• • • •
Capítulo 1
"Una Tarde Ambigua"
• • • •
—Japón, nueve con veintiocho de la mañana.—
Las palabras eran trazadas con nerviosismo sobre su hoja de examen, su mano parecía temblar más de lo normal.
De vez en cuando el lápiz en su mano se dirigía a su boca y comenzaba a morder el extremo del mismo buscando tranquilizarse.
Solo faltaban algunas preguntas para finalmente poder acabar aquélla aburrida prueba de inglés.
—Nagisa.— La rubia a sus espaldas daba leves piquetes con su pluma a la espalda del menor mientras susurraba su nombre por lo bajo.
—Nakamura, estamos en clase, no podemos hablar, menos durante una prueba.— El celeste giró su cabeza de manera leve.
—Lo sé.— Dio como respuesta. —Pero hay algunas cosas que no logró entender del todo.— Hizo una pequeña pausa para luego dar un corto suspiro. —¿Por qué Karasuma nos hace tomar estás aburridas pruebas?— Finalizó por preguntar.
Inmediatamente recibió como respuesta un claro suspiró de su contrarió.
—Nakamura, es nuestro padre, debemos de estar agradecidos con él de que al menos nos haya sacado de la jaula y nos diera un estudió— Susurró.
Nakamura asintió y dirigió su mirada a la parte de su lugar dónde se encontraba su examen.
—Nagisa... Tú...— Llamo una vez más la atención del celeste. —...¿Aún tienes pesadillas con la jaula?
Nagisa guardó unos segundos de silenció para después dar una pequeña sonrisa.
—Claro que no.— Tomó las mejillas de Nakamura, haciendo que de esta manera la rubia lo viera directo a los ojos. —¿Y tú... sigues teniéndolas?
—A veces, no siempre...— Trató de sonreír.
—¡Shiota!— Llamo su superior desde frente de la clase. —Voltéate a terminar tu prueba, no deberías estar hablando, ¿Cuántas veces hemos hablado sobre eso?
El celeste acató la indicación de su profesor y volteó a verlo de pies a cabeza.
Su superior estaba con su ceño levemente fruncido, algo que era característico de él.
—¡Lo siento maestro Lovro!— Se disculpó para luego retomar la concentración en su hoja de prueba.
• • •
—Japón, dos con dos de la tarde, hogar de Tadaomi Karasuma—
• • •
—¡Nagisa!— Karasuma llamó la atención de Nagisa mientras este lanzaba un golpe directo a su rostro.
Karasuma fácilmente lo esquivó ladeando su cabeza al tiempo que con algo de fuerza desviaba el puño de Nagisa con sus manos totalmente abiertas y sus brazos extendidos.
—¿Qué... ¿Qué es lo que pasa?— Preguntó el celeste deteniéndose.
La respiración del mismo era acelerada y entrecortada, estaba levemente inclinado hacía delante mientras al tiempo, sus manos estaban recargadas en sus rodillas.
Se podía notar claramente varias gotas de sudor bajando rápidamente de su frente formando una línea finamente delineada, de igual manera estas llegaban hasta quedar impregnadas en su ropa.
—Te he dicho que no solo ataques el rostro, ve los demás puntos débiles.— Recibió un regaño del pelinegro frente a él. —Te he enseñado bastantes técnicas y los sabes, no es como para que solo uses golpes de tiró simple.
Karasuma colgó una toalla tras su cuello mientras con los bordes de la misma limpiaba unas cuantas gotas de sudor que había en su frente.
—Entiendo, lo siento.
—No te disculpes, solo trata de que la próxima vez sean más combinaciones, ¿Entiendes? También deberías ser más rápido, eres ágil gracias a que eres delgado, y si tan solo mejorarás tu velocidad podrías llegar a ganar muy fácilmente.— Hizo una pequeña pausa para luego tomar una segunda toalla y dirigirse a Nagisa para inmediatamente entregársela. —Siempre trata de buscar los puntos débiles en tu oponente, siempre habrá un momento dónde esté más distraído y descuide alguno de sus lados, es ahí donde tienes que actuar con más precisión.
