Quieres son esos hombres?"Preguntó Shinichi sirviendo el vino en ambas copas antes de girarse hacia Haibara. Se acercó a a la cama para darle una de las copas y él le dio el primer sorbo a suya. "Nunca se dejan ver, pero sé que estás siempre rodeada de ellos."
Ella suspiró antes de darle el primer sorbo a la copa. No le apetecía responder a esa pregunta. "Ya te dije que lo dejaras. Son sólo cosas de tu imaginación."
Él también suspiró, odiaba que siempre que sacase un tema similar lo evitase. "Entonces, ¿Por qué siempre quieres que nos encontremos aquí?" Preguntó sentándose al filo de la cama a la vez que señalaba la habitación de hotel en la que se encontraban, que esas últimas semanas se había vuelto demasiado familiar.
Ella dejó la copa sobre la mesita de noche y se acercó a los pies de la cama aguantando la sábana que cubría su pecho. "Oye, cálmate." Dijo con un tono suave a la vez que abrazaba su torso por la espalda y apoyaba la cabeza en su hombro. "La primera vez que vinimos ya lo hablamos, ¿recuerdas?"
Kudo resopló antes de darle el segundo sorbo a su copa y apoyar su mano libre sobre la mano que le acariciaba los abdominales. "Sí, lo sé. Nada de indagar sobre nuestras vidas." Repitió maldiciendo el momento en que había aceptado aquello. "Sin embargo, tú lo sabes prácticamente todo sobre mí y yo solo sé poco más que tu nombre." Dijo acabando el contenido de la copa en un sorbo antes de girarse y agarrar sus manos mientras la inclinaba hacia atrás.
"Yo no tengo la culpa de que seas un personaje público." Rió levemente recordando los artículos que siempre aparecían informando cualquier movimiento de los Kudo, eran como la familia perfecta y al pueblo le encantaba escuchar y leer sobre ellos constantemente.
Shinichi se acercó a su cuello para besarla. Le gustaba la atracción que tenían, y para su suerte, había cumplido con su promesa de encontrarlo. Al principio, empezaron a verse los jueves, después los lunes y los jueves, y ahora casi todos los días de la semana se habían convertido en jueves.
Ella notó su cálido aliento sobre su cuerpo y cerró los ojos. Había dedicado toda su vida a su laboratorio y a esas oscuras sombras que siempre la rodeaban. Encontrar a Kudo, había sido como añadir un soplo de aire fresco a su vida, le había dado la oportunidad de pulsar el botón de pause y dejar a un lado todos los problemas al menos por unas horas. "¿Qué te pasa hoy?¿No me vas a dar un respiro?" Sonrió notando como sus manos volvían a acariciar su cuerpo pocos minutos después de asaltarlo.
Shinichi la besó en los labios con un poco más de agresividad, agarrando la sábana que la cubría para arrastrarla a un lado y borrar ese obstáculo que quedaba entre su cuerpo y el suyo. Volver a escucharla gemir solo consiguió que sus manos acercasen su cuerpo con más fuerza. Su sonrisa se ensanchó satisfecho de haber empezado a memorizar todas sus zonas sensibles.
La observó encenderse un cigarro cuando acabaron, recostada en el cabezal con la mirada clavada a la oscura noche que se apreciaba a través del ventanal. Sus mejillas seguían algo sonrojadas y su pelo un poco despeinado, pero todavía pensaba que era muy atractiva.
Odiaba el tabaco, pero esta vez acercó su mano para robarle el cigarrillo y darle una pequeña calada que acabó con un leve ataque de tos. "No entiendo como te pude gustar esto." Dijo devolviéndole el cigarro con cara de disgusto. "Esto sólo sirve para matarte lentamente."
Ella sonrió quitando la ceniza en el cenicero antes de darle un largo tiro. "Hay tantas cosas que nos matan lentamente…a mí me gusta poder escoger a cual le doy permiso para hacerlo."
Shinichi rodó los ojos y se dirigió a la pequeña neverita para sacar un refresco y quitarse ese sabor de la boca. Se acercó de nuevo a la cama y suspiró lentamente antes de darle otro sorbo.
