Marinette recuerda bien la primera vez que Chat Noir y ella se besaron. Eso sí, fue hace más de 1 año. Fue poco antes de que empezara a divertirse con él a escondidas.

Ella tenía 19 años, estaba tan abrumada por tomar responsabilidades como adulta. Le costaba equilibrar su vida de universitaria y superheroína.

Estaba tan estresada.

Y justo ese día, la batalla fue tan dura. El akumatizado la lastimó demasiado. Incluso después de usar su amuleto encantado, era como si su pierna todavía se sintiera débil. Igual sangraba, aunque mucho menos que antes de la cura.

Estaba maldiciendo su debilidad, solo cuando nadie podía verla. Porque despidió a sus compañeros por el comunicador, fingiendo que estaba totalmente recuperada, no quería mostrarse débil. Ellos también la habían pasado mal.

Ladybug se encontraba en un callejón oscuro, el más apartado que encontró, apoyada contra una pared, herida y agotada. Su traje estaba desgarrado y manchado de polvo y sangre. Mientras intentaba recuperar el aliento, una figura se acercó lentamente a ella desde la penumbra.

Ella se congeló por un momento, apreciando un traje que ella conocía muy bien. Fue así hasta que se encontró con su rostro. Inmediatamente se puso en posición de batalla, pero eso la hizo soltar un gemido de dolor, ella casi se cayó, pero él la atrapó.

Ladybug solo pensaba Tantos años, y van a obtener mis Miraculous justo de esta manera. Cuando estoy tan débil.

"No voy a tomar tus Miraculous." Le dijo él, cómo si pudiera leer su torrente de pensamientos. Ella lo miró con desconfianza.

"¿Por qué debería creerte?"

"Lo prometo, no te acercaría así a mí sabiendo que puedes tomar mi Miraculous." Dijo él, acercándose aún más a ella para demostrar su punto.

Esto la puso algo nerviosa.

Pero estaba tímida cuando dijo:

"¿Tienes un botiquín?"

Ella nunca supo por qué decidió confiar en él esa noche. Y no imaginó que eso cambiaría tanto las cosas. Él la alzó en sus brazos, ella se sentía como una muñeca, incapaz de controlar su cuerpo.

La llevó a una zona desconocida. Entraron por la ventana. Era un lugar muy lindo. Pudo asumir que era la casa de Chat Noir, pero no parecía que alguien viviera realmente ahí.

Estaba lleno de cosas útiles, cómo botiquín, también había un congelador donde probablemente había alimentos o un cadáver. No lo sabía.

Tenía algo de miedo. Pero luego lo vio abrir la gran cosa (congelador) y ahí había agua mineral, frutas y verduras. Él sacó una botella de agua.

Ella solo cerró los ojos. No sabía qué más hacer. Se sentía tan humillada por dejar que alguien la vea en ese momento tan vulnerable. Ni siquiera había dejado que su amiga Alya la viera así, y era su mejor amiga.

Luego sintió una caricia, no, no era una caricia. Ella abrió los ojos para mirar. Él le estaba poniendo una pomada. Pudo ver cómo él desinfectó su herida y le colocó una venda.

"Así estarás mejor" le dijo él, colocando su mano sobre la venda. Su toque era cálido y reconfortante, y ella sintió una extraña sensación de calma inundando su cuerpo.

"Gracias." Murmuró Ladybug, avergonzada. Su rostro rojo la delataba. Ella tenía ganas de llorar, estaba tan agradecida por aquella muestra de humanidad. Era un poco patético. Pero se sentía bien que alguien la cuidara.

"No es nada." Le dijo él. Sus ojos no humanos eran muy raros. Ya llegó a verlo de cerca cuando luchaban, pero había algo más, era como si fueran más suaves al mirarla.

Él se sentó a su lado, ella no sabía qué decir. Así que solo lo miró.
Él era atractivo. Pensó ella. Ya sabía que él estaba bajo los estándares de belleza, pero apreciarlo así, era raro. Ella se sentía tan vulnerable frente a él. Había muchas emociones conflictivas.

Ladybug miraba el piso.

"Yo, tengo que…" quiso excusarse, para poder escapar lo más rápido posible y reflexionar sobre la verdadera naturaleza de él.

"Espera…" balbuceó él. Entonces ella volvió a encontrar su mirada azul con la mirada verde de él.

Algo pasó, cuando él tocó su hombro. Debió sentirse asustada, en alerta, pero se sintió reconfortada por su calor.

Ladybug puede culpar a muchas cosas, o motivos y circunstancias, pero en ese momento,sin pensarlo dos veces, sus labios se encontraron en un beso apasionado y profundo. El mundo a su alrededor desapareció y solo quedaron ellos dos, entregándose al fervor del momento.

Era raro, sentir sus labios sobre los de ella. No lo conocía en absoluto. Pero a la vez, lo conocía desde hace mucho.
Siempre había luchado contra él. Despotricado contra sus bromas en el peor momento.

El beso fue una mezcla de deseo, anhelo y liberación. Los labios de él la reclamaban, había tanta intensidad que a ella le encantó.

Cuando finalmente se separaron, Ladybug sintió un torbellino de emociones corriendo por sus venas. Miró a Chat Noir, sus ojos llenos de asombro y confusión.

"Me, me… ¡Tú me besaste!" Ella entró en negación.

Eso pareció molestarle.

"Estoy seguro de que tú fuiste quién se aferró más a mí." Dijo él, tercamente.

"Pero, ¡No, en absoluto! Solo… Estaba agradecida. Sí. Exactamente, sólo era eso. " Ella estaba nerviosa, tan tímida.

"¿Qué más podría ser?" Él le hizo un escrutinio con la mirada.

"Te refieres a…" él se acercó más a ella, al punto de que sus rostros estaban muy cerca.

Ella cerró los ojos.

"No lo hagas de nuevo. Es raro…" le advirtió ella. Pero él no la escuchó.

"Es eso, o es que te gustó tanto." Se burló de ella. Ladybug estaba molesta, cediendo a sus burlas.

"No es eso, es más, no sentí absolutamente nada, ni siquiera asco. Nada." Ella lo desafió, mirándolo fijamente. Estaban tan cerca.

Él sonrió complacido ante su respuesta.

"Entonces no te molestará que yo vuelva a hacerlo." Sus labios rozaron los de ella. Ella sintió una emoción extraña recorrerla.

"N-no. " Dijo, dubitativa.

Eso hizo que él obtuviera el impulso necesario para besarla una vez más. Esta vez con más fervor.

El beso fue un torbellino de sensaciones: los labios suaves y cálidos, los suspiros entrecortados que escapaban de sus bocas, las manos que se aferraban al traje del otro en busca de un ancla en medio de la vorágine de emociones.

Todo era confuso en sus mentes y corazones, mientras se entregaban a la pasión. Cada roce de labios, cada caricia fugaz, hablaba de un deseo reprimido y una atracción imposible de ignorar.

Ninguno recuerda cuánto tiempo pasó. Pero Marinette recuerda bien lo rara que se sintió al estar en sus brazos, pero al final de ese encuentro, se sintió plena.

Después de eso, se encontraban a menudo a escondidas, para "hablar" (besarse probablemente más de lo recomendable) todo eso subió de nivel más adelante.