Nagisa comenzó a secar su rostro mientras asentía repetidamente con su cabeza.
Unos segundos después, bajo por completó el cierre de su suéter dejando ver la playera blanca que llevaba debajo.
De esta manera lograba obtener un poco de aire fresco.
—Nagisa, toma.— Nakamura caminó hasta quedar a su lado e inmediatamente saco de una bolsa en tono blanco dos aguas simples.
Mientras le entregaba una a Nagisa, esta misma dejaba la suya de lado y comenzó por hacer algunos estiramientos.
—Entiendo Karasuma, la próxima vez me esforzaré aún más.— El celeste se recargo de llenó en un tronco que estaba careciente de hojas y de vida. Su respiración estaba finalmente tomando su ritmo habitual.
—Sabes que quiero hechos Nagisa, nada de palabras y promesas falsas.— Karasuma resubio las mangas de su camisa mientras se centraba esta vez en Nakamura.
—¿Podemos comenzar, padre Karasuma?— Nakamura tomó una liga de una de las bolsas de su suéter y la amarró a su cabello, formando de esta manera una coleta que le daba más comodidad.
—Ya les he dicho que solo me digan padre.— Karasuma se posicionó con su pié izquierdo enfrente y su pié derecho posicionado un poco atrás, ambas de sus manos habían quedado formadas en dos puños mientras al mismo tiempo intentaban defender y mantener a salvo parte de su rostro.
Nakamura había imitado su posición.
Solo que esta, daba pequeños brincos hacía delante y hacía atrás de forma seguida.
—Me gusta más agregarle el "Karasuma" al "Padre" de lo contrarió me sentiría incómoda.— Dio una leve sonrisa de lado. —O es que... ¿Acaso esta mal que lo haga?— Nakamura, al tiempo que hablaba, lanzó un golpe directo al rostro de Karasuma.
Este mismo, con facilidad lo esquivó al desviar el puño de la rubia.
—Claro que puedes.— Karasuma sonrió.
Inmediatamente, Nakamura lanzó una fuerte patada a las piernas de Karasuma, tratando de esta manera, de hacerle perder el equilibrio.
—Necesitas aplicar más fuerza a tus golpes bajos Nakamura.— Karasuma suspiró, al mismo tiempo dio un gran paso hacía atrás.
No mostraba dolor alguno ante el golpe de Nakamura.
—Lo tomaré en cuenta.— La rubia, como pudo, esquivó el golpe de Karasuma. El cual iba dirigido a su cuello.
Para lograrlo, había formado un rápido caminó invisible en forma de arco deladeando su cuerpo por completó.
Había quedado un poco agachada.
—¡Aplica más rapidez!— Le ordenó su mayor.
Nakamura, aprovechando su posición, bajo por completó y deslizó su pié de forma rápida hacía arriba.
Había logrado golpear el estómago de Karasuma.
Este mismo había aguantado la respiración por un momento al sentir el impactó.
La rubia sonrió con de forma superior.
—Vaya, parece que...— Habló de forma triunfante. Para inmediatamente cambiar a un tono confundido. —...¿Eh?
Karasuma había llegado a sus espaldas, con una de sus manos había cubierto los ojos de Nakamura mientras que con su mano libre daba una gran punzada a su espalda simulando un disparó.
—Regla uno, nunca te confíes.— Susurró al oído de la rubia para proceder a soltarla. —Regla dos, nunca bajes la guardia.
Una vez libre, Nakamura respiraba con rapidez tratando de asimilar lo que había ocurrido.
—¿Cómo...— Intentó preguntar. —...Fue que...
