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Capítulo 4

"Extenuantes Recuerdos"

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Tanto el celeste como la rubia, estaban totalmente agotados; Pues habían pasado por otro día de riguroso entrenamiento con su padre adoptivo.

Ambos se encontraban en un punto donde casi podrían desfallecer; Nakamura se sujetaba de Nagisa mientras este tenía uno de sus brazos rodeándola por la cintura. Con esfuerzos se mantenían de pié, y ambos estaban notablemente encorvados hacía delante a penas soportando su propio peso y la del contrario. Intentaban regular sus respiraciones.

Sin embargo, Karasuma no se veía afectado. A pesar de recibir algunos golpes certeros por parte de sus contrarios, no se notaba cansado en lo absoluto. Parecía que a penas estaba comenzando.

—Tomen.— Al ver el estado en el que se encontraban Nakamura y Nagisa, les paso a ambos una botella de agua a temperatura ambiente.

—¿Qué no sería mejor una bebida energética o algo así?— Nakamura abrío la botella e inmediatamente bebió un gran tragó para aliviar el dolor de garganta que le estaba comenzando a afectar.

—¿Bebidas energéticas? Olvídenlo.— Karasuma se negó al instante. —Verán, ese tipo de bebidas son inútiles, tienen demasiada azúcar como para acortar su vida lo suficiente al tomar una, tal vez no ahora, pero luego de tomarla, tal vez unas dos semanas bastarán para que sientan los malestares que ese tipo de bebidas hace, además, no aliviará su sed al cien por ciento, es mejor agua simple, tardará un poco; Pero dentro de unos minutos les dará la energía que necesitan para seguir.

—Ya entendemos.— Contestaron de manera unísona Nagisa y Nakamura.

Karasuma decidió darles diez minutos de descanso, pues ambos, de verdad se habían esforzado para dar un golpe acertado; Aún así, les faltaba entrenar más, tal vez los movimientos de ambos no sean tan malos. Es más, trabajando en equipo, esos dos eran realmente rápidos e impredecibles, sin embargó, su condición física era un completo asco, a penas habían pasado cuarenta minutos desde que comenzaron con aquel entrenamiento que ahora se había convertido en parte de la rutina diaria de los tres. Y sin más, a pesar de haber pasado tan poco tiempo, a Nagisa ya le dolían varias partes del cuerpo, estaba seguro de que en algunas partes le saldrían moretones. Por su parte, Nakamura estaba tratando de contener aquel dolor que daba especialmente en sus piernas por dar tantas patadas fallidas, sentía que sus piernas se romperían en cualquier momento.

Y cuando escucharon aquellas palabras de Karasuma dándoles un tiempo para descansar, ambos se lanzaron al pasto uno al lado del otro mientras cerraban un momento sus ojos para tratar de recuperarse lo más rápido posible.

Tras unos minutos, tanto Karasuma como ambos chicos recostados en el pasto, escucharon aquel tono inconfundible proveniente del celular de Karasuma.

Esté se alejó dejando a ambos jóvenes con una mueca confundida.

—¿Qué crees que sea lo que esta ocultando?— Preguntó Nakamura de manera burlona mientras veía a Karasuma alejarse de ellos a paso rápido después de ver la pantalla de su celular.

—No lo sé.— Sinceró Nagisa. —¿Tal vez un regalo?

Nakamura río a cierto volumen.

—¿Una amante tal vez?

—Sería interesante, ¿No crees?

Nakamura asintió sin ser vista del todo bien por Nagisa. Pues ambos estaban boca arriba, a penas y se lograban ver por el rabillo del ojo.

—Me encantaría tener una mamá.— Habló Nakamura por lo bajo.

«—Con que una mamá, sería interesante, humm... Ha pasado tiempo desde que tuve una...— Pensó el celeste con cierto tono melancólico observando el cielo que ahora se encontraba despejado.

No gustaba de hacerse ideas adelantadas a lo que podría pasar, sin embargo, por más que lo evitará, usualmente era así. El pensar que Karasuma tal vez podría estarles ocultando una madre para luego dárselos como una sorpresa, era algo que realmente lo animaba. Deseaba volver a sentir aquel aire cálido que solo una madre le podría proporcionar.

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«Sr, burns.» Decía la pantalla del celular mientras aún se escuchaba aquel tono de llamada tan molesto.

—¿Sí?— Karasuma contestó la llamada tras verificar que ninguno de sus hijos adoptivos lo siguiera. Con suma tranquilidad entró a su casa cerrando la puerta tras de si.

—¿Tienes todo listo? Sabes que no podemos esperar más, estos casos no han hecho más que empeorar.

Una dura voz de autoridad se escuchaba al otro lado de la línea de llamada.

—Esos dos lo han hecho demasiado bien para su edad, sin embargo, aún necesitan entrenamiento. Sus golpes flaquean, son rápidos, pero se complican mucho las cosas; se dejan distraer bastante fácil, además de que su condición física esta por un nivel bastante bajo.— habló Karasuma con la misma frialdad con la cuál, había sido tratado. Se dirigió a la cocina, de la alacena sacó una botella de alcohol.

—Entiendo a la perfección Karasuma, pero, como he dicho, esto ya no se puede dilatar más; Necesitas traerlos en mínimo dos días para probar su fuerza. Los problemas han aumentado como si se tratará de una lluvia torrencial a punto de desbordar un río, sabes que tan problemático es eso, ¿No?

Karasuma respondió con un simple «Sí» tras escuchar aquellas vagas palabras que poco a poco inundaban su mente.

Guardo la botella de alcohol en una bolsa para luego volver a la salida.

—Te daremos dos días más, ¿Entiendes?

