Buscar un amor…menuda tontería.
Eso es para cursis, para gente aburrida, para adolescentes, o directamente débiles emocionales. El amor, por muy de verdad que acabe siendo, no hace más que traernos problemas, problemas y desgracias. Te hace depender de otra persona, sufres por ella, te pasas el día con cara de atontado como un idiota…
Por mucho que digan, el amor no mueve el mundo, el amor lo empuja, lo aprieta, lo estrangula y cuando lo tiene ahí al borde del precipicio, lo deja caer.
¿Y luego quien es el listo que recoge los trocitos? Porque al dejarlo, lo deja todo perdido de tristeza, melancolía y desastre.
Buscar un amor…total,¿para qué? ¿Para sentir mariposas en el estómago? ¿Para ver películas un domingo por la tarde?¿Para tener planes en común? ¿Para reír juntos?… ¿O para acabar llorando juntos con los trozos de un "no pudo ser" entre las manos?
Shinichi arrugó la invitación formando un puño con su mano derecha, la guardó en su bolsillo antes de cerrar el buzón y se encaminó a su deportivo con una línea recta en los labios.
Nunca se había considerado un desdichado en el amor, su atractivo natural y su actitud cautivadora siempre lo habían tenido rodeado de chicas muy atractivas e interesantes. Pero él solo había tenido ojos para una, la misma con la que acabó teniendo una relación de casi siete años. El amor no se había apagado entre ellos, pero su relación no era lo mismo en la universidad que una vez entraron en la vida real.
No sabía si le seguía doliendo porque había sido ella la que había acabado con la relación, pero no soportaba la idea de que Ran se fuese a casar con ese tal Araide. Hundió el pie en el acelerador y se metió en el corazón de la ciudad para aparcar en el aparcamiento de un centro comercial. Sacó el teléfono para llamar a Megure pero volvió a guardarlo al visualizar un par de coches patrulla a pocos metros de él.
"Kudo, gracias por venir. Perdona que te moleste, hay un par de cosas que no me acaban de cuadrar en este caso y quería saber tu opinión. ¿Te he pillado ocupado?" Preguntó Megure.
"Tranquilo, necesitaba un poco de distracción." Comentó analizando la escena del crimen con más frialdad de la costumbre.
"¿Estás bien?" Preguntó Sato apoyando una mano en su hombro.
"Estoy bien." Contestó volviendo a poner su genuina sonrisa en su rostro. "Takagi, ¿Me puedes enseñar las pertenencias de los sospechosos y las pruebas recolectadas?"
"Claro, ahora mismo vuelvo."
Shinichi resolvía los casos como si se tomase un café o montase en bici. Resolver todos esos misterios le creaba satisfacción y le alteraba la adrenalina cada vez que la acción aumentaba, pero esta vez no tuvo ningún efecto sobre él. Sentía el mismo malestar con el que había salido de casa.
"Se ha echo un poco tarde, ¿quieres venir a cenar con nosotros?" Preguntó Sato estirando los brazos después de la larga jornada. "Yumi ha reservado para ir después de la cena a un karaoke."
"¿Karaoke?" Preguntó Takagi un poco disgustado de escuchar ese detalle.
"Gracias pero hoy estoy bastante cansado. Mejor otro día." Contestó antes de despedirse amablemente.
No había comido nada en todo el día, pero tenía el estómago cerrado. Después de recibir la invitación y resolver ese asesinato tan amargo, solo le apetecía meterse bajo la ducha y pasar una noche sin sueños hasta que ese maldito día acabase.
El sonido de su teléfono le hizo tener que apartar el coche en la calzada para coger la llamada.
"Akai."Le saludó apoyando el codo en la ventana.
"¿Cómo estás?" Preguntó su compañero.
"Bien." Contestó demasiado rápido. "Supongo que me llamas por algo más."
Akai suspiró desde el otro lado. "Te llamo porque soy tu amigo. Y como amigo quiero que sepas que no estas obligado a ir a ningún lado si no te sientes preparado."
Shinichi se mantuvo en silencio, pero sabía perfectamente de lo que hablaba. Hoy se sentía muy a la defensiva, pero Shuichi era el mejor amigo que había encontrado en esa profesión. "Sí lo sé." Contestó con un tono más tranquilo. "¿El FBI está preocupado?" Preguntó bromeando.
