— ¿Qué... demonios... es...eso? —pregunta Pansy espantada, mirando las flores de intenso color naranja sobre la mesa.

— Dalias, creo —responde Draco, distraído con los papeles que está revisando para ella.

— Ya sé que son dalias, Draquis, ¡pero son naranjas!

— Ya.

— ¿Quién te las ha regalado?

— Obviamente Potter, Pans.

— ¿Cómo que obviamente? ¿Pero tú sabes lo que significan estas flores?

Con un suspiro, Draco deja los papeles a un lado y mira a su amiga.

— Sí, reina, claro que lo sé.

— ¿Y estás tan tranquilo? ¡Potter se va a declarar!

— Dudo muchísimo que tenga alguna noción del significado de las flores y mucho menos que sean un anuncio de una petición extravagante, eso está...

Va a decir "pasadísimo de moda" cuando una música en el exterior le hace murmurar un "Ay Merlín" y acercarse al balcón.

Y ahí está Potter, con una dalia rojísima en la mano bajo la lluvia y cantándole una serenata acompañado de dos sufridos músicos, los tres bajo la intensa lluvia que cae hace días. Al menos alguno de los tres ha acertado a hacer una burbuja protectora, imagina que los músicos para proteger sus preciados instrumentos.

— No tiene mala voz —dice Pansy a su lado, conteniendo a duras penas la risa.

Hasta que la canción termina y Potter da dos pasos fuera de la burbuja protectora, el pelo pegado a la cara, las gafas empañadas, y se arrodilla frente al balcón para gritar sin pudor.

— ¡Te quiero Draco Malfoy! ¿Te casas conmigo?

Y Pansy rompe en carcajadas mientras Draco duda entre bajar y matarlo o contestar un sonoro "Por supuesto que sí" desde el balcón como una moderna Julieta