— Bonitas flores.
Harry se gira un poco hacia su padre Regulus y de paso vuelve a mirar el ramo de jacintos amarillos y púrpuras. Luego vuelve a mirarse en el espejo mientras intenta dominar su pelo oscuro.
— ¿Son de Cedric? —pregunta Regulus, sentándose en la butaca que tiene su hijo en el revuelto dormitorio, haciendo referencia al chico con el que Harry va a salir ese día.
— De Draco.
Regulus levanta una ceja y vuelve a mirar las flores. Los Black son muy tradicionales y creen en los códigos protocolarios.
— ¿Va todo bien con él? No lo he visto en todas las vacaciones.
Su hijo tuerce el gesto. Los dos chicos han sido uña y carne literalmente desde que nacieron
— Tuvo su presentación para su cumpleaños.
Le sorprende no saberlo, porque la presentación es un evento que los sangrepura celebran. A no ser que…
— ¿Y en qué afecta eso a vuestra amistad?
Harry suspira y se sienta en la cama, de frente a su padre.
— También es omega.
Las estrictas normas impuestas en su infancia hacen que Regulus se revuelva incómodo. Y su hijo vuelve a suspirar porque le está dando la razón: dos omegas no pueden estar juntos.
— Es una mierda, papá. Yo esperaba…
Regulus se levanta y se sienta junto a él.
— ¿Y Draco también, no? —señala las flores con la cabeza —esas hablan de celos y tristeza.
El adolescente se apoya en su padre, que le pasa el brazo por la espalda.
— Toda mi vida, papá, siempre, soñando con el día en el que nos miraríamos como os miráis padre y tú en vuestra foto de boda. Sé que no voy a querer a otra persona.
— El dramatismo de la adolescencia —dice una voz sonora desde la puerta.
Ambos omegas levantan la mirada y se encuentran al cabeza de familia allí, y junto a él a un adolescente rubio que mira al suelo con las mejillas sonrojadas.
— ¿Qué me estabas diciendo de Cedric, Draco? —pregunta James, dándole un pequeño codazo.
— Que no me gusta para Harry —susurra el chico.
— ¿Y qué más?
— Que no pienso volver a mi casa hasta que nos deis permiso para estar juntos. —Levanta la mirada y la fija en Harry, que se ha puesto de pie y lo observa con la boca abierta y los puños apretados— Que me dan igual las normas, porque no voy a querer otra persona en mi vida como quiero a Harry. Te quiero Harry —le dice envalentonado.
James le da un pequeño empujón y los dos adolescentes se abrazan con fuerza. Luego se acerca a su marido y le pasa el brazo por la cintura.
— ¿Fuiste a buscar a Draco? —pregunta Regulus bajito.
— En cuanto trajeron las flores supe que Narcissa estaba por medio. Draco me ha confirmado que ella las eligió.
— Solo queda lidiar con Lucius pues.
— Que se prepare —le contesta James, mirando a los dos chicos que aún se abrazan y hablan en susurros—, porque esto ya no tiene vuelta atrás. Te dije que ojalá algún día Draco llegara a sentir por nuestro hijo todo lo que tú me haces sentir, Reg. Míralos, yo quería abrazarte así todo el tiempo en la escuela.
Su marido le da un pequeño apretón en la cintura y ambos salen de la habitación, dispuestos a pelear por la felicidad de su hijo como lucharon por la suya veinticinco años atrás.
