• • • •

Capítulo 09

"Abrázame Cálidamente."

• • • •

A partir de aquello, dos cosas más pasaron;

La primera fue el hecho de que Nakamura, por obra de todos los ángeles, pudo encontrar a Nagisa luego de unos largos diez minutos.

Cansada y deseando morir, pues todo en aquel día se había vuelto horrible.

La segunda cosa fue que, después de tomar el autobús para regresar a casa, Rio pudo notar la leve sonrisa juguetona en los labios de su hermano.

Está misma se asemejaba mucho a la de un chiquillo que había acabado de hacer una travesura y que se había salido con la suya.

Curioso, ya que las veces en que lo había visto sonreír así, eran realmente escasas.

Parecía que ni él se daba cuenta de aquella curvatura en sus labios.

—¿Y esa sonrisa?— Entre todo el ajetreo dentro del autobús, decidió preguntar una vez que apartó la mirada de la ventana.

La dirigió a Nagisa y sonrió junto a él, llamando su atención y haciéndolo exaltar de forma exagerada.

—¿Eh? ¿Qué?

Haciéndose el idiota, fue que intento disimular para evitar todo aquel asunto.

Aunque sabía bien que era inútil, cuando Nakamura notaba algo, no se detenía hasta saber la verdad.

Y esa claro que no sería la excepción.

—Vamos, a mí no me mientas, ¿Por qué tienes una sonrisa de oreja a oreja? ¿Acaso paso algo cuando yo no estaba?— Se acercó de sobremanera al rostro de su hermano y cerro sus ojos ampliando una gran sonrisa que mostraba sus blancos dientes.

Ah... Nagisa definitivamente no podría mentir.

Al menos a ella jamás le podía ocultar la verdad.

—A decir verdad... Si paso algo.— Posteriormente escucho un gritillo emocionado de la rubia.—. ¿Recuerdas al chico pelirrojo que nos topamos el día que fuimos a comprar el alcohol y las vendas?

Dudosa, Rio divagó en sus pensamientos hasta recordar la escena en la que Nagisa estaba distraído aquel día. Terminando por chocar con un desconocido.

Asintió.

—Pues lo volví a encontrar, aquí, ¡E incluso él fue quién me reconoció primero! ¡Y no sólo eso, sino que también me llamo "Lindo"!— Su emoción terminó por explotar al mencionar aquellas palabras casi gritando.

Sus mejillas se tiñeron de un brutal rojo al mismo tiempo que movía sus manos con histeria tratando de calmarse.

Por cristo, la felicidad que desbordaba era una total odisea.

—¡¿En serio?!

Y claro que Nakamura tampoco se quedaba atrás.

Su reacción fue igual o peor que la de Shiota.

Recibiendo en el proceso; Unas cuantas miradas de extrañes y molestia de otros desconocidos en el transporte.

—¡Sí! Él fue muy amable e incluso me hizo más cumplidos.

—¿Y por qué no pediste su número, idiota? ¡Yo ya le hubiera pedido matrimonio!

—¡¿Eh?! ¡Claro que no! O sea, si, me gusto, pero eso sería cruzar la línea.

—Oh, por dios.— Nakamura golpeo su frente con agobio. Su hermano solía ser muy tímido a veces.—. Dime que al menos preguntaste por su nombre.

—Claro que si.— El celeste prosiguió a tomar la parte izquierda de su pecho, haciendo una pose dramática, como si cupido le hubiese lanzado una flecha.—. Se llama Karma. ¡Jamás había escuchado un nombre tan hermoso!— Grito con emoción.—. Siento que me he enamorado.

Sí, ambos hermanos eran unos dramáticos.

Pero igual la felicidad y emoción por la cáustica situación desbordaba, no importándoles nada más.

¿Cómo decirlo?

Nagisa era un enamoradizo total.

El resto del camino, siguieron hablando de lo que había ocurrido con Karma.

Nakamura escuchando atentamente, observando como el celeste parecía una doncella que acababa de encontrar el amor verdadero en su príncipe azul.

