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Capítulo 2

"Suspiró De Insomnio"

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—Japón, distrito Gun, dos con tres de la mañana.—

Aquél pelirrojo caminaba por los pasillos de la podrida residencia deshabitada, situada en uno de los rincones más desolados del distrito Gun.

Se escuchaba con bastante claridad el eco de sus pisadas. Lentas y profundas, marcando cada paso como si quisiera dejar trazado un caminó invisible.

De vez en cuando, observaba las paredes con detenimiento, en estás, habían viejos cuadros mostrando distintos lugares del mundo, estos mismos, estaban en un muy mal estado, la calidad de las imágenes era realmente pobre, además, se podía notar con gran facilidad el tono pálido que demostraba con más profundidad el tiempo que estas llevaban ahí colgadas.

Unas estaban en un mejor estado que otras, aún así, ninguna podía evitar desprender aquel olor tan molestó, uno parecido al humo del cigarro, que dañaba al instante las fosas nasales.

El corazón de Karma latía con fuerza, pero a pesar de sentirse nervioso por estar completamente en oscuridad, su rostro demostraba una gran seguridad y confianza de si mismo que a simple vista parecían impenetrables.

—Akabane.— Fue llamado por su acompañante, este venía unos pasos atrás de él mientras intentaba hacer el menor ruido posible. Pisando con suma delicadeza y con menos fuerza que su contrarió.

—¿Qué quieres, Terasaka?— Contestó el pelirrojo sin apartar su vista de enfrenté.

Este mismo, se veía muy atento a su alrededor, tanto en el más mínimo ruido como en movimiento.

Al hacer su trabajó, era una persona bastante sería y directa, evitaba vacilar todo lo que le fuera posible, algo que le costaba hasta cierto punto, pues él era una persona bastante risueña y burlona cuando se dirigía hacía los demás.

—¿No creés que deberíamos ser más rápidos?— Terasaka se adelantó unos pasos delante de Karma y entrelazo ambas de sus manos por detrás de su cabeza. —Digo, sabes como es Irina si no acabamos algo rápido, seguro nos volverá a dejar sin comer durante lo que resta del día y el siguiente, además, ya hemos pasado del tiempo límite que ella se ha dispuesto a darnos para completar esto.

Terasaka soltó un gran suspiró de desgano mientras una de sus manos bajaba hasta su estómago y lo comenzaba a sobar en señal de hambre.

—Hablas demasiado.— Se quejó el pelirrojo al tiempo que daba vuelta en una esquina para dirigirse a otro lugar de la casa.

—¿Al menos sabes si ellos están aquí? Recuerda que Irina nunca nos dio su localización con exactitud.— Terasaka intentaba convencer a Karma para que volvieran con Irina.

Pues más regaños por parte de su mayor ya no podían conseguir. El no cumplir el plazo de dos horas que ella les había indicado, era como si les asegurará un regaño y una plática sobre el tiempo asignado, el cual de seguro duraría medió día, de igual manera, estás pláticas siempre terminaban resultando demasiado aburridas.

—Silenció.— Advirtió Karma ocultándose tras un estante de manera inmediata al escuchar aquéllos pasos y risas infantiles provenientes del cuarto al final del pasillo.

—¿Has visto algo?— Terasaka siguió a Karma hasta ocultarse a la espalda de su mayor.

—Por supuesto.— El pelirrojo asintió con una leve sonrisa en si.

—Eso es genial, deberíamos...

—Silenció.— Volvió a advertir Karma mientras se estiraba un poco para poder ver algo más.

—¿Has descubierto algo?— Preguntó Terasaka esperanzado a una nueva información.

—No.— Respondió karma. —Solo quiero que te calles, tu voz me molesta.— Terminó de manera sincera.

—Eres un maldito. Por eso pediré un cambió la próxima semana.— Susurró Terasaka por lo bajo, lo suficiente para que Karma solo escuchará balbuceos incomprensibles.

—Quédate detrás de mi, al parecer los mocosos están solos.— Karma sacó del cinturón de su pantalón, un cuchillo de doble filo. —Cuida mi espalda, no queremos que sus padres aparezcan... No si solo van a suplicar por obtener una semana más, con los niños en nuestras manos, podemos hacer que consigan el dinero aún más rápido.

Terasaka sacó un arma paralizante, y al tiempo que la encendía, asintió sin estar de acuerdo por completó con Karma.

Terasaka sabía muy bien que él no tenía ninguna posibilidad de enfrentarse a Karma, no podía decirle lo que realmente pensaba por temor a que el pelirrojo tomará medidas severas para hacerlo entender de que su palabra no es, y nunca será tomada en cuenta por él.

Suspiró y esperó las siguientes instrucciones de su acompañante.

—Sígueme.— Habló karma al tiempo que salía de su escondite y se dirigía a la habitación de dónde provenían aquéllas risas.

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—Japón, hogar de Tadaomi Karasuma, tres de la mañana.—

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—Oye... Nagisa.— Nakamura movía los hombros del peliazul con bastante lentitud para evitar asustarlo.