—Como lo dije, Nakamura, Nagisa, nunca deben de confiarse, tal vez hayan dado un golpe certero, pero aún así deben de estar atentos, un simple golpe no les puede asegurar la victoria, ya que tampoco pueden estar seguros de conocer todas las habilidades de su contrincante, mucho menos si él o ella, oculta un haz bajo la manga.— Volteó hacía la rubia, esta se encontraba tomando agua mientras tenía bastante de su concentración puesta en Karasuma. —Nakamura, en una pelea real, gracias a tu descuidó y confianza ahora mismo estarías muerta.— Esta vez se dirigió al celeste. —Nagisa, si no puedes dar si quiera un golpe certero, estarás muerto incluso antes de que el combate empiece. Además... Los reflejos de ambos están por debajo de los de cualquiera.
Ambos chicos intercambiaron miradas decaídas.
—Escuchen.— Karasuma suspiró. —No les digo esto para hacerlos sentir mal, sino todo lo contrarió, lo hago solo para que aprendan de sus errores y puedan mejorarlos.
Nakamura entrelazo sus manos por detrás de su cabeza.
—¿Por qué necesitamos practicar el combate cuerpo a cuerpo?— Habló Nakamura. —No es como si lo necesitemos realmente.
Nagisa miró a Nakamura y asintió dándole la razón.
—Además, tampoco es como si fuéramos precisamente chicos problemáticos.— Comentó el celeste.
Ambos dirigieron una mirada interrogativa a su padre adoptivo.
Karasuma suspiró con desgano y miro a sus dos contrarios con una mirada totalmente inexpresiva.
—Verán, sobre eso...— Su mirada se dirigió hacía el cielo.
Este estaba envuelto de un tono azul claro bastante llamativo, habían pocas nubes, lo que daba una visión más cómoda del mismo.
—¿Qué les parece si se dan una ducha rápida y se cambian de ropa?— Decidió hablar el pelinegro mientras volvía a mirar a sus dos contrarios. —Después de eso, saldremos a dar un paseo y les explicaré todo lo que quieran saber.
Nakamura y Nagisa no hicieron más que asentir.
—Esperó que cumpla su palabra, padre Karasuma.— Comentó la rubia con burla.
Nagisa sonrió algo nervioso.
—Claro que si.— Contestó Karasuma. —Y hazme el favor de solo llamarme "Padre."
Los tres se dirigieron al interior de la casa.
De vez en cuando, tanto Nakamura como Karasuma, discutían por cosas mínimas, o de vez en cuando por las bromas sin gracia de Nakamura.
—Nagisa, Nakamura, ¿Qué les parece si mañana entrenamos puntería con cuchillos?— Habló Karasuma, llevándose consigo una mirada sorprendida de ambos jóvenes una vez que entraron a la casa.
—¿Estás... ¿Estás hablando en serio?— Nagisa no evitó hablar con un gran tono de emoción.
—No le veo el por que estaría mintiendo— Karasuma sonrió.
Tanto Nagisa como Nakamura asintieron totalmente emocionados.
Ambos chicos subieron al segundo piso hasta llegar a su habitación, la cuál, ambos compartían.
—Oye, Nagisa.— Nakamura se recargó en el hombro del celeste cuando finalmente habían entrado a la habitación de ambos.
—¿Pasa algo, Nakamura?— Nagisa se quitó la toalla que llevaba colgando de su cuello para luego dejarla en su cama y dirigir su mirada a Nakamura.
—¿Creés que esto que nos está enseñando nuestro padre Karasuma sea solo por nuestro bien? O tal vez haya algo más...
Nagisa levemente río y se sentó en una orilla de su cama.
—Nakamura, sea lo que sea, estoy seguro de que será solo por nuestro bien, ¿O acaso no confías en nuestro padre?— Sonrió de manera cálida.
—Nagisa...— Nakamura devolvió una gran, pero reconfortante sonrisa. —Tienes razón, simplemente me estoy preocupando de más.
• • • •
