Harry miró perplejo las flores. Eran amarillas, sencillas y alegres, pero a esas alturas ya sabía que cuando Neville y Luna le mandaban una planta siempre tenía un significado.
— ¿Y estas flores? —preguntó Ron, sentándose en una esquina de su escritorio, la guerrera del uniforme ya a medio desabrochar porque la jornada laboral terminaba— ¿quien cree que necesitas ánimo para asumir la tristeza que ocultas?
— ¿Esto de las plantas os lo enseñan a los sangrepura de pequeños o que? —inquirió, sorprendido.
— Emmm ¿sí? Mi madre nos enseñaba de pequeños en casa. ¿De quién son las flores?
No respondió, se limitó a pasarle la tarjeta y ponerse de pie, desabrochando también su guerrera.
— ¿Tienes una tristeza oculta? ¿Estás censurando tus emociones negativas y ocultándolas en el fondo de tu mente?
— No tengo ni idea de qué me hablas.
Fue al salir cuando se topó con una de las secretarias leyendo el Corazón de bruja y lo vio: en la portada, una foto a todo color de la estrella de la selección inglesa de quidditch con un titular que rezaba "El corazón del príncipe del quidditch ya tiene dueña".
— Vale, se refieren a eso —murmuró su mejor amigo—. Colega, son flores de "siento tu corazón roto, deja salir tu dolor"
Por toda respuesta, Harry se sonrojó y apretó los labios y el paso para salir del ministerio