Akai rió levemente al notar que su humor había mejorado ligeramente. "No me hagas estarlo. Como tenga que adelantar mi viaje a Tokio vas a conocerme de verdad."
"¿Tienes pensado venir?" Preguntó el moreno después de que su comentario le llamase la atención.
"Yo también estoy invitado, ¿recuerdas?"
"Oh, claro."
"Debo volver al trabajo, hablamos en otro momento." Se despidió Akai cuando las voces de sus compañeros se empezaron a escuchar en su conversación.
Shinichi guardó su teléfono y sacó el papel arrugado de su bolsillo para darle un último vistazo antes de guardarlo en la guantera. Todavía no sabía si se iba a presentar, pero por el momento no quería saber nada de esa invitación.
Se preparó para poner la primera marcha y quitar los cuatro intermitentes cuando alguien abrió la puerta copiloto e invadió el asiento repentinamente sin permiso alguno.
Shinichi no supo como reaccionar de primeras. Era una chica joven, imaginaba de su edad, ojos verdes, piel clara, rasgos europeos y el pelo de color té. Su respiración era entrecortada, como si hubiese caminado mucho o viniese corriendo des de la otra punta de la ciudad.
"¿Hola?" No se le ocurrió otra cosa que decirle. Ella alzó la mirada para mirarle y sus ojos se abrieron con sorpresa antes de girar la mirada hacia el exterior de la ventana. "¿Te pasa algo?¿Estás bien?" Preguntó saliendo poco a poco del bloqueo mental.
Ella volvió a mirarle haciéndole un gesto para que callase y volvió a girar la cabeza para mirar la misma dirección.
¿Huía de algo?¿o de alguien?
Shinichi intentó dialogar con ella ignorando su petición. "Has sido tú la que ha entrado en mi coche de repente, al menos deber-" Pero apenas pudo acabar la frase antes de sentir como sus manos agarraban el cuello de su camisa, acercándolo a ella para capturar sus labios con los suyos.
Abrió los ojos con sorpresa, pero la misma sorpresa y el misterio de la joven hicieron que sus ganas por continuar con ese beso aumentaran. Sin embargo no pudo emocionarse mucho ya que ella lo separó tan rápido como lo había acercado.
La vio suspirar de alivio cuando un par de hombres trajeados de negro pasaron el coche de largo y él frunció el ceño. Estaba más perplejo que antes.
"Normalmente suelo tener una cita con una chica antes de acercarme a besarla." Comentó bromeando. Nadie le iba a creer si contaba lo que le acababa de pasar. No todos los días aparece una mujer para invadir tu coche y besarte de esa manera.
Ella se sonrojó y volvió a mirar a su alrededor antes de volver a clavar su mirada en él, ahora más aliviada. "Supongo que hoy ha sido tu día de suerte."
"¿Huías de esos hombres?" Preguntó con un tono curioso.
"La curiosidad mató al gato." Dijo ella antes de abrir la puerta para salir.
"Espera." Le agarró de la muñeca para que no saliese del coche. "¿Necesitas que te lleve a algún lado?"
Ella pensó en negarse y salir rápido, pero el miedo que sentía todavía en el cuerpo le hizo aceptar la oferta aunque no le hiciese gracia alguna. "¿A dónde te diriges?"
"Voy a Beika." Explicó mirando por el retrovisor. "Si lo necesitas, puedo acercarte a la comisaría más cercana."
"No." Contestó demasiado rápido. "Puedes dejarme en cualquier lugar de Beika."
Él asintió y se reincorporó en la carretera principal. La radio sonaba entre el silencio que ellos habían formado, ella mirando hacia la ventana y él pendiente de la carretera.
"Entonces…¿Estás huyendo de algo?" Preguntó mirándola de reojo. Como detective, estaba acostumbrado a analizar cada persona que conocía, y ese encuentro, era el más extraño que había tenido.
"Gracias, Kudo. Pero no necesito los servicios de ningún detective." Contestó evitando su pregunta.
Shinichi se sorprendió. Ella parecía saber perfectamente quien era, pero él no sabía absolutamente nada de ella. "Me he ofrecido a ayudarte, al menos podrías decirme tu nombre." Comentó una vez se pararon en un semáforo en rojo.
"Haibara. Me llamo Haibara." Contestó sin dejar de mirar por la ventana.
Kudo se dio cuenta lo reservada que parecía ser, no quiso presionarla ni hacerla sentir en un interrogatorio, pero le creaba mucha curiosidad.
