Sábado por la tarde, cuatro Slytherin toman un refresco después de una tarde de compras. Pansy lleva rato observando que Draco está como distraído, apenas ha prestado atención a los sueter de cashmire de su tienda preferida.
— ¿Qué te pasa? —le pregunta por fin, haciendo que Theo y Blaise dejen de discutir sobre zapatos de diseñador y presten atención, siempre ávidos de cotilleo.
— ¿Siempre es así? —cuestiona finalmente Draco, después de un suspiro dramático.
— ¿A qué te refieres?
— A los Gryffindor.
De todos ellos, Draco ha sido el que más se ha resistido, de hecho unos meses atrás juró que "Jamás se acostaría con Potter porque si no sabía vestirse y peinarse tampoco sabría seguramente cómo usar su propia polla" junto a "yo tengo unos estándares". Por supuesto, llevan semanas riéndose de él y de que se ha tenido que comer todas y cada una de sus palabras de desprecio, sobre todo porque ha tenido que reconocer que Potter es tan desastre con su imagen como máquina en la cama.
— Espera, ya ha ocurrido ¿has llegado al punto de "Donde hay confianza da asco"? —interroga Theo, divertido por la cara de sufrimiento de su amigo.
— Está mañana mientras me duchaba... Potter ha entrado al baño.
— Bueno, tampoco es que una meadita...
— ¡No ha sido solo una meadita! Ha hecho... ya sabéis —dice, bajando la voz.
— ¿Caca? La gente caga, Draco —responde Pansy sin cortarse un pelo.
— ¡Qué ordinariez!, pues eso. Lo oía incluso con el agua, ahí gruñendo y luego el plop de la ... —hace una mueca como si la palabra fuera muy difícil de pronunciar— caca al caer al inodoro. ¿Como voy a volver a tener sexo con él después de eso?
Blaise se encoge de hombros, sus estándares son mucho menos elevados que los de Draco.
— Ron eructa cuando bebe cerveza. Y eso no le impide follarme luego divinamente, querido.
— A Neville le sudan los pies y nunca se acuerda de sacar los zapatos a la terraza —comenta Theo con total tranquilidad—. Y hace poco me pidió que le afeitara el pelo de la espalda.
— ¿Y eso no te afecta luego para...?
— Nop, —Niega vigorosamente con la cabeza—para nada. Aunque a mi me gusta con pelo, es más osito.
Los tres miran a Pansy, interrogantes.
— No, no. Mi Leona es más pulcra que vosotros tres juntos, —los señala con el índice rematado por una larga uña roja— sigue mandándome margaritas africanas que gritan amor una vez a la semana y huele que me la quiero comer a todas horas. Lo de ser unos cerdos es cosa de hombres Gryffindor por lo visto.
— ¿Os imagináis entonces dos juntos? —plantea Theo, divertido— ¿Thomas y Finnigan?
Pansy y Draco miran a Blaise, mundialmente conocido por asaltar camas en la escuela sin mirar casas, hasta que llegó Weasley y casi sentó la cabeza. Casi.
— Pues hombre, en la cama un rato cerdos son —evoca soñador—. Finnigan hace una cosa con la lengua que... ¿creéis que convencería a Ron para montárnoslo los cuatro? Thomas la tiene como un brazo, no he visto cosa igual.
— Luego igual te hacen un concurso de eructos los tres —le vacila Theo ante la cara de espanto de Draco.
Blaise se recuesta en su sillón y da un sorbo antes de contestar con una gran sonrisa torcida.
— Por mí como si se echan pedos al compás, mientras me den fuerte...
Y los tres rompen a reír mientras Draco se tapa la cara con las manos pensando en que está rodeado de zafios.
