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Capítulo 3

"Aquél Pelirrojo"

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—Japón, colegio Kunugigaoka, once con diez de la mañana.—

—¿Han escuchado las noticias últimamente?— Sugino golpeó y recargó ambas de sus manos en el lugar de Nagisa.

—No.— Nakamura suspiró. —Nuestro padre Karasuma no nos deja ver ese tipo de cosas, dice que aún no estamos preparados.— Contestó siendo sincera.

—Cierto.— El celeste río nervioso. Este se encontraba sentado, Sugino se encontraba frente a él y Nakamura a su lado, de pié.

—Si que tienen un padre estricto.— Sugino río con algo de burla. —Me parece que es algo tonto el no dejarlos ver o al menos saber que pasa en algunas partes del país porque según él, no están "Preparados."

Nakamura asintió dándole la razón a su contrarió, se cruzó de brazos y miró a Nagisa.

—Sí, Karasuma es muy estricto, pero seguro tiene sus razones.— El celeste trató de defender a su tan preciado padre.

Nagisa era una persona que confiaba bastante en los demás y que decidía darle una justificación a las acciones para no darle tantas vueltas al asunto.

Aunque usualmente, esto siempre le traía distintos problemas...

Nakamura río al escuchar las palabras de Nagisa y finalmente prosiguió a tomar una silla vacía de los lugares que se encontraban a su alrededor.

—Sea como sea, ya no importa.— La rubia dirigió su mirada hacía sugino. —dinos, ¿Qué has sabido últimamente?— Se notaba con un semblante bastante curioso.

—Bueno... No mucho por lo que veo.— Sinceró. —Pero he leído sobre algunos casos de asesinatos que se han dado no muy lejos de aquí.— Sugino terminó con una leve sonrisa.

—Últimamente los asesinatos y la delincuencia han aumentado bastante, ¿Cierto?— Preguntó Nagisa con una sonrisa nerviosa.

—Sí, hay asesinatos a menores, robos a lugares privados, incluso violaciones, tampoco podrían faltar los secuestros...— Sugino parecía ser rodeado de un aura un tanto misteriosa. —...Pero los casos que más se han dado, son de personas mayores de edad, por lo que sé, estás, casi siempre sobrepasan los treinta, y todos ellos, parecían haberse metido con las personas equivocadas.

—¿A qué te refieres con "Personas equivocadas"?— Preguntó el celeste.

—Bien... Como decidirlo...— Sugino rasco su nuca mientras pensaba en las palabras correctas. —¿Delincuestes? No... Bueno, digamos que se han metido con la mafia, y al no pagar la cantidad de dinero que estás mismas personas habían pedido, ya sea por una u otra razón desesperada, han... Tenido que pagar y sufrir un resultado no muy agradable.

Sus ojos se enfocaron en sus dos contrarios, estos al parecer, ponían toda su atención posible a las palabras de Sugino.

Y al mirar a Nakamura, Nagisa notó que está al perecer se encontraba bastante interesada en el tema.

—¿Has visto o encontrado algún caso importante?— La rubia recargó sus codos en la mesa de Nagisa mientras, de igual manera, recargaba su cabeza en ambas de sus manos para obtener una posición más cómoda.

—Hay uno que salió recientemente.— Habló Sugino sin demostrar su interés. —Aunque no creó que a ustedes les interesé, han dicho que...

—¡Solo dilo!— Interrumpieron sus contrarios al unísono.

Sugino, un tanto sorprendido por la reacción de ambos, decidió asentir mientras daba un cortó suspiró de desinterés.

Él no quería tocar un tema de algo tan delicado como un secuestro, pero él mismo se lo había buscado, mencionó aquello aún sabiendo lo curiosos que pueden llegar a ser Nagisa y Nakamura.

Y por la experiencia de Sugino a lado de ambos, sabía muy bien que juntos, podían ser unos grandes chantajistas que siempre obtenían lo que querían.

Así que Sugino decidía no replicar nada más, y simplemente hacía caso a las peticiones de ambos.

—Hace unos días, más o menos tres o dos, se dio a conocer una noticia que hablaba sobre el secuestro de dos menores de edad, tal parece que sus padres no se encontraban en el momento del acto para protegerlos. Se desconoce la causa casi en su totalidad, pero por lo visto, ellos también se metieron en un lío con las personas equivocadas, y bueno... Al no tener el dinero en el plazo que les habían indicado, sus hijos fueron lo que lamentablemente tuvieron que pagar, y muy caro por lo visto, a pesar de no tener algo que ver... Esos pobres niños fueron metidos en líos que ni siquiera ellos entendían del todo...— Sugino bajo su mirada en pena. —Se dice que la familia había huido de su hogar para mantenerse a salvo, se ocultaron en una vieja casa abandonada en otro distrito, pero ni siquiera eso sirvió, de alguna forma aquellas personas metidas en los bajos negocios, lograron dar con ellos. Eso solo demuestra lo peligrosos que pueden llegar a ser...

Nakamura río de manera leve cuándo Sugino terminó con explicar todo lo que sabía.

Ella no era una persona que se tomará las cosas tan en serio, usualmente su carácter era juguetón, por lo que le costaba bastante mantenerse en un semblante inexpresivo.

La rubia cubrió su boca para callar su risa y trató de mantenerse sería.

—Vaya Sugino, si esas personas supieran todo lo que sabes, estoy segura de que ya hubieran acabado contigo.— Comentó en tono de burla.

—¡No! No... Créeme que apreció mi vida, así que... No le platiquen nada de esto a nadie, por favor.— Sonrió.

