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Capítulo 8

"Toma Mi Mano."

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El silencio presente era bastante incómodo, sobretodo para aquellos dos chicos de cabello azul y rubio, incluso Karasuma parecía sentirse bastante fuera de lugar.

Desde anoche, las cosas parecían haber cambiado de forma drástica con respecto a la forma en la que se veían y se sentían.

Decir que Nagisa aún estaba nervioso era poco, decir que Nakamura no estaba emocionada era una total y vil mentira.

Y, ¿Emocionada por qué?

Hasta ahora había considerado que su vida se trataba de algo repetitivo y sin chiste en el que ya no había algo de su interés.

La última noticia fue como haber recibido una nueva puerta que estaba llena de misterios y, que gustosa, estaba dispuesta a descubrir. Descubriría el arte de asesinar.

Aquel interés surgió por la noche, cuando a través de pensamientos y preguntas sin respuesta; Pudo entender que tal vez podría ser mejor de lo esperado.

—Entonces... ¿Le seguimos diciendo Karasuma o jefe?— Y con aquel mismo tono burlón que tanto caracterizaba a la joven rubia, golpeo en un inesperado movimiento la cuchara de metal contra su plato tratando de apaciguar el ambiente.

Río con desinterés mientras mostraba una sonrisa de oreja a oreja.

Nagisa le siguió.

—Deja esos juegos de lado.— Sin embargo, la actual mirada penetrante de Karasuma mostrando su poca gracia, fue algo que no les sorprendió, pero que tampoco se esperaban.—. Sigo siendo su padre ante todo, tratenme como tal.

Entonces, el silencio que tanto odiaban se volvió a formar en el ambiente. Joder, Karasuma era un aguafiestas al cien por ciento.

Nakamura suspiro en lo alto tratando de sacar otro tema de conversación.

Tenía varias dudas y aquel momento era de aprovechar para solucionar todas y cada una de ellas.

—¿Y nuestros estudios? ¿Qué pasara con ellos?

El pelinegro mayor frente a ambos dejó pasar unos segundos en blanco antes de responder;

—Aunque sabemos que es algo arriesgado, dejarlos con su verdadero nombre e identidad a la ligera, tenemos la confianza de que no será un gran problema.— Exclamó con un eje de cansancio.—. No dejarán de estudiar, al menos por el momento. Si las cosas se complican ya tenemos una vía rápida de escape.

—¿Y cuál es?

—La descubrirán con el tiempo, por ahora necesitamos pensar bien en nuestros siguientes movimientos. El menor error podría tirar el trabajo de años a la basura. Así que no actúen de manera impulsiva o estúpida.

Nagisa asintió de forma inmediata ante aquellas palabras.

Sabía que su padre hablaba muy en serio, y aquello le aterraba.

Más de lo que usualmente debería.

—Yo, ehm... Tengo una pregunta.— El peliazul dejó su plato de lado una vez que terminó su comida. Karasuma lo miró a él.—. ¿Cómo se supone que es el bando al que buscamos? ¿A qué se dedican?

Aquello era lo que más le carcomía la cabeza al pequeño celeste que ahora parecía hallarse con un leve toque de inquietud y curiosidad.

Karasuma no tuvo de otra.

—Se trata de un simple grupo, casi mafia, afiliada al contrabando ilegal. No podrá parecer especial, sin embargo, es uno de los grupos más fuertes hasta el momento con el que nos hemos enfrentado. Llevamos más de dos años tras de ellos, pero han sabido esconderse bastante bien, además de que parecen tener enlaces externos que los ayudan bajo las sombras.

Y tras ello, el mayor de los tres se levantó y comenzó a recoger la mesa. El orden era una de sus cosas favoritas.

—En realidad aún hay muchas cosas que explicar, pero eso se hará con el tiempo. Conforme vayan conociendo este bajo mundo, se podrán ir poniendo al tanto de todas las situaciones que se viven día con día.

En realidad, ambos hermanastros aún tenían varias cosas que preguntar.

Pero guardaron silencio conforme veían a su padre adoptivo dejar la habitación en donde ellos estaban.

Al escuchar de nuevo su autoritaria voz luego de unos minutos que parecieron eternos, no evitaron sobresaltarse;

—Debo de salir por trabajo, no regresaré hasta la noche. Así que no hagan nada estúpido.

—¿A dónde irás?— Preguntó Nakamura saliendo de la cocina con Nagisa detrás de ella.

