Si le hubieran dicho a Draco que acabaría el día de su cumpleaños llevando a su suegro a un veterinario muggle… quizá sí lo había creído, porque ese tipo de cosas eran habituales cuando Sirius y Remus estaban de visita.

Harry se lo tomaba a risa, pero Draco estaba seguro de que su tío Sirius, aka su suegro porque era realmente el único padre que había tenido Harry, le odiaba y no había visita en la que no hubiera algún incidente. Lo habitual era un jarrón roto, porque por supuesto tenía que jugar con Scorpius dentro de casa al balón aunque él lo hubiera prohibido, algún pequeño incendio porque se empeñaba en fumar a escondidas y cuando Remus lo pillaba, tiraba el cigarrillo sin mirar a donde, o algún regalo estrámbótico para su hijo que el niño siempre aceptaba risueño, porque esos abuelos eran mucho más divertidos que los de la mansión Malfoy.

En esa ocasión, estaban nieto y abuelo jugando en el jardín, con Sirius en su forma animaga, y no se le había ocurrido cosa mejor que mordisquear las flores que él y Scorpius habían plantado con cariño, porque tenían un montón de propiedades para hacer pociones. Por supuesto no había estropeado los lirios que Harry cuidaba con mimo, no, había ido a por las flores de Draco. Y aún así era Draco el que lo había cargado en el coche y lo había llevado al veterinario cuando había empezado a vomitar.

— ¿Cómo está? —preguntó Harry, dejándose caer junto a él y cogiendo una de sus manos.

— Le están haciendo un lavado de estómago, pero en realidad es por precaución, no llegó a ingerirlo. Lo siento Harry, no se me ocurrió pensar en que los Allium son tóxicos para perros y gatos.

Se frotó los ojos, pesaroso. Él en realidad quería llevarse bien con su suegro, el hombre no le caía mal, a pesar de que era orgulloso, prepotente y bastante borde con él. Más o menos como él cuando era crío, debía de ser la sangre Black. Porque luego era capaz de ser adorable con su hijo o con su marido, y trataba como un rey a Remus.

— No es culpa tuya. Tenías razón y esta vez se ha pasado de rosca. Scorpius se ha asustado mucho.

— Él las eligió, le gustan las flores moradas.

— Lo sé. Remus se ha quedado con él, estaba más tranquilo cuando me he ido. ¿Le has…?

Señaló con la cabeza hacia la sala de urgencias de la clínica veterinaria.

— Sí, no hay riesgo de que pueda cambiar a su forma humana.

Harry suspiró y se dejó caer hacia atrás en su asiento.

— Yo también me he asustado cuando he visto las convulsiones y los vómitos —le confesó en voz baja.

Draco le pasó un brazo sobre los hombros. Y eso era lo que no podría perdonarle a su suegro, que hubiera asustado a su marido y a su hijo de esa manera.

— Hablaré con él —continuó Harry—. Esto tiene que parar.

— Yo lo haré. De Black a Black.

— ¿Estás seguro?

— Por supuesto. Lo que sea por ti y por Scorpius.

Y por poder tener una maldita reunión familiar tranquila, pensó para sí mismo mientras su marido apoyaba la cabeza en su hombro.