"¿Vas a decírmelo de una vez?" Preguntó ella robando la lata de sus manos para darle un pequeño sorbo. "He perdido la cuenta de las veces que has suspirado esta noche, ¿se puede saber que pasa?" Preguntó devolviéndole la lata a la vez que alzaba una ceja.
"¿Es que acaso tu también eres detective?" Preguntó sonriendo. No sabía mucho sobre ella, pero si que se había percatado en que era muy observadora. "¿Por eso no quieres hablar sobre ti?"
"¿Vas a decírmelo?" Insistió..
Kudo no pudo evitar volver a suspirar y ella rodó los ojos. "Supongo que mañana será un día complicado…mi exnovia va a casarse, y bueno, no es muy cómodo tener que asistir a la boda. Sé que no estoy obligado a ir, pero…"
"¿Todavía tienes sentimientos por ella?" Preguntó haciendo que él se sorprendiera y apartase la mirada un poco avergonzado.
Ambos compartían la sábana para tapar sus cuerpos desnudos mientras hablaban de su exnovia, no creía que fuese una conversación acertada.
"No tienes que mentirme, no voy a ponerme celosa. Soy adulta y no soy de encariñarme, se que nuestra relación sólo vive dentro de estas cuatro paredes." Dijo ella para darle a entender que entendía perfectamente la situación.
"En realidad, no lo sé." Contestó mordiéndose el labio. "Nos hemos conocido toda la vida y estuvimos varios años juntos…pero también soy consiente de todo lo que nos separaba." Explicó intentando descifrar que sentía en ese momento.
"El aprecio que tienes por ella no tiene porque desaparecer, puedes encontrar a una buena mujer en cualquier momento, enamorarte, y seguir admirando a esa persona. Y no es malo. Eres detective, pero recuerda que eres humano y tienes emociones." Dijo sin saber como una persona con su estilo de vida podía dar un consejo así. Ella no conocía ese amor, había leído mucho sobre él, pero nunca podría permitirse vivirlo.
Shinichi asintió lentamente analizando sus palabras mentalmente. "¿Y tú?" Acabó preguntando.
"¿Yo qué?"
"¿Te has enamorado alguna vez?" Preguntó curioso.
Haibara se sorprendió con su pregunta. Su rostro se puso algo serio recordando sus malas experiencias amorosas y le dio un largo calo al cigarro antes de aplastar la colilla en el cenicero. "No."
"Estoy seguro que no es por falta de pretendientes." Comentó rodeando su hombro para apoyar su cabeza sobre su pecho.
Ella se acomodó y suspiró. "El trabajo ocupa la mayor parte de mi tiempo."
Él asintió mientras acariciaba su espalda lentamente. Lo entendía perfectamente, él mismo se desvivía por su trabajo. Se sentía más comprendido porque ella también le había ayudado a despejar cosas de su mente y había instalado momentos de tranquilidad que hacía tiempo que extrañaba. No había tenido la necesidad de ver a nadie más, y una parte de él, aunque no quisiera admitirlo, esperaba que ella pensase lo mismo.
Se quedaron dormidos sin darse cuenta y Shinichi volvió a abrir los ojos al notar que el otro lado de la cama volvía a quedarse vacío pese a que todavía estaba caliente. Gruñó parpadeando lentamente y girándose para buscarla por la habitación. "¿Tienes que irte siempre tan pronto? Apenas acaba de amanecer y es sábado." Comentó con la voz somnolienta, acomodándose en la almohada mientras la observaba vestirse.
"Tenemos que volver a nuestras vidas." Dijo buscando sus pantalones después de abrocharse el sujetador. "Además, he quedado." Explicó sonriendo.
Shinichi sintió cierta molestia al ver esa sonrisa, ¿Había quedado con otro hombre? Ellos sólo quedaban para acostarse así que no podía protestar en nada de lo que hiciese el resto de su día, sin embargo estaba acostumbrado a ser especial para todas las mujeres que conocía, y con ella era muy difícil. No era que le hiciese sentirse como una mierda, sin embargo parecía ser un satélite libre, sabía cautivar y dejaba siempre una fina barrera entre ambos.