"Entonces, Haibara…¿Tienes por costumbre meterte en los coches de personas que no conoces?" Preguntó volviendo a arrancar después de que el semáforo volviese a estar en verde.
Ella sonrió por primera vez, y él pensó que tenía una sonrisa demasiado bonita para estar luciendo constantemente esa línea recta en los labios.
"La verdad, es que esta ha sido la primera vez." Contestó girándose para mirarle a la vez que apoyaba el codo en la ventana. Y después de darse cuenta de quien era el propietario de ese coche, mucha suerte no había parecido tener.
Había leído mucho sobre él en los periódicos y las redes sociales. Shinichi Kudo, el hijo único del gran escritor Yusaku Kudo y la actriz local Yukiko Fujimine. Toda una promesa para la policía de Japón. Se mordió el labio pensando en lo poco que había acertado al escoger precisamente ese coche. Pero la situación no le había dejado muchas opciones que elegir.
"¿Dónde vives?" Preguntó Shinichi una vez entraron en Beika.
"Puedes dejarme ahí mismo." Contestó ella señalando la entrada de un parque.
"¿Tu casa está cerca?" Volvió a preguntar. "Puedo dejarte en la misma entrada, no me cuesta nada."
"No hace falta, me apetece par un paseo." Contestó sin querer especificar ningún detalle, bajando del coche una vez estacionó. "¿A dónde vas?" Preguntó al ver que él también bajaba del coche.
"A mi también me apetece dar un paseo." Contestó con una sonrisa a la vez que cerraba el coche con llave.
Ella alzó una ceja y cruzó los brazos. "¿Eres de esos que siguen a las mujeres por la calle?"
"¡Oye! Que has sido tú la que ha entrado a mi coche y me ha besado antes de saber ni tu nombre." Se defendió poniendo las manos dentro de los bolsillos. "No tienes que preocuparte, no estoy interesado. Pero parecías un poco asustada, al menos déjame acompañarte a cruzar el parque. Está todo muy oscuro y es tarde, no tienes que decirme donde vives si no quieres hacerlo."
Ella rodó los ojos y decidió entrar en el parque y dejar esa conversación a un lado. No le gustaban los hombres que pensaban que debían salvar a todas las mujeres que veían. Estaba agradecida de que la sacase de ahí, pero no necesitaba un guarda espaldas.
"No todas las mujeres que te topas por la calle somos damiselas en apuros." Comentó al ver que él caminaba a su lado respetando una distancia.
Shinichi sonrió y rodó los ojos. "Ya veo que hay que no saben dar las gracias."
Ella frenó el paso y se giró para mirarle desafinadamente.
"Borro el comentario." Se defendió alzando las manos antes de suspirar. "Perdona, yo tampoco he tenido un día fácil." Dijo a la vez que su mirada caía y reanudaba el paso adelantándola. Caminó en silencio escuchando sus pasos detrás de él, ya veía el arco por el que tenían que salir cuando notó su brazo arrastrarlo a un lado.
"¿Qué haces?" Preguntó sorprendido del tirón que le había dado, golpeando su espalda contra un árbol. "Ya me he disculpado, ¿Qué se supone que he hecho ahora?"
"Shht." Susurró poniendo un dedo sobre sus labios.
El miedo había vuelto a sus ojos y su respiración se había acelerado. Su ceño se frunció al ver su reacción e intentó separarse de ella para descubrir que pasaba. Pero ella lo volvió a arrastrar poniendo esta vez la mano sobre su boca para que dejase de hablar.
"Tienes que irte, ¿vale?"
"¡Hmm..mhm!" Intentó hablar inútilmente.
"Agradezco tu ayuda, pero puedo continuar sola." Dijo soltándolo y desapareciendo de ahí antes de que él pudiese frenarla.
¿Qué clase de mujer era esa?
No entendía nada, pero no pretendía hacerle mucho caso pese a sus advertencias, su instinto de detective no le dejaba hacerlo. Miró a un lado y a otro del camino y se dirigió a la salida a paso ligero. Lo primero que vio al salir fue un Porsche negro aparcado a un lado de la carretera. Pensó en llamarla cuando la vio caminar por la acera, pero antes de que pudiese hacerlo un hombre salió del vehículo para encenderse un cigarro. Shinichi tragó saliva, no era un hombre realmente corpulento pero era muy alto y con una gran melena plateada, transmitía una aura realmente oscura. Su sorpresa creció cuando vio a Haibara acercarse a él.
