Viernes a media mañana, el día posterior a la llegada de Ken y Sota a Francia luego de unas agotadoras clases del idioma. Se hallaban entrenando junto al equipo con sus respectivas técnicas u otros ejercicios. Marie atendía asuntos en su oficina y Clio conversaba un poco con sus padres al teléfono, razón de su ausencia.

—Tengan mucho cuidado con los finales por salida —advirtió Daina—. Como ayer nos atrasamos el jugo de tomate quedó aquí en lugar de la cocina —Señaló detrás de él con el pulgar.

—¡Descuida! —exclamó Jean— ¡Ese Odín estallará antes de que pueda hacer nada!

—¡No lo creo! —respondió Ruck, su rival— ¡Si alguien explotará eres tú!

—¡Ja! ¡Trata de derribar mi defensa! —retó.

—¡Dalo por hecho!

—Sólo no rompan nada —siguió Daina—, intentaré llevarlas luego del ejercicio.

Acto seguido se unió a Ken, Renoir y Sota en unas abdominales, tres series de veinte cada uno.

—¡Ey, Renoir! —llamó Sota durante el descanso.

La pronunciación del francés de Sota era más fluida pero todavía resbalaba con las R.

—¿Qué pasa? —Acabó de tomar agua.

—¿Qué tal una batalla? —Sonrió.

—¡Desde luego!

Ambos recogieron sus beys y lanzadores que aguardaban en una banca y fueron al estadio más cercano.

Daina y el resto de los chicos se juntaron a un lado a ver el combate.

—Oye, Ken —exclamó.

—¿Sí? —Volteó hacia él.

—¿Sota ya tiene uno de esos beys chozetsu o sigue usando los god layer?

—Espera y lo verás —entonó Ken.

—Al menos dame una pista —insistió—, nunca me dijeron nada.

—Sota quería que lo vieras tú mismo —respondió—. Espera un poco y lo verás.

Renoir y Sota tomaron sus posiciones y Ruck les hizo de árbitro.

—Listos… —Alzó la mano— ¡Duelo!

—¡Tres…!

Sota posó su lanzador un tanto inclinado.

Daina logró distinguir ahí el driver Hunter' y el contorno del disco 13. Sin embargo no reconocía ninguno de los rasgos del layer que utilizaba.
«Entonces sí es un bey chozetsu.» concluyó al no parecerse a simple vista a nada que conociera «Lo lamento por Renoir pero su Ragnaruk no tiene oportunidad.»

—¡Dos… Uno!

Renoir lanzó en paralelo al estadio y Sota con su lanzador inclinado.

—¡Let it… rip!

El Ragnaruk de Renoir descendió hacia el centro y el bey de Sota no demoró en seguirlo a fin de plantarle cara.

—Parece un tipo ataque —comentó Daina para sí—. Oye, Ken —Volteó hacia él—, me rindo, ¿qué bey eligió Sota?

—Es una creación suya —explicó— un Reaper Samael con disco trece y hunter dash. Es un ángel caído, su dominio es la muerte y recolectar almas.

Daina casi podía sentir a su compañero diciendo "Lo sabía"

—¿De verdad? —Sonrió y regresó su vista al combate.

Samael había logrado quitar a Ragnaruk del centro y obtener la ventaja.

—No lo hizo nada mal —añadió.

—No, pero no estoy seguro de que el disco trece sea una buena opción. Le ofrecí el disco once pero prefirió usar ese.

—Entiendo —Daina llevó sus manos a sus bolsillos—. Bueno, a fin de cuentas es su bey.

La batalla continuó con Reaper Samael con aún más ventaja como Daina había previsto, no obstante el comportamiento en batalla había tomado un rumbo que no le sonaba a un final explosivo.

—Si siguen con esa trayectoria y velocidad… —Calculó el final más probable y miró a su hermano— ¡Sota, abajo! —Corrió con él y lo empujó con él al suelo.