"Te has puesto muy guapa."Comentó al ver lo bien que le sentaba la camisa oscura de hombros caídos que había escogido. "¿Te vas de cita?"
Ella apartó la mirada del espejo para girarse y mirarle con una sonrisa pícara en la cara. "Parece ser que nuestro detective es un poco celoso."
Él gruñó, pero no dijo nada. Sí, estaba celoso.
"He quedado con mi hermana." Especificó ella mientras se volvía a girar hacia el espejo para ponerse los pendientes.
Shinichi la miró sorprendido, era la primera vez que le explicaba algo tan íntimo. "No sabía que tenías una hermana."
"Estamos muy unidas, pero no nos vemos mucho."
"Entonces…¿te ves también con algún otro chico?" Aprovechó para preguntar y quitarse de una vez esa incógnita.
"¿Te importaría si lo hiciese?" Preguntó mirándole a través del espejo.
"Bueno…si es así, solo espero acabar robándole todas las noches que pretenda pasar contigo." Dijo intentando no ponerse más celoso.
"Idiota." Sonrió ella. "No tengo tiempo ni para encontrar pareja, creo que me costaría encontrar tiempo para hacerlo." Explicó pintándose los labios y peinándose el pelo. "Nuestra vida es nuestro trabajo, ¿recuerdas?" Preguntó girándose para mirarle una vez había acabado. "¿Cómo me veo?"
Shinichi se sintió aliviado. Eran personas muy distintas pero parecidas al mismo tiempo. "Te ves genial." Sonrió aguantándose las ganas de volver a arrastrarla a la cama junto a él. "¿Nos veremos esta noche?"preguntó bostezando antes de salir de la cama.
"Llevamos ya dos días seguidos viéndonos, ¿no crees que es demasiado?" Preguntó con una media sonrisa. "A demás, ¿no tienes la boda esta tarde?"
"Acompáñame." Le pidió acercándose a ella para rodear su cintura con sus brazos. "Sé mi acompañante."
"No, Kudo." Negó apoyando una mano en su pecho para crear distancia. "No creo que sea lo correcto."
"¿Por qué?¿No estás a gusto conmigo?"
"No es eso."
"Pasamos las noches juntos, pero ¿no crees que también sería divertido pasar un día juntos?" Propuso.
"Es demasiado." Digo negando todavía con la cabeza.
"No tenemos que ir siendo pareja, solo eres mi acompañante. No te estoy pidiendo que seas mi novia, pero creo que me gustas, Haibara."
Ella se quedó atónita por un par de segundos y luego bajó la mirada algo triste. "Creo que hemos ido demasiado rápido, nosotros no…"
"Podemos pasar la tarde y volver aquí en cualquier momento que quieras. Te enviaré la dirección." Dijo cogiendo su barbilla para que le mirase. "Piénsatelo."
Ella apartó la mirada y cogió sus cosas rápidamente antes de marcharse.
Kudo se dejó caer sobre la cama suspirando y buscó su teléfono para enviarle la dirección antes de levantarse y dirigirse a la ducha. No sabía si sus palabras habían sido suficientes para convencerla, pero realmente esperaba que apareciese. Le gustaba encontrarse con ella en las noches, pero le gustaría ver algo más que el amanecer con ella.
Se pasó el día repasando casos que tenía a medias en el trabajo para distraer su mente y recogió la habitación antes de cambiarse y bajar a la recepción para alargar la reserva otra noche más.
Revisó su teléfono cuando llegó al evento y se mordió el labio al ver que ella seguía sin decir nada.
Akai fue el primer conocido que reconoció. Se pasó la primera hora sin despegarse de su lado, evitando ciertos familiares de la familia Mouri para no crear ninguna escena incómoda. No sabía si era lo correcto haber aceptado la invitación, pero esperaba cerrar ese libro definitivamente cuando acabase ese día.
