"Escriba las diferencias entre el lupino y el acónito".

Draco suspiró, cuando planteó la pregunta a sus alumnos de segundo, no pensó que las respuestas serían tan locas. Se trataba de consultar un libro, no podía ser tan complicado, ¿no?

Ya estaba pensando en preguntarle a Neville si es que había planteado algo muy complicado cuando la puerta del despacho se abrió de un tirón y un huracán con túnica pasó a su lado sin decir ni buenas.

— ¿Harry?

— ¡Déjame en paz!

Y se encerró en su cuarto con un portazo.

Se quedó mirando la puerta, perplejo. Su compañero tenía arrebatos así a veces, la frustración la llevaba regular, pero era raro que la pagara con ellos.

Aún seguía mirando la puerta del dormitorio con la pluma en la mano cuando la del despacho se abrió mucho más suavemente y Neville entró con la túnica doblada sobre el brazo y su eterna sonrisa tranquila.

— Ey —se acercó a besarle— ¿qué pasa?

— El huracán Potter acaba de entrar por la puerta.

— Vaya, hacía días. ¿Quieres que subamos?

Miró el alto montón de trabajos sin corregir y negó con la cabeza.

— ¿Tú crees que este ejercicio es excesivo para los de segundo? —le preguntó, enseñándole el enunciado de uno de los pergaminos.

Neville se colocó junto a él y le puso una mano en el hombro mientras leía con cara de concentración.

— Creo que Snape planteaba cosas más difíciles. ¿Quieres que meta esto en mi temario?

Estaban hablando de las opciones de una clase conjunta, Draco con la cabeza apoyada en el costado de Neville, aún de pie junto a él, cuando la puerta de la habitación volvió a abrirse y Harry bajó las escaleras pisando fuerte.

No dijo nada, sólo se dejó caer en el pequeño sofá junto a la ventana y esperó, aún un poco enfurruñado.

Sus compañeros se miraron un momento y finalmente se movieron para sentarse cada uno a un lado.

— ¿Qué pasa? —preguntó Draco, con el tono suave que usaba solo para ellos y su sobrino.

— Ted.

— ¿Qué le pasa a Ted? —inquirió Neville, preocupado.

— Que se ha hecho mayor.

— Harry, eso es obvio, está en su último año.

— Me lo he encontrado saliendo de un aula todo despeinado.

— ¿Le has castigado? —preguntó Neville, poniéndose en modo jefe de casa.

— Por supuesto que sí, pero no es eso.

— ¿Qué es?

— No estaba solo con Victoire.

Los dos se echaron a reír.

— No os riáis, Andrómeda me va a matar, va a decir que he sido un ejemplo pésimo.

— Harry, dudo mucho que pase eso. Mi tía te adora y hace tiempo que entendió lo nuestro.

— El único ejemplo que ha recibido Ted de ti, de nosotros —intervino Neville cogiendo una de sus manos—, ha sido de personas que se quieren, tú lo sabes. Que experimente con su edad es normal.

— Ya… pero es que ha crecido tanto…

Y a pesar de ser un hombre de más de treinta y cinco, hizo un tierno puchero y se dejó abrazar por sus compañeros.