HORA ONCE – 5:00 A.M.
–Sabes que vas a tener que ayudarme si lo hago completamente mal ¿Verdad?
Javiera rio mientras Flavia se sentaba a horcajadas sobre sus caderas, colocándose encima de ella.
–Dudo que hagas algo totalmente equivocado – murmuró. –No pareces totalmente ignorante sobre el sexo para mí.
–Pero si soy totalmente ignorante acerca de hacer el amor a una mujer hermosa. –Flavia pasó sus dedos a lo largo de clavícula definida de Javiera. –No te importa lo que he dicho antes de... follarte ¿Verdad? –Javiera inclino la cabeza.
–¿Si importa? –preguntó la castaña.
–Bueno, supongo que no es una palabra muy sensible ¿verdad? – Flavia se encogió de hombros, sintiéndose tonta mientras hablaba. –Quiero decir, sé que estás bastante abierta sobre esta materia, pero–
–Cariño, vamos a tener sexo, no a realizar una ceremonia religiosa. –Interrumpió Javiera –Se supone que es divertido. Me gusta tierno, pero eso no significa que hacer el amor tenga que ser lento y pesado.
Un dulce alivio llenó el pecho de Flavia. Muy bien, así que esa metedura de pata no ha sido nada. La peliroja movió su cuerpo y bajó su cabeza, besando el pezón erecto de Javiera. –Está bien. –murmuró chupando la carne dura entre sus labios y probándola con los dientes. Javiera silbó en el placer.
–Te dije que me gusta hablar sucio. –recordó con voz entrecortada. –Entre otras cosas. –Flavia soltó el pezón de Javiera para poderla interrumpir.
–Así es, eres una pequeña pervertida ¿verdad?
Flavia lamió alrededor de la aureola de Javiera, con la respiración entrecortada. Esperaba que no le llevara demasiado tiempo para tener la suficiente comodidad con Javiera para tomar ventaja de esa fantasía especial.
Javiera empujó sus dedos en el pelo de la peliroja, sosteniendo a su cabeza contra su pecho.
–Yo estoy dispuesta a casi cualquier cosa, Flavia, si lo deseas.
Voy a tener que conseguir algo realmente excelente para Pancho para la Navidad de este año.
Flavia cambió de pechos, tomando el otro pezón entre los dientes y dando vueltas con la punta de su lengua. Algo que refleje realmente mi amor profundo y eterno por él. Flavia se echó hacia atrás y respiró hondo.
–Quiero probar.
–Sí. –se quejó Javiera.
Ella extiende sus piernas de manera que las caderas de Flavia se instalaron en el espacio.
–Me hice la prueba después de mi última pareja. – dijo ella, evitando los ojos de Flavia. –No hubo nadie más desde entonces. –Flavia parpadeó, no habiendo pensado siquiera hacer esa pregunta.
Podía sentir su centro cada vez más húmedo, con deseo de Javiera. La sensación de impaciencia hacía que apenas pudiese concentrarse en las palabras sinceras de la castaña.
–En caso de que estuvieras preocupada por ello. –explicó Javiera con voz insegura.
La mente de Flavia se despejó lo suficiente como para recordar una de las primeras cosas que le había dicho a Javiera: Tal vez tengo miedo de lo que pueda coger contigo retorciéndote en mi regazo.
–Yo no estaba preocupada por ello. –Javiera sonrió.
–Quiero sentir tu boca sobre mí.
Flavia se estremeció con anticipación. Se lamió los labios, casi sin poder creer que estaba a punto de cumplir una de sus mayores fantasías. Voy a ir abajo en esta hermosa mujer. Es un milagro de cumpleaños. Miró a la longitud del cuerpo de Javiera, admirando las curvas mientras evaluaba la situación.
–¿Crees que puedes ponerte por encima de mi cara… –preguntó Flavia, rompiendo en una sonrisa tímida –si estoy acostada boca arriba? – Javiera gimió y se sentó, invirtiendo sus posiciones con la facilidad.
Flavia se encontró acostada sobre su espalda otra vez, jadeando ya que las rodillas de Javiera fueron ubicadas a ambos lados de su cabeza y el sexo de Javiera se abrió frente a ella. Rosa oscuro y brillante por la humedad mientras que su clítoris estaba tan hinchado que parecía casi rojo.