¿El miedo que había visto en sus ojos era provocado por esa persona? No estaba seguro, pero le creaba mucha curiosidad. Como detective, esa pareja era un misterio que le llamaba la atención. Pero ella le había besado, ¿Por qué iba a hacerlo si tenía pareja?
Se escondió con la ayuda de unos arbustos y se acercó unos metros intentando estar lo suficientemente cerca como para poder escuchar la conversación.
"¿De donde vienes?" Preguntó el hombre con frialdad.
"Fui a dar un paseo." Contestó con demasiada rapidez.
El hombre sonrió y le dio un largo calo al cigarro. No podía ver su rostro con claridad, pero podía ver como su mirada se veía oscura y vacía. Había visto demasiados hombres como él en sus casos. No le causaba buena espina y eso le hacía desconfiar más de la pelirroja que acababa de conocer.
Frenó el impulso de salir de su escondite cuando lo vio acariciarle la mejilla hasta parar la mano en su cuello. Imponía mucha frialdad .
"Cariño, no se te da nada bien mentirme." Contestó apretando ligeramente su agarre, provocando que su garganta se cerrase y ella alzase su mano para intentar desprenderse de él.
Shinichi la miró y pensó el sacar su teléfono y llamar a la policía, pero no podía dejar de mirar. Ella no parecía ni inmutarse, se veía igual de fría que él, sin embargo podía ver que parecía algo nerviosa.
"¿Quieres que vayamos a ver a Akemi para preguntarle?" Preguntó acercándose a su oído.
"¡No!" Contestó abriéndolos ojos. "Habían pasado muchas semanas, solo quería verla." Soltó finalmente como pudo.
"Tranquila, lo entiendo." Dijo con una falsa tranquilidad, moviendo la mano de su garganta al cuello de su camisa para acercarla él. "Estoy seguro de que no sucederá una segunda vez, ¿verdad?"Preguntó haciendo que asintiera con miedo. "Entra al coche."
Shinichi intentó guardar la matricula del coche, pero entre los arbustos y lo rápido que fue el hombre en acelerar, apenas pudo reconocer el modelo del coche.
Pensó en llamar a su compañero, pero recordó la frase que esa chica le había dicho minutos atrás, que ella no era una damisela en apuros. Así que fríamente decidió marcarse y volver a su coche. No era la primera relación tóxica que veía y desgraciadamente no iba a ser la última, su trabajo no era ser mediador ni nada de eso, era responsabilidad de esa mujer dejar atrás a un hombre como ese.
Esa pareja no eran el caso que él estaba buscando.
Shinichi se sentó en la cama y bostezó estirando los brazos, giró la mirada hacia la mesita de noche para comprobar que todavía no se le había hecho tarde y recogió su ropa tirada en el suelo antes de dirigirse a la ducha. Se quedó cinco minutos más relajándose bajo el agua fría y salió del baño rodeando su cintura con una toalla.
La mujer que había subido en el ascensor con él seguía durmiendo plácidamente al otro lado de la cama, la sábana cubría ligeramente su pecho desnudo y su morena melena estaba ligeramente despeinada. Shinichi no recordaba bien como se llamaba, pero no le dio importancia. Ambos se habían acercado al otro por un motivo puramente físico.
Recorrió la habitación de hotel para buscar el traje que había recogido de la tintorería. No le hacía mucha gracia tener que ir a esos eventos a los que no dejaban de invitar a sus padres, pero como Kudo, tenía la responsabilidad de apoyar a su familia. Y teniendo a un escritor, una actriz y un detective entre ellos, hacía su día a día mucho más entretenido.
Alisó los pantalones después de ponérselos y abotonó la camisa antes de ponerse la americana. Sonrió a su reflejo y agradeció de Heiji le hubiese acompañado a comprarlo, no quería sonar presumido, pero le sentaba como un guante.
"¿Vas a salir?" Preguntó la mujer envolviendo su cuerpo en la sábana a la vez que se giraba para mirarle.
Él asintió mientras buscaba su pajarita entre las cosas de la mesita. "Quédate el rato que quieras, la habitación está pagada hasta mañana a la mañana." Dijo acomodando el cuello de su camisa después de ajustar su conocida pajarita.
"¿Nos volveremos a ver?" Preguntó la mujer acomodándose en el medio de la cama tamaño king size. "Suelo venir a Tokio por trabajo, podrías darme tu número de teléfono."
