• • • •

Capítulo 7

"Corre Por Mí."

• • • •

Su aparente gesto de inmunidad no pareció durar mucho, pues cuando Nagisa cerró la puerta de su habitación a sus espaldas, Nakamura se permitió el deshacerse de toda aquella fuerte voluntad con la que cargaba.

Río fuertemente mientras se dejaba caer al suelo, abrazó sus piernas en posición fetal. Nagisa se acercó rápidamente a ella.

—¡¿Nakamura?!— Acaricio sus cabellos a cada costado de sus mejillas. Acomodándolo en el proceso. —. ¿Estás bien? ¿Quieres que llame a papá?

Rio negó con notables lágrimas en sus ojos. Estaba temblando y aún no parecía asimilar las cosas del todo.

—Deja a Karasuma fuera de esto... Por favor. Sólo... Sólo quiero estar contigo...— Inmediatamente se abalanzó a los brazos de Nagisa. Quién rápidamente la rodeo al ver los profundos sentimientos que se había aguantado hasta ahora. —. Dime, Nagisa; ¿No tienes miedo? ¿Qué pasará con nuestros estudios?

Cuando aquellas preguntas fueron hechas, Nagisa no evitó que un pequeño escalofrío recorriera gran parte de su espalda.

Cuando está choco contra una de las camas, se permitió soltar un audible suspiró.

—¿Cómo que, qué debería de pasar con nosotros ahora?— Guardo un momento de silencio. —. No lo sé. Nosotros hablamos, ellos nos dieron a elegir, no fuimos obligados.

—Tengo miedo.

—Yo también.

—No quiero perderte.

—¿Acaso crees que yo si?

Ambos se separaron por unos segundos, se miraron a los ojos mientras formulaban una leve sonrisa en sus rostros.

Era peligroso, ambos lo sabían, su trabajo... Si es que tan sólo se le puede llamar así... No serían héroes, aunque tampoco villanos.

Entonces, ¿Qué?

"—Muchas veces, las personas son orilladas a aquel mundo.

No es lo adecuado, pero la paz no se logrará sola."

"—Nosotros somos asesinos. Lo que nos diferencia del otro bando, es el hecho de querer detenerlos. Ellos dañan, nosotros reparamos."

"—Jamás nos atreveríamos a abusar de gente inocente. Nosotros queremos, ellos arrebatan."

Antes de volver a casa, aquello fue lo último que escucharon por parte de Koro y de Karasuma.

Estaban aterrados.

Pero sabían que aquello era la única verdad.

Se sentían inseguros.

¿Pero quién rige lo que está bien o lo que está mal? Es sólo un ciclo sin fin.

—Nagisa... ¿Recuerdas la canción?— Cuando Nakamura volvió a hablar, se dirigió al celeste con cierto aire tenso. Negó. Entonces, la rubia sonrió.

«—Cuando tengas miedo, debes de mirar a quién está a tu lado. Si hay alguien, podrás avanzar, toma su mano, te la acariciara.»

Finalmente, Nagisa pareció que sabía a que se refería. Un recuerdo fugas pareciera atravesar su mente. Pues una sonrisa melancólica se posó en su rostro mientras entrelazaba sus dos manos con las de su hermana.

«—Aunque creas estar sola, yo seré quién este allí, mirándote, acompañándote.— Continuó él. —. Es hora de partir. Tomados de la mano hemos de caminar, corriendo por los bordes del acantilado...»

«—...Así que quiero que sepas que nunca te he de olvidar, tu recuerdo a mí me guiará... Mi bello ángel guardián.»

Aquella era la canción que siempre se usaba en el orfanato para despedir a alguien. Demostrando que sea el tiempo que hallan compartido, su bella presencia siempre estará con ellos aún en los momentos más difíciles.

Era la favorita de ambos.

—Nagisa.— Está vez, fue Nakamura quién decidió reafirmar su enlace de manos. Acercándose peligrosamente a él. —. Por favor, prométeme... ¡No! Jura que, a pesar de todos los peligros que corramos, nunca me dejarás, no morirás, te quedarás a mi lado, siempre, por favor... Júralo...

Un semblante aterrado se le podía vislumbrar con facilidad, sus cejas decaídas daban aquel ambiente de miedo que se suele dar comúnmente.

Nagisa, sin temor alguno, tomó sus mejillas tras soltar sus manos. Ambos se miraron fijamente por unos segundos.

—Júralo tú también.— Habló.

—Por mi amor por ti.— Contestó la rubia mientras levantaba su meñique. Nagisa correspondió entrelazando el suyo con el de ella.

—Por mi amor por ti.— Replicó él.

Entonces, Nagisa se permitió el depositar un casto beso en la comisura de sus labios. Nakamura devolvió el gesto con el mismo acto, profundizando un poco más el contacto. Ambos se sonrieron segundos después.

• • • •

• • • •

Su molesta alarma, fue el detonante para que su mal humor despertará más rápido de lo esperado.

Karma tomo el pequeño reloj en manos y lo lanzó con todas sus fuerzas hasta chocar a un lado de la puerta de su habitación, está también se había abierto casi al instante.