–Recuerda lo que dije sobre despertarme. Realmente quiero terminar esto. –Flavia se apoderó de las caderas de Javiera con manos temblorosas. –Por favor.
Javiera se rio tontamente y deslizó su mano abajo entre sus propias piernas. Se extendió abierta y luego empujó dos dedos a ambos lados de su clítoris hinchado.
–Podríamos comenzar con algo un poco menos intenso. –dijo mientras se frotaba con lentos movimientos.
Flavia mordió con fuerza el labio inferior cuando su clítoris palpitaba de placer a la vista de Javiera tocándose. –Oh, no. –dijo. –Me gusta intenso. Intenso es muy, muy bueno.
Flavia levantó la cabeza y robó el dedo índice de Javiera con su lengua, gimiendo en su sorpresa por el delicioso sabor de sus jugos. Javiera movió la mano, dejando a su hinchada necesidad expuesta.
–Dios, Flavia.
Flavia llegó a las caderas de Javiera, trayendo su sexo abajo.
–Ahora me toca a mí. –susurró y extendió su lengua para tomar una agradable capa de la carne húmeda y caliente.
Olvidó su preocupación por no saber qué hacer en el instante que sintió los labios resbaladizos de Javiera contra su lengua y empezó a envolver su clítoris hinchado. Dejó de pensar y retumbó en éxtasis mientras exploraba cada centímetro de la zona más íntima de Javiera con su boca entera. Los muslos de la castaña temblaron y mientras Flavia trazaba un hambriento camino de ida y vuelta.
–Oh, joder, sí...
Flavia se quejó ante el sonido de las palabras gruñidas de Javiera. Ella sabía tan increíble, tan dulce, y se preguntó si todas las mujeres sabían tan bien, o simplemente Javiera. Tomó las caderas de Javiera con más fuerza, obligando a bajar con más firmeza en su rostro, mostrándole que podía soportar el peso y porque anhelaba la sensación de estar totalmente abrumada por el olor y el sabor de Javiera.
–Eres tan buena...
Javiera cayó hacia adelante, con la mano en la pared del ascensor mientras gemía y se retorcía ante el ataque de Flavia contra su sexo. La peliroja hizo rodar sus ojos hacia atrás, mirando arriba del vientre de Javiera, tratando de vislumbrar su rostro. Ella quería ver exactamente lo que estaba haciendo a Javiera, para ver si aquello se sentía tan bien como la lengua de la castaña se había sentido para Flavia.
Todo el cuerpo de Javiera se estremecía en sintonía con el temblor incontrolado de los muslos. La castaña movió las caderas hacia adelante y atrás sobre la cara de Flavia, manchando los labios y el mentón con sus jugos. La mano que estaba sobre la pared, cayó contra a la cabeza de Flavia, hilando los dedos en el rojizo cabello. Flavia intentó sostener a Javiera mientras se centraba en el duro centro, cuya adoración produjo aún más humedad que la peliroja saboreó con gusto. Ella se arremolinaba en la punta de la lengua hacia atrás y hacia adelante sobre el clítoris duro de Javiera, persiguiendo a su alrededor con trazos firmes.
A menudo, Flavia movía su boca entera más abajo, empujando en la estrecha abertura que encontró allí, tirando de Javiera con fuerza contra ella mientras la penetraba con una lengua rígida.
–Cristo, mujer. –gimió Javiera, ahora más sometida dentro de su agarre. –Tu er... eres sí, nena, chúpame...
Flavia oyó ruidos pequeños, frenéticos y los muslos al lado de su cabeza comenzaron a temblar con más violencia. Deslizo su mano desde las caderas de Javiera hasta su culo, apretando duro y extendiendo las mejillas aparte. Javiera se puso rígida, gritó y envío una oleada de humedad caliente, salada que remojó los labios de Flavia, sus mejillas y el mentón. Emocionada por lo que podría provocar simplemente siguiendo sus instintos, Flavia la sostuvo apretado, tratando de sacar tanto placer como ella pudo y relajó su agarre sólo cuando Javiera comenzó a sollozar para ella para pararse.
–Oh, está bien. –murmuró la peliroja. –Podemos descansar un minuto.
