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Capítulo 11

"El placer de asesinar"

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Ambos chicos fueron lento, escabuyendose por un callejón bajo las sombras de las doce de la mañana recién dadas. La mayoría de las calles estaban vacías y justo estaban parados sobre un edificio que daba a la puerta trasera de un restaurante de comida americana.

Según el reporte que habían recibido por parte del dueño, era que ahí parecían juntarse algunas bandas peligrosas metidas en el tráfico ilegal y comenzaban a amenazarlo.

La razón por la que estaban ahí, era porque se tenía la sospecha de que estos estaban ligados con Irina Jelavitch. Jefa de una de las mafias clandestinas más grandes del país. Como una organización que lentamente había estado acumulando más poder.

Karasuma y Koro llevaban investigandole ya un buen rato. Por lo que no podían perder ninguna pista que les diera algo, hasta lo más mínimo, de aquella mujer.

Ahora, Nagisa y Nakamura yacían juntos sobre un viejo edificio al contrario del restaurante. Desde lo alto esperando alguna señal, sin dejar de estar atentos.

—Uh... Llevamos aquí treinta minutos, no hay nada interesante.— Hablo Nakamura agobiada con notoriedad.

A lo que el celeste por su contrario buscó con la mirada cualquier movimiento, más sin embargo, lo único que logró captar fue una vieja rata escondiéndose en unos contenedores de basura.

Sencillamente repugnante.

—Tranquila, si es cierto que estos sospechosos tienen enlace con la mafia como nos lo dijo Karasuma y Koro, entonces no pueden actuar así como así. Recuérdalo.— Argumento el pequeño mientras se aseguraba de aún tener sus armas consigo.

De paso, acomodo la ropa que llevaba, aunque era muy ligera, podría decirse que tampoco era tan cómoda a lo largo de un cierto tiempo. Suspiro.

—Lo sé, aún así me gustaría que ya pasará algo...

Nagisa soltó una pequeña risa y dirigió a Nakamura una mirada de reojo. Sin contestar nada.

A decir verdad, él también ya estaba un poco cansado, además lentamente el sueño estaba llegando a su ser y ya deseaba volver a casa con su hermana y su padre. En realidad, el celeste no se sentía muy orgulloso de estar ahí.

Al contrario de Nakamura, quién de verdad parecía apreciar aquel estilo de trabajo.

Ambos podían estar juntos desde hace ya bastante, prácticamente desde niños... Se entendían con sólo mirarse por unos segundos, pero... Aún habían varias cosas en las cuales ellos no concordaban y que de alguna forma preferían evitar.

Por eso quedaron callados, y sólo hasta que vieron una camioneta color negro estacionarse fue que de nuevo reaccionaron con un pequeño sobresalto.

Eran exactamente las doce para la una de la madrugada cuando vieron a cinco hombres bien vestidos bajar de esa camioneta, tal parecían que iban a ver a alguien o algo.

—Nagisa, acá.— Nakamura por su lado susurro lo más bajo posible y entonces señaló que de la otra salida, también había una camioneta de donde bajaron más hombres.

Pero aquello era curioso, pues simples máscaras de noche los acompañaban, dejando ver únicamente sus ojos y delgados labios.

Al verlos acercarse, de inmediato se pusieron alerta.

—Es bueno tenerlos aquí, señores.— Dijo uno de los que primero habían llegado, posteriormente un saludo de mano fue lo que les guió a observar cada detalle.

—Decimos lo mismo.— El grupo contrario acato aquello con cortesía. Pero si eran sinceros, había un poco de pesadez e incomodidad en el ambiente.

Más aún, cuando el primer grupo comenzó a balbucear algunas cosas.

—Si bien el acuerdo es claro, hoy deberían de tener nuestro dinero.— Un hombre con máscara color blanco que cubría sus labios, habló.

—Lo sabemos, pero la mercancía a sido difícil de vender.

—No pueden salir con esto justo ahora, firmaron un contrato.

—Pero ahí decía que se cerraría hasta dentro de dos días, aún no tenemos necesidad de darles un bono por la mercancía.

—Se exigía un adelanto, y ustedes firmaron por el.

El amargo ambiente hizo que ambos adolescentes formaran una mueca de desagrado. Lo peor era que ni siquiera tenían algo en concreto con lo cual respaldarse. Toda la información era confusa.

Además únicamente parecía tratarse de venta ilegal, aunque no podían perdonar algo así, ellos ya tenían un propósito. No podrían dejarse llevar por el instinto que se cargaban o podrían acabar en grandes problemas. Más de los necesarios.

—Nosotros no tratamos con juegos y no damos segundas oportunidades, tienen un día más para dar ese adelantó.