Shinichi sonrió a la vez que sacaba la colonia de su maleta y la rociaba ligeramente sobre él antes de darse un último vistazo en el espejo. "Dejemos al tiempo que nos vuelva a encontrar." Dijo acercándose a ella sin llegar a besarla. Le atraía esa mujer, pero era muy reservado a la hora de dar su teléfono personal, ya que como detective, tenía que ser bastante precavido.
"Entonces, ya me encargaré de buscarte." Contestó la mujer con una mirada pícara.
Shinichi salió del aparcamiento del hotel conduciendo su deportivo. El evento al que debía asistir no se encontraba muy lejos de ahí. Subió el volumen de la radio y disfrutó del camino. Fue fácil encontrar la sala cuando llegó, el evento estaba cerrado a los medios, pero habían invitado a una gran cantidad de personajes importantes. Actrices, actores, directores, banqueros, e incluso creyó ver a un reconocido de la medicina forense.
Entró con naturalidad y aceptó una de las copas de champán que los camareros repartían. Localizó a sus padres al otro lado de la sala, ocupados mientras pretendían saludar a todos los invitados, cosa que era imposible. Había mucha gente interesante, pero no se lo iba a pasar igual de bien si sus amigos no estaban ahí.
Dejó la copa ya vacía en una de las mesas y cogió una de nueva para seguir mojándose los labios. Habían contratado un grupo de jazz que creaba un ambiente bastante acogedor, no era su género favorito, pero sabía disfrutarlo.
Caminó por la sala observando a los invitados y saludando a los que mejor conocía. Al poco rato empezó a sentirse observado y su mirada estudió rápido su alrededor hasta dar con una joven rubia que no disimulaba nada al mirarle. Shinichi sonrió, pero no se sentía de humor para seguirle el juego a esa chica. Sabía que estando soltero no tenía que preocuparse en las cosas que normalmente se preocupaba, pero aunque cediese ocasionalmente, no le gustaba acostarse con una mujer sin sentir un mínimo de cariño.
Siguió caminando deshaciéndose de esa sensación hasta que sus ojos se toparon con unos recientemente conocidos. No tenía ni idea del motivo de su invitación, pero parecía venir acompañada del mismo hombre de melena plateada que había visto días atrás.
¿Qué hacía ella ahí?
Caminó camuflándose entre la multitud hasta llegar a una mesa más cercana a la suya y volvió a cambiar su copa vacía por otra llena. El champán no tenía mucho alcohol, pero con la rapidez que se lo estaba bebiendo, podía notar la cara ligeramente acalorada.
Se giró para mirarla y la estudió de más cerca. Iba muy elegante en comparación del atuendo de diario con el que la había visto la última vez, si no hubiese sido por ese color de pelo tan atípico, no sabía si la hubiese reconocido. El vestido ceñido de color purpura le sentaba mejor que bien y pudo reconocer su buen gusto por la moda al ver lo bien que lo había combinado con esos tacones altos y ese sutil collar que adornaba su cuello.
Apartó la mirada para darle un sorbo largo a su copa. No le gustaba fijarse en una mujer cuando horas antes se había enterrado en su habitación de hotel con otra, pero esa pelirroja había tenido un primer encuentro demasiado peculiar como para que no le llamase la atención.
¿Haibara? Sí, creía recordar que ese era su apellido, pero…¿Cómo se llamaba?
Despejó rápido su cabeza y se puso a mirar hacia la banda que seguía tocando intentando ignorar su curiosidad. No le gustaba meterse con las mujeres que ya estaban ocupadas y según recordaba, esa mujer estaba envuelta en una relación bastante turbulenta.
Segundos después volvió a su cuerpo esa sensación de sentirse observado, pero esa vez con más fuerza, haciendo que su cabeza se voltease repentinamente.
Y esa vez sus miradas sí que se encontraron.
El hombre que la acompañaba estaba justo de espaldas a él y no podía verle, pero ella estaba delante de él, y podía verlo por el hueco de su hombro. Parecía que estaban. Hablando entre los dos, pero Shinichi podía notar como lo miraba a él.
Su mirada era penetrante, tanto que hizo que su vello se erizase. Volvió a beber de su copa, sin dejar que el contacto desapareciera y llegó a a ver como una pequeña sonrisa aparecía en sus labios.
¿Qué pretendía?