Karasuma trago seco cuando escuchó aquellas últimas palabras. Las cuáles solo habían servido para ponerlo aún más tensó. Seguido se escucho el repetitivo tono que había indicado la llamada finalizada.

¿Qué haría ahora para hablarles a Nagisa y a Nakamura sobre el lío tan peligroso en el que los había metido?

Cuando había decidido hacerlos sus hijos adoptivos, no era precisamente por que ambos fueran lindos, sino porque a pesar de ser con un simple roce de miradas, Karasuma ya había notado aquel potencial que ambos contenían. A su parecer, ellos eran ideales para esta «Misión» Tan arriesgada.

Tras salir de nuevo de casa y asegurase de haber cerrado la puerta con seguro, destapó aquella botella que había tomado de la alacena. Tomó un gran tragó de la misma para calmar sus nervios.

Karasuma ya no podría esperar más, debía contarles a Nakamura y a Nagisa la verdadera razón del por que los estaba obligando a romperse lo huesos en cada duró entrenamiento que recibían por su parte. Era la hora hablar con sinceridad.

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—Distrito Sagaki, Mismo día.—

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—Karma.— Tras escuchar aquella irritante voz, el mencionado dio medía vuelta dejando su comida de lado.

—¿Ahora que quieres, Terasaka?— Contestó de mala gana por haber sido interrumpido.

—Irina quiere verte. Dice que tiene algo muy importante que hablar contigo.

—¿En dónde la veré?

—Esta en su oficina, como siempre.

Karma se puso de pié y se encaminó hacía la oficina de Irina sin darle más importancia a Terasaka. Como si de repente hubiera desaparecido, paso junto a Terasaka como si no estuviera ahí.

«—Maldición, este tipo es muy problemático, definitivamente Irina tiene que pensar mejor a quien recluta, de lo contrarió estaremos perdidos.— Terasaka frunció su ceño mientras pensaba.

Karma daba pasos decididos, ni siquiera se inmutaba a ver las paredes de color marrón que le rodeaban. Mantenía su mirada al frente en una expresión de completa tranquilidad.

Al fondo del segundo pasillo vislumbró aquella puerta de tono blanco casi perfecto. a pasos más rápidos se acercó.

—¿Me llamaba?— Abrió la puerta sin pensarlo dos veces.

—¡Karma!— Irina levantó rápido su mirada de los papeles que tenía frente a ella para luego formar una mueca de molestia. —¡¿Cuántas veces te he dicho que toques la maldita puertas antes de entrar?!

Lo regaño con una grave voz que usualmente no usaba.

Acomodó sus gafas subiéndolas un poco mientras apartaba los papeles que tenía en frente y aún lado para luego pasarlos a otro mueble de madera que se encontraba atrás de ella, de esta manera el escritorio quedó despejado.

—Solo esta vez.— Karma contestó a la vaga pregunta de Irina en forma burlona.

—Como sea, toma asiento.— Irina señaló una silla que se encontraba justo al otro lado de su escritorio. Karma acató la indicación, y rápidamente tomó asiento sin perder nada más de tiempo.

—¿De qué querías hablar?— Karma se recargó de lleno en el respaldo de la silla mientras se cruzaba de brazos y miraba a Irina con una expresión de seguridad acompañada de una sonrisa tan característica de él.

—Más respetó, por favor.— Irina tomó una postura firme mientras entrelazaba sus manos y las ponía sobre el escritorio. —Te he citado para hablar de tu conducta.

—¿Qué? Creí que ya habíamos arreglado eso.— Karma frunció su ceño, pronto dio señales de que estaba decidido a irse de ese lugar, no estaba de humor para volver a hablar de ese tema.

—Eso era lo que yo también pensaba. Sin embargó, Terasaka me ha vuelto ha hablar de tus emociones tan superficiales.

—Ese maldito...

—Karma sé que estás ocupado, yo también lo estoy, pero si no hablamos de este problema ahora, en un tiempo será aún más difícil, necesitamos que bajes ese nivel de mala conducta, no sabes controlar tus emociones.

Irina tomó un semblante más serio de lo normal.

—¿Por qué solo yo? ¿Acaso se olvida de que hay más idiotas peores que yo? ¿Por qué soy al único que regañan de esta manera?

—No eres el único, sin embargo, si sigues así lo único que harás es ponernos en peligro, aprende a controlar tus instintos, no subestimes el problema. Tómalo en serio así sea de muy bajo nivel, no te confíes.

Karma bufo.

Parecía no tomar en serio las palabras de irina.

—Ja, así que debo de tomarme más en serio las cosas... Sabes que si no pongo un carácter duró, todo se iría a la mierda, pero... ¿No será que... realmente tienes miedo?— Irina lo miro sin entenderle del todo.

—¿A qué te refieres?

Karma río de forma casi inaudible.

—Por dios, Irina, no puedes ocultar nada. Eres como un libro abierto. Fácil de comprender, fácil de leer, fácil de entender... Se nota a kilómetros que estás asustada. ¿Por qué? Acaso... ¿Un novio? ¿Tu padre? ¿Tu madre? ¿Hermanos tal vez? Dime, quien sufrió para que te volvieras tan temerosa de ser descubierta.

Karma era una persona fría, calculadora, era como si pudiera leer a las personas con solo mirarlas.

Irina por eso lo reclutó, estaba convencida de que el sería una buena herramienta, sin embargo, ahora comenzaba a arrepentirse de su decisión.

—Me prometí no hablar de ello con nadie.— Bajó su mirada. —Perdón por llamarte e interrumpirte, fue un claro error de mi parte. Puedes irte.— su expresión había cambiado a una de melancolía.

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