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Capítulo 10
"En Busca Del Coraje"
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Por la mañana, Karasuma se levantó no por su alarma, sino por el peso sobre él que prácticamente lo estaba asfixiando.
Se levantó tosiendo un poco y empujando lo que sea que lo estuviera incomodando.
Lo hizo hasta que cayó al suelo provocando un ruido sordo acompañado de unos cuantos quejidos de dolor.
Ah... Mierda, se sintió frustrado por tener que lidiar con Koro muy temprano en la mañana.
Pero peor aún, ¡¿Cuándo fue que se metió a su cuarto?!
—Karasuma~ Eres muy malo.— Koro se sentó en el suelo y con su mano cubrió su cabeza, tratando de retener el dolor que sentía.
—No es mi problema, yo no te di el permiso de dormir en mi cama. Tú mismo te lo buscaste.
Por su parte, Tadaomi tomó lugar en la orilla de su acolchonada cama. Observando de reojo como su compañero de trabajo lucía muy bien con aquella playera de rayas, cabello alborotado y ojos soñolientos. Eso, sin contar su blanca piel que lo hacía resaltar demasiado.
Debía de admitir, —Sólo para sí mismo.— Que le parecía una vista espectacular. Adorable... Única, ¿Podría decirse que erótica?
Porque para él era así. Cristo, por un momento se sintió como un depravado de lo peor al ver de tal forma a uno de sus compañeros. Negó varias veces y le levantó para ir al pasillo donde estaba la habitación de sus hijos.
—¿Crees que Nakamura y Nagisa ya se hayan levantado?
Al caer en cuenta de que Karasuma planeaba dejarlo sólo, Koro se levantó y corrió hasta de nuevo quedar a su lado. Caminaron uno a lado del otro.
—Lo dudo. Ellos usualmente duermen hasta tarde.— Parecía sonar seguro con esas palabras.
Pero vaya, la sorpresa que se llevó fue que ambos chicos, —Tras abrir la puerta.— Se hallaban de acá para allá, pensando y temiendo de lo que sea que pudiera pasar ese día.
Se veían extrañamente contentos, incluso el padre de ambos se vio totalmente sorprendido.
"Aquella es demasiado energía para unos críos que muy pronto se convertirán en asesinos...
¿...Qué tan malo y anormal resulta eso?"
Pensó y de reojo observó la sonrisa socarrona de Koro.
De alguna manera parecía estar orgulloso de ver tanta emoción incluso antes del trabajo. El moreno definitivamente comenzaba a temer de la salud mental de los tres idiotas que lo acompañaban.
—Hey, ustedes; Mocosos.— Llamó el mayor, recibiendo silencio y más a parte las miradas de ambos chicos que al parecer, no habían captado su presencia hasta ahora.—. Dejen de hacer tanto ruido y prepárense, saldremos de inmediato a las oficinas donde los recibirán.
—¿He?— Inquirió Nagisa.—. Nosotros ya estamos listos desde hace una hora.
—¡Así es!— Interrumpió Nakamura.—. Sólo esperábamos a que ustedes se levantaran... No quisimos hacerlo nosotros... Ya que parecían muy a gusto estando en la misma cama.
Koro de inmediato soltó una risa altanera. Sabía a que se referían esos chicos y era lo que más le daba gracia, además de algo lindo que de forma indirecta dijeran que él y el gruñón de Tadaomi hacían una pareja agradable. Realmente ambos corazones estaban avergonzados, latiendo desesperados.
—¡Basta!— Gruñó el moreno, tosiendo para evitar mostrar el sonrojo que se había posado en él violentamente.—. Dejen los juegos de lado y vayamos de una vez, no tenemos todo el tiempo.
—Oh~ Karasuma~ ¿Apoco te has sonrojado?
El menor de ambos mayores se acercó y con su dedo índice pico su mejilla repetidas veces, burlándose en el proceso y sacándole unas cuantas carcajadas a los más pequeños viendo como su padre adoptivo trataba de ocultar todo con regaños y gruñidos.
En aquel momento, simularon ser una familia... Una normal y corriente que disfrutaba de mañanas juntos sin ningún tipo de preocupación, sin prestarle atención al horrible bajo mundo de asesinos en donde vivían.
Los cuatro sonrieron plenamente.
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El alto edificio se alzo frente a ellos mientras bajaban de un elegante coche negro que los había llevado hasta su destinó.
No era la primera vez que pisaban aquel lugar, pero Nagisa y Nakamura no dejaban de asombrarse después de todo.
Aún les costaba creer que podían estar en un lugar así, era demasiado para personas tan insignificantes como ellos. O al menos eso era lo que pensaban.
—¿Van a caminar o se quedarán ahí todo el día?
—¿He? ¡Ha, ya vamos!
Tras escuchar la voz de su padre y de contestar, la rubia tomó la mano de su hermano al ver que este seguía embobado con el edificio y los espacios verdes de los alrededores que estaban muy bien cuidados.
Caminaron detrás de Karasuma y de Koro, mirando con detenimiento absolutamente todo. No querían parecer chismosos... Pero todo aquello era sencillamente magnífico. No había palabras que pudieran describir lo bello que era.