Él hombre la abrazó a él de un modo algo posesivo y se acercó a su cuello para susurrarle algo al oído. A Shinichi no le gustaba nada ver como ese hombre pretendía apoderarse de ella con cada gesto, pero que sus ojos estuviesen clavados en él, lo mantenía fijo sin poder desviar la mirada. Y eso pareció gustarle a la pelirroja, porque su sonrisa se ensanchó cuando su acompañante se inclinó a besarla. Kudo apretó los puños sin saber porqué y sintió como unas cosquillas crecían dentro de él ante la escena que contemplaba. Estaban separados por unos metros, pero por un momento sintió que volvía a estar dentro de su deportivo y que eran sus labios los que volvían a besarla con esa desesperación.
Dejó la copa vacía sobre la mesa y decidió que no iba a beber más por esa noche. Le incomodaba la presencia de esa mujer y a la vez le atraía. Gruñó apartando la mirada finalmente e intentó poder borrar esa imagen de su cabeza lo más rápido posible.
Todavía sentía que lo observaba así que no le importó cuando un viejo conocido de sus padres lo paró para saludarlo.
"Vaya, estás hecho todo un hombre." Comentó el señor. "He escuchado maravillas sobre ti, tus padres deben estar orgullosos."
"Gracias, señor. Yo también escuché que su hija ha conseguido entrar en en un conservatorio con mucho renombre."
El hombre se sonrojó y rió con fuerza antes de darle un gran sorbo a su vaso de whisky. Quería ser educado, pero no esperaba que esa conversación se alargase.
"Antes he hablado con tus padres. Me han dicho que seguías soltero." Dijo con las mejillas sonrojadas por el alcohol. "Me he enterado que solo tienes tres años más que mi hija, ya sabes."
Shinichi ignoró su comentario a la vez que miraba a través de él. Podía verla desde ahí en otra perspectiva, estaba al lado del escenario junto a ese hombre de pelo plateado y otros dos hombres trajeados de negro que no reconocía. La vio inclinarse al oido de su compañero para susurrarle algo antes de girarse y alejarse de su lado. Sus miradas volvieron a conectarse y Kudo dejó la conversación que tenía a un lado para poner su atención en ella. Lo estaba mirando como si disfrutase de la escena, como si estuviese un paso por delante de él.
"Otro día podemos vernos." Mintió antes de hacerse a un lado sin perder el contacto con esos ojos verdes.
La vio reírse a la lejanía, e imaginó que también disfrutaba de hacerlo actuar como un tonto. Recorrió la sala sin perder el contacto hasta que la vio desaparecer tras una de las puertas. Dudó y pensó un par de segundos en si debía o no seguirla, pero sus pies ya habían tomado una decisión antes de que tuviese una respuesta.
El cuartó estaba muy oscuro y silencioso en comparación a la gran sala que habían dejado atrás. Había un despacho y un gran piano de cola al otro lado, no era una sala muy grande, pero imaginaba que era uno de los despachos del edificio. Si hubiese sido el suyo no hubiese dejado la puerta abierto, eso seguro.
"¿Qué haces aquí?" Preguntó él sin irse por las ramas.
No había mucha luz, pero pudo ver como se acercaba al escritorio para apoyarse en el con los brazos cruzados. "Yo podía preguntarte lo mismo."
"Mis padres organizaron el evento." Explicó el moreno acercándose un par de pasos.
"Lo sé." Contestó ella haciendo que el alzase una ceja confundido. "Puede que haya venido justo por eso.
"¿Me estabas buscando?" Preguntó haciendo que ella riese levemente. No era una risa de las dulces, pero le gustaba.
"Eres tan creído como dicen." Dijo sintiendo como le molestaba ese comentario. "Vengo de acompañante."
"Oh, claro." Contestó él recordando el hombre de melena plateada. "No creo que a tu novio le haga mucha gracia saber que su chica está en un cuarto poco iluminado con otro hombre." Contraatacó notando como ella fruncía el ceño.
"No es mi novio." Contestó negando con la cabeza.
"Pues hace un momento lo parecía." Dijo recordando el beso que habían compartido.
Ella pareció incomodarse al momento, apartó la mirada y apretó más los brazos cruzados sobra su pecho.
Shinichi pensó que no tenían tanta confianza para meterse con el otro de esa manera, así que se acercó a ella para disculparse. "Oye…"
"No me toques." Contestó tajantemente apartándose para que no llegase a alcanzarla. "Pensándolo bien, creo que eres un detective de mierda."
