Los viernes por la noche son días de reunión de Gryffindors. Alrededor de la mesa del pub se amontonan los cinco antiguos compañeros de habitación, Hermione y Ginny, acostumbradas ya a ellos y sus barbaridades cuando llevan un par de pintas. Bueno, y sin ellas también.

— ¿Cómo van las cosas con Malfoy? —pregunta Ginny, siempre preparada para reírse un poco de Harry y sus dificultades con el hurón.

Harry sonríe, porque a pesar de las rarezas de su antiguo némesis, está enamorado hasta las orejas de Draco.

— Bien, muy bien.

Los ojos de carnero enamorado hacen que todos se rían un poco, pero con discreción, porque saben cuánto le ha costado a su amigo conseguir conquistar al estirado.

— Theo dice que está más relajado —comenta Neville con su bondad habitual.

— Sí. Ya se queda a dormir en mi casa sin desinfectar el baño antes de ducharse por la mañana.

— Cuéntales lo de las flores esas —chincha Ron, que tiene un brazo pasado por la espalda de Seamus como si fuera lo más natural del mundo.

— ¿Qué flores? —inquiere Hermione.

— Hace unos días salió al jardín y se volvió loco con unas plantas que crecían en ese rincón entre la casa y la caseta de los aperos —explica Harry, un poco más serio—. Me hizo cortarlas todas.

— ¿Pero loco bien o loco mal? —pregunta Neville, que sabe perfectamente qué plantas crecen en el jardín de su amigo.

— Loco de como puedo desaprovechar esto pensando que son hierbajos.

— Es que los acantos tienen un montón de propiedades curativas —le explica con un gesto amable. .

— Se lo llevó todo como si fuera un tesoro, sí.

— Bueno, tampoco es una cosa tan rara entonces, él se dedica a esas cosas —apunta Hermione.

— Se fue murmurando cosas como "Gryffindors ignorantes que no recuerdan siete años de herbología" —comenta Harry con un puchero —. Me recordó a la peli esa que vimos, yo creo que dijo algo de tesoros, fíjate.

Sus amigos ríen, hace poco que han visto juntos en una maratón en casa de Harry "El señor de los anillos", imaginar a Malfoy como un Gollum avaricioso abrazando a un montón de plantas es bastante divertido. Y poco sorprendente.

— Bueno, todos tienen sus cosas —lo consuela Hermione al cabo de un rato—. Pansy es una maniática del orden, tiene las pociones en el baño alineadas por orden alfabético.

— Tú haces eso con los libros —bromea Ginny a su costa.

— ¡Por orden alfabético del ingrediente principal!

— Theo es parecido, ordena la ropa por colores y tejidos. Creo que su armario es más grande que mi despacho en Hogwarts —comenta Neville.

— Lo que es seguro es que está más ordenado.

Todos ríen, el caos del despacho de Neville es bastante mítico, no hay semana que no pierda trabajos, la pluma o incluso la varita.

— Pues a mi las rarezas de Blaise me van bien.

Sus amigos lo miran, con distintos grados de cachondeo en la cara, hasta que es su hermana la que se mete con él.

— Eso es porque sus rarezas tienen todas que ver con follar, Ronnie. Así cualquiera lo lleva bien.

Al lado de Ron, Seamus se sonroja y Dean sonríe de lado. A ellos también les van bien las rarezas de Zabini, más que bien, estupendamente