—¡Amigo! —exclamó Clio— No te veía tan eufórico desde La Liga Mundial.

Daina columpiaba sus piernas con la mirada sobre un reloj en la pared lejana y, por el ventanal a su lado, un grupo de aviones que cada ciertas horas aterrizaban o despegaban junto a una multitud de gente en constante ascenso y descenso.

—¡Pues claro! —Volteó hacia él— No he visto a Ken ni a Sota en más de un año.

—Debes extrañarlos mucho —agregó Marie a la izquierda de Clio mientras agitaba su abanico.

—Ni se imaginan —resaltó sonriente, aunque su aspecto y la sombra de su bandana lo hacía lucir algo espeluznante.

—De hecho sí —Rió Clio—, ayer no parabas de hablar de lo importante que era recibirlos, y cuando te dieron la noticia ¡Ufff! ¡Enloqueciste!

—Bueno sí, pero se habrían perdido —objetó Daina—. El aeropuerto está a media hora de AS Gallus.

Clio sonrió y dejó a la vista sus colmillos.

—Es cierto —reconoció— pero puedo ver en las ventanas de tu alma lo mucho que anhelas verlos —Bebió su jugo de tomate—. Vamos, apenas son las tres. Intenta relajarte.

Daina tomó algo de aire, apoyó una mano en el apoyabrazos y con la otra observaba a su Z Deathscyther; un Killer Deathscyther mejorado con más aguante a estallar y una guadaña de metal sobresaliente rodeada de plástico. Este emitió una fuerte chispa.

En un parpadeo se vieron cara a cara en su dimensión introspectiva: un campo morado oscuro con luces azules iridiscentes que podían pasar por hitodamas o fuego fatuo.

—¿Sota ya tendrá su propio bey? —le preguntó a su bestia bit.

Deathscyther abrió la mandíbula y sus ojos con flamas anaranjadas brillaron.

—Si es así me encantaría enfrentar a su compañero.

—Tal vez eligió un tipo defensa para aprender de Ken —teorizó Daina.

—O un tipo ataque para seguir tus pasos —respondió Deathscyther.

Daina se llevó una mano a la nuca con una risita.

—¿Tú crees? —Sonrió apenado.

—Eres el hermano mayor y te admira mucho después de todo —Asintió—. Y su compañero… —pausó con sus esqueléticos dedos sobre su mentón— ¿podría ser Plutón, Morrigan o alguna criatura relacionada con la muerte?

—O un ser de luz, algo opuesto a nosotros —consideró Daina—. Ra, Belenus, Hemera…

—Pero ninguno de ellos empieza con su inicial.

—Es cierto —Se llevó unos dedos al mentón y miró a la nada—. Solomon, Sakar, Salacia, Samael… Hay demasiadas opciones —Regresó la vista a su compañero.

—Creo que Samael le quedaría bien.

—¿Un ángel caído?

—Sería una combinación de luz y oscuridad, ¿no crees?

Daina lo pensó un momento.

—Creo que tienes razón —reconoció— ¿Y cómo combatirá?

En la mente de ambos empezaron a formarse diferentes clases de batallas contra diferentes tipos de bey.

···

—¡Vamos, Samael! —Sota invocó a su bestia— ¡Hora de un lightning crash!

Su bey de tipo ataque aceleró y embistió hacia Z Deathscyther.

—No tan rápido, hermanito —Sonrió antes de endurecer el ceño.

Llevó una mano a su bolsillo y la otra la alzó en el aire.

—¡Deathsctyher! —llamó a su compañero— ¡Z Strike!

Ambos beys colisionaron y estallaron al mismo tiempo.

···

—¡Oye! ¿Qué fue ese lanzamiento? —exclamó Daina en otra batalla imaginaria.

Sota esta vez luchaba con un tipo equilibrio. Su técnica consistió en impulsarse con un brinco hacia adelante.

—Aún no lo he nombrado —Sonrió al ver a Samael perseguir a Deathscyther— ¿Qué te parece Hunter Launch?

—¡Eso lo copiaste de mi Hunt Launch! —Rió Daina.

—¡Somos hermanos! —Rió también— ¿Qué esperabas?

Dicho eso, Samael alcanzó a Deathscyther y lo expulsó del estadio con un solo golpe.

···

En esta ocasión enfrentaba a un tipo defensa, dispuesto a tomar el centro con Deathscyhter directo al ataque.

—¡Daina!

El agarre de una esponjosa textura familiar en su mejilla interrumpió sus pensamientos.

—¡Hola! —Escuchó en ese igual de conocido timbre de voz.

—¿Eh? —Levantó la vista.

Ante él estaba Ken con Besu más cerca de su rostro y Sota a su lado, con sus propias marionetas: Inu y El Señor Invencible.

—¡Qué gusto verlos otra vez! —Saltó de su asiento y gritó con su acento francés.

—Nosotros también a ti, hermano —saludó Sota.

—Sota… —Al ver a su hermano le invadió la nostalgia— cómo has crecido.

—Y tú sigues siendo bajito —bromeó.

Sota pasó de llegarle al pecho a estar próximo a la cabeza de Daina, sin contar el cabello.

Detrás de ellos, Clio y Marie intercambiaron miradas con una mueca, en especial esta última.

—Primero dijeron que estaban felices de verse de nuevo —Clio se rascó la cabeza— pero no entiendo lo demás.

—Daina —Marie llamó su atención— ¿Podrían hablar otro idioma?

—¡Ah! —este reaccionó y se dirigió a ella— ¡Lo siento! —exclamó en francés— Sólo dame un segundo.

Regresó su atención hacia Sota y Ken en japonés.

—Voy a enseñarles francés y hacerles de traductor.

Estos asintieron, luego Daina les interpretó a Clio y Marie lo conversado, aunque omitió la broma sobre su estatura.

—Es lindo verlos tan felices —Marie sonrió.

—¡Sota te está alcanzando! —señaló Clio al verlos mejor.

—Ya vámonos… —Daina se encogió de hombros.

El grupo se encaminó hacia la salida del aeropuerto y en el trayecto Daina les explicó cómo debían posicionar los labios y el resto de la boca a fin de lograr una pronunciación y acento lo más naturales posibles.

—E… E… E… —repetía Sota con los labios como si fuera a silbar o pronunciar la U.

—Nada mal —reconoció Daina— pero te falta un poco.

—Déjenme intentarlo —dijo Ken y aclaró su garganta—. En… —vaciló— En… chanté de… vous… —pronunció la S final por error y además como "su".

Daina se llevó una mano a la frente con una sonrisa y levantó la otra girando su muñeca.

—Al menos se entiende que quieres decir "un gusto conocerte".

Ken se encogió de hombros.

—¿Cómo aprendiste tan rápido?

—Sota me ayudó y tuve que estudiar mucho de una sola vez en cuanto llegué.

Recordó aquellos esfuerzos junto a las rigurosas lecciones de Marie.

—Pero para mí también fue todo un reto —reconoció.

—Y pensaba que el inglés era difícil… —suspiró Sota.

—¿No podemos usar lo que sepamos de inglés? —preguntó Ken.

—Ah… no te lo recomiendo, los franceses no hablan mucho inglés. Valoran más que uno se esfuerce en aprender francés.

—¡Entonces todas esas clases de inglés no sirven para nada! —ladró Keru.

—Sí… pero descuiden —Daina tomó a cada uno del hombro—, conmigo aprenderán rápido y si necesitan ayuda ahí estaré.

—Gracias, hermano.

Ambos sonrieron.

—Así que vamos, desde ya.

Comenzó a explicarles la fonética y Ken y Sota pusieron los ojos en blanco.