Sentados en la mesa de la cocina de su casa de Godric Hollow, un matrimonio discute. Junto a ellos, otro matrimonio los mira resignado, no es su primera ni su segunda discusión.

— ¿Por qué siempre tienes que tener tú la razón? —pregunta Harry con un puchero y la mano puesta sobre su gran barriga.

— Porque en esto la tengo. Azul.

— Rosa —defiende Harry, porfiado

— Azul —insiste Draco, con tono de estar un poco al límite de su paciencia, que los demás allí presentes saben que este embarazo ha estirado a límites insospechados.

— ¿Qué tal verde? —interviene Ron, tratando de mediar, porque una discusión de estas puede alargarse por horas, ya ha pasado antes.

— ¡No! —niega Harry con los ojos llorosos— Va a ser niña, tiene que ser rosa. Y pintaremos algunas flores. Y la llamaremos Lily.

— Harry, cariño —el tono de Draco se suaviza, odia verlo llorar, y el embarazo ha revuelto muchas cosas de su infancia—, los Malfoy solo tenemos chicos. Tiene que ser azul. O verde como dice Weasley.

— Pero... —intenta protestar su marido.

Hermione se pone de pie y golpea la mesa con la mano, la paciencia ya colmada, su propia barriga bamboleándose delante de ella cuando sale de la habitación. Al cabo de dos minutos la oyen gritar.

— ¡Ya basta de discusiones tontas! Venid aquí los dos.

La pareja obedece, el tono de Granger no deja margen a la negativa. Draco tiende la mano a Harry para ayudarle a levantarse, su espalda está dolorida en estos últimos días, y caminan aún agarrados hasta el dormitorio que va a ser para el bebé.

Un "Oh" sale de la boca de Harry cuando lo ve. La habitación está pintada de un suave amarillo con una cenefa de girasoles. Detallista como es, Hermione ha hecho aparecer el mismo estampado en las cortinas y los cojines de la mecedora que ya han instalado cerca de la cuna.

— Es relajante —murmura finalmente, con una gran sonrisa.

— Que gran idea, Granger —comenta Draco, también mostrando una de sus raras sonrisas suaves—. Los girasoles significan...

— Adoración —le corta ella, resolutiva—. La que sentís por este bebé y la que derrocháis el uno por el otro aunque os paséis la vida discutiendo. ¿Podemos ahora cenar? Este bebé tiene hambre —asegura tocando su propia barriga.

Y echa a andar hacia la cocina sin esperarlos, seguida de su solícito marido mientras la otra pareja mira la habitación de su bebé con el brazo de Draco sobre los hombros de Harry y se murmuran que en realidad es ella la que siempre tiene razón.