Escuchar el sí quiero fue mucho más liberador de lo que nunca hubiese imaginado. Pensaba que se hundiría en el dolor, y sí, le había dolido, pero a la vez había sido otra manera de despedirse para siempre. La dejaba volar tranquila y él esperaba emprender el vuelo pronto.
Sus miradas se encontraron un par de veces después de llegar al comedor, habían muchos invitados entre ellos, pero él le había sonreído intentando transmitirle que todo estaba bien, que esa desesperación de no tenerla había desaparecido.
Ambos intentaron acercarse al otro para darse las felicidades y compartir una pequeña conversación, pero los invitados que se cruzaban entre ellos no dejaron que ese encuentro se acabara realizando, y al final, Kudo no encontró que ese día fuese el más oportuno para ello.
Había cumplido con su presencia y el libro que compartían ya quedaba abandonado en la biblioteca hasta que el polvo lo hiciese desaparecer. Ahora solo esperaba que la fiesta acabase y que la pelirroja no se hubiese asustado con la pequeña declaración de esa mañana.
"¿Esperas un mensaje importante?" Preguntó Akai observando su teléfono. "Miras la pantalla cada cinco minutos."
"No es nada."
"¿Seguro?" Preguntó poco satisfecho. "¿Es por el trabajo?"
"No…"Negó a la vez que una sonrisa aparecía en su rostro. "…es por una mujer."
"Oh, que sorpresa." Lo miró sorprendido. "¿Vas enserio?"
"Nos estamos conociendo." Especificó. "La invité a venir hoy conmigo, pero no creo que aparezca." Comentó observando la hora que se había hecho.
"¿La invitaste a acompañarte a la boda de tu exnovia?¿que clase de cita es esa?"Sonrió Shuichi a la vez que rodaba los ojos.
Shinichi se sonrojó y se rascó la nuca nervioso. "Ya le había hablado de Ran, además, Haibara es suficiente segura de sí misma como para sentirse incómoda en una situación como esta. No es el tipo de mujer que imaginas."
"Vaya, entonces te gusta bastante."
"Un poco." Contestó sin poder negarlo, cogiendo el teléfono nervioso cuando notó que vibraba. Era un mensaje.
El mensaje era breve, pero fue suficiente para hacer que sus pies empezasen a caminar. "Ahora vengo." Se despidió rápido antes de salir de la masía.
Se dirigió al aparcamiento y la buscó con la mirada hasta encontrarla apoyada en su coche mientras acababa un cigarro.
"Has venido." Sonrió acercándose a ella para apoyar una mano en su cuello.
Ella se sonrojó al ver lo bien que le sentaba el traje que había escogido y se mordió el labio para no pensar en lo que no debía. "No voy vestida para presentarme a ninguna ceremonia, pero te vi muy ilusionado esta mañana y me sabía mal romperte el corazón."
Shinichi rió. "Que detalle." No sabía si podía acercarse a ella ahora que no se encontraban en esa habitación, pero al final la besó como por impulso. "La ceremonia no está mal, pero podemos ir a donde quieras."
No le importaba entrar de nuevo con ella aunque no llevase un vestido de gala, simplemente sentía que ahí ya lo había hecho todo, su objetivo estaba cumplido y no necesitaba quedarse ahí toda la noche para demostrar nada más.
"Entonces, ¿vas a invitarme a cenar?"
Él asintió a la vez que se acercaba al coche para abrirle la puerta. "¿Vas a dejarme que diga que esto es una cita?" Preguntó con el mismo tono que ella.
Ella rodó los ojos y caminó hacia la puerta para subir al asiento copiloto.
Parecía que era el inicio de una bonita historia, pero todo se torció a partir de esa noche, porque no hay mentira que pueda durar una eternidad.
Shinichi salió de su casa sin importarle dejar a Shuichi atrás, estaba enfadado, muy enfadado. Arrancó el coche escuchando como Akai golpeaba su ventana intentando impedírselo pero él estaba cegado y en ese momento sólo tenía un destino en mente.
No sabía como iba a reaccionar ni que iba a decirle, pero necesitaba verla.
¿Era todo una mentira?¿Habían coincidido por casualidad o se había acercado a él solo para sacar algo?
