Cuando la jovencita terminó de colocarse su vestido verde se mantuvo observándolo desde su posición sin expresión alguna, se cruzó de brazos y quedó estática. Generalmente "ellos" eran quienes solían aprovecharse de las mujeres cuando estaban algo pasadas de alcohol en su sangre pero este caso era todo lo contrario pues ella era quien se había aprovechado de él por el estado de salud en el que se encontraba la noche anterior.

Miró a sus alrededores… 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 condones usados tirados en el piso, un dildo y una cajetilla de cigarros vacía. Athena le había dado completo acceso a Iori a sus 3 entradas la noche anterior, habiéndola colocado en demasiadas posiciones sexuales. Miró el lado de la cama donde habia dormido y tocó las sábanas, no podía creer que aun se encontraran empapadas casi en su totalidad, no, casi estaban encharcadas con sus fluidos.

Lo último que recuerda fue escuchar la voz del pelirrojo suplicándole que lo dejara descansar algunas horas cuando ella se encontraba encima de él dándose fuerte sentones mientras lo sujetaba de ambas manos contra la pared y le daba torpes besos en toda la boca. Esa noche lo había dejado casi seco en su totalidad. La pelivioleta dio un paso para avanzar hasta él e inmediatamente pudo sentir dolor en el orifico de entre sus nalgas, el motivo era comprensible, cuando dio el tercer paso se desvaneció rápidamente quedando arrodillada en el piso, no podía creer que sus piernas estuvieran tan débiles y frágiles, jamás se imaginó que el orgasmo duraría tanto.

Como pudo se colocó de pie y avanzó lentamente hasta él y al llegar quitó la sábana con cuidado hasta descubrirlo por completo. Athena admiró el majestuoso cuerpo de titán desnudo a su completa disposición y tragó, mordiéndose los labios al instante. Se veía tan vulnerable a una felación, no le costaría nada de trabajo abrirlo de piernas y meter todo eso a su boca.

—La mejor cogida que me han dado en la vida y por años luz. – susurró tras sonreír.

Acto seguido sacó su celular y tomó algunas fotografías en diferentes ángulos. La chica vio el bóxer negro de su amante y lo tomó entre sus manos, lo olfateó por todos lados e inhaló profundamente entre la zona donde la prenda unía las piernas masculinas, sin pensarlo lo guardó en su bolsa y le dio un delicado beso en la mejilla. Sacó algunos billetes de su cartera y los coloco debajo de la almohada donde Iori reposaba.

—Este es tu pago por aceptar venir conmigo a mi graduación, y este extra es por saber cómo satisfacer a las mujeres – comentó al dejar otros billetes debajo de la misma almohada.

Antes de irse se acostó con sumo cuidado a un lado de él y se bajó la parte superior de su vestido, dejando al descubierto sus tetas, se colocó con cuidado los mas cerca de él y se tomó una foto como fingiendo que seguían dormimos uno al lado del otro. Al sacarla se subió el vestido y miró su celular.

La pelivioleta se apuró en salir del hotel pues había recibido un mensaje de su novio que decía que la estaba esperando en el parque.