Un agente de la propiedad muggle muy insistente consiguió que Harry volviera a Privet Drive después lo que parecía un largo tiempo. No sabía lo que esperaba encontrar, pero desde luego eso no. El jardín en el que había cuidado flores desde que era tan pequeño que apenas podía manejar las herramientas era ahora una selva de flores rojas.

— ¿Esto es cosa tuya? —preguntó sin girarse.

No lo necesitaba, a esas alturas de sus vidas, podía sentir a su compañero, sus magias estaban tan conectadas que sabía siempre dónde estaba y en ese momento Draco acababa de aparecerse detrás suyo.

— Bonitas flores —comentó con tono indolente.

— Draco…

— Es una planta invasora según creo.

— Draco…

— Pero yo la encuentro bellísima. Fíjate en este color rojo, ¿no te recuerda a algo?

— A la sangre de mis parientes que derramaste aquí. Me dijiste que te habías deshecho de todo.

— Y así es.

— El agente inmobiliario se queja de que no pueden vender la casa porque cada vez que arreglan el jardín, en tres días está así otra vez. Los vecinos se quejan porque crecen descontroladas también en sus jardines.

— ¿Qué nos importan esos vecinos que sabían cómo te trataban de niño y nunca hicieron nada? unas flores es lo mínimo que podría…

Draco guardó silencio, pillado.

— Deshazlo. Ahora, Draco.

— ¿Por qué?

Harry se giró por fin a mirarlo. Está muy molesto, a tenor del brillo rojo en sus iris.

— Porque no quiero tener que volver aquí.

Su compañero negó con la cabeza, estirando la mano para acariciar su cara antes de hablar con tono más cariñoso.

— No soy yo, Harry. Yo solo… me deshice de sus cuerpos y enterré aquí lo que quedó, cenizas nada más. Me pareció poético, pero no soy yo el que hace crecer las Crocosmia Lucifer.

Harry levantó una ceja y volvió a mirar las bellas flores rojas.

— ¿Qué pasa aquí entonces? —preguntó extrañado, si había una cosa que había aprendido era a no dudar jamás de la palabra de Draco.

— ¿Tú trabajaste en este jardín de niño? —inquirió su compañero, agachándose a poner la mano en la tierra.

— Muchas veces.

— ¿Sangraste aquí?

— Casi cada vez.

— Sangraste en la tierra de la casa en la que el amor de tu madre te debía proteger. Yo siento ahí una combinación de energías mágicas. Igual a la que le tienes que pedir que deje de mostrar enfado es a tu madre, Harry —razonó Draco mientras se ponía de pie y se acercaba hasta estar con él hombro con hombro.

— Venga ya… —susurra— eso es demasiado cogido por los pelos.

— Casi todo en nuestra historia lo es, libertador del mundo mágico —respondió Draco, encogiéndose de hombros como si todo aquello le pareciera tan normal.

— ¿Qué hacemos entonces?

— Nada. Ignora al agente inmobiliario la próxima vez y deja que tu madre siga desahogándose. Nosotros bastante tenemos con lo que tenemos, que lidien los muggles con sus jardines.

Su compañero se quedó mirando un rato más en silencio la casa, con los dedos morenos tocando distraídamente las plantas y Draco se preguntó si podía, como le había ocurrido a él, sentir esa energía mágica que era familiar pero no totalmente la de Harry.

— ¿De verdad se llama Lucifer a esta planta?

— Totalmente. Creo que tu madre en el fondo tiene sentido del humor.

Eso consiguió sacar una sonrisa a Harry. No podía olvidar el espectáculo de sangre y pinchos que había sido la tortura y muerte de sus familiares a manos de Draco. Le había costado reconciliarse con sus acciones, que para Draco habían sido un acto de amor en realidad. Y era cierto que sus recuerdos de la sangre que manchaba toda la sala de estar de la que había sido su casa tenían el mismo color que esas plantas que ahora tocaba. Había un fondo de ironía en que la tumba de sus maltratadores estuviera cubierta de flores rojas en recuerdo no solo de la sangre de ellos, sino de la que él mismo había derramado por su culpa, una justicia poética que encajaba con la personalidad de Lily Evans tal y como la describían Sirius y Severus.

— Tienes razón.

— Volvemos a casa pues —preguntó Draco, tirando de él para cogerlo de la cintura y besarlo despacio—. A estas horas no merece la pena volver al despacho, el trabajo seguirá ahí mañana.

— Volvamos a casa. Y hablaremos de esa costumbre tuya de llamarme libertador.

— Me muero de ganas.

Y con una carcajada, Harry los desapareció a los dos de vuelta a su hogar.

*

Sí, esto está relacionado con Descendencia y sí, tengo muchas ganas de publicar su historia