Pisó el acelerador a la vez que apretaba las uñas en el volante. Se sentía traicionado.
Visualizó el coche d esa compañero a unos metros detrás suyo pero siguió acelerando para llegar con ventaja. No iba a dejar que nadie le frenase en ese momento porque quería una explicación, necesitaba una explicación.
Aparcó una vez llegó a la ubicación y visualizó el conjunto de pisos lujosos antes de entrar a ellos. Nada más poner un pie en el interior pudo notar la cantidad de dinero que se había gastado para hacer ese edificio. ¿Haibara vivía aquí?
Su ceño se frunció, todavía no asimilaba que ese no era ni su nombre real.
Apretó los puños a la vez que se dirigía al ascensor evitando al portero de seguridad. A medida que se acercaba a la planta se ponía más nervioso. No sabía ni si se encontraba en casa, pero tenía la necesidad de enfrentarla.
Buscó su puerta y la aporreó sin miedo mientras llamaba su nombre. "¡Haibara!…¡Miyano!¡Abre la puerta!"
La cara que puso cuando le abrió la puerta fue de completo asombro. "¿Qué haces aquí?" Preguntó con los ojos bien abiertos, mirando rápidamente a un lado y a otro del pasillo antes de arrastrarlo al interior. "¿Cómo has encontrado esta dirección?"
"¿Cuánto tiempo más pretendías mentirme?" Preguntó molesto. "¿Querías engatusarme para conseguir algo? Eres una actriz de puta madre." Dijo enfrentándola a una distancia muy cercana.
Ella frunció el ceño y cruzó los brazos al sentirse amenazada. "No he fingido nada, detective de mierda. Si te he mantenido al margen de toda mi mierda solo ha sido para protegerte."
"¿Protegerme? Venga ya, dime algo que no suene como excusa."
"¿Has descubierto quien son ellos?"
"Lo sé todo." Dijo firmemente. "Sé que tu verdadero nombre es Shiho Miyano, sé que eres científica, que trabajas para una organización muy retorcida y que no me has dicho la verdad por más que te he preguntado." Dijo sin poder calmarse. "Dime porqué aceptaste seguir viéndome."
Ella lo empujó molesta por su ataque. No le gustaba su tono."Te seguí viendo porque era el único puto momento del día en el que me sentía bien, y si no fui sincera al final, fue para que no me juzgaras como haces ahora."
Shinichi cerró la boca, pero todavía se sentía molesto. "¿Pensabas que no querría ayudarte?"
"No es eso. Es que no puedes hacerlo aunque quieras, esto es mucho más grande de lo que imaginas ¿no lo entiendes?"
"¿Y no me podías dar una oportunidad para intentarlo?" Preguntó sintiéndose impotente por la situación.
"¿Para que acabases muerto?" Preguntó dándose cuenta que llevaban hablando más tiempo del que debían. "Tienes que irte, no pueden verte aquí."
"No, tenemos que hablar." Insistió clavando los pies en el suelo.
"Tienes que irte ya." Insistió casi suplicando.
"Vente conmigo." Dijo agarrando su mano.
"¿Qué?"
"Vente conmigo." Repitió con un tono más firme. "Si de verdad confías en mí, deja que te saque de aquí."
Ella se mordió el labio. "No puedo."
La puerta de la entrada se abrió de golpe interrumpiendo su conversación.
"¡Shiho!¡Tenemos que irnos!"
"¿Akemi?" Preguntó completamente perpleja, ¿Qué hacía ahí su hermana?
"Gin ya está aquí, hay que salir." Se asomó Akai.
"¿Rye?"
"¿Akai?" Preguntaron ambos a la vez.
"¿Qué hacéis aquí?¿Qué está pasando?" Preguntó Shiho sin dejar de sorprenderse.
"Ya habrá tiempo de explicaciones, ¡vámonos!" Insistió Akemi cada vez más preocupada.
Shinichi la arrastró para salir de la habitación antes de que sus pies reaccionaran.
Los disparos se escuchaban a sus espaldas. Ya no podían bajar por el ascensor.
