La luna se refleja sobre la superficie del lago. Es una noche idílica, templada, los árboles se mecen con la brisa y los insectos hacen sus ruiditos habituales. Una noche perfecta para una cita.
Entre los altos cattail de la orilla, una pareja charla. Ella tiene el cabello de un tono cercano al fuego, una cosa que pocas veces se ve en la población de sirenas del lago, lo que le hace ser una de las más deseadas por los jóvenes tritones. Él tiene el cabello oscuro y una gran cicatriz cruza su cara, pero a ella le da igual porque lo encuentra guapo de cualquiera de las maneras.
— Hace una noche increíble, ¿verdad? —pregunta ella, apoyando la espalda en los altos juncos para mirar hacia el cielo, a sabiendas de que esa postura resalta sus pechos y el perfil de sus labios, que todo el mundo dice que son atractivos.
— Sí. ¿Qué querías contarme? —inquiere él, jugando con uno de los largos tallos, pensando más bien en lo que va a construir con las fibras vegetales, porque ha oído que para eso usan los humanos los cattails.
A decir verdad, le intriga más pensar si podrá hacerse un cesto que flote con esas fibras, que el parloteo de la pelirroja acerca de la noche.
— He pensado que quizá te gustaría estar un rato a solas y que hablemos de nuestras cosas, no sé.
El tritón deja de mirar la planta para mirarla a ella por primera vez, confuso.
— ¿Nuestras cosas?
— Por Neptuno, Potter, te está tirando los tejos, ¿no lo ves? —interrumpe una voz petulante.
La pelirroja se gira hacia el otro tritón enseñando los dientes.
— ¿Qué quieres, Malfoy? estamos ocupados.
— Tú lo que estás es perdiendo el tiempo, Weasley. Hola, Harry.
En la cara del tritón moreno aparece una gran sonrisa y un ligero sonrojo por la forma en la que el otro tritón le ha saludado, suave y seductora a la vez.
— Hola, Draco. ¿Sabías que esto lo usan los humanos para hacer cestos?
— ¿En serio? pues deberían dejarlos en paz porque mantienen nuestra agua limpia.
— ¿Sí? no sabía nada de eso, cuéntame más.
Y los dos tritones se alejan, distraídos en una charla, con la mano del rubio puesta sobre la cintura del moreno de un modo un poco posesivo, dejando atrás a la sirena pelirroja golpeando las altas cañas con la cola con furia