Flavia se escabulló de debajo de Javiera y se sentó, riéndose entre dientes. La castaña simplemente se tumbó boca abajo sobre la manta para calmar el movimiento en su vientre. Jadeaba con los brazos extendidos en una posición que proporcionó a Flavia una atractiva vista de su redondo trasero. La peliroja se arrastró hasta el cuerpo de Javiera, salpicando sus hombros y columna de suaves besos. Lucho por las palabras, no segura de cómo podría expresar con palabras lo que sentía. Después de unos momentos, dijo:
–Eso fue jodidamente increíble.
Los hombros de Javiera temblaron en una sonrisa tranquila sobre la manta.
–Lo fue. –murmuró la castaña. –No me puedo mover.
Flavia le dio un beso en la nuca, su sexo en el trasero desnudo de Javiera, quien amenazó con cambiar su posición.
–Oh, no necesitas para moverte. Creo que estás bien así donde estas. –determinó la peliroja.
Javiera gimió y giró su rostro para mirar a Flavia.
–Tú has hecho esto antes. –acusó. –No hay manera de seas así de buena.
Radiante, Flavia apoyó la mejilla contra el suave pelo de Javiera.
–Supongo que soy así de buena.
–Supongo que lo eres. –le dedicó una sonrisa.
–Espero tener la oportunidad de probar una segunda vez, también.
Después de haber llevado a Javiera al orgasmo una vez, Flavia se sintió llena de una confianza embriagadora. Estaba lista para más. Javiera exhaló con voz temblorosa.
–Tienen que ser casi las cinco y media de la mañana. Estas tratando de matarme.
–Yo no quiero matarte. –Flavia movió su mano de la base de la columna vertebral de Javiera para llevarlas a sus muslos, empujando los dedos en la coyuntura hasta que encontró la humedad. –Quiero que follarte.
Complacida, Javiera trató de impulsarse con las rodillas, pero Flavia rápidamente colocó su mano libre firmemente entre los hombros de Javiera para evitarlo.
–Quédate cómo estás. –dijo.
Javiera se estremeció.
–Si eres así como principiante, temo por mi bienestar físico.
–He tenido un montón de tiempo para soñar. –dijo Flavia. –Y ver y leer. –Javiera separo sus rodillas entonces quedando extendida y abierta.
–Estoy impresionada. Y espero que esto signifique que superaste tus nervios. No tienes ninguna razón para dudar de ti misma, confía en mí.
Ella confiaba en Javiera, por supuesto. Y, milagrosamente, se encontró con que su nerviosismo había desaparecido.
–¿Cómo puedo estar nerviosa cuando te tengo húmeda, abierta, y con tu sexo delante de mí?
Se puso de rodillas detrás de Javiera y apoyó una mano en su trasero. Sintiéndose casi arrogante, ella se echó hacia atrás después de varias caricias lentas y dio una palmada fuerte, lo que provocó a Javiera a sacudirse con sorpresa.
–De hecho, estoy casi lista para ser dura contigo.
–Dios, y ni siquiera es mi cumpleaños. –Javiera se disolvió en risas tontas.
Flavia agarró el culo de Javiera y la extendió abierta, bajando su cara a los pliegues rosados que resbalaba y dio una vuelta en ellos con su lengua. Cuando Javiera soltó un gemido ronco, la peliroja sustituyó su boca por sus dedos.
–Apuesto a que te encanta ser tomada de esta manera. –murmuró ella. Remontando los bordes de los labios de Javiera con las yemas de sus dedos, tragó de una momentánea preocupación por su técnica, mientras seguía acariciándola. –¿Te gusta ser tomada así?
Javiera asintió con la cabeza rápido, balanceándose sobre sus rodillas para encontrar el movimiento de los dedos de Flavia.
–Sí. –atragantándose.
–Lo sabía.
Vacilante, Flavia apretó un dedo entre los pliegues de Javiera y buscó su apertura. Esperó saber cómo ir dentro de ella desde este ángulo, deseando que no le hiciera daño. Cuando ella se encontró con la prometedora entrada que buscaba, deslizó su dedo dentro poco a poco. Javiera lanzó un gruñido tranquilo de placer.
–Dios, Flavia.
–¿Me quieres aquí? – susurró Flavia.
¿Cómo diablos se puso ella tan audaz? Con un gemido ronco, Javiera apretó más contra el dedo de Flavia.
–Te estás volviendo muy poderosa... –susurró, moviéndose aún más, instando a que la penetrara más profundamente.
–Tú me das ganas de serlo.
