vez un poco mejor.

—Puedo sentir que empiezas a relajarte. Mira, solo tienes que dejar de lado tu tensión. Todo el mundo necesita eso.

Javiera no tenía ni idea de lo que realmente lo necesitaba.

—Ummm, ¿crees que podrías continuar por un minuto más?

—¿Oh, así que realmente te gusta esto? — la voz de Javiera era cálida.

Ella amasó a Flavia el bajo de su espalda con intensidad renovada. Olvidando su dolor completamente, Flavia luchaba por no llegar al orgasmo allí mismo.

—Esto ayuda definitivamente...

—Un poco.

Javiera tenia manos mágicas, Flavia estaba tan agradecida por el alivio rápido de su dolor y el placer de los masajes, que ella no pudo censurar sus palabras.

—Se siente tan bien ser tocada.

Se dio cuenta de lo que había dicho, y lo patético que sonaba, cuando los dedos de Javiera vacilaron durante un momento. Flavia entonces intento sentarse, pero Javiera le llevó una mano contra la mitad de su columna vertebral, sosteniéndola en el lugar.

—No te vayas— dijo. —Estoy disfrutando de esto tanto como tú. Aparta mi mente de estar atrapada en un espacio tan pequeño. Además, me gusta la sensación de que estoy siendo algo más que un dolor en el culo...

— Oh, siempre ha sido algo más que un dolor en el culo—, murmuró Flavia —Una espina en mi costado; un calambre, una...

—Una canción en tu corazón— interrumpió Javiera —No trates de negarlo… soy una luz en tu vida.

—Muy bien, así que tienes razón — dijo Flavia. —Tú eres un diamante en bruto para mí.

Javiera hizo un pequeño sonido de desaprobación.

—¿No?

Flavia miró a la cara a Javiera, y se dio cuenta de su cercanía.

—No. Nosotras estábamos en un papel, pero...

—Lo arruiné, ¿no?

Intercambiaron sonrisas bobas.

—Sabes — Flavia rompió su contacto con los ojos — Me siento mucho mejor.

— ¿En serio? —la radiante sonrisa de Javiera la hacía parecer joven e imposiblemente hermosa

—Supongo que lo hiciste.

Flavia se sintió avergonzada por lo sucedido. Ahora que su dolor de cabeza había pasado, sus nervios habían vuelto. Poniéndose rígida, ella dijo:

—Supongo que debería sentarme ahora.

—Si insistes.

Flavia lamentó la pérdida de los dedos en su pelo, pero le dio una sonrisa despreocupada a Javiera que desmentía su confusión interna. Se acomodó contra la pared, rozando el hombro de Javiera. Ella mejor dicho disfrutó del roce caliente donde sus cuerpos se tocaban. Flavia no quiso dejar este contacto inocente.

—¿Quieres que vuelva a mi propio lado ahora? — Javiera le preguntó sin entusiasmo.

—No hace falta.

Flavia hizo un gesto ausente, esperaba que Javiera no pudiera oír su corazón latiendo como un redoble de tambor.

—Puedes quedarte aquí, si lo deseas.

—Al menos si estas a mi lado, no hace tanto frío. — Dijo Javiera.

Una risita tonta cosquilleo en la parte posterior de la garganta de Flavia cuando Javiera se apoyó en ella. Estaba coqueteando, ¿no? Ella disfrutó del pensamiento por un momento, luego recordó algo que borró la diversión vertiginosa en un instante. Mierda. No tengo ni puta idea de cómo coquetear con una mujer. Con el magnífico estilo de Flavia Betancourt, logró una respuesta severa que no era nada en absoluto a lo que realmente quería decir.

—¿Estas coqueteando conmigo?

Javiera parpadeó rápidamente.

—Por supuesto que no. Tú no eres lesbiana, ¿recuerdas?

Ah, sí. Reuniendo valor, Flavia preguntó algo de repente que necesitaba saber.

— ¿Tienes novia?

Javiera le dio una sonrisa tímida.

—Te dije que era soltera, ¿recuerdas?

—No, solo me dijiste que no tenías novio, y que eres lesbiana. Nunca me dijiste que estabas soltera.

—Bueno, estoy soltera. Así que puedo coquetear contigo.

A Flavia el corazón le dio un vuelco. Pero decidió continuar la conversación juguetona.

—Pensé que no lo ibas a hacer.

—Eso fue antes de que me diera cuenta de que te importaba si yo tenía novia. — dijo Javiera. —Ahora he decidido admitir que quiero coquetear contigo un poco.

—Yo nunca dije que me importaba si estabas soltera. Sólo te lo preguntaba.

—Bueno, ahora lo sabes.

¿Ahora qué hago? Flavia movió la mirada rápido sobre cada pulgada de la cabina del ascensor en una especie de desesperación por saber qué decir a continuación. Se centró en la mochila de Javiera.

—¿Tienes algo de comida en tu bolso?

Javiera le dio una sonrisa de complicidad.

—A lo mejor ¿Deseas algo en particular?

—¿Qué tal una agradable rebanada de pastel de chocolate relleno de crema batida?

—Yo no lo sé, pero voy a ver lo que puedo hacer.

Javiera se movió para tomar su mochila, dejando su parte trasera a sólo unos centímetros de distancia del brazo de Flavia. Tenía una forma encantadora, y se le ocurrió a Flavia lo fácil que sería dar a su trasero un agradable apretón. Ella se estremeció con el choque en sus propios pensamientos. Javiera sólo había permitido tocarla debido a que Pancho había pagado por sus servicios profesionales.

Flavia movió la mano discretamente por debajo de su muslo, atrapándola contra el suelo. No iba a hacer el ridículo ahora. Javiera se sentó y extrajo algo de su mochila, preguntando:

—¿Barra de Special K? Sólo tengo una. Es de durazno.

El estómago de Flavia gruñó.

—Serías mi héroe si lo apartaras de mí. Me he saltado el almuerzo, y no he tenido tiempo de cenar todavía.

—Toma. Es tuyo.

—Yo no podría hacer eso. —La mano de Flavia tembló por debajo de su muslo, deseosa de arrebatarle la barra.

—No quiero quitarte la única barra de cereal que tienes.

—Yo no dije que era lo único que tenía. Tengo un postre que pensé que sería mejor guardar para más adelante.

Flavia no estaba de humor para ser estoica.

—Está bien. — dijo, tendiéndole la mano.

Javiera se lo entregó con una sonrisa fácil.

—Eso es probablemente otra de las razones por lo que tienes un dolor de cabeza. No debe saltarse las comidas.

Flavia giro los ojos y le arrancó la envoltura con gusto. Ella le dio una mordida sana y masticó, dejando que sus ojos se cierren por el sabor agradable.

—Esto es genial. — gimió.

Javiera se rio.

—Mierda, si hubiera sabido que todo lo que se necesitaba era un masaje en la espalda y una barra de desayuno, hubiera calmado a la bestia salvaje hace un par de horas.

—En mi caso, debe ser lento y fácil, es lo que ha hecho que de esa manera se me quita la contractura, y se me va el dolor de cabeza.

—Lento y fácil ¿eh?

Javiera miro a Flavia con una sonrisa pícara.

—Lo voy a tener en cuenta.

—Sí, debes hacer eso. — murmuró Flavia, rápidamente parpadeó en estado de shock. Ella estaba realmente coqueteando. Y si la mirada en el rostro de Javiera era una indicación, ella lo estaba haciendo bien.