Este al parecer se encontraba perdido en su sueño, ya que hacía caso omiso a los llamados de su contraria.

—Nagisa.— Habló la rubia esta vez un poco más alto.

El celeste se removió un poco de forma incómoda con una leve mueca de molestia en su rostro al tiempo que tallaba uno de sus ojos para poder abrirlo y ver lo que Nakamura necesitaba.

—¿Nakamura?— Habló con su voz algo ronca. —¿Qué pasa? Son las tres de la mañana, deberías dormir.— Bostezo.

—Lo sé, pero...— Nakamura se veía temerosa. —He... Vuelto a tener las pesadillas con la jaula, no quiero estar sola.— Bajó su mirada al tiempo que entrelazaba sus manos y comenzaba a jugar con sus dos pulgares para tranquilizarse.

El celeste dio una sonrisa decaída e intento reincorporarse apartando las sábanas para después tomar las manos de Nakamura hasta cubrirlas casi por completó con las suyas.

—No estás sola, me tienes a mi y a nuestro padre Karasuma, ¿Qué eso no te hace feliz?— la rubia lo miró y asintió dándole la razón. —No digas que te sientes sola de nuevo, recuerda a Karasuma y a mi, estoy seguro que de esa manera nunca sentirás ese sentimiento de nuevo.

El celeste sonrió de manera cálida, soltó sus manos y se hizo a un lado para dejarle un espacio a Nakamura.

—Vamos, puedes dormir conmigo esta noche, claro, si no te molesta, sabes que siempre eres bienvenida.— Aún con una cálida sonrisa, apartó las sábanas para que Nakamura pudiera recostarse sin problemas.

—Muchas gracias, Nagisa.— Le devolvió una amplía sonrisa al tiempo que tomaba el lugar que Nagisa le había proporcionado.

Nakamura tranquilizó su respiración una vez que se acostó por completó y tomó una postura en la cuál se pudiera sentir cómoda.

Tanto Nagisa como la rubia, se daban la espalda sin saberlo, ambos se cubrían hasta el cuello, evitando cualquier corriente de aire frío que tuviera la intensión de pasar.

—Hey, Nakamura.— Llamó una vez más el celeste. —Crees... ¿Qué en verdad estemos listos para comenzar a practicar con cuchillos en los entrenamientos con Karasuma? Podríamos salir lastimados y... Ya sabes, no me gustaría que salieras dañada por algún error.

Inmediatamente, las mejillas de Nakamura se colorearon de un tono carmín, dando a relucir aquélla vergüenza que había sentido al escuchar las palabras de Nagisa.

—Tranquilo Nagisa, ¿Recuerdas lo que dijo nuestro padre Karasuma? Usaremos cuchillos de plástico para empezar, no tenemos algo que temer, aún si nos llegamos a lastimar, estoy segura de que él sabrá que hacer. Nuestro... Padre Karasuma en verdad es muy cuidadoso respecto a nosotros.— Nakamura había sonado algo temerosa, pues aquél sonrojó aún estaba presente en ella, y esa vergüenza que sentía en el momento, no la hacían pensar con bastante claridad, así que había dejado salir lo primero que su mente le decía.

—Tienes razón.— Nagisa soltó una leve risilla. —Aún estando conmigo no dejas de agregarle el "Padre" al "Karasuma" En verdad... Tú no aprendes, sabes que si te escucha de nuevo se enojará y te quedarás sin postre durante una semana.

Nakamura sonrió aún sin que Nagisa pudiera notarlo.

Su corazón se tranquilizó y una vez más dio un corto bostezo.

—A veces creo que Karasuma es realmente malo, nos deja sin postre por cosas sin importancia.— Habló, dando un tono de inconformidad.

—Pero tú misma te lo buscas, ¿Sabías? Sabes a la perfección que no le gusta que lo llamen así, pero tú lo sigues haciendo, sabes que tienes parte de la culpa, o más bien, tienes mucha culpa.— esta vez Nagisa sonaba serio. —Pero... ¿Sabes? De vez en cuando pienso que a veces Karasuma es un mentiroso, está tarde dijo que nos llevaría a un lugar justo después de que nos cambiáramos la ropa del entrenamiento, y aún después de que lo hicimos, no nos llevo a ningún lado... Si. Es un mentiroso.

Tratando de comprender a Nakamura, Nagisa dijo lo que creyó correcto, su tono de voz había sonado algo insegura, pero aún así, no todo lo que había dicho era una completa falsedad.

—Dime, ¿De qué trataba tu sueño?— Preguntó tratando de sonar comprensivo.

Sin recibir una respuesta más de Nakamura al pasar unos cuantos segundos, suspiró.

Al parecer, esta finalmente se había dormido, ya que Nagisa había podido percibir un ligero desaceleró en su respiración, al igual, que con algo de dificultad, logró distinguir los latidos tranquilos de su corazón.

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