—Iré con Koro junto con otras personas aliadas a nosotros. Una reunión.— Karasuma definitivamente no podía hablar de algo así sabiendo que en todo el exterior podía hallarse espiado, y así era como justamente se sentía; Observado.—. Regresaré, si salen ambos, traten de no llamar la atención demasiado.— Los volteo a ver.—. ¿Puedo contar con ello?

En menos de lo esperado, ambos jóvenes asintieron rápidamente con un ambiente de tranquilidad y confianza que claramente dieron a notar.

Karasuma asintió creyendo plenamente en ellos y finalmente salió después de dar una leve sonrisa que los chicos no fueron capaces de notar.

Ellos eran buenos, eran casi como su obra maestra; Asesinos y fieles jóvenes forjados con duro trabajo para ser sobresalientes en aquel mundo del asesinato.

Eran jodidamente perfectos...

...Y, a pesar de aquellas tantas advertencias que salieron de la boca de su padre adoptivo, Nakamura se halló en menos tiempo de lo esperado suplicando de forma manipuladora salir, correr y reír junto a su hermano como hace mucho no había hecho.

Fueron largos minutos de estar corriendo tras de él por toda la casa, gritando su nombre una y otra vez para que el peliazul accediera rendido a lo que quería.

Nagisa jamás accedió, por lo que llegaron a una charla de largos diez minutos sobre lo que tenían que hacer.

Afortunadamente llegaron a un acuerdo y ahora, después de casi media hora de viaje en autobús se hallaban caminando por el centro de la cuidad, ambos con un cubrebocas lo bastante grande.

Sí, ellos eran aún unos chiquillos que suponían ser grandes cuando a penas estaban aprendiendo a caminar.

Miraron con afición a las tantas personas que pasaban a su alrededor de forma admirable.

Eran bastantes, más de las que creyeron suponer al salir de casa.

—Oye Nakamura, ¿Haber salido realmente estuvo bien? Comienzo a asfixiarme con tanta gente alrededor.

—¿Y qué esperabas? Venimos a parar hasta el centro de la cuidad, es normal que este lleno a estás horas.— La rubia sonrió con sorna.—. Y tú tranquilo, ya veremos la forma de regresar, mientras Karasuma no se enteré todo está bien.

En realidad no confiaba en aquellas palabras, de una u otra forma le daban aquel toque insaciable de terror que muchas veces llegó a evitar. Su hermana era bastante precoz.

Ambos continuaron caminando viendo los aparadores de las tiendas y lo que estas exhibían.

Varias de ellas cosas tan minuciosas que resultaban bastante atractivas para la vista; Ropa, zapatos, collares, trajes, entre otros.

Nakamura veía todo aquello con deseó, pues todo era realmente hermoso así como caro. Se maldijo internamente por no haber llevado nada de dinero.

En ese entonces, bastaron tan sólo unos momentos para que de una tienda lo bastante grande, saliera una multitud de gente.

Muchas de ellas llevaban ciertos trajes llamativos y una que otra cosa sobre series bastante distintivas.

Al ver tal multitud supieron que una convención se había estado llevando a cabo.

—¡Ah, Nakamura!— Así mismo, la gente de fuera pareció duplicarse tres veces más, siendo llevados y separados por la multitud que no dejaba de empujarse los unos a los otros.

Nagisa no era realmente fuerte aunque tenía lo suyo, desafortunadamente si se dejó llevar bastante fácil hasta que perdió a su hermana de vista.

Por ello y más es que odiaba los lugares concurridos.

Sabía que ir ahí acabaría mal de una u otra forma, pero no esperó que fuese tan rápido y de una forma tan patética.

—¡Mierda!— Se maldijo en lo alto cuando se halló en una zona menos llena, pero que aún así, se sentía lo suficientemente asfixiado como para ya no querer moverse de donde estaba.

Se llevó una mano a la cara y quitó su cubrebocas ya harto de la situación.

Se sentó en una banca cercana y tallo sus ojos al momento en el que sentía su celular vibrar en uno de sus bolsillos.

Rápidamente lo sacó, viendo así que se trataba de un mensaje de Nakamura.

"¿Dónde mierda estás?"

Decía, Nagisa bufo por lo bajo.

"Pues hay gente y un árbol."

En realidad estaba más perdido que nada en el mundo; Se golpeó mentalmente antes de volver a escribir.

"No me quieras joder, ¿En serio?"

"Sí, creó que estoy más atrás de donde nos quedamos.

Puedes venir a buscarme tranquila, porque yo no pienso mover ni un músculo."

"¿Y por qué no vienes tú?"