¿Cuántas veces lo había visto ilusionarse con chicos que a penas y conocía?

Muchas, definitivamente había perdido la cuenta.

Pero está vez había algo diferente, la emoción parecía haberse duplicado a comparación de las otras veces.

Ella adoraba a su pequeño hermano, saber de sus ilusiones la llenaba de total calidez y le hacía sentir tranquila.

Pues sabía que el menor era plenamente feliz.

Cuando llegaron a casa, el sol recién estaba regalando sus últimos rayos de luz en aquel día antes de finalmente ocultarse.

Así mismo, dos chicos corrieron lo más rápido que pudieron para asegurarse de que su padre aún no había llegado a casa.

De lo contrario, definitivamente los mataría. Pues la primer orden que les dio, claramente fue la primera que rompieron.

Sin embargo, cuando abrieron la puerta y notaron que todo seguía en silencio y las luces se hallaban apagadas, no evitaron soltar un suspiro pleno de alivio con el que dejaron ir todas sus tensiones.

—Maldición, de verdad la sentí cerca.— Nakamura se dejo caer en el sofá color marrón de la sala y volvió a suspirar con dramatismo incluido.

—No me quiero ni imaginar lo que papá nos hubiera hecho si nos hubiese encontrado a fuera.— Y luego Shiota le siguió.

Juntos soltaron una pequeña risilla después y continuaron descansando.

Pues habían llegado prácticamente corriendo con un gran pánico dentro de ellos que los hizo inmunes al cansancio, al menos hasta que notaron que el peligro era nulo.

Y así siguieron, recostados, esperando alguna señal de su padre adoptivo por al menos, los siguientes treinta minutos.

Pues justo, cuando iban a dar las nueve con treinta, escucharon una puerta cerrarse y la voz de su padre junto a una más chillona pero suave a la vez, casi de burla.

Ambos jóvenes ya se encontraban viendo la televisión para cuando vieron a Karasuma y a Koro pasar a donde ellos estaban.

La escena fue un tanto humorística, pues ver a su padre con el ceño más fruncido de lo normal, tratando de dejar el agarre de Koro hacía una de sus manos mientras este reía inocentemente picando una de sus mejillas, les hizo ver a ambos chicos lo mucho que su padre apreciaba a ese extraño hombre de cabellos un poco largos y revueltos.

Si, era sorprendente, pues usualmente Karasuma ya hubiera golpeado a quien sea que se hubiera atrevido a tomarlo de tal forma.

Se sentía un leve amor mutuo, sincero a decir verdad.

Los dos guardaron silencio y sólo decidieron responder cuando Koro los notó.

Les sonrió de igual forma y se acerco animadamente a ellos. Era semejante a un niño pequeño.

Uno bastante adorable.

—¡Ah, chicos! Que bueno que los veo.— Dijo e hizo que ambos se acomodaran en una posición más formal sobre el sofá.—. Quiero hablar con ustedes.

—¿Nosotros...?— Dijo Nakamura.

—¿...Para qué?— Completo Nagisa.

Ambos se vieron confundidos, más aún al ver la repentina seriedad de Koro. Ese era un hombre muy, muy extraño.

Sus cambios de humor se asemejaban a las olas de mar, subían y bajaban, por un momento podía ser el más feliz del mundo y en otro, podía volverse como la espuma de mar.

—Será una prueba para garantizar sus habilidades.— Unos segundos después, Karasuma salió de la cocina con un vaso con agua. Bebió un poco y carraspeo su garganta.—. Enfrentarse al peligro real será una buena práctica.

Y entonces, las caras de ambos jóvenes se volvieron unas de total confusión que llevaban consigo el sentimiento de la adrenalina imposible de creer.

—¿Qué?— Dijeron los dos, perfectamente sincronizados con el otro. Koro sonrió con calidez y de un folder azul cielo saco unas fotos.