Los pasillos tenían unas cuantas pinturas y alcanzaron a ver algunas personas que tal parecían, trabajan para aquel grupo, ya fuesen asesinos de un rango mayor o jefes, todos daban la misma aura espeluznante y sombría.
Era increíble.
Cuando finalmente llegaron a una alta puerta, la abrieron dejando ver una amplía oficina con algunas puertas de más que parecían pertenecer a roperos y almacenes. Aquella parte era totalmente nueva.
—Aquí estarán los uniformes que utilizarán. Las armas se las proporcionaremos después.— Karasuma caminó lento, al llegar a una de las puertas la abrió y sacó dos conjuntos de ropa.—. Prueben esto, es sólo un método de camuflaje. Lo llevarán bajo la ropa si es necesario.
Ambos chicos hicieron caso y cada uno caminó a un pequeño espacio donde podrían cambiarse tranquilos. El lugar realmente se asemejaba a una tienda de ropa, incluso el vestíbulo, parecía pertenecer a una de esas tiendas departamentales muy populares.
—Karasuma... Si te soy sincero, aún estoy un poco inseguro.— Dijo Koro de repente tras ver que los chicos se habían ido a cambiar, su contrario asintió.
—¿Y tú crees que yo no? Hasta ahora... Les he enseñado todo lo que he podido de la mejor manera, pero les falta mucho.
—Lo sé...
—Pero no podemos retrasarnos más, si lo hacemos, esos hijos de puta definitivamente tomaran la ventaja de la situación...
—...Si eso pasa estaremos acabados.
—Finalmente tienes razón en algo, Koro... Ellos servirán muy bien para obtener toda la información que necesitamos...
Tras eso, ambos se quedaron en silencio, esperando a que los jóvenes salieran. Lo cual, tampoco fue de mucho tiempo; Nagisa fue el primero, salió modelando un traje de tonos verdes, unos guantes negros, botas del mismo color, inclusive su pantalón estaba lo suficientemente entallado a su cuerpo para que no fuese una molestia, mientras que la playera de manga larga llevaba colgando un pequeño gorro que cubría su rostro.
Era perfecto, y a Nagisa le gustaba bastante. Quedaba muy bien con él.
La segunda finalmente fue Nakamura, ella por su parte llevaba un short del mismo tono que la ropa del celeste junto a mayas negras, guantes, botas y la misma playera con el mismo detalle del gorro. Realmente el diseño no cambio ni las prendas, a excepción del short que a Rio le incomodaba un poco. Al menos las mayas la salvaban de tal vergüenza.
—Te queda bien.— Nagisa le sonrió amablemente.
—Tú tampoco te quedas atrás.— La rubia de repente pareció satisfecha con todo ello. Los mayores únicamente les dieron la razón y volvieron a llamarlos.
—Es hora de que tomen lo último y partan, por el transporte no se preocupen, todos aquí somos gente de confianza.— Tadaomi se vio seguro de si mismo y todos juntos caminaron hasta la siguiente habitación.
Ahí, había armas de todo tipo, incluso micrófonos y cámaras de vigilancia.
Los jóvenes quedaron, —De nuevo.— Más que asombrados.
A decir verdad, el moreno no estaba seguro de querer dejarles una pistola a cada uno, pero viendo bien la situación, era necesario.
A cada uno le entregó un cuchillo de caza, un pequeño micrófono que instalaron dentro de sus ropas y finalmente un arma junto con algunas balas de más. Estás últimas serían usadas sólo para casos extremos de emergencia.
—...Entonces... Ambos tienen en claro que es lo que deben de hacer, ¿Cierto?— Poco después de ver que todo estuviera en orden, se encaminaron, esta vez, ya no a otra habitación, sino a un ascensor que los llevaría al subterráneo.
—Por supuesto.— Exclamó Nagisa.
—Ah, Karasuma... ¿Por quién nos tomas? Claro que lo sabemos, después de todo fuimos entrenados por ti.— Nakamura ni así cambio su comportamiento.
Sin embargo, logró sacarle una sonrisa a Koro y un gesto de molestia a su padre adoptivo al ver el poco respeto que le tenía todavía. Fue estúpido creer que sería respetado después de que sus hijos vieran la gran persona que era en el asesinato. ¿En qué mierda estaba pensando?
En pocos segundos, el ascensor que habían tomado cayó hasta su destinó, comenzaron a caminar hasta llegar a uno de los autos, que en realidad, era una camioneta negra con vidrios polarizados, frente al volante iba un hombre con gafas negras y traje del mismo color. Realmente era espeluznante.
En aquellos pocos segundos, les dieron más detalles, como el lugar, la persona que los había solicitado, la banda sospechosa... Incluso Karasuma les entregó a los chicos un pequeño croquis sobre el lugar, asegurándoles de que si lo perdían, iban a pagar muy caro.
Todo estaba listo, mientras Nagisa y Nakamura juraban que sus corazones iban a correr por sus bocas en cualquier momento.
¿Aquella adrenalina que sentían era correcta?
¿El hecho de pensar que estaban arriesgando sus vida, era lo que los ponía así de emocionados?
Ah... Sí que era bastante aterrador.
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