Flavia sintió una subida de emoción que no podía controlar. Javiera la hizo sentir como si pudiese ser, o hacer cualquier cosa. Movió su dedo en su apertura y luego se retiró.
–Dime lo que quieres.
–Quiero sentirte dentro de mí. –Las palabras de Javiera fueron ligeramente amortiguadas por su respiración. –Quiero que sigas hablándome.
Envalentonada, Flavia se acercó y tomó el lóbulo de la oreja de Javiera entre sus dientes mientras jugaba apretando la apertura de Javiera con la punta de sus dedos. La acarició distraídamente durante unos segundos para luego explorarla con sus temblorosos dedos. Flavia exhaló por la nariz, acariciando la humedad de Javiera mientras intentaba relajarse para hacer que fuese agradable para la castaña.
–¿Cuántos dedos quieres? –susurró al oído de Javiera. Frotó círculos suaves alrededor de la abertura con las puntas de dos dedos. –Dime.
Javiera empujó su trasero más alto. –Dos. –gimió. –Quiero dos.
Flavia sonrió ante la sensación de poder que surgió en su cuerpo. Estaba realmente encendida. Y ansiosa por sentir a Javiera desde el interior. Apretó sus dedos hacia adelante, deteniéndose cuando se deslizó a sus primeros nudillos.
–¿Dos? – Ella rizó sus dedos ligeramente y se retiró, frotando y lamiendo las paredes interiores como se retiró. –¿Quieres dos dedos dentro de tu sexo?
Todas las películas porno y literatura erótica lesbiana que Flavia había visto alguna vez le indicaron que el gemido torturado de Javiera significaba que ya estaba en ruinas. La respiración de Javiera se hacía cada vez más difícil.
–Por favor. –rogó, empujando hacia atrás antes de Flavia comenzara a moverse con ella. –Fóllame, Flavia, por favor.
Con un sentido de victoria que rivalizaba frente a cualquier buen grado en la escuela o los logros en los negocios, Flavia metió sus dedos índice y medio profundamente en el interior, gimiendo al unísono de Javiera, cuando ella misma se enterró por completo en el acogedor espacio. Cerró los ojos durante unos segundos, perdiéndose en la multitud de nuevas sensaciones: el calor que rodea los dedos, la pulsación sutil que podía sentir a lo largo de toda la mano, la humedad que la empapaba y corría por su muñeca.
–Se siente increíble. –susurró. –Javiera, eres tan sexy.
Flavia se quedó mirando, extasiada ante la visión de sus dedos desapareciendo en el interior de Javiera. No puedo creer que esté muy dentro de ti. Tendida en el suelo en total sumisión, Javiera soltó un quejido afligido y se meció más rápido y más duro en la mano de Flavia, recordándole que realmente debía terminar lo que empezó. Cuando Flavia pasó a estocadas profundas, cayeron en un ritmo creciente que hizo doloroso por su propia liberación.
–Sí. –chilló Javiera, moviendo su mano entre las piernas propias para empezar a acariciar su clítoris. Flavia onrió.
–Oh sí, te gusta mucho esto ¿no?
Flavia dio un par de empujes más duros a Javiera tomando como señal la respuesta frenética de Javiera que ella no estaba todavía cerca de su límite.
–¿No lo sabes? – Javiera asintió con la cabeza, el rostro enterrado en un brazo.
–Me encanta. –dijo la castaña. –Se siente tan bien.
Su mano trabajaba furiosamente entre sus piernas. Mirando hacia abajo en movimientos disolutos de Javiera, Flavia tuvo un momento de inspiración. Dejó de mover su brazo, pero mantuvo los dedos en el interior.
–Fóllame. –dijo. –Fóllame los dedos.
Javiera lanzó un grito de excitación sobresaltada ante la proposición y, sólo después de una breve vacilación, comenzó mecerse de veras, forzando los dedos de Flavia a penetrarla, primero, de forma que sólo las puntas permanecieran dentro, y luego, penetrándola profundamente. Flavia se preguntó si era posible para ella correrse otra vez sin ser tocada. Al ver a Javiera mantener aquel desvergonzado ritmo con su cuerpo, usando libremente la mano de Flavia para llevarla al clímax, su clítoris se estremeció, doliendo en un profundo placer que se llevó su aliento.
–Dios, eres ardiente. –gruñó.