—Este equipo fue mandado únicamente por la jefa para tratos comerciales, nosotros traemos únicamente información, el manejo real lo lleva ella.

—Entonces díganle a Irina que si no nos da lo que pedimos, nosotros no nos haremos responsables de la masacre que recibirá.

Bien, aquello había sido un muy buen punto. Nagisa y Nakamura se miraron y asintieron. Entendiendo que aquello era exactamente lo que buscaban.

Era una real suerte.

Posterior a eso, los primeros hombres con máscara que divisó Nagisa dieron la vuelta sin decir absolutamente nada. Dando de esa forma terminada la reunión.

Nagisa y Nakamura bajaron sus miradas con miseria, aquello les había puesto los pelos de punta, y aunque no se trataron más que de palabras, se sintió una tensión nunca antes vista que les hizo dejar de respirar por breves segundos.

Pensaron en irse y volver a donde la camioneta que los trajo los estaría esperando, más cuando iban a arrastrarse para no ser encontrados, escucharon un torrente de disparos que los tomaron desprevenidos.

Un pequeño gritillo por parte de ambos les hizo cerrar sus ojos, únicamente escuchando como una lluvia de balas eran disparadas. No sabían el por qué ni el como, ni siquiera sabían que grupo era el que disparaba, pero aquello ya era suficiente para hacerlos entrar en pánico.

Con sus corazones latiendo a todo dar, Nagisa levanto su mirada una vez que terminó aquel ataque.

Todo volvió a encontrarse en silencio en cuestión de segundos.

—Mierda..

Susurró aquello, viendo que el grupo que había venido a cobrar estaba en el suelo, con todos los hombres muertos y con un gran charco de sangre que bañaba los cuerpos casi en su totalidad. La noche era realmente oscura, pero Shiota vio aquella escena como si luces hubiesen sido colocadas en el lugar.

Era algo desgarrador e increíble.

Al notar que los atacantes habían huido de inmediato, se puso de pie, exclamando asombro con su mirada sin decir una palabra.

Era tan sólo su primer día en aquel mundo sin siquiera mover un sólo hueso, pero había visto demasiado por ahora... Y curiosamente tampoco le disgustaba.

No sabía cómo llamar a aquella atracción.

—Nagisa... Vámonos, es hora. Karasuma y Koro ya nos esperan. Tenemos que llevar el reporte de lo que sucedió.

El mencionado únicamente asintió, dándose la vuelta para bajar del alto lugar, agradeciendo no haber sido vistos por esa ocasión.

¿Qué era lo que sentía?

Ni siquiera él lo sabía.

Irina se encontraba feliz detrás de su escritorio, con una mano sujetando su cabeza mientras que la otra sujetaba un teléfono en donde recién se escuchaba el tono de llamada terminada.

Colgó el celular en su lugar y volvió a checar unos papeles que tenía pendiente, pero maldijo internamente cuando la llamaron a la puerta.

—Adelante.— Dijo ella, enlazando sus dedos por sobre la mesa.

Pronto, unos cabellos negros se asomaron levemente y finalmente pasaron al cuarto de tamaño mediado. Era uno de aquellos hombres con máscara que iba a dar el informe de lo sucedido en la reunión con el equipo enlazado con la mafia Este.

O al menos así era como se hacían llamar.

—Señorita Irina, creo que ya se ha enterado de la situación, ¿No es así?

Está mencionada le miro y asintió con una sonrisa en su rostro.

—Todos han hecho un excelente trabajo, Jacob, pero es momento de que ustedes descansen.— No tenía mayor problema con ello, no le gustaba parecer una abusadora ante sus ayudantes.—. Enviaré a Karma para la siguiente misión, ya no habrá más problemas.

El hombre se quitó la máscara que llevaba consigo, próximo a eso hizo una reverencia anunciando su retirada.

—Es perfecto.— Exclamó.—. Con su permiso, me retiro.

—Adelante.

Bien, aquello había sido un gran paso para Irina. Pues habían acabado con una parte de la competencia, y no sólo eso, sino que ahora no había alguien de real importancia metiéndose en su camino.

Más que aquella estúpida agencia que les seguía los pasos muy de cerca por bastante tiempo.

Ella ha sabido huir, pero bien sabe que no podrá hacerlo toda la vida y que deberá enfrentarse a la ley.

Pero, ¿Qué más daba?

Llevaba en aquel bajo mundo más tiempo que nadie, siempre iba un paso adelante. Y si con un arma con unas cuantas balas podía acabar con todo, ¿Quién diría que ha base de juegos y engaños no lo haría tampoco?

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