Chiba ni siquiera se inmutó debido al acto que Karma había realizado.

Miró que este se encontraba debajo de las cobijas maldiciendo por lo bajo.

—Irina quiere verte.— Fue lo único que dijo el pelinegro. —. Es sobre el bando del Shinigami.— Prosiguió a cerrar la puerta con total neutralidad.

En esos momentos, Karma ni siquiera pudo asimilar bien lo que había acabado de escuchar, ni siquiera sabía si aquello había pasado en realidad, dudo por unos segundos. Apartó con brusquedad las sábanas de su rostro mirando a la puerta y al reloj roto a un lado de está.

—¿Qué mierda...?— Habló para si mismo. Terminó por fruncir su ceño. —. ¡¿Por qué carajos no usa a los demás imbéciles que tiene como perros tras de ella?!— No recibió respuesta alguna.

Con furia rebosando, Karma se levantó, cambiando rápidamente el pantalón de pijama que tenía por uno más formal y una camisa de cuadros abotonada.

Dejó su cabello exactamente igual, desaliñado. Luego salió cerrando con un fuerte portazo mirando al pasillo. Donde más habitaciones yacían, más no se escuchaba nada más que los molestos suspiros de Karma por no haber podido dormir por más tiempo.

Ya se las pagarían. De eso, él se encargaba.

Cuando llegó a la primera planta, tomó camino por el ascensor que recorría los pisos inferiores, ahí era donde él iba.

En cuanto bajo y halló la habitación donde de seguro estaría Irina, tocó unas cuantas veces.

—Adelante.— Se escuchó del otro lado por la voz que ya bien conocía.

—¿Me buscabas?— Sin rodeos, rápidamente abrió y observó a Irina sosteniendo unos papeles mientras estaba de pie recargada en su escritorio.

—Así es.— Afirmó ella. —. Dime, ¿Cuándo fue la última vez que observaste algún movimiento por parte de los Shinigami's? ¿Y qué fue exactamente?— Pregunto ella, totalmente sería sin apartar la vista de los papeles que sostenía.

Karma lo pensó por unos segundos.

—No lo sé.— Confesó. —. ¿Hace dos meses tal vez? Cuando parecieron dejarnos el camino libre, aunque comienzo a sospechar de que fue sólo una mentira.

Está vez, la rubia lo miró diciéndole que era lo obvió con un gesto que simulaba sarcasmo.

—Ellos no han parado de buscarnos, en ningún momento.— Levantó una ceja. —. Es de verdad una suerte que aún no nos hallan encontrado. De lo contrario, sólo pensaría que están esperando algo... O a alguien.

—¿A alguien?

—La información que por ahora hemos recibido menciona a dos nuevos reclutas, aunque la información sobre ellos es de cero, los están ocultando muy bien. Ellos se están moviendo muy rápido. Están anticipando movimientos. Nuestros movimientos.

Karma la miró por unos segundos de forma incrédula. Sin embargo, sabía que lo mejor era prevenir... Prevenir antes de lamentar.

Se acerco y tomo algunos papeles, viendo la información que estos contenían. Si que era una molestia.

—¿Quién te ha pasado todo esto?— Preguntó.

—Ritsu.— Dio una sonrisa torcida. —. Incluso a mí me aterra el como es que puede sacar todo esto de un día para otro.— Ingenuamente, Karma le dio la razón con un leve asentimiento.

—¿Y? — Preguntó él.—. ¿Qué quieres que haga?

—Quiero que investigues. Sé que puedo contar contigo.— Cuando Irina menciono aquellas palabras, se escucho un fuerte ruido estruendoso justo detrás de la puerta, uno donde a penas Karma se sorprendió. Está misma se abrió unos segundos después.—. Sin embargo, no lo harás soló.

Unos bellos cabellos grises, largos, se encararon junto con una sonrisa de oreja a oreja con la cual, Karma, se pudo sentir realmente intimidado. Hace bastante que no se sentía de tal forma.

Oh, mierda.

—¡Karma!— Grito aquella voz que tanto odiaba, aguda. Casi de forma inmediata sintió un fuerte tirón que tomo de su mano hasta entrelazarla con la contraria.—. Tanto tiempo de no verte... Me hace realmente feliz.

Inmediatamente miró a Irina. Se encogió de hombros restandole importancia al asunto. Entonces hablo;

—Sé que la tarea que te estoy dejando es difícil. Por ello trabajaras con Mio, ella es una de nuestras mejores aliadas, confiamos en ella tanto como en ti. Está en tu mismo rango, aunque por lo que veo, ustedes ya se conocen. En este caso dejaremos las presentaciones.

Karma la miró molestó.

Oh, claro que la conocía. Nunca se podría olvidar de la mujer que en segundo año de preparatoria comenzó a acosarlo de una forma tan particularmente única y enferma que Karma pareció morir de nuevo. Eh Irina ya sabía de todo ello, no sabía si es que se había olvidado de lo que una vez le contó, lo que si podía ver en esos momentos, era la gran sonrisa de Irina disfrutando del espectáculo.

• • • •