"¿Quién tuvo la idea de venir aquí?"

"No te muevas de donde sea que estés. No tardo."

Y finalmente, tras una sonrisa cálida de su parte volvió a ver su alrededor luego de guardar su celular. Ni siquiera supo si se metió por otras calles o si sólo había retrocedido o avanzado.

Nagisa jamás fue bueno para orientarse, sólo se halló contando los minutos en los que era empujado y arrastrado para que caminará por la fuerza.

Mierda, mierda, mierda.

—¡Oh! ¿Tú no eres el chico de la otra vez?

Los minutos pasaron rápidos hasta que aquella débil voz tranquila y juguetona pero cálida y sencilla a la vez llegó hasta sus oídos.

Nagisa volteó sorprendido y un poco dudoso.

Al ver aquellos cabellos rojos tan distintivos supo de inmediato de quién se trataba. Tampoco era como si fuesen tan fáciles de olvidar. Le sonrió tranquilamente mientras veía a aquel chico acercarse felizmente a él.

—Si... Lo recuerdo.— Contestó Nagisa con amabilidad y luego soltó un audible suspiró.

—No creí volverte a ver.— Karma le miró.—. El mundo es pequeño...

—Bastante a decir verdad.

Y entonces, se quedaron en un pequeño silencio un tanto incómodo.

Vaya reencuentro, uno que sencillamente ninguno de los dos esperó. En realidad, se habían convertido en recuerdos fugases, sólo hasta ahora.

Nagisa al menos no se sintió tan sólo.

—Y; ¿Qué hace un chico tan lindo como tú en un día tan atareado como este y peor aún, sólo?— Karma se inclinó un momento hacía donde el celeste se encontraba, aquellas débiles mejillas blancas del pequeño chico pasaron a ser unas levemente marcadas de rojo en cuestión de segundos.

—En realidad venía con alguien...

—¿De verdad? ¿Y dónde está?

—Digamos que me perdí por alguna razón.— Entonces, un sentimiento de gran vergüenza le atacó. No se enorgullecía de ser tan desorientado.—. Y tú... ¿Vienes con alguien?— Karma asintió.

—Sí, es sólo que mi acompañante se quedó viendo algunas cosas en una tienda cualquiera. Me aburrí y me vine a caminar por mi cuenta, ahora entiendo que tomé la decisión correcta.

—¿De verdad?

—Pues te volví a ver.— Sonrió burlón.—. ¿Qué mejor que volver a ver al chico que casi te tira la primera vez en que lo conoces?

Nagisa río un tanto nervioso.

—Lamentó eso, y supongo que te entiendo.— Otro pequeño suspiro brotó de sus labios.—. Me llamo Nagisa.

—Karma.— Akabane extendió su mano como señal de saludo cordial. El celeste lo aceptó feliz.—. Tienes un lindo nombre, curioso a mi parecer.

—Já, mira quién lo dice.

Ambos se dirigieron una sonrisa única y así se quedaron por unos segundos.

Segundos en que las facciones del otro fueron grabadas en las mentes de cada uno.

Era extrañó, pero bastante lindo.

Casi mágico, pero absurdo al mismo tiempo.

Sin embargo, aquel sentimiento se cortó de golpe cuando una voz chillona sacó a ambos chicos de la ensoñación en la que juntos se habían sumergido.

—¡Karma! ¡Quiero irme!

Los cabellos negros de una joven de baja estatura se vislumbraron cuando tomó a Akabane posesivamente del brazo y lo jalo hacía ella. Karma gruñó y luego maldijo por lo bajo, se soltó de aquel agarre de forma brusca.

—Te he dicho que no me agarres así, Mio.— Se quejó notoriamente molestó.—. Si te quieres ir pues vete tú sola, yo estoy ocupado.

Entonces, los grisáceos ojos cayeron hacía el chico de cabellos azules, renegó con la cabeza unas cuantas veces y volvió hacía Karma.

—Vámonos.— Alegó demandante.

Karma realmente no podía negarse, pues en pareja debían de hacer todavía más trabajo que Irina les había encargado.

No podía desviarse, era cierto.

Molestó y algo deprimido se despidió de Nagisa, luego partió junto con Mio con alguna que otra maldición de por medio.

Joder, la odiaba demasiado.

Por parte de Shiota, este se quedó mirando un momento hacía donde Karma había partido hasta perderlo de vista.

Se sintió frustrado por unos momentos.

Él era agradable... Bastante a decir verdad. Y aquello le asustaba.

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