"Vamos por las escaleras." Comentó Akai pateando la puerta de salida de emergencia antes de girarse y contestar a la ráfaga de balas con su pistola.
"Yo te cubro." Comentó Shinichi sacando su arma y poniéndose al lado de su compañero. "Bajad vosotras primero."
"No." Negó la pelirroja frunciendo el ceño, pero Akemi le cogió de la muñeca y la arrastro escaleras abajo.
Shiho no entendía nada. ¿Kudo conocía al novio de su hermana? Y lo más sorprendente, ¿su hermana estaba metida en eso para poder huir de ahí?
"¿A dónde se supone que vamos, Akemi?" Preguntó Shiho viendo las cosas mucho más complicadas que ellos.
"Nos vamos lejos de ellos." Contestó apretando los dientes. "Lejos de Gin."
Llegaron sin aliento a la última planta y se apoyaron en la pared para recuperar el aire antes de seguir, escucharon el pitido del ascensor antes de que la puerta se abriese y su sangre se heló cuando reconoció el andar que se acercaba a ellas.
"Os noto muy nerviosas, ¿Qué vais a algún lado?" Preguntó Gin con su beretta en mano.
Shiho sintió un escalofrío recorrerle encierro, tenía salpicaduras de sangre en la cara y en su traje, y su fría sonrisa se ensanchó cuando se encontró con sus ojos.
"Se acabó, Gin. Nos vamos." Dijo Akemi mirándole con enfado.
Gin le disparó en una pierna sin girarse a mirarla y la hermana mayor cayó de rodillas ante el dolor que aparecía.
"¡Gin basta!"
"¿Qué te pasa, cariño? ¡¿Me traes al FBI a este edificio y esperas salir inmune?!" Preguntó con enfado a la vez que volvía a disparar a Akemi, pero esta vez en un brazo.
¿El FBI?
"¡Gin, para!" Suplicó esperando que el siguiente disparo no fuese fatal. Escuchaba a su hermana gemir de dolor y eso solo hacía que la adrenalina se disparase.
Gin se acercó a ella con la mirada más fría que poseía. "Te he perdonado muchos errores, Sherry. Pero has cruzado la línea que jamás debías cruzar." Explicó mirando por un instante a Akemi. "Y la muerte es la respuesta." Dijo antes de girar su beretta hacia Akemi, pero ella le forcejeó como pudo para desestabilizar su trayectoria. "¡Perra estúpida!" Chilló dandole una patada al ver que le había hecho fallar el tiro.
Ella gruñó al chocar contra el suelo y notó como sus pulmones se habían cerrado con el golpe, pero no se rindió y volvió a levantarse para volver a intentar robarle la pistola. Gin era mucho más fuerte que ella, pero ella era ágil. Los dos intentaron hacerse con el poder de la beretta, pero el forcejeo no acabó hasta que resonaron dos disparos.
Gin le dio un empujón para apartarla de encima suyo y Akemi se quedó sin aliento cuando vio la sangre roja empezar a teñir la ropa de la pelirroja.
"¡Shiho!"
Gin suspiró y se levantó limpiando la sangre de la pelirroja que había manchado su preciada beretta. "Los Miyano siempre habéis traído problemas, fue un error no mataros a todos juntos cuando tuvimos la oportunidad, pero tranquilas que hoy mismo os voy a mandar junto a vuestros padres." Dijo sonriendo a la vez que apuntaba a Shiho.
¡Bang! ¡Bang!
Y luego, silencio.
Shinichi entró al ascensor más nervioso que las últimas veces que había venido. Había hecho ese mismo recorrido durante tres semanas seguidas, ya lo conocía hasta para ir con los ojos cerrados. Saludó a una enfermera al llegar a su planta y cruzó el pasillo con el paso decidido.
La llamada de Akai le había preocupado.
Akemi y Shiho habían salido malheridas del encuentro que habían tenido con esa organización. Fue una sorpresa que el hombre llamado Gin les engañase y les hiciese una emboscada antes de que pusiesen salir del edificio, pero su compañero había conseguido abatirlo antes de que pudiese hacer un daño fatal sobre ellas. Sin embargo, Shiho estaba en peor estado que su hermana. Una de las balas pudo retirarse sin problema y sin dañar ninguno de los órganos, pero la otra parecía haber afectado en sus pulmones. La recuperación parecía lenta y no la había visto despertarse ninguna de las tardes que la había acompañado.