Incapaz de resistirse, Flavia comenzó a empujar sus dedos de nuevo, esta vez dejando el pulgar contra el anillo del ano fruncido de Javiera. No trató de penetrarla, solo aplicaba una presión burlona en la diminuta apertura rosada. Javiera la premió con un quejido estrangulado.
–Quiero hacerte llegar. –dijo Flavia .
Jadeante y sin aliento, Javiera dijo:
–Estoy casi... llegando.
Trabajó su clítoris con las manos, frotando en círculos frenéticos cuando Flavia se movió dentro de ella. La peliroja comenzó a acariciar pequeños círculos con el pulgar, magreando la piel sensible del ano de Javiera, mientras que mantenía un ritmo constante de empujes en su sexo empapado.
–Tal vez algún día te voy a enseñar a follar mi culo. –dijo Javiera con voz entrecortada mientras sentía cómo su sexo se contraía alrededor de los dedos de Flavia mientras hablaba. –¿Te gustaría eso?
–Sí. –respondió Flavia sin dudarlo.
La peliroja movió la yema de su dedo sobre el ano de Javiera e inhaló bruscamente cuando la punta fue dibujada dentro. El deseo se apoderó de sus venas y fue aumentando la velocidad y la fuerza del empuje de sus dedos, follando el sexo de Javiera tan duro como se atrevió. La mano de Javiera era una mancha borrosa entre sus piernas.
–Fóllame, sí.
–Te gusta que sea dura. –dijo Flavia. No era una pregunta, era una afirmación.
–Oh, sí, Flavia. Oh, sí.
La dulce voz de Javiera se atragantó con la gozosa liberación. Todo su cuerpo se tensó y por un momento el único movimiento fue la mano de Flavia golpeando entre sus piernas y sus propios dedos frotando desesperados círculos en su clítoris. Su sexo tuvo espasmos alrededor de los dedos de Flavia, liberando un hilo caliente de humedad que corría por la muñeca de Flavia. El sonido provocó un espasmo entre los muslos de Flavia como respuesta. La peliroja se maravilló al sentir cómo Javiera se apretaba y convulsionaba con el logro de su orgasmo. Sentía como si su mano estuviera en medio de algún milagro, alguna fuerza poderosa de la naturaleza. Manteniendo los ojos cerrados, ella trató de memorizar cada detalle del calor, el placer pulsante y húmedo que había causado.
–Detente, no puedo soportarlo más. –suplicó Javiera, mirando hacia atrás por encima del hombro.
Ya Flavia se había reducido a un bombeo suave, y ahora se retiró con cuidado. En reverencia silenciosa, ella le apretó con su mano húmeda en la carne hinchada entre las piernas de Javiera y se arrastró hasta acostarse con ella.
–¿Estás bien? –murmuró contra la piel alisada por el sudor del hombro de Javiera.
Javiera asintió con la cabeza. Sus mejillas estaban rojas y húmedos zarcillos de pelo castaño se pegaban a su frente.
–Recuperándome. –dijo con voz ronca. –Eres un raro hallazgo, ¿lo sabías? – Flavia sonrió.
–¿Qué quieres decir?
–Tienes un don natural. Creo que me he enganchado una excelente amante antes de que nadie pudiese descubrirlo. Incluida tú.
Aunque Flavia no pudo detectar nada más que la sinceridad en aquellas palabras, su anterior confianza parecía estar derritiéndose bajo la intensidad de la mirada de Javiera. Mirando fijamente a los ojos llenos de tierna emoción, sintió una suerte increíble pero incierta. No parecía posible que Javiera estuviera siendo simplemente amable, pero ella indagó de todos modos.
–Estaba pensando que fue muy bien después de todo el fiasco de los besos.
–Piensas demasiado. –Javiera chasqueó la lengua. –Fue mucho más que bien, y tú lo sabes.
–Eso fue mucho más que lo que nunca imaginé que sería.
–Yo también. –Javiera se inclinó hacia delante y le dio un beso lento a Flavia. –Eres exquisita.
Flavia tuvo que retenerse de dar golpes en su pecho. Sin embargo, no podía detener la amplia sonrisa que adoptó su boca o el orgullo que sabía que brillaba en sus ojos.
–Recuerda, yo voy a necesitar practicar mucho más. –Javiera se rió.
–Hemos desatado un monstruo, ¿verdad?
–Yo creo que sí. –Flavia la permitió introducirse en un cálido abrazo. –Fue muy divertido.