Tanto Nagisa como Nakamura asintieron al mismo tiempo con una leve sonrisa.

—Por cierto Sugino, veo que sabes muchas cosas en verdad, ¿Por qué?— Nagisa se mantenía con un semblante interrogativo.

Sugino río con cierto tono nervioso al escuchar su pregunta.

Recorrió el aula con su vista, notando de manera inmediata, como todos los demás comenzaban a tomar asiento en sus respectivos lugares.

Tal parecía que el descanso estaba por acabar.

—Bueno, ustedes saben que mi padre trabaja como policía, así que... Es normal que sepa más cosas de las que debería.— Contestó de manera nerviosa.

Aquél timbre que daba el avisó del terminó de cada hora, se hizo escuchar unos segundos después, obligando a todos, a volver a sus asientos mientras otros terminaban su almuerzo de manera rápida para evitar un regaño de los profesores.

Sugino volvió a su respectivo lugar sin decir algo más, de igual manera, Nakamura había devuelto la silla al lugar de dónde la había tomado y tomó camino dispuesta a dirigirse a su asiento.

Nagisa estaba bastante apartado de Nakamura, así que le era imposible entablar una conversación con ella durante las horas de clase, Sugino estaba a dos bancas de dónde se encontraba él, aún así, igualmente le era imposible tratar de hablar con él para evitar aburrirse en aquellas tediosas clases, pues a pesar de todo, el espació entre ellos era realmente grande.

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—Japón, centró Fukuwa, una con cincuenta de la tarde.—

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—Nagisa, espérame, por favor.— Nakamura corrió hasta quedar a un lado del celeste.

En sus manos, aquella rubia llevaba una bolsa de plástico con algunas cosas que Karasuma les había pedido a ambos.

—Si, lo siento.— El celeste se detuvo. —Dame eso, debe ser pesado, te ayudaré.

Nagisa tomó la bolsa de las manos de Nakamura y siguieron su caminó con más tranquilidad.

Al estar en un lugar dónde el bullicio era mayor a como acostumbraban, no podían tomarse el lujo de detenerse por mucho tiempo para arreglar una u otra cosa, debían seguir caminando, cada vez con más rapidez para evitar ser aplastados por todas las personas a su alrededor.

—¿Ya hemos comprado todo lo que nuestro padre Karasuma dijo?— Preguntó la rubia al tiempo que de su bolsa, sacaba una hoja de papel dónde venía todo lo que Karasuma les había pedido.

—Si...— El celeste miró la lista y luego revisó que todo estuviera en la bolsa. —Ya esta todo, lo único que nos faltaría sería alcohol, pero eso ya podremos comprarlo después, por ahora ya quiero irme, comienzo a estresarme por estar con tantas personas.

El celeste río nervioso mientras aceleraba el paso, seguido de Nakamura, ambos estaban dispuestos a salir de aquel lugar tan molestó para ellos.

Mientras que de vez en cuándo recibían un leve empujón por parte de una persona mayor que intentaba pasar, otras veces simplemente eran pasados de largo por adultos que tenían más prisa que ellos.

Al tener el miedo de perderse, Nagisa decidió tomar de la mano de su contraria con algo de timidez, tomando como excusa aquella simple razón.

De manera casi inmediata, un leve carmesí inundo las mejillas de ambos.

—Nakamura... ¿Qué piensas sobre lo que nos contó Sugino?— Nagisa intentó ablandar el aire pesado que se había formado unos segundos después de entrelazar su mano con la de Nakamura.

—Bueno, no sabría decirte exactamente, lo que si sé, es que me parece bastante interesante, esperó que mañana nos siga contando aún más cosas.— Contestó de manera rápida y nerviosa.

Nakamura aplicó más fuerza a su agarre sin notarlo inmediatamente.

Haciendo que Nagisa diera un leve brincó a penas notable.

—Ya... Ya entiendo.— Volteó a ver a su contraria. —¿Sabes? Yo pienso que Sugino sabe más de lo que debería, digo, sé que su padre es...

El celeste detuvo su caminar de manera instantánea cuando sintió un leve obstáculo frente a él.

—¡Lo siento!— Dirigió su vista hacía en frente de manera inmediata mientras hacía una leve reverencia como disculpa. —Yo... No vi por dónde caminaba. En verdad, ¡Lo siento!

Con temor de recibir un regaño, se disculpo una segunda vez.

—No, no hay problema, así que no te disculpes.— El celeste alzó su mirada algo sorprendida al escuchar la leve voz tranquila a penas audible, pero cálida a la vez.

—¿De verdad?— Sonrió con algo de plenitud al escuchar aquellas palabras.

Observó a aquel chico de cabellos rojizos, parecía de su edad, tal vez un año mayor que él, Nagisa sonrió.

—Por supuesto, fue un accidente, ¿No?— Aquel pelirrojo sonrió una vez más dándole a entender que no debía preocuparse.

—Muchas gracias, en serio.— Nagisa volvió a tomar de la mano de Nakamura y siguió su caminó algo apenado.

La rubia sonrió algo sorprendida para luego acercarse al oído de su contrarió.

—Oye, Nagisa, ¿Ese chico no te parece guapo? Se ve muy formal.— Habló una vez que se alejaron.

—Soy hombre, ¿Lo olvidas?

Nakamura río con algo de burla.

—Oh, vamos Nagisa, no me digas que no te pareció guapo.— Picó su mejilla con su dedo índice llamando su atención. —Yo sé que sí.— Terminó de decir con una sonrisa pícara.

—Sinceramente... No.— Contestó.

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