Kudo vio que tenía intenciones de irse, pero él fue más rápido y le agarró del codo para frenarla. "¿Qué pretendes?"
La miraba ahora y sus ojos eran completamente diferentes a los que había adorado en la sala. Su mirada se veía apagada, más oscura.
"La noche es mucho más oscura de lo que tus ojos ven." Dijo haciendo que él frunciese el ceño con fuerza.
"¿Porqué dices eso?" Preguntó volviendo a acercarse a ella. Cuanto más hablaba con ella más podía ver esa nube negra que emanaba sobre ella.
"Todos los hombres sois iguales…necesitáis alimentaros constantemente de esa sensación de poder por controlar las cosas. Hay gente que abusa de su poder directivo y se creen que tiene privilegios para abuchear a cualquier persona distinta a ellos. A ti por ejemplo, te gusta sobreponer tu curiosidad e instinto sin tener escrúpulos a la hora de indagar en la vida privada de la gente, como si tuvieses derecho alguno, y luego están los peores…los que te manipulan con frialdad utilizando las peores armas mentales para hacerte creer que tienen control sobre tus decisiones, sobre tu cuerpo y sobre ti."
Kudo tragó saliva intentando analizarla. Hablaba sobre él, pero se le había quedado una sensación extraña. "¿También hablas sobre él?" Se atrevió a preguntar. "El hombre de pelo plateado con el que estabas hace un momento. Os vi el otro día en el parque."
Ella le miró con sorpresa. Desde luego que no había sido un acierto toparse con él, era mucho más curioso de lo que imaginaba y no le interesaba que supiese más de la cuenta. Eso no había sido más que un juego sin fin a nada, destinado por la mera casualidad que ha topado dos veces con ellos.
"La curiosidad mató al gato, ¿no lo sabías?" Preguntó acomodando su pajarita torcida.
Él rodó los ojos. "Venga ya." Dijo apoyando las manos en el escritorio y dejándola atrapada entre ellas. Si juntaba un poco más las manos palparía sus caderas, pero le gustaba estar así, sintiendo la misma cantidad de atracción y misterio. "Ya veo que no te caigo muy bien, pero entonces…¿por qué qué me has llamado?"
"No lo he hecho." Contestó rodando los ojos. "Tú me has seguido hasta aquí."
"¿De verdad? Porque yo creo que tus ojos sí lo hacían, todo el rato." Dijo acercándose a su rostro lo suficiente como para oler su perfume.
Ella apoyó las manos tras su cuello haciendo que su vello se erizase y se acercó más a él para ponerlo nervioso. "¿Y no crees que ha sido divertido?" Preguntó cerca de su oido antes de separarse y dirigirse a la puerta.
"Espera." La frenó agarrando su brazo. "¿Ya te vas?"
Ella sonrió y se giró para acercarse a él. "Los misterios se pueden acabar transformando en problemas." Dijo con una mirada pícara.
"Vaya…que tentador." Contestó sintiendo que su cuerpo no se quería alejar de ella.
Que volvieran a besarse, no fue una sorpresa.
Su boca también sabía a champán y su perfume se percibía con más fuerza. A diferencia del primer beso, esta vez se lo tomaron con más calma pero con la misma intensidad. Su lengua se movía como si ya conociese su boca y sus manos buscaron su cintura para alzarla y cruzar sus piernas tras su cintura. La agarró por los muslos y sintió como las cosquillas subían de la parte baja de su estómago.
Ella cortó el beso cuando empezó a escuchar algunos ruidos al otro lado de la puerta, pero Shinichi volvió ajuntar sus labios y se hizo camino como pudo para apoyarla en el escritorio. Pasó una mano por su espalda y con la otra acarició su pierna hasta llegar a sus muslos. Separó sus labios para recorrer su barbilla hasta parar en su cuello. Escucharla gemir por primera, vez hizo que sus ganas crecieran con más fuerza.
"Estás yendo muy rápido, detective." Dijo como pudo con la respiración entrecortada.
Shinichi gruñó volviendo a besar su cuello para que apartase la lógica a un lado, pero ella acabó poniendo una mano en su pecho para mantener distancias y bajó del escritorio a la vez que ponía bien su vestido.
"¿No vamos a volver a vernos?" Preguntó Shinichi.
"La próxima vez, ya me encargaré yo de encontrarte."