Y él no quería abandonarla ahí, pero sus casos también lo necesitaban, y al final tuvo que partir su tiempo para no acabar perdiendo el trabajo.
Pero luego estaba esa maldita llamada que Akai le había hecho.
¿Cómo iba a a quedarse tranquilo si sólo le decía eso? Esa misma noche había cogido un avión para presentarse en Tokio a primera hora de la mañana.
Frenó cuando llegó a la habitación y entró sin tocar a la puerta.
Sus ojos se abrieron al ver la cama vacía y las peores de las situaciones pasaron por su cabeza mientras sus puños se apretaban con fuerza. ¿Le había pasado algo grave?
"Kudo."
Sus puños se relajaron cuando escuchó su voz y giró la cabeza para mirarle. "Miyano, estás despierta." Dijo aliviado. "Tenía ganas de verte." Su rostro se veía pálido y Akai la tenía que arrastrar en silla de ruedas por culpa de las heridas, pero seguía viéndola espectacular.
Ella sonrió y Akai la dejó dentro de la habitación antes de excusarse para dejarles algo de intimidad.
"¿Cómo te encuentras?"
"Como si me hubiesen disparado." Protestó intentando bromear.
"Me alegra verte." Sonrió arrastrando su silla para ayudarla a volver a la cama. "Deberías hacer reposo si acabas de despertar, no moverte de arriba para abajo con la silla."
"Sólo quería ver a Akemi." Se defendió.
"Está bien, pero ten cuidado. La herida todavía puede abrirse." Dijo con un tono suave, tapándola con la manta una vez se estiró.
Ella asintió apartando la mirada con cierta vergüenza. "¿Por qué has venido?"
"¿Cómo que por qué?" Preguntó alzando una ceja. "Ya te lo he dicho, me apetecía verte."
Ella apartó la mirada. "No tienes que fingir amabilidad conmigo, entiendo perfectamente que ya no quieras saber nada de mí, después de la falsa identidad que creé al conocerte…yo tampoco querría saber nada." Explicó intentando tapar su rostro con su flequillo. "Pero también tienes que saber que siempre he sido yo delante de ti, la atracción no fue fingida." Le daba vergüenza decírselo.
"Lo sé" Contestó sonriéndole a la vez que enredaba los dedos en una de sus manos. " Sé que puedo llegar a ser irresistible."
Ella rió frente a su respuesta y se agarró las costillas poco después con una mueca. "No me hagas reír, que duele."
"Lo siento." Se disculpó empezando a buscar algo entre sus bolsillos. "Casi se me olvida, te he traído algo."
Shiho alzó una ceja mientras Shinichi seguía palpando su americana.
"Espero que te den el alta pronto." Dijo entregándole un sobre con una amplia sonrisa.
Ella frunció el ceño confundía pero aun así abrió el sobre. Sus ojos se abrieron sorprendidos al descubrir el interior. "Pero…¿Cómo lo sabías?"
"Un pajarito me dijo que eras una gran admiradora de los BigOsaka, así que pensé que te gustaría que fuésemos a ver el partido de final de temporada."
Shiho miró las entradas y luego volvió a alzar la mirada para mirarle. "¿Quieres que sea tu acompañante? ¿Todavía quieres tener una cita conmigo pese a todo?"
"No es que quiera tener una cita contigo, quiero tener todas las que me permitas. Y si me dejas, poder también cogerte de la mano, o no sé…" Suspiró nervioso. "…Poder llamarte cariño."
"Deja de sonar tan cursi y ven aquí." Contestó ella sonrojada, agarrando el cuello de su camisa para acercarlo a ella como pudo y besarle.
Ese beso fue un pacto, una reconciliación y el inicio de una historia sin más mentiras, ni falsas identidades, ni amores en cuatro paredes que nunca iban a ver la luz.
