Día 5: oApasionado

¿En qué momento el tímido auror que le había cortejado con peonías rosas había pasado a ser el apasionado auror de las orquídeas rojas? Draco no podía quejarse, o al menos no por eso en ese momento, si salía algún quejido de sus labios era más bien de placer. Veía temblar las preciosas flores colocadas sobre su escritorio en cada empuje de Harry contra su cuerpo. Eran de un color tan intenso como el sexo que llevaban teniendo los últimos días.

Pero siempre era igual, Potter pasaba por su consulta, cerraba la puerta y se ponía de rodillas para hacerle una mamada que conseguía ponerle los ojos en blanco, le follaba hasta quitarle el sentido y, después de limpiarle minuciosamente, se marchaba. Y bueno, el sexo era increíble, pero quizá, solo quizá no era…

— Joder, Draco —lo escuchó gruñir contra su cuello— ¿Estás bien, estoy siendo muy brusco?

Le sorprendió, porque nunca hablaban durante el sexo, pero entonces se dio cuenta de que su propia erección había desaparecido y estaba flojo como un muñeco entre los fuertes brazos del auror.

— ¿Podemos hablar? —le preguntó, todavía sintiéndolo profundamente metido en él.

Potter se apartó y sintió su magia limpiándolo y acomodando su ropa de nuevo. cuando se giró, todavía con los pómulos sonrojados, se encontró con el auror vestido, jadeando todavía, un bulto evidente en la entrepierna y el rostro lleno de incertidumbre.

— Lo siento, no quería ser brusco, yo… —le dijo, frotándose la nuca.

— No es el sexo, Potter —trató de explicarle, dando un paso hasta él para cogerle con cuidado de la cintura—. El sexo es fantástico, pero… ¿esperaba otra cosa?

Harry le miró, confundido.

— Zabini dijo que esto era lo que te gustaba.

Draco suspiró. Por supuesto que Blaise tenía que estar detrás de eso, maldito liante celoso.

— Y me gusta. Pero en casa también me gusta, en una cama y a poder ser con la posibilidad de que me beses y me abraces después.

— Oh. —Los ojos verdes parpadearon, como si estuviera asimilando la información despacio, cosa probable porque aún tenía la mitad de la sangre del cuerpo en la entrepierna— Yo… me gustaría eso. Mucho, la verdad. ¿Y una cita? —preguntó, de nuevo el Potter tímido que había estado zumbando alrededor de él los últimos meses sin atreverse a acercarse.

— Una cita sería un buen punto de partida. ¿Cena el viernes?

El auror asintió, mostrando una sonrisa que no le había visto nunca hasta ese momento, entre infantil e ilusionada. No pudo evitar inclinarse hacia él y besarle en respuesta. Después, se puso de rodillas, sin dejar de mirarle a los ojos, y le abrió los pantalones del uniforme.

— No es necesario, Draco, de verdad, ya se bajará —le dijo en un susurro avergonzado, intentando apartarse.

Pero Draco fue más rápido y le sujetó pasando las manos por los muslos duros.

— No es necesario, pero no podemos mandarte de vuelta a la patrulla así, esto —Rozó con la lengua la erección cubierta por el calzoncillo— es un peligro para tu salud.

Harry soltó una suave carcajada y lo notó relajarse a la par que le colocaba la mano con cuidado sobre el pelo rubio.

— ¿Quién soy yo para contradecir al sanador? —preguntó, con un gemido atravesado en la garganta mientras Draco le bajaba la ropa interior con decisión y susurraba un hechizo de limpieza justo antes de metérsela hasta la garganta.