—Nos ha llegado la noticia de que en el barrio de Shibuya se han estado reuniendo un par de pandillas para el intercambio ilegal de bienes.— Comenzó, colocando unas fotos en la mesilla del centro. Unas bastante obscuras y que muy difícilmente se podían distinguir.—. El dueño de un restaurante nos ha pedido que los vigilemos, de alguna manera cree que se pueden meter con su negocio.

Nagisa levantó la mirada de las fotos y observo a su mayor.

—Creí que ustedes eran una agencia secreta.— Habló.

—En parte lo somos, aunque también nos dedicamos a algunos casos de interés.— Karasuma se acerco lo suficiente antes de volver a hablar.—. La razón por la que aceptamos este, es porque creemos que pueden estar enlazados con la mafia que buscamos. Es una gran oportunidad.

—Y esperan que nosotros...

—Sólo necesitamos que vayan en cubierto, es literalmente espionaje para saber de lo que hablan. Si hay algo que les parezca importante no duden en decirlo cuando vuelvan.

Ambos jóvenes volvieron a verse.

Sabían que ya no se podían negar, desde un inicio les advirtieron los peligros y situaciones que podían vivir en un trabajo como aquel.

Podría decirse que ya iban preparados mentalmente.

—¿Cuándo partiremos?— Nakamura entrelazo sus manos por detrás de su cabeza.

—Mañana en la mañana.

—De acuerdo.— Rio se levantó y tomó la mano de su hermano para jalarlo hacía ella.—. Estaremos listos para entonces, por el momento iremos a descansar.

Su leve temblor que más bien era de emoción, no paso desapercibido por Nagisa.

Este suspiro y se despidió de sus dos mayores antes de partir junto a su hermana hacía su habitación.

No había nada más, ambos corazones estaban realmente emocionados por la llegada del mañana.

—De acuerdo, ya es hora de irte.— Por otro lado, Karasuma había vuelto a recibir los ataques de Koro, aquellos que parecían pertenecer a una pareja compleja de recién casados una vez que sus hijos desaparecieron por las escaleras.

—Vamos, Karasuma~ Ya van a dar las diez y las calles son muy peligrosas a estás horas.— Canto muy cerca de su oído, reafirmando el agarre de sus brazos que yacían envolviendo su cuello.—. ¿No puedo dormir contigo al menos por hoy?

—Olvídalo.

—Por favor~

—Dije que no.

Karasuma se levantó, todavía cargando con aquel delgado cuerpo que tanto se aferraba a él. Realmente era una molestia.

Una que hacía brillar su día a día extrañamente.

—Anda~ Prometo no ser un estorbo.

—¿Cuántas veces tengo que decir que no?

—Las que quieras, yo no pararé hasta que digas que si.— Y temió, pues usualmente las promesas de Koro resultaban ser horriblemente ciertas.

Karasuma trato de calmarse. Se sentía cansado en todos los sentidos posibles y sinceramente ya no tenía ganas de iniciar algún tipo de pelea con su compañero de trabajo.

—Dormirás en el sofá.— Argumentó, luego recibió un gritillo de emoción por parte de su acompañante que casi le deja sordo.

—¡Gracias en verdad!— Grito y por mero instinto, fue que depósito un beso en una de las mejillas de su mayor.

Un sonrojo a penas perceptible se colocó sobre él al instante.

Tadaomi se volvía un remolino de emociones cada que estaba con aquel estúpido que tan confuso lo traía. Se volvía un total idiota a su lado y siempre sucumbía de una manera u otra. Era algo increíble en alguien como él.

—Maldición, ya déjame que me ahorcas.

Lo empujó y Koro cayó literalmente al suelo con dramatismo exagerado como bonus. Su contrario rodó los ojos evitando una sonrisa que en realidad quería salir.

Dejó a su compañero ahí y en cambio, él partió hacía su habitación.

—Que tengas buenas noches.— Dijo, antes de perderse de vista en el segundo piso.

Si, esas pequeñas muestras de afecto significaban mucho para Koro.

Una sonrisa cálida se posó en sus juguetones labios. Luego recordó el beso que antes le había dado...

...Realmente lo amaba.

• • • •