–¿Vale la pena el riesgo? – La expresión de Javiera era grave.
–Oh, sí. Y algo más.
–Estoy de acuerdo. –Javiera bostezó de repente.
–¿Hora de la siesta? – le preguntó Flavia, acariciando sus dedos sobre el pelo de Javiera.
A pesar de que no quería dejar de tocarla ni por un momento, dijo:
–Hay que ponerse algo de ropa. Me niego a dejar que nos sorprenda Zamora con su rescate, mientras estoy acostada desnuda en el suelo del ascensor.
–Buena idea. –Javiera se desenredó y se sentó en la manta.
–No estoy segura de lo bien que voy a poder dormir aquí, pero lamentaría roncar en este ascensor
Ambas se pusieron los sujetadores y los pechos perfectos de Javiera desaparecieron de la vista de Flavia. Javiera cogió las bragas de la peliroja de la parte superior de la mochila, haciendo girar la prenda de algodón alrededor de su dedo con una sonrisa juguetona. Flavia hizo una mueca.
–No te las puedes poner de nuevo. Están empapadas. –Javiera recogió su tanga del suelo.
–La mía también. Voy a ponerlos aquí. –Metió ambos pares de ropa interior dentro de su mochila. Guiñando un ojo a Flavia, añadió: –Tal vez voy a quedarme la tuya como recuerdo.
Flavia resopló con placer avergonzado y se abrochó la blusa.
–Sólo si me la prestas. Es mi par favorito, después de todo. –Especialmente ahora.
–Por supuesto. Siempre que quieras.
Flavia se incorporó para tirar de sus pantalones de nuevo.
–Lo que realmente quiero es una ducha.
El estómago de la castaña gruñó, marcando una nueva necesidad. –Y un desayuno.
–Te he oído. –dijo Flavia divertida.
Después de fijar sus propios jeans, Javiera dio un paso hacia Flavia.
–Bueno, primero el abrazo y la siesta de la que estábamos hablando. Eso sí puedo dejar de mirarte más de un minuto.
Flavia no dudó en dar un paso hacia los brazos de Javiera. Le encantaba la sensación del corazón de Javiera golpeando contra el suyo.
–Sabes, me siento muy feliz ahora. –Javiera brilló.
–Yo también. –Flavia se esforzó para quitar la sonrisa tonta de la cara.
–Zamora va a tardar alrededor de cinco segundos para adivinar exactamente lo que sucedió aquí, ya sabes.
–Zamora es el guardia de seguridad, ¿verdad?
Flavia asintió con la cabeza, Javiera se encogió de hombros y dijo:
–No hay nada que podamos hacer. Este ascensor huele a sexo.
–Y voy a estar sonriendo como una idiota cuando las puertas se abran. –dijo Flavia
–¿No es algo habitual en ti? – Javiera le preguntó inocentemente.
–Oh, no. Parece que tú me inspiras. –Javiera se acurrucó contra el cuerpo de Flavia.
–Qué suerte tengo. –expresó Javiera
–Qué suerte la mía. –respondió Flavia.
Sacudieron la manta y se tumbaron sobre ella, acariciándose cerca, cara a cara. Observando los soñolientos ojos color esmeralda de Javiera, sintió su mirada más pesada por el sueño y su respiración más lenta. Flavia sintió que se hinchaba de orgullo una vez más. Maldita sea, la dejé agotada. Javiera presionó su cara en el pecho de Flavia.
–Nos vemos cuando nos despertemos.
–Sí, nos vemos pronto. –dijo Flavia en un susurró.
Ella no sabía si Javiera la había oído o si ya estaba dormida. Todo lo que escuchó fue un pequeño resoplido y un ligero suspiro. El cabello castaño y sedoso le rozó la barbilla y apretó su agarre, tratando de poner a Javiera lo más cómoda posible. Con la mirada fija en ella pensó:
Realmente me gusta esta mujer.
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Bueno chiquis, la verdad super intenso los dos capítulos, ¿verdad? No quería hacer el gran mega y dejarlas con ganas de más, cuestión el único spoiler que daré es que, si estos fueron intensos lo que vienen ufff, amo la intensidad de las protagonistas, porque se parece mucho a la intensidad Flaviera, y también sus personalidades, por eso elegí este libro. Cualquier consulta ya saben me encuentran en ig que deje los dos en el primer capitulo.