Tras un fuerte impacto, Ragnaruk salió volando. Lo siguiente que oyeron detrás de sí no les gustó en absoluto, un montón de botellas de cristal rompiéndose y cayendo una tras otra. Todo el equipo vio el desastre causado. Daina palideció al observar todo el jugo y cristales rotos esparcidos por todas partes, así como el cartón que las guardaba absorbía el líquido.

Putain de merge! —maldijo y apretó los puños— ¡¿Qué diablos les dije?! —regañó y les regresó la mirada. La ira incluso lo ayudó a recobrar el color.

—Da-Daina… —Tembló Renoir— ¡Lo siento! —chilló.

—Sí —añadió Sota—, lo sentimos, hermano. Limpiaremos y repondremos todo.

—Sólo fue un accidente y todos estamos bien —Ken caminó hacia Daina e intentó tranquilizarlo—. Clio lo entenderá y todo estará bien —añadió con Besu.

—Eso espero…

Respiró un par de veces antes de dirigirse a Renoir en forma de advertencia.

—Y más vale que esté todo resuelto esta misma noche a más tardar porque si no…

—¡Estoy de vuelta! —cantaba Clio antes de entrar a la zona de entrenamientos.
Naturalmente, el desastre frenó su feliz marcha.

Daina y los demás desviaron sus miradas hacia él en cuanto lo escucharon llegar, lo vieron agarrarse la cabeza con los ojos muy abiertos.

—Clio… —Daina caminó despacio hacia él.

Toda la ira pasó a segundo plano, aunque todavía temblaba un poco.

—¿Q-qué…? —tartamudeó una y otra vez en rumano dado lo alterado que estaba— ¡¿Qué fue lo que hicieron?!

—¡Clio! —Agarró sus manos mientras él seguía gritando en su lengua materna— ¡Sé que se ve muy mal pero por favor no te alteres! ¡Te prometo que lo vamos a arreglar!

—Claro, no hace falta tirar a la abuela a las ortigas —habló Ruck con aquella peculiar expresión francesa sobre no exagerar—. Podemos conseguir más —añadió—, si es tan importante para ti, recorreremos todo París.

—E-el tomate y otros frutos son muy escasos en Francia —advirtió Clio en lo que bajaba sus manos todavía entre las de Daina.

—Haremos lo que podamos —sumó Jean.

—¡Claro, iremos todos! —concordó Renoir.

Ruck empezó a buscar lugares donde pudieran venderlo en su teléfono.

—Cuenten con nosotros —se ofreció Ken con Besu.

—Conmigo también —Sota asintió.

—Ustedes no —Daina soltó las manos de Clio—. Marie te prometió mostrarte París esta tarde.

—Pero también fue mi culpa… —repuso Sota.

—Tú tienes un compromiso y viniste aquí a pasarlo bien —Daina relajó los hombros y sonrió—, no a reparar nuestros desastres. Déjanos esto a nosotros.

—¿Estás seguro? —Sota arqueó un poco una ceja.

—Sí —Asintió—. Me quedaré con Clio a limpiar esto.

—Bueno —aún no sonaba muy convencido.

—Vamos, Sota —animó Ken al dejar la toalla colgada—. Va a estar bien.

«... Quería pasar el rato con él» dijo a sí mismo al acabar cabizbajo entre las marionetas de su amigo.

Sota partió por los pasillos a cambiarse.

El resto del equipo salió de inmediato a donde la entrada de AS Gallus a ver las tiendas señaladas por Ruck en el mapa.

—Ken —Sota llamó su atención.

—¿Qué pasa? —Giró y caminó hacia él.

—Daina está —pausó— muy alterado, demasiado para un accidente donde nadie salió herido.

—Sí —reconoció—. Puede ser porque es realmente difícil de conseguir aquí pero… aun así es extraño que actuara de ese modo —pensó—. Es muy exagera...

—¡Sota! —Escucharon a Marie llamar— ¿Ya estás listo para salir?

—Le preguntaremos después.

Ambos se asintieron antes de partir.

—¡En un momento, Marie!

Ken se apresuró en alcanzar al resto del equipo que ya lo esperaban en la entrada de la mansión.

—¿Tienen algún plan?